Hoy á las 8 de la mañana acabé de despachar al dragon Antonio, y yo
seguí mi viage y me siguieron todos los indios y chinas, sin embargo
de haberles dado de almorzar, y luego aguardiente, bizcocho, tabaco,
azucar, &a. A mediodía pararon á donde yo paré, para dar de comer á la
gente: tuve la paciencia de obsequiarlos de la misma suerte. Pasado
esto me pidió el cacique Francisco una vaca para dar de comer á su
gente: á esto le dije que esperaba comprar ganado á los Aucas: que
mandariamos un indio de sus toldos al pueblo; que si me mandaban ganado
que le daría, pues bien veia que el ganado que yo tenia era poco, y
que ya se me acababan los víveres, y que no tenia que comer la gente:
que mi viage era muy largo, ni tampoco tenia donde hacer bastimento,
ni menos adonde comprar. Ensilló su caballo, y se puso en camino muy
enojado.
Es imposible hacer cosa buena con los indios, y lo mas seguro es el
rigor, pues con un escarmiento en una tolderia como la de Francisco,
no se atreverian los otros á estas y otras burlas que nos hacen; y mas
cuando esta gente es tan acreedora á que se les castigue. Al anochecer
me acampé, y algunos indios se quedaron entre nosotros; y navegué en
todo este dia 2 millas al ONO corregido en línea recta, que por las
vueltas fueron 8.