PARTE CUARTA

Salió, en fin, de aquel estado, para caer en

el dolor más sombrío, en la más desalentada

desesperación y en la mayor amargura y

desconsuelo que pueden apoderarse de este pobre

corazón humano, que tan positivamente choca y

se quebranta con los males, como con vaguedad

aspira en algunos momentos, casi siempre sin

conseguirlo, a tocar los bienes ligeramente y

de pasada.--"La protección de un sastre,"

novela original por D. MIGUEL DE LOS SANTOS

ÁLVAREZ

SPIRITUS QUIDEM PROMPTUS EST; CARO VERO

INFIRMA.--S. MARCOS, "Evangelio"

Vedle, Don Félix es, espada en mano,

Sereno el rostro, firme el corazón;

También de Elvira el vengativo hermano [695]

Sin piedad a sus pies muerto cayó.

Y con tranquila audacia se adelanta

Por la calle fatal del Ataúd;

Y ni medrosa aparición le espanta,

Ni le turba la imagen de Jesús. [700]

La moribunda lámpara que ardía

Trémula lanza su postrer fulgor,

Y, en honda oscuridad, noche sombría

La misteriosa calle encapotó.

Mueve los pies el Montemar osado [705]

En las tinieblas con incierto giro,

Cuando, ya un trecho de la calle andado,

Súbito junto a él oye un suspiro.

Resbalar por su faz sintió el aliento,

Y a su pesar sus nervios se crisparon; [710]

Mas, pasado el primero movimiento,

A su primera rigidez tornaron.

«¿Quién va?» pregunta con la voz serena.

Que ni finge valor, ni muestra miedo,

El alma de invencible vigor llena, [715]

Fïado en su tajante de Toledo.

Palpa en torno de sí, y el impio jura,

Y a mover vuelve la atrevida planta,

Cuando hacia él fatídica figura

Envuelta en blancas ropas se adelanta. [720]

Flotante y vaga, las espesas nieblas

Ya disipa, y se anima, y va creciendo

Con apagada luz, ya en las tinieblas

Su argentino blancor va apareciendo.

Ya leve punto de luciente plata, [725]

Astro de clara lumbre sin mancilla,

El horizonte lóbrego dilata

Y allá en la sombra en lontananza brilla.

Los ojos, Montemar, fijos en ella,

Con más asombro que temor la mira; [730]

Tal vez la juzga vagorosa estrella

Que en el espacio de los cielos gira;

Tal vez engaño de sus propios ojos,

Forma falaz que en su ilusión creó,

O del vino ridículos antojos [735]

Que al fin su juicio a alborotar subió.

Mas el vapor del néctar jerezano

Nunca su mente a trastornar bastara,

Que ya mil veces embriagarse en vano

En frenéticas orgias intentara. [740]

«Dios presume asustarme; ¡ojalá fuera»,

Dijo entre sí riendo, «el diablo mismo!

Que entonces ¡víve Dios! quién soy supiera

El cornudo monarca del abismo.»

Al pronunciar tan insolente ultraje [745]

La lámpara del Cristo se encendió,

Y una mujer, velada en blanco traje,

Ante la imagen de rodillas vió.

«Bienvenida la luz,» dijo el impío,

«Gracias a Dios o al diablo;» y, con osada, [750]

Firme intención y temerario brío,

El paso vuelve a la mujer tapada.

Mientras él anda, al parecer se alejan

La luz, la imagen, la devota dama;

Mas si él se pára, de moverse dejan; [755]

Y lágrima tras lágrima derrama

De sus ojos inmóviles la imagen.

Mas sin que el miedo ni el dolor que inspira

Su planta audaz, ni su impiedad atajen,

Rostro a rostro a Jesús Montemar mira. [760]

--La calle parece se mueve y camina,

Faltarle la tierra sintió bajo el pie;

Sus ojos la muerta mirada fascina

Del Cristo, que intensa clavada está en él.

Y en medio el delirio que embarga su mente, [765]

Y achaca él al vino que al fin le embriagó,

La lámpara alcanza con mano insolente

Del ara do alumbra la imagen de Dios;

Y al rostro la acerca, que el cándido lino

Encubre, con ánimo asaz descortés; [770]

Mas la luz apaga viento repentino,

Y la blanca dama se puso de pie.

Empero un momento creyó que veía

Un rostro que vagos recuerdos quizá

Y alegres memorias confusas traía [775]

De tiempos mejores que pasaron ya,

Un rostro de un ángel que vió en un ensueño,

Como un sentimiento que el alma halagó,

Que anubla la frente con rígido ceño,

Sin que lo comprenda jamás la razón. [780]

Su forma gallarda dibuja en las sombras

El blanco ropaje que ondeante se ve,

Y cual si pisara mullidas alfombras,

Deslízase leve sin ruido su pie.

Tal vimos al rayo de la luna llena [785]

Fugitiva vela de lejos cruzar,

Que ya la hinche en popa la brisa serena,

Que ya la confunde la espuma del mar.

También la esperanza blanca y vaporosa

Así ante nosotros pasa en ilusión, [790]

Y el alma conmueve con ansia medrosa

Mientras la rechaza la adusta razón.

