PARTE SEGUNDA

No dirge except the hollow sea's

Mourns o'er the beauty of the Cyclades.

BYRON, "Don Juan," Canto 4

Está la noche serena [180]

De luceros coronada,

Terso el azul de los cielos

Como trasparente gasa.

Melancólica la luna

Va trasmontando la espalda [185]

Del otero, su alba frente

Tímida apenas levanta,

Y el horizonte ilumina,

Pura virgen solitaria,

Y en su blanca luz süave [190]

El cielo y la tierra baña.

Deslízase el arroyuelo.

Fúlgida cinta de plata,

Al resplandor de la luna,

Entre franjas de esmeralda. [195]

Argentadas chispas brillan

Entre las espesas ramas,

Y en el seno de las flores

Tal vez aduermen las auras,

Tal vez despiertas susurran, [200]

Y al desplegarse sus alas

Mecen el blanco azahar,

Mueven la aromosa acacia,

Y agitan ramas y flores,

Y en perfumes se embalsaman. [205]

Tal era pura esta noche

Como aquélla en que sus alas

Los ángeles desplegaron

Sobre la primera llama

Que amor encendió en el mundo, [210]

Del Edén en la morada.

¡Una mujer! ¿Es acaso

Blanca silfa solitaria,

Que entre el rayo de la luna

Tal vez misteriosa vaga? [215]

Blanco es su vestido, ondea

Suelto el cabello a la espalda,

Hoja tras hoja las flores

Que lleva en su mano arranca.

Es su paso incierto y tardo, [220]

Inquietas son sus miradas,

Mágico ensueño parece

Que halaga engañosa el alma.

Ora, vedla, mira al cielo,

Ora suspira, y se pára; [225]

Una lágrima sus ojos

Brotan acaso y abrasa

Su mejilla; es una ola

Del mar que en fiera borrasca

El viento de las pasiones [230]

Ha alborotado en su alma.

Tal vez se sienta, tal vez

Azorada se levanta;

El jardín recorre ansiosa,

Tal vez a escuchar se pára. [235]

Es el susurro del viento,

Es el murmullo del agua,

No es su voz, no es el sonido

Melancólico del arpa.

Son ilusiones que fueron: [240]

Recuerdos ¡ay! que te engañan,

Sombras del bien que pasó....

Ya te olvidó el que tú amas.

Esa noche y esa luna

Las mismas son que miraran [245]

Indiferentes tu dicha,

Cual ora ven tu desgracia.

¡Ah! llora, sí, ¡pobre Elvira!

¡Triste amante abandonada!

Esas hojas de esas flores [250]

Que distraída tú arrancas,

¿Sabes adónde, infeliz,

El viento las arrebata?

Donde fueron tus amores,

Tu ilusión y tu esperanza. [255]

Deshojadas y marchitas,

¡Pobres flores de tu alma!

Blanca nube de la aurora,

Teñida de ópalo y grana,

Naciente luz te colora, [260]

Refulgente precursora

De la cándida mañana.

Mas ¡ay! que se disipó

Tu pureza virginal,

Tu encanto el aire llevó [265]

Cual la ventura ideal

Que el amor te prometió.

Hojas del árbol caídas

Juguete del viento son;

Las ilusiones perdidas [270]

¡Ay! son hojas desprendidas

Del árbol del corazón!

¡El corazón sin amor!

Triste páramo cubierto

Con la lava del dolor, [275]

Oscuro, inmenso desierto

Donde no nace una flor!

Distante un bosque sombrío,

El sol cayendo en la mar,

En la playa un adüar, [280]

Y a lo lejos un navío,

Viento en popa navegar,

Óptico vidrio presenta

En fantástica ilusión,

Y al ojo encantado ostenta [285]

Gratas visiones que aumenta

Rica la imaginación.

Tú eres, mujer, un fanal

Trasparente de hermosura;

¡Ay de ti! si por tu mal [290]

Rompe el hombre en su locura

Tu misterioso cristal!

Mas ¡ay! dichosa tú, Elvira,

En tu misma desventura,

Que aun deleites te procura, [295]

Cuando tu pecho suspira,

Tu misteriosa locura:

Que es la razón un tormento,

Y vale más delirar

Sin juicio, que el sentimiento [300]

Cuerdamente analizar,

Fijo en él el pensamiento.

Vedla, allí va, que sueña en su locura

Presente el bien que para siempre huyó;

Dulces palabras con amor murmura, [305]

Piensa que escucha al pérfido que amó.

Vedla, postrada su piedad implora

Cual si presente le mirara allí;

Vedla, que sola se contempla y llora,

Miradla delirante sonreír. [310]

Y su frente en revuelto remolino

Ha enturbiado su loco pensamiento,

Como nublo que en negro torbellino

Encubre el cielo y amontona el viento;

Y vedla cuidadosa escoger flores, [315]

Y las lleva mezcladas en la falda,

Y, corona nupcial de sus amores,

Se entretiene en tejer una guirnalda.

