Tomás Borrow, de familia de labradores establecida desde muy antiguo
cerca de Liskeard, en Cornwall, se fugó de su casa, siendo todavía
mozo, por esquivar las consecuencias de una fechoría juvenil, y sentó
plaza de soldado en 1783. Diez años más tarde, cuando era sargento,
se casó con Ana Preferment, hija de un agricultor de East Dereham,
Norfolk, de abolengo francés probablemente. En 1798, Tomás Borrow
obtuvo el grado de capitán, del que no pasó en su carrera militar.
En 1800 le nació un hijo, Juan Tomás, que fué pintor y soldado, y
acabó por emigrar a Méjico en busca de fortuna, muriendo en aquellas
tierras en 1834. El 5 de julio de 1803 nació en East Dereham el hijo
segundo del matrimonio Borrow, Jorge Enrique, el cual, treinta y
tres años más tarde, había de ser popular en Madrid con el nombre
de _Don Jorgito el inglés_. La infancia de Jorge transcurrió en
diferentes poblaciones de Inglaterra y de Escocia, merced a los
cambios de guarnición del regimiento en que servía su padre. Viajó
primeramente por las provincias de Sussex y Kent, y en 1808 y 1810
estuvo otra vez en su pueblo natal. Jorge era «un niño triste, que
gustaba de permanecer horas enteras en un rincón solitario, con la
cabeza caída sobre el pecho, dominado por un abatimiento peculiar; a
veces sentía una impresión de miedo muy extraña, hasta de horror,
sin causa real». Sus padres le dejaban vagar libremente por los
campos. En 1810 conoció a Ambrosio Smith, el gitano a quien después
representó en sus escritos con el nombre de Jasper Petulengro, y se
juraron fraternidad. El desarrollo mental de Jorge fué algo tardío.
Comenzó los estudios de humanidades en Dereham, y los continuó
en Edimburgo, después en Norwich, y el año 1815 en la «Academia
Protestante» de Clonmel (Irlanda), adonde el regimiento de su padre
fué destinado. La vida escolar le curó de sus hábitos insociables y
de su reserva. A Jorge le gustaban los estudios, pero no la sujeción
de la escuela. Sentía inclinación natural por los idiomas, y los
aprendía con desusada facilidad; su memoria era descomunal. Amaba la
vida al aire libre y los deportes. Las aventuras, propias o ajenas,
reales o soñadas, encandilaban su imaginación. En Irlanda, además de
aprender la lengua del país, se había hecho gran jinete. Terminadas
las guerras napoleónicas, y licenciado el regimiento, los Borrow se
establecieron en Norwich. Jorge leía griego en la _Grammar School_, y
de un emigrado francés tomaba lecciones de este idioma, de italiano y
de español; cultivaba, además, la caza y el pugilismo. Los gastos y
las costumbres de Jorge le hicieron antipático a su padre; no se le
parecía en nada, teníale por un verdadero gitano, y, desentendiéndose
de él en lo posible, le dejaba hacer cuanto quería. En 1818, Jorge
se encontró de nuevo con Ambrosio Smith, o Jasper Petulengro, y,
yéndose con él a un campamento de gitanos, los acompañó por ferias y
mercados, se inició en sus costumbres y aprendió su idioma.
Llegado el momento de adoptar una profesión que le diese para vivir,
Jorge, dudoso entre la Iglesia y el Foro, se decidió por el último;
así se lo aconsejó un amigo, en situación semejante a la suya,
diciéndole que la abogacía «era la mejor carrera para quienes (como
ellos) no pensaban ejercer ninguna». El padre de Jorge le costeó el
aprendizaje, colocándole en 1819 de pasante en casa de unos curiales
de Norwich. Pero Jorge debía de tener mediana afición a los pleitos.
Aprendió galés, danés, hebreo, árabe, armenio, y en el despacho de
sus maestros trabajaba en traducir de esas lenguas al inglés; su
amigo William Taylor le enseñó el alemán. Así vivió el pobre cinco
años, amarrado a un oficio tan opuesto a su vocación. Quizás la
lectura de libros de viajes y aventuras le fué entonces más gustosa
y necesaria que nunca, como desquite de la aridez de su empleo. A
Jorge Borrow le gustaban mucho _Gil Blas_, el _Peregrino_ de Bunyan,
Sterne, el _Childe Harold_, y, sobre todos, De Foe. «¡Oh genio de De
Foe, yo te saludo!—exclama en su autobiografía—. ¡Cuánto no te debe
el mío pobrísimo!»
En 1824, el capitán Tomás Borrow murió, dejando por heredera de sus
escasas rentas a su mujer. Jorge, que llegaba entonces a la mayor
edad, se marchó a Londres a buscarse la vida en cuanto terminó
su contrato de pasantía. Llevaba por todo capital un legajo de
traducciones; pero sus esperanzas eran muchas. Su primera estancia
en Londres fué poco placentera. Luchaba con la escasez, con la falta
de salud, con la inseguridad del trabajo, y padeció además la crisis
característica de la juventud al encararse indefensa con la vida, y
las amarguras de la vocación que busca a tientas su camino. Jorge
se interrogaba acerca del valor de la existencia y de la verdad:
«¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo bueno y lo malo? ¿Para qué he nacido?
