EL RESPLANDOR DE LA TRAGEDIA.--CAMINO DEL CIELO.--EL BESO DEL SOL.

Palidece una madrugada turbia sobre la claridad deslumbradora del

paisaje. El día, que empezó a morir en los hondones, resucita en las

cumbres, invadiendo los contornos de la sierra cuando aún es Rianzar

valle de sombras.

Andrés no sabe si ha dormido: reina en sus actos el desorden de un

sueño, y mira a su alrededor con aire de sonámbulo, mientras se le

esconden los pensamientos en lo más obscuro de la conciencia.

Pronto revive su corazón con profunda congoja, sumido bajo la recia

pesadumbre: este día que nace no trae con su luz más que la evidencia

del drama, el resplandor de la tragedia.

Ha querido el padre dar calor con su cuerpo a los hijos, y los guarda

a su lado inmóviles, mudos. Jesús descubre, ardiente, el ascua de los

ojos, lo único que parece vivir en él; Serafín tiene los párpados

caídos, y abierta la boca en una respiración cansada. Inclinándose a

contemplarlos siente el hombre deseos de llorar y morir, y oye sin

asombro cómo cruje el cobertizo al peso de la nieve: ¡sin duda va a

hundirse! Entonces, desde el trépido umbral otea los parajes helados

con las sendas perdidas y padece la vaga sensación de asomarse al mundo

del silencio, en contacto con la eternidad.

Quisiera romper con la mirada los horizontes, salir, con la vista

siquiera, de aquella linde cándida y perenne que no concluye nunca.

El viento arrecia y la cabaña vuelve a crujir: parece que las nubes van

a rasgarse bajo un punto remoto de viva claridad. Otro brusco remezón

de la techumbre obliga a Andrés a sacar los niños, de un salto, fuera

del peligro, no sabe para qué. Los deja allí sobre la alfombra helada,

y espera absorto que se hunda el «invernal».

El desplome, el frío y la luz sacuden a los zagales con terrible

aguijón. Se levantan como autómatas, sin brío ni conciencia, y Jesús se

vuelve a caer.

Serafín llora deshambrido, asustado, maltrecho, y el padre coge al

caído en sus brazos y dice al otro con un gesto obscuro:

--¡Anda!

Toma una dirección cualquiera, monte abajo, fiándose al instinto, pero

el rapaz no le sigue.

--¡No puedo... no puedo!--murmura--También yo estoy cansado y siempre

llevas a Jesús: ¡a mí no me quieres!

El desconsolado plañido llega certero al corazón de Andrés, y le acusa

de predilecciones invencibles. Tal vez Jesús no sufre tanto como él

teme, ya no arde ni se queja, ya no le silba el pecho: será menester

que ande un poco. Le posa con dulzura y repite:

--¡Anda!

Carga con Serafín, que aún gimotea.

--¡No me quieres... no me quieres!

Y Jesús da unos pasos, vacilantes, detrás de ellos. Después vuelve a

rodar con un sordo retumbo, sin decir una palabra.

Acude el padre, aterrado, y al postrarse junto a la criatura conoce que

está allí la muerte, _la reina de todos los espantos_.

--¡Jesús!... ¡Jesusín!--clama rota de pena la voz.

Y el niño, con la cara vuelta al cielo, entornados los ojos, lanza

una risa aguda y delirante que rebota en la nieve y se aleja sin

extinguirse. Al dejar de reir, el alma le resplandece un instante

en las pupilas, triste y pura como un cirio, y se apaga de pronto,

humedeciendo el cristal de la mirada muerta.

Andrés, con el pensamiento inmóvil al lado del abismo, se inclina

a besar la boca exánime de Jesús, y sobre ella se detiene, como si

quisiera recoger un murmullo, un sollozo, la última volición de aquel

espíritu mártir y solitario que habitó un cuerpo tan infeliz. Pero el

hielo de la boca marchita hiere con filo tan penetrante, que el hombre

se levanta, crispado, y echa a correr con el hijo que le queda...

Ceñido por la mortaja infinita de la nieve, el cuerpo difunto duerme

con solemnidad en el monte, nunca tan santo como ahora que guarda los

despojos de un niño.

El viento al crecer, raudo y caliente, provoca el deshielo y ensalza

los rumores de arroyos y hontanares: parece que las aguas lloran una

pena indecible. El sol ha roto aquel punto claro de las nubes, y, sin

miedo al frío de la muerte, se asoma a besar la carne yerta de Jesús.

Ruecas de Marfil (Novelas) · 第 45 / 72 题