PROCLO y EUMORFO a quien Marino acompaña, yéndose luego.
EUMORFO.--Abismo del saber, lucero de la filosofía, archivo de todas las
noticias divinas y humanas...
PROCLO.--Amable mancebo, déjate de lisonjas y di lo que pretendes.
EUMORFO.--Pretendo que me ilustres un poco.
PROCLO (Con cierto desdén.)--¿Y para qué?
EUMORFO.--No me desdeñes así. Confieso que no tengo por las ciencias la
vocación más decidida. A ti, que todo lo penetras, ¿cómo he de intentar
engañarte? Pero, francamente, mis chistes y agudezas, mis habilidades,
mis talentos de sociedad, todo queda deslucido sin algo de filosofía.
La filosofía se ha puesto en moda entre las señoras de los círculos
aristocráticos, a quienes sirvo, pretendo y tal vez enamoro. Me falta
este charol; dámele, y seré irresistible.
PROCLO.--Aunque es vulgar, mezquino y un tanto cuanto pecaminoso el
fundamento de tu deseo, tu deseo es bueno en sí, y me decido a
satisfacerle; pero la empresa es ardua. Por más que no quieras tomar
sino una ligerísima tintura, necesitas varias lecciones: necesitas
asimismo consagrar a mi servicio y asistencia un par de horas diarias, a
fin de que vayas recogiendo sentencias de las que se escapan de mis
labios muy a menudo.
EUMORFO.--Consagraré a tu servicio y asistencia ese par de horas diarias
que dices.