¿Todo perecerá y será olvidado, todo es vanidad?» Y no encontraba
respuesta satisfactoria. El futuro misionero era entonces ateo
empedernido; su amigo Taylor, además de enseñarle el alemán, le
inculcó la irreligión. La tristeza y el descorazonamiento de Jorge
fueron tales, que sus amigos temieron verle poner fin a sus días.
Por aquella época publicó Borrow algunas traducciones de poesías
extranjeras (varios romances españoles[1]); escribió, por encargo de
un editor, una colección de «causas célebres»[2], y tradujo para una
revista fragmentos de leyendas danesas[3]. Pero en 1825, el periódico
en que escribía desapareció; riñó, además, con el editor que le daba
trabajo, y se quedó en la calle con sus manuscritos y un puñado de
dinero. Supónese que el anuncio de un librero le indujo a escribir,
para zafarse de sus apuros del momento, una _Vida y aventuras de José
Sell_, obra publicada, al parecer, con otros cuentos y narraciones en
una colección que hoy no se sabe cuál fué. Vendida la obra, Borrow se
marchó de Londres, abandonando la literatura, y viajó a pie en busca
de salud corporal y de paz para su ánimo. Cuatro meses duró su vida
errante. Volvió a encontrar a Jasper Petulengro, y se fué con él a
vivir en hermandad con los gitanos, trabajando en hacer herraduras,
y preso en las redes honestas de una linda moza de la tribu. Después
compró un caballo, y recorrió Inglaterra en busca de aventuras.
Cuando estos viajes concluyeron, Jorge Borrow tenía veintidós años.
Era alto, flaco, zanquilargo, de rostro oval y tez olivácea; tenía
la nariz encorvada, pero no demasiado larga; la boca bien dibujada,
y ojos pardos, muy expresivos. Una canicie precoz le dejó la cabeza
completamente blanca. Las cejas, prominentes y espesas, ponían en su
rostro un violento trazo oscuro.
[1] «Bernard’s Address to his army», a ballad from the Spanish;
«The singing Mariner», a ballad from the Spanish; «The french
Princess», a ballad from the Spanish. En «Monthly Magazine»,
volumen 57. (1824).
[2] «Celebrated Trials, and Remarkable Cases of Criminal
Jurisprudence, from the earliest records to the year 1825». Seis
volúmenes. Knight and Lacey. London, 1825.
[3] «Danish Traditions and Superstitions». En «Monthly Magazine»,
vols. 58, 59, 60.
Jorge Borrow, al escribir, andando el tiempo, sus narraciones
autobiográficas, se empeñó en rodear de misterio ciertos años de
su vida (1826-1832), y con alusiones más o menos veladas (algunas
encontrará el lector en _La Biblia en España_,) quiso dar a entender
que se había visto envuelto en misteriosas aventuras y dado cima
a dilatados viajes por países como la India, China y Tartaria.
Ignórase, en efecto, lo que Borrow hizo en esos años; pero, en
sentir de sus biógrafos más autorizados, es excesivo tanto misterio.
Probablemente, Borrow vivió todo ese tiempo sin ocupación fija; viajó
un poco, y escribió por gusto y por encargo. En 1826 se publicó una
colección de sus traducciones del danés[4] con otras composiciones
suyas. Dos años más tarde apareció una traducción de las _Memorias de
Vidocq_[5], atribuída a Borrow; insertó en algunas revistas trabajos
de menos importancia. Viajó por la Europa occidental, y parece que
estuvo en Madrid, pero este viaje no pudo entrar en el marco de _La
Biblia en España_.
[4] «Romantic Ballads», Translated from the Danish and
Miscellaneous pieces, by George Borrow. Norwich, S. Wilkin. 1826.
[5] «Memoirs of Vidocq», principal agent of the French police
until 1827. Writen by himself. Translated from the French. 4
vols. London, Whittaker, Treacher and Arnot. 1828-29.