D. FÉLIX

«¡Qué! ¿sin respuesta me deja?

¿No admitís mi compañía?

¿Será quizá alguna vieja [795]

Devota?... ¡Chasco sería!

En vano, dueña, es callar,

Ni hacerme señas que no;

He resuelto que sí yo,

Y os tengo de acompañar. [800]

Y he de saber dónde vais

Y si sois hermosa o fea,

Quién sois y cómo os llamáis,

Y aun cuando imposible sea,

Y fuerais vos Satanás [805]

Con sus llamas y sus cuernos,

Hasta en los mismos infiernos,

Vos delante y yo detrás,

Hemos de entrar; ¡vive Dios!

Y aunque lo estorbara el cielo, [810]

Que yo he de cumplir mi anhelo

Aun a despecho de vos;

Y perdonadme, señora,

Si hay en mi empeño osadía,

Mas fuera descortesía [815]

Dejaros sola a esta hora;

Y me va en ello mi fama,

Que juro a Dios no quisiera

Que por temor se creyera

Que no he seguido a una dama.» [820]

Del hondo del pecho profundo gemido,

Crujido del vaso que estalla al dolor,

Que apenas medroso lastima el oído,

Pero que punzante rasga el corazón,

Gemido de amargo recuerdo pasado, [825]

De pena presente, de incierto pesar,

Mortífero aliento, veneno exhalado

Del que encubre el alma ponzoñoso mar,

Gemido de muerte lanzó, y silenciosa

La blanca figura su pie resbaló, [830]

Cual mueve sus alas sílfide amorosa

Que apenas las aguas del lago rizó.

¡Ay! el que vió acaso perdida en un día

La dicha que eterna creyó el corazón,

Y en noche de nieblas y en honda agonía [835]

En un mar sin playas muriendo quedó!...

Y solo y llevando consigo en su pecho,

Compañero eterno su dolor crüel,

El mágico encanto del alma deshecho,

Su pena, su amigo y su amante más fiel; [840]

¡Miró sus suspiros llevarlos el viento,

Sus lágrimas tristes perderse en el mar,

Sin nadie que acuda ni entienda su acento,

Insensible el cielo y el mundo a su mal!

Y ha visto la luna brillar en el cielo [845]

Serena y en calma mientras él lloró,

Y ha visto los hombres pasar en el suelo

Y nadie a sus quejas los ojos volvió!

Y él mismo, la befa del mundo temblando,

Su pena en su pecho profunda escondió, [850]

Y dentro en su alma su llanto tragando

Con falsa sonrisa su labio vistió!!...

¡Ay! quien ha contado las horas que fueron,

Horas otro tiempo que abrevió el placer,

Y hoy solo y llorando piensa como huyeron [855]

Con ellas por siempre las dichas de ayer;

Y aquellos placeres, que el triste ha perdido,

No huyeron del mundo, que en el mundo están;

Y él vive en el mundo do siempre ha vivido,

Y aquellos placeres para él no son ya! [860]

¡Ay del que descubre por fin la mentira!

¡Ay del que la triste realidad palpó!

Del que el esqueleto de este mundo mira,

Y sus falsas galas loco le arrancó!...

¡Ay de aquel que vive sólo en lo pasado! [865]

¡Ay del que su alma nutre en su pesar!

Las horas que huyeron llamará angustiado,

Las horas que huyeron jamás tornarán!...

Quien haya sufrido tan bárbaro duelo,

Quien noches enteras contó sin dormir [870]

En lecho de espinas, maldiciendo al cielo,

Horas sempiternas de ansiedad sin fin....

Quien haya sentido quererse del pecho

Saltar a pedazos roto el corazón,

Crecer su delirio, crecer su despecho, [875]

Al cuello cien nudos echarle el dolor,

Ponzoñoso lago de punzante hielo,

Sus lágrimas tristes que cuajó el pesar,

Reventando ahogarle, sin hallar consuelo,

Ni esperanza nunca, ni tregua en su afán. [880]

Aquél, de la blanca fantasma el gemido,

Única respuesta que a Don Félix dió,

Hubiera, y su inmenso dolor, comprendido,

Hubiera pesado su inmenso valor.

D. FÉLIX

«Si buscáis algún ingrato, [885]

Yo me ofrezco agradecido;

Pero o miente ese recato,

O vos sufrís el mal trato

De algún celoso marido.

¿Acerté? ¡Necia manía! [890]

Es para volverme loco,

Si insistís en tal porfía;

Con los mudos, reina mía,

Yo hago mucho y hablo poco.»

Segunda vez importunada en tanto, [895]

Una voz de süave melodía

El estudiante oyó que parecía

Eco lejano de armonioso canto,

De amante pecho lánguido latido,

Sentimiento inefable de ternura, [900]

Suspiro fiel de amor correspondido,

El primer sí de la mujer aun pura.

