Salí de mañana y llegué á la Fortaleza de Villarino, en el Choelechel.
En este sitio hallé la estacada, ranchos y trinchera, en la misma
conformidad que lo dejé cuando fuí para arriba: en aquel tiempo
me parecieron estas tierras buenas para el cultivo, pero ahora me
parecen mucho mas superiores. En los sitios á donde todo habia quedado
trillado, hay pasto muy alto y vicioso. A las orillas de la estacada, á
donde se movió la tierra para hacer la zanja, está el pasto de una vara
de alto debajo de la enramada, á donde tenia yo el cuerpo de guardia
que se habia hecho él solo á pison: estaba todo cubierto del expresado
pasto, de cardos, cerrajas y de navos. Hallé habas, que he recogido
ya en el suelo, que se habian caido de maduras: otras hallé verdes,
otras en flor todo vicioso, producidas de algunas que, por descuido, se
habrán caido en el tiempo que pasó aquí la expedicion: y por considerar
esta tierra tan fructífera, hice sembrar en ella semilla de manzana.
Es cierto que en todo este rio no hay parage mas á propósito para
recoger, cultivando las tierras, abundantes frutos, á mi parecer.
Paré aquí el resto del dia, para componer velas, toldos y otras cosas,
para cuya conclusion hace falta todo el dia de mañana.
Esta tarde salí un corto rato por examinar si hallaba vestigios de
haber estado indios en este sitio en el tiempo que aquí falto de él, y
reconocí que no estuvo nadie, y hallé muchas gamas: pero me admiró la
abundancia de perdices; porque con ser muy corto el rato, y estar el
dia muy malo con un viento fuertísimo al NNE, maté 15, sin apartarme
mas que dos ó tres cuadras de los ranchos: asimismo tiene la isla en
frente superiores tierras.