Un gran cambio sobrevino en la vida de Jorge Borrow durante el año
1833, que decidió de su destino. Conocía Jorge Borrow a una familia
residente en Oulton Hall, cerca de Lowestoft (Suffolk), de la que
formaba parte Mrs. Mary Clarke, de treinta y seis años, viuda
de un marino. Un reverendo pastor, relacionado con esa familia,
indujo a Jorge Borrow a solicitar de la Sociedad Bíblica Británica
y Extranjera un empleo donde pudiera utilizar su conocimiento de
los idiomas. Jorge se fué a pie a Londres, y en veintidós horas
recorrió una distancia de ciento veinte millas. En su frugal pobreza,
Jorge sólo gastó en el viaje cinco peniques y medio, en un litro
de cerveza, medio de leche, un pedazo de pan y dos manzanas. Los
señores de la Sociedad Bíblica, después de examinarle de lenguas
orientales durante una semana, le preguntaron si estaba dispuesto
a aprender en seis meses la lengua manchú. Aceptó Jorge, y con
un buen viático se volvió a Norwich, ya en diligencia; estudió
con ahinco y a los seis meses triunfaba en las pruebas a que sus
futuros jefes le sometieron. Por aquellos mismos días, Jorge Borrow
se retractó de su ateísmo; ya fuese por influjo de Mrs. Clarke, o
porque las ideas que le inculcó su amigo Taylor arraigaron poco en
su espíritu y se marchitaron al acercarse la treintena, lo cierto es
que Borrow profesó un protestantismo tan fanático como el ateísmo
que abandonaba. No tardó en asimilarse el «tono misionero» ni en
adoptar la jerga propia de sus patronos. Cuando aún se hallaba en
curso su nombramiento, uno de secretarios de la Sociedad Bíblica
censuraba así el estilo de una carta de Borrow: «Perdóneme usted si,
como sacerdote, y mayor que usted en años, aunque no en talento,
me atrevo, con la mejor intención, a hacerle una advertencia que
podrá no ser inútil.» Acota una frase que ha llamado la atención de
algunos de «los excelentes miembros de nuestro Comité»: aquella en
que «habla usted de la perspectiva de ser _útil a la Divinidad, al
hombre y a usted mismo_. Sin duda, quiso usted decir la _perspectiva
de glorificar a Dios_; pero el giro de sus palabras nos hizo pensar
en ciertos pasajes de la Escritura, tales como Job, XXI, 2, etc.»
La respuesta de Borrow debió de ser tal, que el mismo reverendo
le escribía: «El espíritu de su última carta es verdaderamente
cristiano, en armonía con aquella regla sentada por el mismo Cristo,
y de la que Él dió, en cierto sentido, tan prodigioso ejemplo, que
dice: El que se humille será ensalzado.» Finalmente, la Sociedad
Bíblica aceptó los servicios de Borrow y le envió a Rusia, para
donde salió sin dilación, a mediados de año, a colaborar en la
transcripción y colación del manuscrito de la Biblia traducida al
manchú, y en la impresión del Nuevo Testamento en la misma lengua.
Jorge Borrow estuvo en Rusia hasta septiembre de 1835. Sirvió con
celo y buen éxito a la Sociedad Bíblica; visitó Moscú y Nowgorod,
y proyectó un viaje a China, a través del Asia, para distribuir el
Evangelio por el Oriente. El Gobierno ruso le negó los pasaportes.
Ese proyecto de viaje fué, en opinión de uno de sus biógrafos,
el único motivo que tuvo Borrow para creer, y hacérselo creer a
sus lectores, que había estado en el Oriente remoto[6]. Durante
su estancia en Rusia tradujo al ruso unas homilías de la iglesia
anglicana, y publicó en San Petersburgo dos colecciones de poesías
traducidas por él al inglés: _Targum_[7] y el _Talismán_[8].
[6] «¿No le ha chocado a usted nunca—le escribía en una ocasión
su amigo el danés Hasfeldt—cuánto se parece usted al buen
hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podría usted
pasar fácilmente por hijo suyo.» W. Knapp: _Life, writings and
correspondence of George Borrow_. London, Murray, 1899. Vol. I,
pág. 190.
[7] «Targum, or Metrical translations from thirty languages and
dialects», by George Borrow. St. Petersburg, Schulz and Beneze,
1835.
[8] «The Talisman», from the Russian of Alexander Pushkin, with
other pieces. St. Petersburg, Schulz and Beneze, 1835.
En octubre de 1835 volvió Jorge Borrow a Inglaterra, y, apenas
llevaba un mes en su país, la Sociedad Bíblica decidió utilizar de
nuevo sus servicios, enviándole a Lisboa y Oporto con encargo de
acelerar la propagación de la Biblia en Portugal. Ni la Sociedad
Bíblica ni Jorge Borrow preveían entonces que sus campañas en la
Península iban a tener la importancia que después adquirieron. Para
la Sociedad, el envío de Borrow a Portugal era un empleo interino,
en espera de que se decidiese su viaje a China. Borrow ignoraba si
tendría o no en Portugal libertad suficiente para lanzarse a una
propaganda intensa, ni si el ánimo de la gente se hallaría bien
dispuesto para recibirla. Jorge Borrow se embarcó en Londres el 6 de
noviembre de 1835, y llegó a Lisboa el 13 del mismo mes[9]; visitó
los alrededores de la capital, hizo una excursión por el Alemtejo,
y de estos viajes y de sus conversaciones con el representante de
la Sociedad Bíblica en Lisboa nació la determinación de aplazar
sus trabajos en Portugal. Borrow resolvió pasar a España. Salió de
Lisboa para Badajoz el 1.º de enero de 1836, cruzó la frontera el día
6, detúvose en Badajoz diez días, y por Mérida, Oropesa y Talavera
llegó a Madrid. Por el camino fué madurando su plan de campaña:
le pareció necesario, ante todo, hacer en España una tirada de la
Biblia en castellano, porque sólo podían circular las impresas en el
reino. Pero lo difícil no era eso; lo difícil era obtener permiso
para imprimirla _sin notas_. Desde la invención de la imprenta,
hasta 1820, no se había impreso en España ninguna traducción de la
Biblia descargada de comentarios y notas, y que fuese, por tanto,
de tamaño manual y de precio reducido, accesible a todos. En 1790
apareció la traducción de Scio, en diez volúmenes en folio, y en
1823, la de Amat, en nueve volúmenes en cuarto. Al amparo de la fugaz
libertad política, instaurada por la Revolución de 1820, se imprimió
en Barcelona (1820) el Nuevo Testamento, traducción de Scio, pero
sin notas; desde entonces, hasta la llegada de Borrow a España,
nada más se había hecho. La propaganda de las Sociedades bíblicas
no consiste, esencialmente, en predicar una confesión determinada,
sino en difundir la lectura de la Biblia, poniendo al alcance del
mayor número el texto genuino de la Escritura. Como, en opinión de
los cristianos reformados, los dogmas y prácticas de la Iglesia
romana contradicen la letra y el espíritu del libro sagrado, basta
la lectura de su texto auténtico, y la restauración del sentido
propio en su inteligencia e interpretación, para minar las bases de
la dominación papista. Así, Borrow, abundando en las intenciones de
sus directores, y con autorización expresa de ellos, gestionó desde
luego el permiso que necesitaba para imprimir el Evangelio sin notas,
y, vencidas no pocas dificultades, se dispuso a reimprimir en Madrid
la traducción del Nuevo Testamento, de Scio, editada sin notas por
la Sociedad Bíblica en Londres, 1826. Borrow y la Sociedad Bíblica
desconocían las versiones castellanas de la Biblia, hechas por los
antiguos reformistas españoles, libros rarísimos entonces.
