ASCLEPIGENIA Y ATENAIS.

(La primera aparece reclinada, casi tendida lánguidamente en un

_esquimpodio_ o silla-larga. Atenais, a su lado, en un taburete.)

ATENAIS.--¿Con que has visto a tu primer amor?

ASCLEPIGENIA.--Sí, le he visto. Me ha dado lástima. Está flaco, pálido,

apergaminado. Y luego ¡qué sucio! Doy por cierto que en los quince años

que ha vivido lejos de mí no se ha lavado una vez sola ni siquiera las

manos.

ATENAIS.--Ese grave defecto tiene el espiritualismo o misticismo, que

ahora priva y cunde. Parece que las virtudes a la moda exigen que sean

puercos los virtuosos.

ASCLEPIGENIA.--Y no es eso lo peor, sino que se apodera de los ánimos

una tristeza vaga y sofística que los enerva; tristeza que los antiguos

apenas conocieron; un menosprecio del mundo y de las dulzuras de la

vida, que despuebla las ciudades y puebla los desiertos; un desdén del

bienestar y de la riqueza, que roba brazos a la agricultura y a la

industria; y una mansedumbre resignada, que amengua el valor del

ciudadano y del guerrero. Más que Atila y todos los bárbaros, me hacen

prever estos síntomas la total ruina de la civilización. Pero volviendo

a la suciedad y descuido en la persona, te aseguro que me ha dado grima

ver a Proclo. Ofende toda nariz medianamente delicada.

ATENAIS.--Cruel inconveniente es ese si has de vivir con Proclo.

ASCLEPIGENIA.--Yo sabré remediarle. No me meteré en discusiones ni en

consejos, sino que, a modo de broma, haré que mañana le cojan dos

esclavos antes de comer, le soplen en un baño y me le laven y frieguen

con pasta de almendra, y me le froten con aromoso _diapasma_. Él mismo

se sentirá mejor después, y tomará la costumbre de lavarse.

ATENAIS.--Pero, declárate con franqueza; a pesar de está Proclo tan

viejo, tan estropeado y tan sucio, ¿le amas todavía?

ASCLEPIGENIA.--Le amo y le adoro. Se me figura que él es la última

encarnación del maravilloso genio de Grecia. Amándole, se magnífica y

ensalza todo mi ser, hasta considerarme yo misma como la ciencia, la

poesía, la civilización griega personificada.

ATENAIS.--En efecto, Proclo es el príncipe de los filósofos. Tu padre

Plutarco y mi padre Leoncio, notable filósofo también, le veneraban como

superior a ellos. Comprendo, pues, que ames a Proclo.

ASCLEPIGENIA.--Una doncella tan sabia, educada con esmero en Atenas; una

poetisa tan inspirada como tú, en quien veo renacer, en edad temprana,

las altas prendas de Hipatia, no podía menos de comprender este amor mío

que descuella sobre mis otros amores.

ATENAIS.--Es un dolor que no pueda ser el único.

ASCLEPIGENIA.--La culpa, hasta cierto punto, la tiene el pícaro

misticismo. Por él nos separamos. Sin él hubiéramos vivido juntos,

hubiéramos sido humanamente amantes y esposos, y ni yo hubiera caído,

ni Proclo hubiera llegado a ser, con lamentable precocidad, y quedándose

pobre, un vejestorio tan incapaz, y tan feo.

ATENAIS.--Tu propósito era difícil. No extraño que no hayas podido

cumplirle. El temple de alma de la emperatriz Pulqueria es rarísimo.

ASCLEPIGENIA.--¿Qué temple de alma ni qué calabazas? Ella es emperatriz

y no necesita de un Crematurgo.

ATENAIS.--¿Tiene acaso algún Eumorfo?

ASCLEPIGENIA.--¡Vaya si le tiene! Nadie lo ignora, menos tú, que estás

en Babia, y Marciano, que hace la vista gorda.

ATENAIS.--¿Y quién es ese feliz mortal?

ASCLEPIGENIA.--El lindo y gracioso Paulino.

ATENAIS.--Pues no tiene mal gusto la santa.

(Aparece una sierva.)

SIERVA.--Señora, Crematurgo pide licencia para entrar.

Cuentos y diálogos · 第 41 / 55 题