NOTAS CRITICAS ACERCA DEL MOVIMIENTO EXPANSIONISTA

Según se habrá podido observar, tres aspectos o fases se descubren en el

movimiento expansionista de los Estados Unidos: primero, la ocupación

del territorio inmediato a las trece colonias primitivas, ocurrida antes

de la independencia; después, las sucesivas anexiones de territorios

contiguos, que se fueron convirtiendo en Estados de la Unión y en último

lugar, la adquisición de posesiones no contiguas, gobernadas como

colonias.

El primer movimiento expansionista, según vimos oportunamente, se

refirió al extenso territorio situado entre la cordillera de los

Alleghanies y el río Mississippi, atravesado de Este a Oeste por el río

Ohio. Dentro de ese movimiento, hay que distinguir el que tuvo por

teatro el territorio situado al Norte de este río, del que tuvo lugar

al Sur del mismo. Pretendieron los colonos ingleses, desde principios

del siglo XVIII, dominar la región situada al Norte del Ohio, tropezando

en su empeño, con igual pretensión alimentada por los franceses, que

dominaban en el Canadá. En aquel entonces no se pensaba, ni remotamente,

en la idea de independencia; los norteamericanos luchaban como ingleses

nada más. Basta leer las páginas que hemos dedicado a este asunto, para

darse cuenta de que aquella lucha no fué más que un reflejo de las que

sostuvieron ingleses y franceses en el siglo XVIII. En aquellas guerras

luchaban, unos y otros, por la supremacía y América no fué más que una

parte del escenario de la contienda. No se trataba, en realidad, de

principios religiosos, ni de la necesidad de adquirir territorios

nuevos, sino tan sólo de obtener el predominio de una raza sobre otra; y

al quedar resuelta la contienda en favor de la Gran Bretaña, por el

Tratado de París de 10 de febrero de 1763, que puso término a la guerra

de los siete años, quedó el Canadá en poder de esta región.

El esfuerzo mantenido por ocupar y dominar el territorio situado al Sur

de Ohio, que en realidad no estaba poseído por ninguna nación, tuvo otro

carácter. Fué un movimiento expansivo de los propietarios virginianos,

ansiosos de acaparar y hacer productivos nuevos territorios. Actuó la

actividad privada y después que ésta tuvo realizada la mayor parte de su

labor, la acción gubernamental terminó la obra. Fué en esta oportunidad,

en la que por primera vez el esfuerzo individual jugó su papel, que tan

importante fué siempre, después, en el movimiento expansionista de los

Estados Unidos.

La segunda fase de ese movimiento, que se refirió, según antes dijimos,

a la ocupación de territorios inmediatos a la Unión y que ocurrió

durante la primera mitad del siglo pasado, se desenvolvió a impulsos de

diversas aspiraciones e intereses. Así vemos, con efecto, que la

adquisición de la Louisiana la determinó el ofrecimiento de su venta,

hecho por Napoleón, inesperadamente, a la comisión que se encontraba en

París gestionando garantías para la navegación por el Mississippi; que

la compra de la Florida, a España, la inspiró el temor de que esa

posesión se desprendiera del poder de esta monarquía y cayera en manos

de alguna gran potencia, cuya vecindad había de ser peligrosa para los

Estados Unidos; que la anexión de Tejas, fué el desenlace de un proceso

iniciado por la importante colonia americana que residía en dicho país

y completado por el elemento esclavista, predominante en aquel entonces

en las esferas gubernamentales de Washington y al que interesaba la

adquisición de los territorios que se pudieran convertir en Estados

esclavistas, siendo estos mismos elementos, los que llevaron al país a

la guerra que produjo la conquista de Nuevo Méjico y de la alta

California; y que las negociaciones que se sostuvieron con la gran

Bretaña, y que determinaron la anexión de Oregon, se iniciaron por las

instancias y exigencias de los colonos americanos que se habían

establecido en dicha región.

Frente a esa diversidad de aspiraciones e intereses, que produjeron la

expansión de la Nación, los territorios que sucesivamente se fueron

ocupando ofrecen una misma característica y es, la de que estaban

poblados solamente por indios y teniendo poca importancia el elemento

blanco extranjero residente en ellos, podían ser el asiento de

comunidades que desde su origen habrían de estar asimiladas a la Unión.

Esa expansión fué obra, en tesis general, de la actividad privada; de

los agricultores, principalmente. Fué un movimiento espontáneo,

instintivo, guiado por la voluntad de la comunidad antes que por la

acción política. Fué el proceso de expansión de una comunidad joven,

pletórica de vida, que sentía la necesidad de engrandecerse; y fué algo

más: fué, como dice un escritor, "la lucha de la civilización contra el

caos". Con efecto, cada territorio que se adquiría, era una nueva zona

que se abría al progreso y a la actividad productora del hombre.

