_Asumpcion, 13 de Octubre de 1790_.
Aunque este Gobernador dá parte á V. E. del Fuerte de Coimbra y
poblacion de Albuquerque, que los Portugueses han fundado ultimamente en
la costa occidental del rio Paraguay, me considero obligado á poner en
noticia de V. E. algunas reflexiones que me suministran los
conocimientos de estos paises, para que V. E. las haga saber á S. M.; á
fin de que, enterado de ellas, pueda deliberar con acierto, y no
consigan los Portugueses quebrantar el tratado de paz último, en cuanto
se opone á la conservacion de sus usurpaciones, y nos dá facilidad para
contener sus progresos.
Por supuesto, que dichos establecimientos, que detallará á V. E. este
Gobernador, se han hecho injustamente contra lo literal de los tratados,
los cuales en sus artículos 9 y 13 dejan espresamente á S. M. el dominio
perpetuo de dicha costa occidental, y la navegacion libre por la boca
del rio Jaurú.
Estas dos graves usurpaciones con que se han alzado, ponen á los
Portugueses en proporcion de internarse en el Perú, por un parage donde
no tiene el Rey vasallos fuertes que puedan contener sus atentados,
cuyas resultas precisamente han de ser fatales: y hallándose dichos
establecimientos á treinta, ó menos leguas de nuestros Chiquitos, con
quienes en el dia tienen comunicacion, podrán en pocos años sonsacar á
los infieles indios, y llevarlos á sus minas, que necesitan mas brazos
de los que tienen. Quizá el motin ó alboroto, que se dice acaba de
suceder en Chiquitos, no ha tenido otro orígen que la sugestion ó apoyo
de Albuquerque, donde se han refugiado últimamente con buen acogimiento
algunos de nuestros Chiquitos, que serán probablemente los delincuentes
principales.
Suspendo aquí la relacion de los perjuicios que se siguen á nuestra
monarquia con dichos establecimientos, para hacer ver las ventajas de
que nos privan. El rio Paraguay, que es el mejor del mundo para la
navegacion, nos está abierto desde España, y nos conduce francamente
hasta el centro de los minerales portugueses; quienes, conociendo esta
ventaja de que ellos carecen, han fundado los mencionados
establecimientos que nos la quitan, y con ella el que nos opongamos á
sus rápidos progresos en las minas de Matogroso, Cuyabá y Sierra del
Paraguay, que dá orígen al rio de este nombre.
Esta sola consideracion basta, para que se solicite por todos títulos
que se desamparen dichos establecimientos, que por el tratado estan
espresamente prohibidos á nuestros fronterizos: y supuesto esto, me
detendré un poco en explicar mis ideas, fundadas en los conocimientos
geográficos, que hacen ver que no puede el Rey oponerse á los progresos
portugueses de dichas minas sino por los esfuerzos de esta provincia.
Ningun Gobernador concibió esta hermosa y útil idea, hasta el grande D.
Agustin Fernando de Pinedo, quien sin fomentos ni auxilios tuvo
atrevimiento para ponerla en práctica, acopiando gentes, y embarcándose
con ellas en 1773, para fundar un fuerte y poblacion donde hoy estan
Coimbra y Albuquerque. Pero fué tan pertinaz y obstinada la oposicion
que le hizo este Cabildo y sus Diputados, que le obligaron á quedar bajo
el trópico, donde fundó la villa de La Concepcion, que ha dado el ser á
esta provincia, estendiendo su poblacion ocho veces mas de lo que era,
por la parte del norte.
Siguiendo la ídea y el egemplo del Sr. Pinedo, y desalojados los
mencionados establecimientos, podriamos y debiamos poblarnos hácia los
mismos lugares que nos pertenecen por los tratados:--cosa que no es tan
dificil como cuando la intentó dicho Señor, respecto á que tenemos
escala en dicha Concepcion, que se halla casi en la mitad de la
distancia, y la provincia está mucho mas rica y poblada.
Hecho esto, podriamos poner en dichos lugares, en cuarenta dias desde
esta capital, los géneros comerciables, en goletas y balandras, iguales
á las que traginan en ese Rio de la Plata, y venderlos á los mineros
portugueses un 60 ó 100 % mas baratos que lo que hoy los tienen
conducidos desde Santos por San Pablo y los rios Tiete, Pardo, Tacuarí y
Cheané, que estan tan llenos de arrecifes y saltos, que se tarda en su
viage cinco meses, y se descarga y lleva á hombros la carga y canoas
multitud de veces: y ademas solo pueden traginarse en invierno, porque
no hay agua en otro tiempo, ni aun en él se hace sin escolta que los
liberte de los insultos de los bárbaros.
Este comercio no podria introducirnos sino oro y diamantes, porque
dichas minas no producen otra cosa, ni tienen fábricas, ni mas frutos
que los que aquí sobran. Los ganados valen allá 20 veces mas que aquí;
la sal de que abundamos, la tienen ellos estancada, porque no la produce
el Brasil; los negros valen lo que en esta provincia, y los géneros de
Europa los tenemos á precios mucho mas cómodos, segun he dicho.
Verdad es que el contrabando está prohibido por los tratados; pero en
disimularlo un poco no se haria otra cosa que lo que hacen los gefes
portugueses de Rio Grande, y en todas las partes y ocasiones que pueden
y han podido. Pero cuando nuestra honradez y buena fé sean, como son,
tan escrupulosas que no admitan esta moderada represalia, el destruir
dichos Coimbra, Albuquerque, y demas poblaciones que habrá mas al norte
en parages prohibidos, y el acercarnos con presidios y poblaciones á
tomar el olor de dichos minerales, es absolutamente indispensable para
observar y contener de cerca á los Portugueses en la paz, y atacarlos en
tiempo de guerra.
Los Paraguayos, establecidos donde yo deseo, podrán llenar este objeto
de dos modos infalibles: el primero es, situando una balandra armada en
la boca del rio Tacuarí, ó del Cheané que vierte en el del Paraguay, con
lo que quedará prohibido el comercio con San Pablo, y se apresará el
convoy de canoas, que son las únicas embarcaciones que pueden oponer los
Portugueses, porque sus rios no permiten otra cosa.
El segundo modo de destruir dichos minerales en tiempo de guerra, es,
atacándolos abiertamente con la esperanza de que no puedan resistir,
respecto á que, estando atestados de esclavos y gente de castas
oprimidas y noveleras, estas alzarian el alfange por nuestra causa y su
libertad. Ademas de que, apostando una goleta ó dos hácia la barra del
Jaurú, no podrian socorrerse unos establecimientos á otros, y ninguno
podria esperar auxilios de las demas capitanias.
Ademas de todo lo referido, estableciéndonos en dichos parages,
tendriamos franca la comunicacion con nuestros Chiquitos, y con
facilidad se reducirian los laboriosos y dóciles Guanás y los Mbayás;
logrando otras ventajas que no me detengo en referir, limitándome
insinuar mis ideas para que V. E. dé cuenta de ellas, y de lo demas que
halle conveniente, á S. M.
Nuestro Señor, &c.
Exmo. Sr. D. Nicolas de Arredondo.