«Para mí los amores acabaron;

Todo en el mundo para mí acabó;

Los lazos que a la tierra me ligaron [905]

El cielo para siempre desató,»

Dijo su acento misterioso y tierno,

Que de otros mundos la ilusión traía,

Eco de los que ya reposo eterno

Gozan en paz bajo la tumba fría. [910]

Montemar, atento sólo a su aventura,

Que es bella la dama y aun fácil juzgó,

Y la hora, la calle y la noche oscura

Nuevos incentivos a su pecho son.

«--Hay riesgo en seguirme.--Mirad ¡qué reparo! [915]

--Quizá luego os pese.--Puede que por vos.

--Ofendéis al cielo.--Del diablo me amparo.

--Idos, caballero, no tentéis a Dios.

--Siento me enamora más vuestro despego,

Y si Dios se enoja, pardiez que hará mal; [920]

Veame en vuestros brazos y máteme luego.

--¡Vuestra última hora quizá ésta será!...

Dejad ya, Don Félix, delirios mundanos.

--¡Hola, me conoce!--¡Ay! ¡temblad por vos!

¡Temblad no se truequen deleites livianos [925]

En penas eternas!--Basta de sermón,

Que yo para oírlos la cuaresma espero;

Y hablemos de amores, que es más dulce hablar;

Dejad ese tono solemne y severo,

Que os juro, señora, que os sienta muy mal. [930]

La vida es la vida: cuando ella se acaba,

Acaba con ella también el placer.

¿De inciertos pesares por qué hacerla esclava?

Para mí no hay nunca mañana ni ayer.

Si mañana muero, que sea en mal hora [935]

O en buena, cual dicen, ¿qué me importa a mí?

Goce yo el presente, disfrute yo ahora,

Y el diablo me lleve siquiera al morir.

--¡Cúmplase en fin tu voluntad, Dios mío!--»

La figura fatídica exclamó; [940]

Y en tanto al pecho redoblar su brío

Siente Don Félix y camina en pos.

Cruzan tristes calles,

Plazas solitarias,

Arruinados muros, [945]

Donde sus plegarias

Y falsos conjuros,

En la misteriosa

Noche borrascosa,

Maldecida bruja [950]

Con ronca voz canta,

Y de los sepulcros

Los muertos levanta,

Y suenan los ecos

De sus pasos huecos [955]

En la soledad;

Mientras en silencio

Yace la ciudad,

Y en lúgubre són

Arrulla su sueño [960]

Bramando Aquilón.

Y una calle y otra cruzan,

Y más allá y más allá;

Ni tiene término el viaje,

Ni nunca dejan de andar. [965]

Y atraviesan, pasan, vuelven,

Cien calles quedando atrás,

Y paso tras paso siguen,

Y siempre adelante van;

Y a confundirse ya empieza [970]

Y a perderse Montemar,

Que ni sabe a dó camina,

Ni acierta ya dónde está;

Y otras calles, otras plazas

Recorre, y otra ciudad, [975]

Y ve fantásticas torres

De su eterno pedestal

Arrancarse, y sus macizas,

Negras masas caminar,

Apoyándose en sus ángulos, [980]

Que en la tierra en desigual,

Perezoso tranco fijan;

Y a su monótono andar,

Las campanas sacudidas

Misteriosos dobles dan, [985]

Mientras en danzas grotescas,

Y al estruendo funeral,

En derredor cien espectros

Danzan con torpe compás;

Y las veletas sus frentes [990]

Bajan ante él al pasar,

Los espectros le saludan,

Y en cien lenguas de metal,

Oye su nombre en los ecos

De las campanas sonar. [995]

Mas luego cesa el estrépito,

Y en silencio, en muda paz

Todo queda, y desparece

De súbito la ciudad:

Palacios, templos, se cambian [1000]

En campos de soledad,

Y en un yermo y silencioso,

Melancólico arenal,

Sin luz, sin aire, sin cielo,

Perdido en la inmensidad. [1005]

Tal vez piensa que camina,

Sin poder parar jamás,

De extraño empuje llevado

Con precipitado afán;

Entretanto que su guía, [1010]

Delante de él sin hablar,

Sigue misteriosa, y sigue

Con paso rápido, y ya

Se remonta ante sus ojos

En alas del huracán, [1015]

Visión sublime, y su frente

Ve fosfórica brillar

Entre lívidos relámpagos

En la densa oscuridad,

Sierpes de luz, luminosos [1020]

Engendros del vendaval;

Y cuando duda si duerme,

Si tal vez sueña o está

Loco, si es tanto prodigio,

Tanto delirio verdad, [1025]

Otra vez en Salamanca

Súbito vuélvese a hallar,

Distingue los edificios,

Reconoce en dónde está,

Y en su delirante vértigo [1030]

Al vino vuelve a culpar,

Y jura, y siguen andando,

Ella delante, él detrás.

«¡Vive Dios! dice entre sí,

O Satanás se chancea, [1035]

O no debo estar en mí,

O el Málaga que bebí

En mi cabeza aun humea.

«Sombras, fantasmas, visiones....

Dale con tocar a muerto, [1040]

Y en revueltas confusiones,

Danzando estos torreones

Al compás de tal concierto.