[9] Fechas establecidas por Mr. Knapp, separándose de las que
Borrow da en _La Biblia en España_.
Borrow se fué de Madrid a los pocos días de la revolución de La
Granja, estuvo en Granada y Málaga (viaje no referido en _La
Biblia en España_), se embarcó en Gibraltar, llegó a Londres el 3
de octubre, instó en la Sociedad Bíblica la inmediata apertura de
la campaña de propaganda en España, y, aceptados sus planes, se
reembarcó el 4 de noviembre, llegando a Cádiz el 22 del mismo mes.
Por Sevilla y Córdoba se dirigió Borrow a Madrid, adonde llegó el 26
de diciembre. No perdió el tiempo. En 14 de enero de 1837 firmaba
con Andrés Borrego el contrato para la impresión del Evangelio, y
en 1.º de mayo siguiente se publicó el libro[10]. Borrow obtuvo
de la Sociedad Bíblica autorización para repartir en persona la
obra por pueblos, y, dejando en Madrid encargado de sus asuntos a
don Luis de Usoz y Río, emprendió, acompañado de su famoso criado
griego, el larguísimo viaje por Castilla la Vieja, Galicia, Asturias
y Santander, que duró desde mayo a noviembre de 1837. De regreso
en Madrid, imprimió dos nuevas traducciones parciales del Nuevo
Testamento: una traducción del Evangelio de San Lucas al caló[11],
hecha por él, y otra del mismo Evangelio al vascuence, por un señor
Oteiza[12].
[10] El Nuevo Testamento, traducido al español de la Vulgata
Latina, por el Rmo. P. Phelipe Scio de S. Miguel, de las Escuelas
Pías, obispo electo de Segovia. Madrid. Imprenta a cargo de don
Joaquín de la Barrera, 1837. En 8.º, 534 págs.
[11] Embeo e Majaró Lucas. Brotoboro rodado andré la chipé
griega, acána chibado andré o Romanó, o chipé es Zincales de Sesé.
El Evangelio según S. Lucas, traducido al Romaní, o dialecto de
los gitanos de España. [Madrid], 1837. En 16.º, 177 págs.
_Segunda edición_: Criscote e Majaró Lucas, chibado andré o
Romanó, o chipé es Zincales de Sesé.
El Evangelio según S. Lucas, traducido al romaní, o dialecto de
los gitanos de España. Lundra, 1872. En 16.º, 177 págs.
[12] Evangelioa San Lucasen Guissan. El Evangelio según S.
Lucas, traducido al vascuence. Madrid. Imprenta de la Compañía
Tipográfica, 1838. En 16.º, 176 págs.
