_Asumpcion, 12 de Abril de 1784._
Leidos con atencion los papeles que el Señor D. José Varela me dió
cuando salí de esa, concebí que la línea divisoria debia seguir el rio
Igatimí hasta su orígen; y luego, segun el artículo 4.^o del tratado,
dirigirse al norte por la cresta de una serrania que corre de sur á
norte entre los rios Paraná y Paraguay: hasta que se pudiese, cayendo al
oeste, cubrir los pastos y yerbales de dos pueblos que tenemos al norte
del Ipané, y deben quedar por nosotros, conforme al artículo 16 del
tratado, y á la órden de S. M. de 7 de Abril de 1782.
Marcada así esta línea hasta el rio Paraguay, ví que, segun el artículo
6.^o del mismo tratado, debia señalarse otra para los Portugueses,
dejando competente espacio neutral entre ambas. Y como los bárbaros
Mbayás posean las tierras entre dicha serrania y el rio Paraguay, que
desde dichos pueblos se extienden al norte como 30 ó 40 leguas, me
pareció que podrian dejarse neutrales estos indios y sus posesiones,
quedando de este modo imposibilitada la comunicacion de los vasallos de
ambas Coronas por esta parte, que es uno de los fines del tratado. Así
pensé, hasta que ví la respuesta que me dió este Gobernador, cuando le
pregunté la estension de los pastos y yerbales de los dos referidos
pueblos.
No estoy instruido en los hechos pasados, y deseo acertar. Tengo
entendido que, en la demarcacion del año de 1753, tomaron los comisarios
por límite los rios Igatimí é Ipané, dejando á los Mbayás por Portugal.
Por otra parte veo que los Lusitanos, contra la misma demarcacion y su
tratado, fortificaron la orilla del Igatimí: que S. M., ó su Real
Consejo de Indias, expidió cédula de aprobacion á favor de la fundacion
de la villa de la Concepcion, situada al norte del Ipané, en tierras de
los Mbayàs: que dos concesiones ó mercedes, mal explicadas, y expedidas
por dos Gobernadores de esta provincia, han dado las tierras de los
Mbayás á los Jesuitas; y finalmente veo que el actual Gobernador me
escribe en términos que dan á entender que poseemos dichas tierras. Todo
esto, que ha sucedido despues del penúltimo tratado, dá á comprender que
poseemos las tierras de los Mbayás, y por consiguiente que estas deben
quedar á nuestra banda, segun dichos artículo 16 y real órden de 7 de
Abril. Pero los Portugueses sostendràn lo contrario, y apenas convendrán
en la primera idea que he referido. Yo, con lo que llevo dicho, no puedo
tomar sobre mí la cesion de los Mbayás, ni aun el dejarlos neutros;
pareciéndome que debo sostener que la linea que he dicho tener imaginada
para límite de los Portugueses, lo sea para nosotros, señalando mas allá
otra para encerrar el espacio neutral. Si á V. E. le pareciere que
nuestra posesion de los Mbayás y sus tierras no está bien acreditada, y
que no debo hacer caso, para el efecto de probar nuestra posesion, de la
carta de este Gobernador, de la real cédula, y de las mercedes
referidas, que todo le incluyo, me lo avisarà para que me arregle á mi
primera idea. Y si V. E. tiene por cierta nuestra posesion, tambien
puede avisármelo, para que insista en sostener las tierras de los
Mbayás: en cuyo caso, si se opusieren los Portugueses, se habrá de tomar
un expediente interino para que las Cortes decidan. Para mayor
inteligencia, interin remito croquis de las tierras de que se trata,
añadiré las noticias que de ellas he adquirido.
Sus límites son, al oeste el rio Paraguay al sud el rio Ipané, al este
una cordillera ó cresta de lomas que, mediando entre los rios Paraná y
Paraguay, se extiende mucho de sur á norte. No puedo señalar su límite
fijo por el norte, que juzgo será el paralelo de 22° ó 21-1/2, segun las
noticias que he tomado de los indios Payaguás, de tres caciques Mbayás,
de algunos Españoles y de un diario del jesuita Sanchez: verdad es que
varian mucho dichos informes. Los demarcadores últimos parece que
creyeron que dichas tierras eran cálidas, húmedas, mal sanas, anegadizas
é inútiles para criar ganados: pero los continuos esfuerzos de los
Jesuitas para establecerse allí, y los muchos pueblos y reducciones que
ha habido en ellas, y que se han abandonado, no por mala calidad de la
tierra, sino por violencia y temor de los Paulistas, hacen formar
mejores ideas.
A estos hechos se agrega la asercion de los que han andado por allá, de
que hay _barreros_ para ganados; que los caballos de los Mbayás estan
muy gordos y aventajados á los de esta provincia; que se crian ovejas, y
por fin, que el terreno es excelente, y que lo produce todo, con ventaja
al de esta provincia.