«Y el juicio voy a perder

Entre tantas maravillas. [1045]

¡Que estas torres llegue a ver,

Como mulas de alquiler,

Andando con campanillas!

«¿Y esta mujer quién será?

Mas si es el diablo en persona, [1050]

¿A mí qué diantre me da?

Y más que el traje en que va

En esta ocasión le abona.

«Noble señora, imagino

Que sois nueva en el lugar: [1055]

Andar así es desatino;

O habéis perdido el camino,

O esto es andar por andar.

«Ha dado en no responder,

Que es la más rara locura [1060]

Que puede hallarse en mujer,

Y en que yo la he de querer

Por su paso de andadura.»

En tanto Don Félix a tientas seguía,

Delante camina la blanca visión, [1065]

Triplica su espanto la noche sombría,

Sus hórridos gritos redobla Aquilón.

Rechinan girando las férreas veletas,

Crujir de cadenas se escucha sonar,

Las altas campanas, por el viento inquietas, [1070]

Pausados sonidos en las torres dan.

Rüido de pasos de gente que viene

A compás marchando con sordo rumor,

Y de tiempo en tiempo su marcha detiene,

Y rezar parece en confuso són, [1075]

Llegó de Don Félix luego a los oídos,

Y luego cien luces a lo lejos vió,

Y luego en hileras largas divididos,

Vió que murmurando con lúgubre voz

Enlutados bultos andando venían; [1080]

Y luego más cerca con asombro ve

Que un féretro en medio y en hombros traían

Y dos cuerpos muertos tendidos en él.

Las luces, la hora, la noche, profundo,

Infernal arcano parece encubrir. [1085]

Cuando en hondo sueño yace muerto el mundo,

Cuando todo anuncia que habrá de morir

Al hombre que loco la recia tormenta

Corrió de la vida, del viento a merced,

Cuando una voz triste las horas le cuenta, [1090]

Y en lodo sus pompas convertidas ve,

Forzoso es que tenga de diamante el alma

Quien no sienta el pecho de horror palpitar,

Quien como Don Félix, con serena calma,

Ni en Dios ni en el diablo se ponga a pensar. [1095]

Así en tardos pasos, todos murmurando,

El lúgubre entierro ya cerca llegó,

Y la blanca dama, devota rezando,

Entrambas rodillas en tierra dobló.

Calado el sombrero y en pie, indiferente [1100]

El féretro mira Don Félix pasar,

Y al paso pregunta con su aire insolente

Los nombres de aquellos que al sepulcro van.

Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,

Cuando horrorizado con espanto ve [1105]

Que el uno Don Diego de Pastrana era,

Y el otro ¡Dios santo! y el otro era él!...

Él mismo, su imagen, su misma figura,

Su mismo semblante, que él mismo era en fin;

Y duda, y se palpa, y fría pavura [1110]

Un punto en sus venas sintió discurrir.

Al fin era hombre, y un punto temblaron

Los nervios del hombre, y un punto temió;

Mas pronto su antiguo vigor recobraron,

Pronto su fiereza volvió al corazón. [1115]

«Lo que es, dijo, por Pastrana,

Bien pensado está el entierro;

Mas es diligencia vana

Enterrarme a mí, y mañana

Me he de quejar de este yerro. [1120]

«Diga, señor enlutado,

¿A quién llevan a enterrar?»

«--Al estudiante endiablado

Don Félix de Montemar,»

Respondió el encapuchado. [1125]

«--Mientes, truhán.--No por cierto.

--Pues decidme a mí quién soy,

Si gustáis, porque no acierto

Cómo a un mismo tiempo estoy

Aquí vivo y allí muerto. [1130]

«--Yo no os conozco.--Pardiez,

Que si me llego a enojar,

Tus burlas te haga llorar

De tal modo que otra vez

Conozcas ya a Montemar. [1135]

«¡Villano!... mas esto es

Ilusión de los sentidos,

El mundo que anda al revés,

Los diablos entretenidos

En hacerme dar traspiés. [1140]

«¡El fanfarrón de Don Diego!

De sus mentiras reniego,

Que cuando muerto cayó,

Al infierno se fué luego

Contando que me mató.» [1145]

Diciendo así, soltó una carcajada,

Y las espaldas con desdén volvió;

Se hizo el bigote, requirió la espada,

Y a la devota dama se acercó.

«Conque, en fin, ¿dónde vivís? [1150]

Que se hace tarde, señora.

--Tarde, aun no; de aquí a una hora

Lo será.--Verdad decís,

Será más tarde que ahora.

«Esa voz con que hacéis miedo [1155]

De vos me enamora más.

Yo me he echado el alma atrás;

Juzgad si me dará un bledo

De Dios ni de Satanás.

«--Cada paso que avanzáis [1160]

Lo adelantáis a la muerte,

Don Félix. ¿Y no tembláis

Y el corazón no os advierte

Que a la muerte camináis?»

Con eco melancólico y sombrío [1165]

Dijo así la mujer, y el sordo acento,

Sonando en torno del mancebo impío,

Rugió en la voz del proceloso viento.