La publicación del Evangelio en _caló_, la apertura de un _Despacho
de la Sociedad Bíblica_ en la calle del Príncipe, los métodos
empleados por Borrow para llamar la atención del público hacia
su obra y ciertas imprudencias de otros agentes de la Sociedad
en España, provocaron la intervención de las autoridades y
desencadenaron una borrasca, en la que naufragó la propaganda
evangélica y, a la larga, puso fin a los trabajos de Borrow en
España; de ella nació también un primer disentimiento entre la
Sociedad y su agente, disentimiento que terminó en ruptura. En enero
del 38, el jefe político de Madrid secuestró los libros existentes
en la tienda abierta por Borrow; en mayo, fué preso _Don Jorge_ por
desacato a un agente de la autoridad y por vender libros impresos
fuera del reino, introducidos en España con infracción de las leyes
vigentes. Borrow cuenta en _La Biblia en España_ la historia del
secuestro y de su prisión; pero omite ciertos hechos que influyeron
grandemente en aquellas resoluciones del Gobierno, hechos que Borrow
no conoció hasta después de salir de la cárcel. Había por entonces
en España otro agente de la Sociedad Bíblica, llamado Graydon, que
operaba principalmente en las provincias de Levante. Graydon, que
imprimió en Barcelona una edición del Nuevo Testamento y otra de
la Biblia (A. y N. T.), sin notas, en 1837, no se limitaba, como
Borrow, a propagar el libro, sino que repartía folletos, prospectos
y opúsculos atacando al Gobierno moderado, al clero español y a sus
doctrinas. Esta conducta produjo algunos escándalos en Valencia,
Murcia y Málaga; y como Graydon se proclamaba, no sólo agente de
la Sociedad Bíblica, sino íntimo colaborador y asociado de Borrow,
dió pretexto para que el Gobierno, movido por los curas, desfogara
su inquina tratando a don Jorge con extremado rigor. La prisión
de Borrow y las reclamaciones del ministro británico produjeron,
como puede suponerse, una reunión precipitada del Consejo de
ministros, un ofrecimiento de dimisión por parte del jefe político,
e interpelaciones en las Cortes censurando al Gobierno... por su
lenidad. Excarcelado Borrow, supo por el ministro británico la parte
que la conducta de Graydon había tenido en sus persecuciones, y se le
ocurrió escribir sendas cartas al _Correo Nacional_ y a la Sociedad
Bíblica desautorizando y condenando el proceder de su colega. En
la carta al _Correo Nacional_, publicada el 27 de mayo, se titula
«único agente autorizado en España de la S. B.». En la carta a sus
directores de Londres, luego de referir las entrevistas del ministro
británico con Ofalia, dice respecto de Graydon: «Hasta el momento
presente, ese hombre ha sido el ángel malo de la causa de la Biblia
en España, y también el mío, y ha empleado tales procedimientos y
escogido de tal modo las ocasiones, que casi siempre ha conseguido
derribar los planes hacederos trazados por mis amigos y por mí para
la propagación del Evangelio de una manera permanente y segura.»
La respuesta de la Sociedad fué un cruel desengaño para Borrow:
reconocíase en ella que Graydon era tan legítimo representante de la
Sociedad Bíblica como él; no se accedía a desautorizar y condenar
su proceder, y, además se le advertía a Borrow que, en adelante, se
abstuviese de publicar cartas como la del _Correo Nacional_. Por su
parte, el Gobierno español, tras algunos artículos oficiosos en que
se le excitaba a proceder «con mano dura» contra los escarnecedores
de la religión, prohibió de Real orden (25 de mayo) la circulación y
venta del Nuevo Testamento editado por Borrow.
En relaciones poco cordiales con sus jefes y frente a la hostilidad
resuelta de los gobernantes españoles, Borrow no podía ya realizar
en la Península una obra duradera ni fructífera. Aquel verano del
38 anduvo don Jorge por La Sagra y por tierras de Segovia. El 24
de agosto llegó a sus manos la orden de sus jefes llamándole a
Inglaterra, y, allá se fué, a través de Francia, y en tres o cuatro
meses que permaneció en su país zanjó sus diferencias con los
directores y logró que le enviaran a España por tercera y última vez.
El 31 de diciembre de 1838 desembarcó en Cádiz, y, salvo los tres
primeros meses, que pasó en Madrid dedicado a la propaganda, casi
todo el año 39 estuvo en Sevilla, en relativa inacción. Allí fueron a
buscarle Mrs. Clarke y su hija, a quienes instaló en su propia casa
de la _Plazuela de la Pila Seca_; hizo, solo, un viaje a Tánger,
donde le alcanzó la orden del Comité de la Sociedad Bíblica dando
por terminada su misión en España, y en Tánger se acaba bruscamente
la narración de sus aventuras. De retorno en Sevilla, anunció su
matrimonio con Mrs. Clarke (la _Señá Biuda_ con _Don Jorgito el
Brujo_), y comenzó los preparativos para volver a Inglaterra.
Una disputa con un alcalde de barrio de Sevilla le costó ir a la
cárcel, donde le tuvieron treinta horas; todavía estuvo en Madrid
gestionando las reparaciones debidas por ese agravio, y en abril de
1840 se embarcó para Inglaterra con Mrs. Clarke y su hija y su corcel
árabe. Apenas tomó tierra, se casó, y fué a instalarse a _Oulton
Cottage_ (Lowestoft), propiedad de su esposa, donde vivió muchos años
entregado a las pacíficas tareas literarias.
Lo primero que publicó fué su obra sobre gitanos[13], en la que
había trabajado mucho durante su permanencia en España. Contiene
una descripción preliminar de los gitanos de diversos países y un
estudio de la historia y costumbres de los de España, compuesto
de observaciones personales y extractos de libros referentes a
ellos. Siguen una colección de poesías populares en caló, recogidas
verbalmente por Borrow, y un vocabulario. En _The Zincali_ se aprecia
«una fuerte personalidad y una observación extraordinaria»[14]; pero
cualquiera puede advertir el desorden con que está compuesto el
libro. Es importante para conocer las costumbres de los gitanos, y
completa además algunas aventuras que en _La Biblia en España_ sólo
están indicadas.