El pueblo norteamericano, a fuerza de presenciar durante medio siglo la

sucesiva adquisición de territorios contiguos y no poblados, a no ser

por las tribus de indios, se llegó a formar un estado de conciencia

según el cual, resultaba inexplicable la conquista de un territorio

lejano y mucho menos, si la población que lo ocupaba no asentía en ella.

De esas ideas participaba el gobierno. El Secretario de Estado Calhoum,

en 1844 había declarado lo siguiente:

La política que hemos observado al expansionarnos, ha sido la de

adquirir siempre territorios no ocupados y fácilmente asimilables.

En una palabra: hemos engrandecido nuestro territorio por

crecimiento, y nunca hemos conquistado poblaciones que tengamos que

mantener unidas a nosotros por la fuerza.

Pero el Gobierno evidenció en forma más concluyente, por algo más que

por simples declaraciones, que participaba de aquellas ideas. Con

efecto, el hecho de que el Senado rechazara en 1867, el tratado de

anexión de las Antillas danesas y en 1870 el de Santo Domingo y el gesto

de Cleveland en 1893, retirando de dicho alto cuerpo el de Haway, ¿qué

otra cosa fueron que afirmaciones de ese estado de conciencia?

En 1867 ocurrió un hecho que vino a romper la que podríamos llamar

tradición anti-imperialista de los Estados Unidos. Nos referimos a la

compra a Rusia de la Alaska. Se trataba de un país no contiguo y de un

pueblo de otra raza, de cuya voluntad se prescindía al realizar su

transferencia al dominio de los Estados Unidos. Pero como dicho

territorio estaba situado en la región ártica y se le atribuía poco

valor, hasta el punto de que fué vendido en $7,200.000 no obstante

abarcar un área de 577.390 millas; habitado además por una población

relativamente escasa y sin aspiraciones políticas; como se trataba de

una región situada en el propio Continente Septentrional y como sobre

todo, era del mayor interés excluir a Rusia de la América del Norte, tan

natural, tan indicada estaba la adquisición, que la opinión no reparó en

aquel otro aspecto: el de que se rompía la tradición anti-imperialista.

Fué en las postrimerías del siglo, "en sus últimos diez y ocho meses",

como dice un autor, cuando ocurrieron otros hechos, otras adquisiciones

territoriales, que le llevaron al pueblo la evidencia de que se había

roto de una vez su antigua tradición. En julio de 1898, se realiza la

anexión de Haway; en diciembre del mismo año, tiene lugar la adquisición

de Puerto Rico, las Filipinas y Guam y en diciembre de 1899 la de

Tutuila. Todavía la adquisición de Haway tenía su explicación: había

allí intereses americanos muy importantes; la población nativa, frente a

esos intereses, desempeñaba un papel secundario y veía la anexión con

indiferencia, casi con agrado, y era seguro, por otra parte, que de no

dar ese paso los Estados Unidos, habría de darlo la Gran Bretaña o

Francia. También tenía su explicación la adquisición de las Filipinas y

de Puerto Rico, porque si la guerra con España se había hecho por librar

de su mal gobierno a una de sus colonias, ¿por qué aquellas dos, que

padecían del mismo mal, no iban a cambiar de situación? Y ya

desprendidas del Gobierno de España, ¿qué otra cosa podían hacer los

Estados Unidos, que retenerlas, a Puerto Rico definitivamente, a

Filipinas por el momento?

Lo que no tenía explicación era la adquisición de dos islotes en el

Pacífico: el de Guam en el Archipiélago de las Ladronas y el de Tutuila

en el de Samoa. Ninguna otra doctrina que no fuera la del imperialismo,

podía justificar estas anexiones.

Mucho se discutieron todas estas adquisiciones. Tuvieron sus partidarios

y sus contrarios; con esta particularidad: que los amigos de las

anexiones no aceptaban el nombre de imperialistas que les daban sus

adversarios; negaban que lo fuesen. ¡Véase hasta qué punto la tradición,

la política del aislamiento, la voluntad de no adquirir territorios

fuera del Continente, había actuado en la conciencia pública! Pero la

exactitud del nombre era cuestión de poca monta. Lo positivamente

cierto, era que la nación abandonaba su aislamiento; que adquiría

territorios distantes, habitados por pueblos de otras razas, no

asimilables al norteamericano y con cuya voluntad no se contaba al

someterlos a la nueva soberanía; lo esencial era que quedaba rota, como

dice el escritor H. H. Powers, la triple tradición observada hasta

entonces por la nación en su movimiento expansionista: la de "la

continuidad territorial", la de "la homogeneidad de la raza" y la del

ejercicio del poder basado en "el consentimiento de los gobernados". Los

mismos que no se querían llamar imperialistas, proclamaban con orgullo

que el nuevo orden de cosas ofrecía tres vías que constituían la mejor

garantía para el desarrollo del comercio americano en Oriente: Haway

estaba en la ruta de Asia, Guam en la de las Filipinas y Tutuila en la

de Nueva Zelandia y Australia.

La Política de los Estados Unidos en el Continente Americano · 第 31 / 76 题