DICHOS, MARINO.

MARINO.--Una dama, que, si bien envuelta en velo argentino, deja

traslucir que está dotada de majestuosa hermosura; una dama, cuyo traje

de seda y cuyas joyas riquísimas manifiestan lo elevado de su clase,

acaba de bajar de una silla de manos y se halla en la antesala

aguardando que la recibas. Parece una diosa por el ritmo y la nobleza de

su andar entonado y por el olor de ambrosia con que satura en torno el

ambiente. ¿Le digo que aguarde?

EUMORFO.--¡Venerando maestro! La galantería exige que recibas luego a

esa dama. Yo aguardaré en otro cuarto.

PROCLO.--Bien está. (Señalando a Eumorfo la puerta de la izquierda.)

Entra en aquel. (A Marino.) Di a la dama que no se detenga.

(Vanse Eumorfo y Marino.)

Cuentos y diálogos · 第 29 / 55 题