DIA 20.

Al salir el sol me hice á la vela, con viento por el SSE bonancible, y

al remo, por no ser posible romper las corrientes, á menos que no sea

una tormenta. Refrescó bastante el viento, y navegué este dia siempre

arrimado á la barranca del S al O corregido, 11½ millas de distancia.

A las 7 de la mañana, llegamos á unas barrancas de extraordinaria

altura en la costa del S, que distan cerca de media legua de la orilla

del rio: entre estas y dicha orilla hay otras coloradas, compuestas

de una especie de polvo de este color, y chinos ó piedras menudas.

El compuesto de estas y de las antecedentes no tiene liga alguna, ni

jugo para poder ligarse ó juntarse, y es cierto que forma una vista

maravillosa.

Por la parte del rio son estas barrancas inaccesibles: parecen

castillos muy altos, particularmente las blancas, con sus cornizas ó

molduras. No producen sus cumbres ni sus faldas ninguna especie de

yerba, solo si algunas muy pocas, y chicas matas de maleza espinosa;

pero tan raras y ruines, que jamas llegó á mi imaginacion que en todo

el globo de la tierra pudiese haber alguna tan infeliz como esta: no se

ven rastros ni animales, pero ni tampoco pájaros.

Es infelicísima la tierra de una y otra banda, despues que se embarcó

el cacique Roman hasta aquí: pero ninguna hallé como la de hoy;

horroriza su esterilidad, y los precipicios de sus barrancas.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 115 / 260 题