Las piedras con las piedras se golpearon,

Bajo sus pies la tierra retembló, [1170]

Las aves de la noche se juntaron,

Y sus alas crujir sobre él sintió;

Y en la sombra unos ojos fulgurantes

Vió en el aire vagar que espanto inspiran,

Siempre sobre él saltándose anhelantes, [1175]

Ojos de horror que sin cesar le miran.

Y los vió y no tembló; mano a la espada

Puso y la sombra intrépido embistió;

Y ni sombra encontró ni encontró nada,

Sólo fijos en él los ojos vió. [1180]

Y alzó los suyos impaciente al cielo,

Y rechinó los dientes y maldijo,

Y, en él creciendo el infernal anhelo,

Con voz de enojo blasfemando dijo:

«Seguid, señora, y adelante vamos: [1185]

Tanto mejor si sois el diablo mismo,

Y Dios y el diablo y yo nos conozcamos,

Y acábese por fin tanto embolismo.

«Que de tanto sermón, de farsa tanta,

Juro, pardiez, que fatigado estoy; [1190]

Nada mi firme voluntad quebranta:

Sabed, en fin, que, donde vayáis, voy.

«Un término no más tiene la vida:

Término fijo; un paradero el alma:

Ahora adelante.» Dijo, y en seguida [1195]

Camina en pos con decidida calma.

Y la dama a una puerta se paró,

Y era una puerta altísima, y se abrieron

Sus hojas en el punto en que llamó,

Que a un misterioso impulso obedecieron; [1200]

Y tras la dama el estudiante entró;

Ni pajes ni doncellas acudieron;

Y cruzan a la luz de unas bujías

Fantásticas, desiertas galerías.

Y la visión, como engañoso encanto, [1205]

Por las losas deslízase sin ruido,

Toda encubierta bajo el blanco manto

Que barre el suelo en pliegues desprendido;

Y por el largo corredor en tanto

Sigue adelante, y síguela atrevido, [1210]

Y su temeridad raya en locura,

Resuelto Montemar a su aventura.

Las luces, como antorchas funerales,

Lánguida luz y cárdena esparcían,

Y en torno, en movimientos desiguales, [1215]

Las sombras se alejaban o venían

Arcos aquí ruinosos, sepulcrales,

Urnas allí y estatuas se veían,

Rotas columnas, patios mal seguros,

Yerbosos, tristes, húmedos y oscuros. [1220]

Todo vago, quimérico y sombrío,

Edificio sin base ni cimiento,

Ondula cual fantástico navío

Que anclado mueve borrascoso viento.

En un silencio aterrador y frío [1225]

Yace allí todo: ni rumor, ni aliento

Humano nunca se escuchó: callado,

Corre allí el tiempo, en sueño sepultado.

Las muertas horas a las muertas horas

Siguen en el reloj de aquella vida, [1230]

Sombras de horror girando aterradoras,

Que allá aparecen en medrosa huída;

Ellas solas y tristes moradoras

De aquella negra, funeral guarida,

Cual soñada fantástica quimera, [1235]

Vienen a ver al que su paz altera.

Y en él enclavan los hundidos ojos

Del fondo de la larga galería,

Que brillan lejos cual carbones rojos,

Y espantaran la misma valentía; [1240]

Y muestran en su rostro sus enojos

Al ver hollada su mansión sombría;

Y ora en grupos delante se aparecen,

Ora en la sombra allá se desvanecen.

Grandïosa, satánica figura, [1245]

Alta la frente, Montemar camina,

Espíritu sublime en su locura,

Provocando la cólera divina:

Fábrica frágil de materia impura,

El alma que la alienta y la ilumina [1250]

Con Dios le iguala, y con osado vuelo

Se alza a su trono y le provoca a duelo.

Segundo Lucifer que se levanta

Del rayo vengador la frente herida,

Alma rebelde que el temor no espanta, [1255]

Hollada sí, pero jamás vencida:

El hombre, en fin, que en su ansiedad quebranta

Su límite a la cárcel de la vida,

Y a Dios llama ante él a darle cuenta,

Y descubrir su inmensidad intenta. [1260]

Y un báquico cantar tarareando,

Cruza aquella quimérica morada,

Con atrevida indiferencia andando,

Mofa en los labios, y la vista osada;

Y el rumor que sus pasos van formando, [1265]

Y el golpe que al andar le da la espada,

Tristes ecos, siguiéndole detrás,

Repiten con monótono compás.

Y aquel extraño y único rüido

Que de aquella mansión los ecos llena, [1270]

En el suelo y los techos repetido,

En su profunda soledad resuena;

Y espira allá cual funeral gemido

Que lanza en su dolor la ánima en pena,

Que al fin del corredor largo y oscuro [1275]

Salir parece de entre el roto muro.

Y en aquel otro mundo y otra vida,

Mundo de sombras, vida que es un sueño,

Vida que, con la muerte confundida,

Ciñe sus sienes con letal beleño; [1280]

Mundo, vaga ilusión descolorida

De nuestro mundo y vaporoso ensueño,

Son aquel ruido y su locura insana

La sola imagen de la vida humana.

