S. M. el rey Carlos habiendo así asegurado la prosperidad, la
integridad y la independencia de sus vasallos, S. M. el emperador se
obliga a dar un asilo en sus estados al rey Carlos, a su familia, al
príncipe de la Paz, como también a los servidores suyos que quieran
seguirles, los cuales gozarán en Francia de un rango equivalente al que
tenían en España.