EL AIRE

Hay en Santander un gran aviador, famoso en España, y muchos días

_Talín_ le ve pasar en su aeroplano, seguro por el alto celaje como por

un camino real.

Se queda absorta la muchacha contemplando aquel punto remoto, que,

abrasado de luz, parece un ave roja, una flámula viva y es alado bajel

desde el cual un hombre señorea las nubes por senderos de palomas,

hasta mirar de cerca al sol como las águilas.

Más despiertas que nunca sus ambiciones, _Talín_ quisiera volar

también, subir hacia Dios huyendo de sus pesares, quebrantando las

cadenas de su pobre vida.

Advierte ahora que su nido tiene la trágica hechura de un ataúd; la

sala se yergue sobre el tejado para que el muerto recline con holgura

la cabeza, y el resto de las habitaciones se agacha con el cadáver

hasta los pies. Ya no consigue borrar la tremenda obsesión, y se ahoga

en la estrechez del aposento que ha sido para ella generoso refugio.

Ceñida a la ventana, bajo las meditaciones más absurdas, vive con

la aguja en la mano y la mirada por el aire, trasoñando quimeras,

recordando su niñez libre y audaz, sus escapatorias al monte y al río,

a la copa de los árboles, a la espina de las cumbres: le parece que

ha sido pájaro o mariposa en una existencia anterior, y confunde su

infancia con otra vida que tuvo, no sabe cuándo.

La boda de Julia se aplaza hasta el otoño, y la señorita ya no sube

con tanta frecuencia a vigilar los primores de _Talín_, que duermen,

abandonados casi en absoluto.

El que sube es Rafael, siempre con disculpas que justifiquen sus

visitas, como si las considerase impropias. Un periódico, una revista,

un libro para que la enferma se distraiga, le sirven de pretexto cada

vez que lucha entre huir y aproximarse a la niña doliente, y acaba por

ceder a la más suave tentación.

A menudo encuentra a su amiga en la postura habitual junto a la

ventana, y nota que sus ojos vuelven del cielo cada día más tristes.

Entonces quiere darle ánimos y resistencia, abrirle horizontes de

esperanza, perspectivas de ilusión y de salud. La persuade, pensamiento

a pensamiento, con habilidad y cariño, como a una criatura inocente;

hasta que la sonrisa incrédula de _Talín_ se enciende en larvas de

pasión y retrocede el mozo con recelo, procurando llevar por otro

camino, más noble para él, aquellas confidencias que le encantan y le

mortifican.

Para lograrlo suele irse por las nubes en torno a sus aventuras de

aeronauta y enumera, también, las cosas finas y elegantes, sutiles como

para juguetes, que componen un aparato volador: alambres de acero,

vigas huecas, lo mismo que el tubo de un instrumento musical; maderas

caladas, cuerdas de piano, tela, celuloide, pintura, barniz...

--¿Nada más?--interroga maravillada la costurera.

--Sí; mucho más: nuestro pájaro de acero tiene costillas, alas, cola,

pulso, corazón...

--¿Como los de carne?

--Lo mismo. Y con mucha más fuerza, mucho más poder.

--¡Quisiera volar!--dice, con antojo vehemente y antiguo, la pobre

inválida.

Y el aviador, que la tutea como a una niña, promete:

--Cuando yo suba te llevaré conmigo.

--¿Va a subir usted?... ¿Aquí?... ¿Es de veras?

--Un día de estos. Vuestro campeón santanderino me presta su aparato.

--Pero ¿de verdad iré yo?

--¡Vaya!... y si tú quieres no volveremos.

--¡Ah... no volver!

--¿Te gustaría?

--¡Muchísimo!... El aire me encanta.

--Es el esposo de la Luna, el padre del Rocío, el dios del Bien... ¡Y

como tú eres también una diosa!...

--¡De la Tristeza!--interrumpe la niña con un mohín.

--¿No sabes que entre el Aire y la Noche engendraron todos los seres?

--Nada sabía.

--Hasta dicen que el alma es aire.

--¡Jesús!

--Pero, escucha: ¿dónde aterrizaremos?--pregunta insinuante el

aviador. Y se acerca a la muchacha que le oye con una sonrisa llena de

aturdimiento:

--¡Por qué no vamos a pasar la vida en las nubes!

--¡Si pudiera ser!--exclama ella con angustia. Se deja acariciar una

mano, luego la retira algo medrosa, muy conmovida, y para esconder sus

emociones, habla trémula:

--Diga usted, ¿es cierto que volando sobre el mar se ven en el fondo de

las aguas cosas muy bonitas?

Rafael siente en aquel instante una honda compasión por la indefensa

criatura; una lástima dulce y fraternal por aquella voz, empapada en

matices, que tiembla como las alas de un verso; por aquellos ojos

claros y puros, donde el amor no sabe guarecerse. Se queda mirando a

_Talín_ con una serenidad comunicativa y mansa, y responde:

--Sí; volando sobre los mares se descubren muchos de sus misterios.

Las algas, con los tallos fijos a las rocas, forman verdaderos bosques

submarinos que se distinguen muy bien desde la altura. Eso, aquí

mismo, en el Cantábrico. En otras aguas hay, además, flores rarísimas

y luminosas; lirios y estrellas de mar que alumbran; plantas que son a

un tiempo rosas y animales; peces con lentes o faros rojos y amarillos.

Los corales, con sus desprendimientos de caliza producen playas

de coral; otras veces el légano es blanco junto a los sangrientos

arrecifes. Y las avenidas fluviales arrojan al mar islas enteras que

se hunden en las fosas del abismo, y hay zonas cubiertas por algas de

púrpura y carmín, hay fondos de arena verde y rosa; de fango rubio y

azul; de arcilla gris...

--¡El mar!... ¡qué hermosura!--interrumpe la muchacha con transporte.

Se vuelve a mirarle dormido en la bahía, celando el secreto de sus

tesoros bajo una cándida apariencia de cristal.

--¿También te enamora?--murmura algo celoso el aviador.

--También.

--¿Tanto como el aire?

--El aire es más mío.

--¡Tuyo!...--suspira el mozo. Y se despide con una prisa brusca,

mientras se desangra el sol en el horizonte marino, y sobre el alero

del tejado se baña una paloma en el último fulgor de la tarde.

Ruecas de Marfil (Novelas) · 第 62 / 72 题