Las tierras entre los rios Ipané y Aquidaban, que distarán como ocho
leguas, tienen tantos yerbales que se consideran inagotables. Tambien
hay noticias, no bien averiguadas, de que las tierras de los Mbayás
contienen un cerro de plata, que por esta razon llaman _blanco_. Hácia
el estremo del norte de dichos Mbayás tiene el rio Paraguay un paso, que
dá en los Guanás de la otra banda, que no dista mucho del pueblo de
Santiago de los Chiquitos, segun el diario del P. Sanchez. Es bien
sabido el empeño de los Jesuitas para conseguir la comunicacion de esta
provincia con la de Chiquitos; y como los rios Mbotetey y Tacuary estan,
à mi juicio, 50 leguas al norte de dichos Mbayás, no perjudica á los
Portugueses, para su navegacion á Cuyabá, el que queden por nosotros
las tierras de que se trata, que nos son mas útiles, que perjudicial à
ellos nuestra posesion.
Los mismos tres caciques Mbayás me han informado, que no lejos de la
costa oriental del rio Paraguay, y al norte de sus tierras, formaron los
Portugueses, hace seis años, un presidio ó fortaleza donde los Mbayás
fueron fingiendo paces, y engañándolos, mataron á 164 Portugueses cuatro
años há. El cura de Belen ajustó este número por los ñudos y señales que
le mostraron los indios, en cuyas manos vió algunos fusiles portugueses.
Estos de resultas trasladaron su poblacion á la banda del Chaco y orilla
occidental del rio Paraguay, donde se mantienen muy fortificados, en
parage pedregoso y desigual, donde no han podido sorprenderlos los
mismos Mbayás que lo han intentado, porque no pueden hacer uso allí de
los caballos. Los caciques que me dan estas noticias, no saben fijar la
situacion del fuerte portugues; pero dicen, que cuando van á pescar al
rio, desde su última tolderia oyen tiros. Los Payaguás-Tacumbús me dicen
que, desde la última tierra de los Mbayás á dicho pueblo portugues,
pueden ellos ir en dos ó tres dias con sus canoas. Los
Payaguás-Sarigués, que habitan hácia Itapucú, en la tierra de dichos
Mbayás, dicen lo mismo en cuanto á la distancia, pero difieren en que
ponen dicho pueblo en la costa oriental, mientras los referidos Mbayás
aseguran á veces que son dos pueblos, uno en cada banda del rio. El que
conosca los indios no estrañará esta diferencia de noticias.
Lo único que de esto dedusco es, que hay Portugueses en una ú otra banda
del rio Paraguay, ó en las dos: si están en las orillas del rio Mbotetey
ó del Tacuary, esto es, por la latitud de 19° 30', como es probable,
para asegurar su navegacion hasta Cuyabá, no hay que decir; pueden
poblar allí, segun sus tratados, como no sea en la orilla del rio
Paraguay: si están establecidos en el Chaco y, como se puede sospechar,
en la Sierra de San Fernando, que tiene indicios de minas de oro y
diamantes, y su establecimiento es posterior al tratado, no pueden
permanecer segun este; pero si lo estan anteriormente, querrán defender
su posesion, diciendo que cada Corona debe quedar con lo que poseia
antes de dicho tratado, y V. E. juzgará la fuerza de esta razon.
Parece escusado decir, que si el establecimiento portugues está en la
orilla del rio Paraguay en el Chaco, nos embarazará la comunicacion con
los Chiquitos, por el paso arriba dicho y el de Itatin, como tambien la
navegacion del rio hasta el Jaurú; porque serán en este caso los
Portugueses dueños de una y otra orilla. No tengo yo facultades para
mandar á D. Juan Francisco Aguirre, à quien toca demarcar el rio
Paraguay, ni para darle instrucciones. Por cuyo motivo, en el caso que
V. E. no quiera dejar este asunto á la prudencia de dicho oficial, podrá
instruirle sobre si debe solicitar la destruccion de dicho fuerte y
pueblos portugueses, y en qué términos; explicándole los casos en que
pueda hallarse relativamente á la situacion local de dicho fuerte, y al
tiempo de su fundacion.
Puede no ser malo que el comisario de la 3ª division de demarcadores
sepa que, debajo de la confluencia de los rios Guaporé y Sararé al oeste
de ella, hay una montaña, que segun el tratado debe quedar por nosotros,
en la cual hay minas de excelente oro, y que podria suceder que en el
dia se hayan establecido en ella algunos Portugueses que tienen noticia
de dichas minas.
Los reconocimientos que los Curuguateños han hecho por órden de este
Gobernador, nada nos dicen de Portugueses, quienes no harán falta si
llegan el mes próximo: pero, como por ningun lado tengo noticia de
ellos, no he querido aprontar barcos, ni pagar fletes, ni pasaré al
Igatimí, segun se me tiene mandado, porque causaria muchos gastos,
exponiéndome á quedarme sin reses y cabalgaduras, por ser pais mal sano
para ellas y para todos. Así suspenderé mi salida hasta que por algun
camino sepa el arribo de los Portugueses al Igatimí.
Nuestro Señor, &c.