[13] The Zincali; or An Account of the Gypsies of Spain. With
an original collection of their Songs and Poetry, and a copious
Dictionary of their Language. By George Borrow... In two volumes.
London, John Murray, 1841.
[14] E. Thomas: George Borrow, the man and his books. I. V.
London, Chapman and Hall, 1912.
La publicación de _The Zincali_ puso a Borrow en relación con
Ricardo Ford, docto en cosas hispánicas, que preparaba por entonces
su _Manual_ de España[15]. Ford aconsejó a Borrow que publicase sus
aventuras personales y se dejara de extractar libracos españoles.
Al saber que tenía entre manos una _Biblia en España_, insistió en
sus advertencias: nada de vagas descripciones, nada de erudición
libresca; hechos, muchos hechos, observados directamente; arrojo
para no caer en las vulgaridades; no preocuparse del bien decir;
evitar las gazmoñerías y la declamación. Borrow se aprovechó de esos
consejos. En su retiro de Oulton ordenó y completó los materiales de
que disponía: diarios de viaje, cartas a la Sociedad Bíblica, y en
diciembre de 1842 se publicaba la obra[16] que velozmente le llevó a
la celebridad.
[15] _Hand-Book for Travellers in Spain and Readers at Home._
London, Murray, 1845. 2 vols. 8.º «Las ediciones posteriores
están abreviadas o adaptadas a los itinerarios del ferrocarril.
El verdadero «Ford» no ha vuelto a parecer.» (Knapp.)
Su triunfo fué inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones
de a mil ejemplares en tres volúmenes, y una edición de diez mil
ejemplares en dos tomos. Dos veces reimpresa en Norteamérica aquel
mismo año 43, fué traducida al alemán, al francés y al ruso;
en 1911 iban publicadas de _La Biblia en España_ más de veinte
ediciones inglesas. Borrow saboreó la popularidad; sus escritos
posteriores contribuyeron poco a sostenerla. Sus aventuras en España
despertaron en el público un deseo muy vivo de conocer otros hechos
de la vida del «héroe». Ricardo Ford le aconsejó que escribiese su
autobiografía. Don Jorge, sin levantar mano, compuso el _Lavengro_,
historia de su niñez y juventud, continuándola años después[17],
hasta la fecha en que comienza aquel misterioso período de su vida,
de que ya se hizo mención. La obra defraudó las esperanzas del
público; los críticos, con gran indignación del autor, pronunciaron
sobre ella un fallo adverso; se aguardaba una narración rigurosamente
veraz, y aparecía un revoltijo de sucesos reales e imaginarios
más que suficiente para desorientar al lector. Borrow se consoló
difícilmente de lo que algunos llamaron su «fracaso». La vanidad
herida, no iba a contribuir a suavizarle el humor, cada día más
áspero y agrio. Llevaba con impaciencia la vida sedentaria de
escritor. Sentía, además, inquietudes religiosas; los antiguos
«terrores» le atormentaban. Borrow quería viajar y solicitó empleos
fuera de su patria; misiones literarias en Asia, el consulado de
Hong-Kong: pero sin resultado. Hizo un viaje por el Oriente de
Europa, y recogió nuevos datos acerca de la vida y lenguaje de sus
amigos los gitanos en Hungría, Valaquia y Macedonia. Anduvo también
por su país; visitó Gales, Escocia y otros lugares, y recogió parte
del fruto de estas jornadas en un libro[18] que fué la última obra
importante que publicó. Desde 1860 residía en Londres, donde vivió
catorce años sin producir nada desde la aparición de Wild Wales,
sumido en tanta oscuridad, en tal silencio, que algunos le creían
muerto. Estimulado por el deseo de conservar su antigua primacía en
los estudios gitanos, que otros cultivaban ya con diferente método,
se lanzó a publicar, en 1874, un vocabulario[19] del dialecto de los
gitanos ingleses, obra que, al aparecer, era ya anticuada. En suma:
Borrow se sobrevivió; tan sólo la muerte—observa Mr. Knapp—podía
devolverle la notoriedad perdida. La muerte tardaba en llegar. Borrow
se marchó de Londres en 1874, y se refugió en su casa de Oulton;
estaba viudo desde 1869. El arriscado Don Jorge de otros tiempos era
un anciano de mal humor, que vivía triste y solo en una casa de campo
mal cuidada, y se paseaba por el jardín enmarañado cantando poemas de
su cosecha. Su extraño continente, su soledad y «sus conversaciones
con los gitanos, a quienes permitía acampar en la finca, crearon
en torno suyo una especie de leyenda. Los muchachos, en viéndole
pasar, le gritaban: ¡Gitano!, o ¡brujo!» Muy cerca ya del fin, su
hijastra fué con su marido a vivir en su compañía. En la mañana del
26 de julio de 1881, el matrimonio se fué a Lowestoft a sus asuntos,
dejando a Borrow completamente solo; mucho les rogó que no se fueran,
porque se sentía morir; pero le dijeron que ya otras veces había
expresado igual temor sin fundamento alguno. Cuando volvieron, a las
pocas horas, se lo encontraron muerto.
