_Orbajosa, 24 de Febrero._
Gandul: recibo la tuya, y me apresuro á explicarte el por qué del
manuscrito que te llevó el buen Tafetán. Pero ven acá, tonto, ¿es
posible que no reconozcas tu letra? ¡Si es tuya, grandísimo idiota!
¿Á tal punto has llegado en tu desvarío cerebral que ni conoces tu
propia escritura? Á esto me contestarás que tú no has compuesto tal
drama ni cosa que lo valga, y temerás, sin duda, que mis explicaciones
aumenten el barullo de tu infeliz cabeza. Verás cómo no; verás cómo te
tranquilizas al saber de qué modo natural y sencillo se produjo esa
REALIDAD que tanto te pasma, saliendo de tu letra sin que tú pusieras
en ella la mano.
Pues verás, hijo mío, qué fenómeno tan fácilmente comprensible para
un sabio perspicuo, como lo eres tú, formado en la escuela de la Peri
y de otras filósofas peri... patéticas. Atiende bien. Guardaba yo tu
correspondencia, perfectamente liada con balduque, en un arca donde
suelo meter, para que no me los roben estos pillos, los ajos de la
última cosecha. Guardo también cebollas, alguna calabaza, sartas de
guindillas, simiente de anís y otros productos de este prolífico suelo.
Ya ves que tus cartas estaban en buena compañía. Yo les había puesto un
rotulito que decía _La Incógnita_.
Pues anteayer se me antojó releerlas. Abro mi arca, y... puf. Sin
juramento me puedes creer que salía de allí un olor de mil demonios.
Echo mano al paquete, y me lo encuentro transformado en el drama ó
novela dialogada, _de tu puño y letra_, que recibiste por el buen
Tafetán. Comprendiendo que debes leerlo tú antes que nadie, refrené mi
curiosidad y allá te fueron las cinco jornadas. Pero qué, ¿no crees en
la metamorfosis? Para mí es tan común el fenómeno, y lo he presenciado
tantas veces, que no me causa sorpresa alguna. Sí, chico, no te quemes
las cejas averiguando quién ha compuesto eso. La realidad no necesita
que nadie la componga; se compone ella sola.
Qué, ¿lo dudas todavía, y persistes en que yo...? No, hijo, no tengo
ese saber de adivinación que me atribuyes. El fenómeno que hoy admiras
es tan natural como el más corriente que en la Naturaleza puedes
advertir uno y otro día. Cuando quiero obtener la verdad de un caso,
cojo los datos aparentes y públicos; los escribo en varias hojas de
papel, los meto en el arca de los ajos, y á los tres días, hora más,
hora menos, ya está hecho.
Aún dudas, ¿verdad? Pues si quieres que yo te crea tu pasión por
Augusta, tienes que creerme la sobrenatural y ajosa metamorfosis de tus
cartas en novela dramática.
Tu invariable—EQUIS X.
P.D. Se me olvidaba decirte que haces bien en no venir. Todas las
referencias tafetánicas son ciertas. Si pareces por acá, te aguarda una
silba en la cual tomaremos parte todos los habitantes de esta ciudad
excelsa, lo mismo los brutos que los ilustrados, entre los cuales tengo
la inmodestia de contarme. Se han vendido ya en el pueblo cuarenta
docenas y media de silbatos. Iré de simple testigo, á presenciar la
justa cólera de los ciudadanos, y tu vergüenza y humillación. No te
chiflaré, pues ya lo sabes... no toco pito...