Y en medio de su dulce desvarío

Triste recuerdo el alma le importuna, [320]

Y al margen va del argentado río,

Y allí las flores echa de una en una;

Y las sigue su vista en la corriente

Una tras otra rápidas pasar,

Y, confusos sus ojos y su mente, [325]

Se siente con sus lágrimas ahogar;

Y de amor canta, y en su tierna queja

Entona melancólica canción,

Canción que el alma desgarrada deja,

Lamento ¡ay! que llaga el corazón: [330]

«¿Qué me valen tu calma y tu terneza,

Tranquila noche, solitaria luna,

Si no calmáis del hado la crudeza,

Ni me dais esperanza de fortuna?

¿Qué me valen la gracia y la belleza, [335]

Y amar como jamás amó ninguna,

Si la pasión que el alma me devora,

La desconoce aquél que me enamora?»

Lágrimas interrumpen su lamento,

Inclina sobre el pecho su semblante, [340]

Y de ella en derredor susurra el viento

Sus últimas palabras, sollozante.

Murió de amor la desdichada Elvira,

Cándida rosa que agostó el dolor,

Süave aroma que el viajero aspira [345]

Y en sus alas el aura arrebató.

Vaso de bendición, ricos colores

Reflejó en su cristal la luz del día,

Mas la tierra empañó sus resplandores,

Y el hombre lo rompió con mano impía. [350]

Una ilusión acarició su mente,

Alma celeste para amar nacida,

Era el amor de su vivir la fuente,

Estaba junta a su ilusión su vida.

Amada del Señor, flor venturosa, [355]

Llena de amor murió y de juventud;

Despertó alegre una alborada hermosa,

Y a la tarde durmió en el ataúd.

Mas despertó también de su locura

Al término postrero de su vida, [360]

Y al abrirse a sus pies la sepultura,

Volvió a su mente la razón perdida.

¡La razón fría! ¡la verdad amarga!

¡El bien pasado y el dolor presente!...

¡Ella feliz! ¡que de tan dura carga [365]

Sintió el peso al morir únicamente!

Y conociendo ya su fin cercano,

Su mejilla una lágrima abrasó;

Y así al infiel, con temblorosa mano,

Moribunda su víctima escribió: [370]

«Voy a morir: perdona si mi acento

Vuela importuno a molestar tu oído;

Él es, Don Félix, el postrer lamento

De la mujer que tanto te ha querido.

La mano helada de la muerte siento.... [375]

Adiós: ni amor ni compasión te pido....

Oye y perdona si al dejar el mundo,

Arranca un ¡ay! su angustia al moribundo.

«¡Ah! para siempre adiós. Por ti mi vida

Dichosa un tiempo resbalar sentí, [380]

Y la palabra de tu boca oída

Éxtasis celestial fué para mí.

Mi mente aun goza en la ilusión querida

Que para siempre ¡mísera! perdí....

¡Ya todo huyó, despareció contigo! [385]

¡Dulces horas de amor, yo las bendigo!

«Yo las bendigo, sí, felices horas,

Presentes siempre en la memoria mía,

Imágenes de amor encantadoras

Que aun vienen a halagarme en mi agonía. [390]

Mas ¡ay! volad, huíd, engañadoras

Sombras, por siempre; mi postrero día

Ha llegado, perdón, perdón, ¡Dios mío!

Si aun gozo en recordar mi desvarío.

«Y tú, Don Félix, si te causa enojos [395]

Que te recuerde yo mi desventura,

Piensa están hartos de llorar mis ojos

Lágrimas silenciosas de amargura.

Y hoy, al tragar la tumba mis despojos,

Concede este consuelo a mi tristura: [400]

Estos renglones compasivo mira,

Y olvida luego para siempre a Elvira.

«Y jamás turbe mi infeliz memoria

Con amargos recuerdos tus placeres;

Goces te dé el vivir, triunfos la gloria, [405]

Dichas el mundo, amor otras mujeres;

Y si tal vez mi lamentable historia

A tu memoria con dolor trajeres,

Llórame, sí; pero palpite exento

Tu pecho de roedor remordimiento. [410]

«Adiós, por siempre, adiós: un breve instante

Siento de vida, y en mi pecho el fuego

Aun arde de mi amor; mi vista errante

Vaga desvanecida ... ¡calma luego,

Oh muerte, mi inquietud!... ¡Sola ... espirante!... [415]

Ámame; no, perdona; ¡inútil ruego!

Adiós, adiós, ¡tu corazón perdí

--¡Todo acabó en el mundo para mí!»

Así escribió su triste despedida

Momentos antes de morir, y al pecho [420]

Se estrechó de su madre dolorida,

Que en tanto inunda en lágrimas su lecho.

Y exhaló luego su postrer aliento,

Y a su madre sus brazos se apretaron

Con nervioso y convulso movimiento, [425]

Y sus labios un nombre murmuraron.

Y huyó su alma a la mansión dichosa

Do los ángeles moran.... Tristes flores

Brota la tierra en torno de su losa;

El céfiro lamenta sus amores. [430]

Sobre ella un sauce su ramaje inclina,

Sombra le presta en lánguido desmayo,

Y allá en la tarde, cuando el sol declina,

Baña su tumba en paz su último rayo....

El Estudiante de Salamanca and Other Selections · 第 45 / 71 题