[16] The Bible in Spain; or the Journeys, Adventures, and
Imprisonments of an Englishman, in an attempt to circulate the
Scriptures in the Peninsula. By George Borrow, author of «The
Gypsies of Spain». In three volumes. London, John Murray, 1843.
[17] Lavengro; the Scholar—the Gypsy—the Priest. By George
Borrow... In three volumes. London, John Murray, 1851.
The Romany Rye; a sequel to «Lavengro». By George Borrow... In
two volumes. London, John Murray, 1857.
[18] Wild Wales: its people, Language, and Scenery. By George
Borrow... In three volumes. London, John Murray, 1862.
[19] Romano Lavo-Lil: Word-Book of the Romany, or English Gypsy
Language... By George Borrow. London, John Murray, 1874.
Aunque _The Bible in Spain_ no fuese, en términos absolutos, el
mejor libro de Borrow, sería en todo caso, con enorme diferencia
respecto de sus otros escritos, el que más títulos tendría a la
atención de nuestro público. El mérito intrínseco del libro, y la
singular reputación de España, le hicieron popular en Inglaterra
y Norteamérica y conocido en varias naciones de Europa, motivos
también valederos para su divulgación en nuestro país, con más el
de ser los españoles, no lectores distantes, sino parte interesada,
actores en las escenas y su tierra marco de aquella narración. No es
muy honroso para nuestra curiosidad que hayan transcurrido cerca de
ochenta años desde que vió la luz, sin ponerlo hasta hoy, traducido,
al alcance de todos. El libro fué compuesto, en su mayor parte,
en los lugares mismos que describe. Borrow redactaba un diario de
viaje, y remitía, además, a la Sociedad Bíblica cartas de relación
de sus aventuras y trabajos. La Sociedad prestó a Borrow esas cartas
luego de cerciorarse de que, al aprovecharlas, no cometería ninguna
indiscreción. «¡No he revelado los secretos de la Sociedad!»,
decía después Borrow; en efecto, no mienta su desacuerdo con los
directores, y tributa a Graydon, el «ángel malo» de la causa bíblica,
ardientes elogios. Las cartas de Borrow a la Sociedad Bíblica[20]
son tan extensas como la mitad de _The Bible in Spain_; pero sólo
aprovechó la tercera parte de ellas en la composición del libro; lo
demás salió de sus diarios, fundiéndose todo al calor de su espíritu
cuando recordaba y revivía a distancia las impresiones indelebles
recibidas. Tres son los temas de la obra: la difusión del Evangelio,
_Don Jorge el inglés_ y España. Los tres se enlazan en un conjunto
armónico; la propaganda evangélica es el propósito deliberado de que
remotamente trae origen el libro, y constituye su armazón interior;
todas las idas y venidas de Don Jorge, todos sus pensamientos, van
encauzados a la divulgación de la palabra divina; los hombres y las
tierras de España, materia de su explicencia, constituyen, no sólo
una decoración de fondo, asombrosa por el relieve y color, sino el
ambiente en que se mueve y respira un personaje extraordinario,
algo distinto de Borrow, pero que es Borrow mismo despojado de toda
vulgaridad y flaqueza, elevado a la categoría de un semidiós. De
esos temas, el evangélico es el que nos importa menos. España, país
de misiones, España, país de idólatras, era un punto de vista nuevo,
dentro de nuestro solar, en 1835, e irritante para quienes, dueños
de la religión verdadera, habíanla exportado durante siglos. No será
hoy menos irritante para buen número de personas el antipapismo de
Borrow; pero es improbable que los españoles descontentos, los no
conformistas, rompan a gritar: _¡Al campo, al campo, Don Jorge, a
propagar el Evangelio de Inglaterra!_ En el fondo, la preocupación de
Borrow es de la misma índole que la de los «idólatras», sus enemigos.
La regeneración de España por la lectura del Evangelio sería un
programa que acaso hiciera hoy sonreír. El mayor número seguiría
la opinión de Mendizábal, que a la insistencia con que Borrow
solicitaba el permiso para imprimir el Testamento, salvación única
de España, respondía: «¡Si me trajese usted cañones, si me trajese
usted pólvora, si me trajese usted dinero para acabar con los
carlistas!» Pero _Don Juan y Medio_, y los liberales que hicieron la
desamortización eclesiástica, no se atrevían a permitir que circulase
el Evangelio _sin notas_. Aunque movido por un fanatismo antipático,
en favor de Borrow hablan su osadía personal, la consideración de
que luchaba contra un poder omnímodo, irresponsable, y la de que,
formalmente, pugnaba por un mínimo de hospitalidad y de libertad,
sin las que los hombres en sociedad son como fieras; y eso está
siempre bien, hágase como se haga. El libro de Borrow es un precioso
documento para la historia de la tolerancia, no en las leyes, sino en
el espíritu de los españoles.