Que allá su blanca, misteriosa guía, [1285]

De la alma dicha la ilusión parece,

Que ora acaricia la esperanza impía,

Ora al tocarla ya se desvanece;

Blanca, flotante nube que en la umbría

Noche en alas del céfiro se mece [1290]

Su airosa ropa, desplegada al viento,

Semeja en su callado movimiento;

Humo süave de quemado aroma

Que al aire en ondas a perderse asciende;

Rayo de luna que en la parda loma [1295]

Cual un broche su cima al éter prende;

Silfa que con el alba envuelta asoma

Y al nebuloso azul sus alas tiende,

De negras sombras y de luz teñidas,

Entre el alba y la noche confundidas. [1300]

Y ágil, veloz, aérea y vaporosa,

Que apenas toca con los pies al suelo,

Cruza aquella morada tenebrosa

La mágica visión del blanco velo:

Imagen fiel de la ilusión dichosa [1305]

Que acaso el hombre encontrará en el cielo,

Pensamiento sin fórmula y sin nombre

Que hace rezar y blasfemar al hombre.

Y al fin del largo corredor llegando,

Montemar sigue su callada guía, [1310]

Y una de mármol negro va bajando

De caracol torcida gradería,

Larga, estrecha y revuelta, y que girando

En torno de él y sin cesar veía

Suspendida en el aire y con violento, [1315]

Veloz, vertiginoso movimiento.

Y en eterna espiral y en remolino

Infinito prolóngase y se extiende,

Y el juicio pone en loco desatino

A Montemar que en tumbos mil desciende, [1320]

Y, envuelto en el violento torbellino,

Al aire se imagina, y se desprende,

Y sin que el raudo movimiento ceda,

Mil vueltas dando, a los abismos rueda;

Y de escalón en escalón cayendo, [1325]

Blasfema y jura con lenguaje inmundo,

Y su furioso vértigo creciendo,

Y despeñado rápido al profundo,

Los silbos ya del huracán oyendo,

Ya ante él pasando en confusión el mundo, [1330]

Ya oyendo gritos, voces y palmadas,

Y aplausos y brutales carcajadas,

Llantos y ayes, quejas y gemidos,

Mofas, sarcasmos, risas y denuestos;

Y en mil grupos acá y allá reunidos, [1335]

Viendo debajo de él, sobre él enhiestos,

Hombres, mujeres, todos confundidos,

Con sandia pena, con alegres gestos,

Que con asombro estúpido le miran

Y en el perpetuo remolino giran. [1340]

Siente por fin que de repente pára,

Y un punto sin sentido se quedó;

Mas luego valeroso se repara,

Abrió los ojos y de pie se alzó;

Y fué el primer objeto en que pensara [1345]

La blanca dama, y alredor miró,

Y al pie de un triste monumento hallóla

Sentada en medio de la estancia, sola.

Era un negro solemne monumento

Que en medio de la estancia se elevaba, [1350]

Y, a un tiempo a Montemar ¡raro portento!

Una tumba y un lecho semejaba:

Ya imaginó su loco pensamiento

Que abierta aquella tumba le aguardaba;

Ya imaginó también que el lecho era [1355]

Tálamo blando que al esposo espera.

Y pronto, recobrada su osadía,

Y a terminar resuelto su aventura,

Al cielo y al infierno desafía

Con firme pecho y decisión segura: [1360]

A la blanca visión su planta guía,

Y a descubrirse el rostro la conjura,

Y a sus pies Montemar tomando asiento

Así la habló con animoso acento:

«Diablo, mujer o visión, [1365]

Que, a juzgar por el camino

Que conduce a esta mansión,

Eres puro desatino

O diabólica invención,

«Siquier de parte de Dios, [1370]

Siquier de parte del diablo,

¿Quién nos trajo aquí a los dos?

Decidme, en fin, ¿quién sois vos?

Y sepa yo con quién hablo:

«Que más que nunca palpita [1375]

Resuelto mi corazón,

Cuando en tanta confusión,

Y en tanto arcano que irrita,

Me descubre mi razón

«Que un poder aquí supremo, [1380]

Invisible se ha mezclado,

Poder que siento y no temo,

A llevar determinado

Esta aventura al extremo.»

Fúnebre [1385]

Llanto

De amor

Óyese

En tanto

En son [1390]

Flébil, blando

Cual quejido

Dolorido

Que del alma

Se arrancó: [1395]

Cual profundo

¡Ay! que exhala

Moribundo

Corazón.

Música triste [1400]

Lánguida y vaga,

Que a par lastima

Y el alma halaga;

Dulce armonía

Que inspira al pecho [1405]

Melancolía,

Como el murmullo

De algún recuerdo

De antiguo amor,

A un tiempo arrullo [1410]

Y amarga pena

Del corazón.

