Amaneció lloviendo: á las 10 de la mañana cesó un poco el agua, y seguí
rio arriba. A las 500 varas de distancia descargué parte de la carga
de las embarcaciones, para pasar un salto de poca agua; y aquí ayudó
un indio de los de Francisco con su caballo, que contribuyó bastante á
pasar.
A las cuatro de la tarde hallé dos despeñaderos de corrientes seguidos,
y de muy poca agua, y visto que no me llegaba el resto de la tarde para
pasarlos, arrimé á tierra á la banda del N, para pasar la noche. A
esta hora llegó la china Teresa, la _Cacica Vieja_, y otra con Benites
se habia huido anoche con otro desertor de los acerradores, llamado
Francisco, que habian robado dos caballos y el sable del cacique, y
este indio con otros dos iban siguiendo el rastro en busca suya. Al
anochecer llegó el indio, y dijo, que el rastro habia llegado cerca de
nosotros, y que luego se habia vuelto para atras.
El dicho Benites perdió las pistolas, porque habiéndole hallado una
cuadrilla de Tehuelches lo corrieron, le dieron dos puñaladas en una
espalda, se le disparó una pistola, y la bala le pasó un muslo, y por
escaparse de la muerte se tiró al rio, y en él se le quedaron las
pistolas.
La navegacion de este dia fué de cuarto de legua al NO corregido.
Anocheció con el viento al SSE flojo, y los horizontes achuvascados. A
las diez de la noche empezó á garuar.
Parece que Benites intentó sublevar todos los indios, porque así á
los Guilliches como á los Tehuelches y Aucaces les dijo que nosotros
teniamos intentado poner guardias y poblar el Choelechel, á fin de que
estas naciones no pudiesen tener comunicacion con los campos de Buenos
Aires, que es de donde se proveen de todos ganados, y esto es lo que
mas sienten los indios: y verdaderamente si esta comunicacion les falta
no tienen como vivir, y se verán precisados á domesticarse y reducirse,
por esto dicen que están (los Aucaces particularmente) muy mal con
nuestro reconocimiento, y por cuantos caminos halla su imaginacion,
procuran saber á que fin es nuestra venida, y dicen que de ningun modo
les puede ser á ellos útil. Estas conferencias celebradas entre ellos,
las sé por los ladinos y ladinas que suelen venir á hablarnos, de quien
procuro informarme, tomando para ello aquellas medidas que me parecen á
propósito, segun me lo permite la cortedad de mi talento.
Preguntándole los indios á algunos individuos de las tripulaciones, á
qué veniamos, les respondieron que solo á buscar manzanas: y despues
supe que en sus conferencias decian que no era posible, porque en
la tierra de los cristianos habia de esta fruta, y que la podiamos
conducir al Rio Negro en las embarcaciones mayores, sin pasar los
trabajos que pasamos por este rio arriba. Dejo otras reflexiones que
me han dicho que hacen los indios, hasta informarme mas bien de ellas;
pero es cierto que lo que les hizo mas ruido fué la poblacion del
Choelechel.
Los campos que median entre el rio á donde me hallo, hasta la falda de
la alta Cordillera Nevada, que tirando al OSO habrá dos leguas y media,
y tirando al Cerro de la Imperial, ocho, son llanos, crian bastante
pasto, sin maleza ni tomillo, y me parece que pueden llevar fruto, pues
ya no se vé aquella esterilidad de las tierras antecedentes.