[20] «Letters of George Borrow to the Bible Society», edited by
T. H. Darlow, 1911.
_The Bible in Spain_ es un libro autobiográfico. «El principal
estudio de Borrow fué él mismo, y en todos sus mejores libros,
él es el asunto principal y el objeto principal»[21]. No emplea
en esta obra las confidencias, no se confiesa con el lector; su
procedimiento consiste en dejar hablar a los que le tratan, para
pintar el efecto que su persona y sus hechos causan en el ánimo
del prójimo; asomándonos a ese espejo, vemos la imagen de un _Don
Jorge_ muy aventajado: subyugaba y domaba a los animales fieros; los
gitanos le adoraban; era la admiración de los _manolos_; temíanle los
pícaros; confundía al posadero ruin y a los alcaldillos despóticos;
encendía en sus servidores devoción sin límites; era afable y llano
con los humildes; trataba a los potentados de igual a igual y hacía
bajar los ojos al soberbio; nunca se apartaba de la razón, ni perdía
la serenidad; un prestigio misterioso le envuelve; en suma: el
héroe y el justo se funden en su persona; es un apóstol que propaga
la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz, sin romper el
decoro; es un caballero andante que se compadece de la miseria, y
a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote,
pero sin burlas, sin yangüeses, en una España que creyese en él y
le tomase en serio. Apóstol y caballero están bajo el amparo del
pabellón británico.
[21] Ed. Thomas, cap. II.
Borrow se colocó, o colocó a su héroe, en un escenario sin segundo,
de tal fuerza que, para nuestro gusto, el aventurero se borra, se
disuelve en el paisaje, o queda a la zaga de la muchedumbre española
que suscita. Es difícil encontrar otro caso en que un escritor haya
triunfado con más brillantez de la hostil realidad presente. Borrow
lucha a brazo partido con la realidad española, la asedia, poco
a poco la domina, y con la lentitud peculiar de su procedimiento
acaba por poner en pie una España rebosante de vida. No se atuvo a
una realidad de «guía oficial». Lo que le importaba era el carácter
de los hombres, y no de todos, sino los de la clase popular, donde
los rasgos nacionales se conservan más puros. Labradores, arrieros,
posaderos, gitanos, curas de aldea, monterillas, mendigos, pastores,
pasan ante nosotros, y al verlos gesticular y oírlos hablar, creemos
encontrarnos con antiguos conocidos. Unos son pícaros, otros santos;
unos son listos, otros muy zotes; casi todos groseros, muchos con
sentimientos nobles, pero unidos en general por un aire de familia
inconfundible; y la verdad es que, con todas sus picardías o su
zafiedad, no puede uno dejar de quererlos. Tuvo además Borrow una
espléndida visión del campo, y lo sintió e interpretó de un modo
enteramente moderno. Así, don Jorge descubrió y pintó, en realidad,
lo que quedaba de España. Arrancados los árboles, agostado el césped,
arrastrada en mucha parte la tierra vegetal, asomaba la armazón de
roca, con toda su fealdad y su inconmovible firmeza.
El lector apreciará seguramente en _La Biblia en España_, a pesar de
la traducción descolorida, el novelesco interés de algunos pasajes
que parecen arrancados de un libro picaresco, el movimiento de
ciertos cuadros, propios de un «episodio nacional», el sabor de
otras escenas de costumbres, los bosquejos de tipos y caracteres,
con tantos otros méritos que es innecesario señalar; pero lo mismo
ante ellos, que ante los defectos del libro, y frente a la repulsión
que ciertos juicios—expresos o sobrentendidos—del autor puedan
suscitar en el ánimo de un español, conviene estar prevenido para no
incurrir en las descarriadas apreciaciones que acerca de este libro
se han proferido en nuestro país. _La Biblia en España_ es un libro
de viajes, cierto; pero hay que entenderse acerca de su calidad.
No es un informe a la Sociedad bíblica respecto de los progresos
del Evangelio en España, ni un «cuadro del estado político, social,
etcétera», de la nación, ni un itinerario para recién casados, ni una
reseña de las catedrales y otros monumentos pergeñada para uso de los
_snobs_ de ambos mundos; _La Biblia en España_ es una obra de arte,
una creación, y con arreglo a eso hay que juzgar de su exactitud,
del _parecido_ del retrato y de las «invenciones» del autor. Los
paisajes, los lugares, las figuras, están notados con puntualidad; es
excelente en la inteligencia de las costumbres, y no hay en el libro
caricatura ni falsificación de sentimientos. Episodios compuestos,
no vistos por Borrow; personajes inventados aglutinando rasgos
dispersos, sin duda los ha de haber; pero eso, ¿es ilícito? Pudiera
compararse la creación de Borrow a una estatua de mayor tamaño que
el natural. La verdad artística del conjunto y su efecto conmovedor
son innegables. El libro no es sólo verdadero; es, en ciertos puntos,
revelador.
La traducción que hoy ofrecemos al público está hecha siguiendo
el texto de la edición de U. R. Burke (1896); hemos aprovechado
parte del glosario que la acompaña, poniendo al pie de la página
correspondiente las equivalencias del caló y del castellano; las
notas de Burke no las reproducimos todas, porque algunas son
innecesarias para el lector español, y otras contienen errores de
bulto. De la biografía de Borrow, por Míster Knapp, hemos sacado
algunas notas que aclaran el texto, o placen, simplemente, a la
curiosidad del lector.