LA EXTRAVAGANCIA DE LA PIEDRA

Las calles, plazas y paseos de Barcelona la nueva, la del Ensanche, no

llaman la atención tan sólo por sus dimensiones, por su arbolado, por la

incesante multiplicidad de sus monumentos y estatuas. No; lo que en esta

grande y flamante ciudad interesa más, llama los ojos y pica la

curiosidad, son los edificios. El genio catalán se ha manifestado en la

arquitectura atrevida, rara, que se le nota está descontenta de las

formas creadas hasta aquí, y busca otras combinaciones, otras líneas,

otra distribución y otro agrupamiento de las masas, algo que no sea ya

la fachada inexpresiva, el vulgar estilo, la ciega obediencia a los

modelos consagrados, la copia de una estampa.

Crear, hacer belleza en el arte magnífico y sereno de la construcción,

es de una dificultad aterradora. Pero aquí los arquitectos han sido

audaces, y fiados en el vigor de su talento, han obligado a la piedra a

la originalidad, y algunas veces a la extravagancia. Son inquietantes

este modo de mezclar órdenes y estilos, esta persecución de la

asimetría, esta extraña concepción de la forma, esta inarmonía lineal,

estas bruscas apariciones de la ojiva en pleno muro del Renacimiento,

estas reminiscencias románicas en el ornato muzárabe... La más

caprichosa fantasía preside estos sueños de piedra. Todo se encuentra

aquí: torres caladas, arcos que imitan la antigüedad, paredes de

azulejos multicolores; una casa que parece una ermita; otra que finge

una mezquita, y todo ello entonado pintorescamente en este aire de oro

que no deja labrado sin relieve, color sin brillo, línea sin precisión.

En este sentido, el famoso templo de la Sagrada Familia, sin concluir

aún, y que es la obra gigantesca de un soñador tremendo, es lo que se

llama la última palabra. Mirando el pórtico, entrecruzados los ojos para

abarcar aquel conjunto estrambótico y simbólico, de ángeles, santos,

reptiles, aves, fieras, gárgolas y monstruos, no colocados al capricho,

sino en una deliberada e intencionada composición, y, sin embargo, en

una especie de loco desorden; descifrando, queriendo descifrar, mejor

dicho, desde las dos torres, que son dos colosales colmenas, hasta la

base de las dos columnas fundamentales, que es una tortuga-atlas;

sorprendiendo primores de detalle e incomprensibles complicaciones

recuerda uno del modo más natural la frase del poeta e inmediatamente la

aplica a la contemplación.--Esta es una pesadilla petrificada. Hay en el

arquitecto catalán un irreducible, tal vez, en ocasiones, sumado a un

delirante, pero indudablemente en cantidad y calidad mayores, hay un

artista, un brioso y fuerte artista.

El arte ha sido siempre distintivo de estas tierras heroicas. Allí está

Barcelona la vieja, que frente a esta espléndida del «Ensanche» puede,

entre el laberinto de callejuelas, alzar sus monumentos patinados por

los siglos y venerados por la historia.

Barcelona es la productora, por excelencia, de libros. Es un centro

editorial de primera importancia. Hay que ver la cantidad de hojas

volantes, de folletos, de revistas, derramadas a los cuatro vientos, en

tan incesantes vuelos, que no parece sino que el aire mismo se vuelve, a

ratos, papel impreso.

Si los impresores trabajan, los albañiles no están ociosos. Aquí se

hacen, sin cesar, libros y edificios. Aquí no se puede repetir la

sentencia de Claudio Frollo: «Esto matará aquéllo.»

Estampas de viaje: España en los días de la guerra · 第 17 / 45 题