_Nota escrita por la reina de España para el gran duque de Berg y
remitida por la reina de Etruria sin fecha._
«El rey mi esposo (que me hace escribir por no poderlo hacer a causa
de los dolores e hinchazón de su mano) desea saber si el gran duque de
Berg llevaría a bien encargarse de tratar eficazmente con el emperador
para asegurar la vida del príncipe de la Paz, y que fuese asistido de
algunos criados suyos o de capellanes.
Si el gran duque pudiera ir a librarle o por lo menos darle algún
consuelo, él tiene todas sus esperanzas en el gran duque, por ser su
grande amigo. Él espera todo de S. A. y del emperador a quien siempre
ha sido afecto.
Asimismo que el gran duque consiga del emperador que al rey mi esposo,
a mí y al príncipe de la Paz se dé lo necesario para poder vivir todos
tres juntos donde convenga para nuestra salud sin mando ni intrigas,
pues nosotros no las tendremos.
El emperador es generoso, es un héroe, y ha sostenido siempre a sus
fieles aliados y aun a los que son perseguidos. Nadie lo es tanto como
nosotros. ¿Y por qué? porque hemos sido siempre fieles a la alianza.
De mi hijo no podemos esperar jamás sino miserias y persecuciones.
Han comenzado a forjar y se continuará fingiendo todo lo que pueda
contribuir a que el príncipe de la Paz (amigo inocente y afecto al
emperador, al gran duque y a todos los franceses) parezca criminal a
los ojos del público y del emperador. Es necesario que no se crea nada.
Los enemigos tienen la fuerza y todos los medios de justificar como
verdadero lo que en sí es falso.
El rey desea igualmente que yo ver y hablar al gran duque y darle
por sí mismo la protesta que tiene en su poder. Los dos estamos
agradecidos al envío que ha hecho de tropas suyas y a todas las pruebas
que nos da de su amistad. Debe estar S. A. I. bien persuadido de la
que nosotros le hemos tenido siempre y conservamos ahora. Nos ponemos
en sus manos y las del emperador y confiamos que nos concederá lo que
pedimos.
Estos son todos nuestros deseos cuando estamos puestos en las manos de
tan grande y generoso monarca y héroe.»
_Carta de la reina de Etruria al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
marzo de 1808, con una posdata del rey Carlos IV._
«Señor mi hermano: acabo de ver al edecán comandante, quien me ha
entregado vuestra carta por la cual veo con mucha pena que mi padre
y mi madre no han podido tener el gusto de veros, aunque lo deseaban
eficazmente, porque toda su confianza tienen puesta en vos, de quien
esperan que podréis contribuir a su tranquilidad.
El pobre príncipe de la Paz cubierto de heridas y contusiones está
decaído en la prisión, y no cesa de invocar el terrible momento de su
muerte. No hace recuerdo de otras personas que de su amigo el gran
duque de Berg, y dice que este es el único en quien confía que le ha de
conseguir su salud.
Mi padre, mi madre y yo hemos hablado con vuestro edecán comandante. Él
os dirá todo. Yo fío en vuestra amistad y que por ella nos salvaréis a
los tres y al pobre preso.
No tengo tiempo de deciros más: confio en vos. Mi padre añadirá dos
líneas a esta carta: yo soy de corazón vuestra afectísima hermana y
amiga. — María Luisa.»
_Posdata de Carlos IV._
«Señor y muy querido hermano: habiendo hablado a vuestro edecán
comandante e informádole de todo lo que ha sucedido, yo os ruego el
favor de hacer saber al emperador que le suplico disponga la libertad
del pobre príncipe de la Paz, quien solo padece por haber sido amigo
de la Francia, y asimismo que se nos deje ir al país que más nos
convenga llevándonos en nuestra compañía al mismo príncipe. Por ahora
vamos a Badajoz: confio recibir antes vuestra respuesta caso de que
absolutamente carezcáis de medios de vernos, pues mi confianza solo
está en vos y en el emperador. Mientras tanto yo soy vuestro muy afecto
hermano y amigo de todo corazón. — Carlos.»
_Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 22 de
marzo de 1808 junta con la anterior de su hija._
«Señor mi querido hermano: yo no tengo más amigos que V. A. I. El rey
mi amado esposo os escribe implorando vuestra amistad. En ella está
únicamente nuestra esperanza. Ambos os pedimos una prueba de que sois
nuestro amigo, y es la de hacer conocer al emperador lo sincero de
nuestra amistad y del afecto que siempre hemos profesado a su persona,
a la vuestra y a la de todos los franceses.
El pobre príncipe de la Paz que se halla encarcelado y herido por ser
amigo nuestro, apasionado nuestro y afecto a toda la Francia, sufre
todo por causa de haber deseado el arribo de vuestras tropas y haber
sido el único amigo nuestro permanente. Él hubiera ido a ver a V. A. si
hubiera tenido libertad, y ahora mismo no cesa de nombrar a V. A. y de
manifestar deseos de ver al emperador.
Consíganos V. A. que podamos acabar nuestros días tranquilamente en un
país conveniente a la salud del rey (la cual está delicada como también
la mía) y que sea esto en compañía de nuestro único amigo que también
lo es de V. A.
Mi hija será mi intérprete si yo no logro la satisfacción de poder
conocer personalmente y hablar a V. A. ¿Podríais hacer esfuerzos para
vernos aunque fuera un solo instante de noche o como quisierais? El
comandante edecán de V. A. contará todo lo que hemos dicho.
Espero que V. A. conseguirá para nosotros lo que deseamos, y que
perdonará las faltas y olvidos que haya cometido yo en el tratamiento,
pues no sé donde estoy, y debéis creer que no habrán sido por faltar a
V. A. ni dejar de darle seguridad de toda mi amistad.
Ruego a Dios guarde a V. A. I. muchos años. Vuestra más afecta. —
Luisa.»
_Carta del general Monthion al gran duque de Berg en Aranjuez a 23 de
marzo de 1808._
«Conforme a las órdenes de V. A. I. vine a Aranjuez con la carta de V.
A. para la reina de Etruria. Llegué a las ocho de la mañana: la reina
estaba todavía en cama: se levantó inmediatamente: me hizo entrar:
le entregué vuestra carta: me rogó esperar un momento mientras iba a
leerla con el rey y la reina sus padres: media hora después entraron
todos tres a la sala en que yo me hallaba.
El rey me dijo que daba gracias a V. A. de la parte que tomabais en
sus desgracias, tanto más grandes cuanto era el autor de ellas un hijo
suyo. El rey me dijo: «que esta revolución había sido muy premeditada;
que para ello se había distribuido mucho dinero, y que los principales
personajes habían sido su hijo y Mr. Caballero ministro de la justicia:
que S. M. había sido violentado para abdicar la corona por salvar la
vida de la reina y la suya, pues sabía que sin esta diligencia los dos
hubieran sido asesinados aquella noche; que la conducta del príncipe
de Asturias era tanto más horrible cuanto más prevenido estaba de que
conociendo el rey los deseos que su hijo tenía de reinar, y estando S.
M. próximo a cumplir sesenta años, había convenido en ceder a su hijo
la corona cuando este se casara con una princesa de la familia imperial
de Francia como S. M. deseaba ardientemente.»
El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su padre se
retirase con la reina su mujer a Badajoz, frontera de Portugal: que
el rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no
le convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el
mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir
un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha
dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz;
pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el
próximo lunes.»
Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito al
emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por
un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a
vuestro cuidado.»
El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano la
carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es
de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren
conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto
a mi persona toda su vida.»
Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en práctica
para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado sordo a
todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la muerte del
príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. sobrevivir
a ella.» — B. de Monthion.»
_Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 23 de
marzo de 1808._
«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de
Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que
forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un
grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición
del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de
sus fieles vasallos.
Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las
circunstancias cuando el estruendo de las armas y los clamores de una
guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la
vida o la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de
la reina.
Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en
la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado
ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo
lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi
suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y
contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y
amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa
y digna guarda.