Mágico embeleso,

Cántico ideal,

Que en los aires vaga [1415]

Y en sonoras ráfagas

Aumentado va;

Sublime y oscuro,

Rumor prodigioso,

Sordo acento lúgubre, [1420]

Eco sepulcral,

Músicas lejanas,

De enlutado parche

Redoble monótono,

Cercano huracán, [1425]

Que apenas la copa

Del árbol menea

Y bramando está;

Olas alteradas

De la mar bravía [1430]

En noche sombría,

Los vientos en paz,

Y cuyo rugido

Se mezcla al gemido

Del muro que trémulo [1435]

Las siente llegar;

Pavoroso estrépito,

Infalible présago

De la tempestad.

Y, en rápido _crescendo_, [1440]

Los lúgubres sonidos

Más cerca vanse oyendo

Y en ronco rebramar;

Cual trueno en las montañas

Que retumbando va, [1445]

Cual rugen las entrañas

De horrísono volcán.

Y algazara y gritería,

Crujir de afilados huesos,

Rechinamiento de dientes [1450]

Y retemblar los cimientos,

Y en pavoroso estallido

Las losas del pavimento

Separando sus junturas

Irse poco a poco abriendo, [1455]

Siente Montemar; y el ruido

Más cerca crece, y a un tiempo

Escucha chocarse cráneos,

Ya descarnados y secos,

Temblar en torno la tierra, [1460]

Bramar combatidos vientos,

Rugir las airadas olas,

Estallar el ronco trueno,

Exhalar tristes quejidos

Y prorrumpir en lamentos: [1465]

Todo en furiosa armonía,

Todo en frenético estruendo,

Todo en confuso trastorno,

Todo mezclado y diverso.

Y luego el estrépito crece [1470]

Confuso y mezclado en un són,

Que ronco en las bóvedas hondas

Tronando furioso zumbó;

Y un eco que agudo parece

Del ángel del juicio la voz, [1475]

En tiple, punzante alarido

Medroso y sonoro se alzó;

Sintió, removidas las tumbas,

Crujir a sus pies con fragor,

Chocar en las piedras los cráneos [1480]

Con rabia y ahinco feroz,

Romper intentando la losa,

Y huir de su eterna mansión,

Los muertos, de súbito oyendo

El alto mandato de Dios. [1485]

Y de pronto en horrendo estampido

Desquiciarse la estancia sintió,

Y al tremendo tartáreo ruido

Cien espectros alzarse miró:

De sus ojos los huecos fijaron [1490]

Y sus dedos enjutos en él;

Y después entre sí se miraron,

Y a mostrarle tornaron después;

Y, enlazadas las manos siniestras,

Con dudoso, espantado ademán [1495]

Contemplando, y, tendidas sus diestras,

Con asombro al osado mortal,

Se acercaron despacio, y la seca

Calavera, mostrando temor,

Con inmóvil, irónica mueca [1500]

Inclinaron, formando en redor.

Y entonces la visión del blanco velo

Al fiero Montemar tendió una mano,

Y era su tacto de crispante hielo,

Y resistirlo audaz intentó en vano: [1505]

Galvánica, crüel, nerviosa y fría,

Histérica y horrible sensación,

Toda la sangre coagulada envía

Agolpada y helada al corazón....

Y a su despecho y maldiciendo al cielo, [1510]

De ella apartó su mano Montemar,

Y temerario alzándola a su velo,

Tirando de él la descubrió la faz.

_¡Es su esposo!!_ los ecos retumbaron,

_¡La esposa al fin que su consorte halló!!_ [1515]

Los espectros con júbilo gritaron:

_¡Es el esposo de su eterno amor!!_

Y ella entonces gritó: _¡Mi esposo!!_ ¡Y era

(¡Desengaño fatal! ¡triste verdad!)

Una sórdida, horrible calavera, [1520]

La blanca dama del gallardo andar!...

Luego un caballero de espuela dorada,

Airoso, aunque el rostro con mortal color,

Traspasado el pecho de fiera estocada,

Aun brotando sangre de su corazón, [1525]

Se acerca y le dice, su diestra tendida,

Que impávido estrecha también Montemar:

«--Al fin, la palabra, que disteis, cumplida,

Doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya;

«Mi muerte os perdono.--Por cierto, Don Diego, [1530]

Repuso Don Félix tranquilo a su vez,

Me alegro de veros con tanto sosiego,

Que a fe no esperaba volveros a ver.

«En cuanto a ese espectro que decís mi esposa,

Raro casamiento venísme a ofrecer: [1535]

Su faz no es por cierto ni amable ni hermosa;

Mas no se os figure que os quiera ofender.

«Por mujer la tomo, porque es cosa cierta,

Y espero no salga fallido mi plan,

Que, en caso tan raro y mi esposa muerta, [1540]

Tanto como viva no me cansará.

«Mas antes decidme si Dios o el demonio

Me trajo a este sitio, que quisiera ver

Al uno u al otro, y en mi matrimonio

Tener por padrino siquiera a Luzbel: [1545]

«Cualquiera o entrambos con su corte toda,

Estando estos nobles espectros aquí,

No perdiera mucho viniendo a mi boda....

Hermano Don Diego, ¿no pensáis así?»

Tal dijo Don Félix con fruncido ceño, [1550]

En torno arrojando con fiero ademán

Miradas audaces de altivo desdeño,

Al Dios por quien jura capaz de arrostrar.

El carïado, lívido esqueleto,

Los fríos, largos y asquerosos brazos, [1555]

Le enreda en tanto en apretados lazos,

Y ávido le acaricia en su ansiedad;

Y con su boca cavernosa busca

La boca a Montemar, y a su mejilla

La árida, descarnada y amarilla [1560]

Junta y refriega repugnante faz.

Y él, envuelto en sus secas coyunturas,

Aun más sus nudos que se aprietan siente,

Baña un mar de sudor su ardida frente,

Y crece en su impotencia su furor. [1565]

Pugna con ansia a desasirse en vano,

Y cuanto más airado forcejea,

Tanto más se le junta y le desea

El rudo espectro que le inspira horror.

Y en furioso, veloz remolino, [1570]

Y en aérea fantástica danza,

Que la mente del hombre no alcanza

En su rápido curso a seguir,

Los espectros su ronda empezaron,

Cual en círculos raudos el viento [1575]

Remolinos de polvo violento

Y hojas secas agita sin fin.

Y elevando sus áridas manos,

Resonando cual lúgubre eco,

Levantóse en su cóncavo hueco [1580]

Semejante a un aullido una voz

Pavorosa, monótona, informe,

Que pronuncia sin lengua su boca,

Cual la voz que del áspera roca

En los senos el viento formó. [1585]

«Cantemos, dijeron sus gritos,

La gloria, el amor de la esposa,

Que enlaza en sus brazos dichosa

Por siempre al esposo que amó;

Su boca a su boca se junte, [1590]

Y selle su eterna delicia,

Süave, amorosa caricia

Y lánguido beso de amor.

«Y en mútuos abrazos unidos,

Y en blando y eterno reposo, [1595]

La esposa enlazada al esposo,

Por siempre descansen en paz;

Y en fúnebre luz ilumine

Sus bodas fatídica tea,

Les brinde deleites, y sea [1600]

La tumba su lecho nupcial.»

Mientras, la ronda frenética,

Que en raudo giro se agita,

Más cada vez precipita

Su vértigo sin ceder; [1605]

Más cada vez se atropella,

Más cada vez se arrebata,

Y en círculos se desata

Violentos más cada vez;

Y escapa en rueda quimérica; [1610]

Y negro punto parece

Que en torno se desvanece

A la fantástica luz,

Y sus lúgubres aullidos

Que pavorosos se extienden [1615]

Los aires rápidos hienden

Más prolongados aún.

Y a tan continuo vértigo,

A tan funesto encanto,

A tan horrible canto, [1620]

A tan tremenda lid,

Entre los brazos lúbricos

Que aprémianle sujeto

Del hórrido esqueleto,

Entre caricias mil, [1625]

Jamás vencido el ánimo,

Su cuerpo ya rendido

Sintió desfallecido

Faltarle Montemar;

Y a par que más su espíritu [1630]

Desmiente su miseria,

La flaca, vil materia

Comienza a desmayar.

Y siente un confuso,

Loco devaneo, [1635]

Languidez, mareo

Y angustioso afán;

Y sombras y luces,

La estancia que gira,

Y espíritus mira [1640]

Que vienen y van.

Y luego a lo lejos,

Flébil en su oído,

Eco dolorido

Lánguido sonó, [1645]

Cual la melodía

Que el aura amorosa

Y el agua armoniosa

De noche formó;

Y siente luego [1650]

Su pecho ahogado

Y desmayado,

Turbios sus ojos,

Sus graves párpados,

Flojos caer; [1655]

La frente inclina

Sobre su pecho,

Y, a su despecho,

Siente sus brazos

Lánguidos, débiles [1660]

Desfallecer.

Y vió luego

Una llama

Que se inflama

Y murió; [1665]

Y perdido

Oyó el eco

De un gemido

Que espiró.

Tal, dulce [1670]

Suspira

La lira

Que hirió

En blando

Concento [1675]

Del viento

La voz,

Leve,

Breve

Són. [1680]

En tanto en nubes de carmín y grana

Su luz el alba arrebolada envía,

Y alegre regocija y engalana

Las altas torres el naciente día:

Sereno el cielo, calma la mañana, [1685]

Blanda la brisa, trasparente y fría,

Vierte a la tierra el sol con su hermosura

Rayos de paz y celestial ventura.

Y huyó la noche y con la noche huían

Sus sombras y quiméricas mujeres, [1690]

Y a su silencio y calma sucedían

El bullicio y rumor de los talleres;

Y a su trabajo y a su afán volvían

Los hombres y a sus frívolos placeres,

Algunos hoy volviendo a su faena. [1695]

De zozobra y temor el alma llena;

¡Que era pública voz, que llanto arranca

Del pecho pecador y empedernido,

Que en forma de mujer y en una blanca

Túnica misteriosa revestido, [1700]

Aquella noche el diablo a Salamanca

Había, en fin, por Montemar venido!...

_Y si, lector, dijerdes ser comento,

Como me lo contaron, te lo cuento._

El Estudiante de Salamanca and Other Selections · 第 56 / 71 题