SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS

La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el

cálculo que hemos adoptado[1146]. De todos modos, no pudo tener

lugar ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y

de Jesús principió el año 28[1147], ni despues del 35, puesto que

Pilato y Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos

respectivos[1148]. En la destitucion de aquellos funcionarios no

parece haber tenido ninguna influencia la muerte de Jesús[1149].

Probablemente el procurador Pilato, al entrar en la vida privada, no

volvió á pensar en el olvidado episodio que debia trasmitir su triste

renombre á la más remota posteridad. En cuanto á Caifás, tuvo por

sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é hijo de aquel mismo Annás, principal

motor del procedimiento contra Jesús. El pontificado continuó durante

mucho tiempo en manos de la familia saducea de los Annás, la cual,

más influyente y poderosa que nunca, siguió haciendo á los discípulos

y á los parientes de Jesús la encarnizada guerra que declarara al

fundador. El cristianismo le debió, no sólo el acto definitivo de su

fundacion, sino tambien sus primeros mártires. Annás fué conceptuado

como uno de los hombres más felices de su siglo[1150]; y el verdadero

culpable de la muerte de Jesús terminó su vida colmado de honores y de

consideraciones, sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio

que habia hecho á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el

templo, á duras penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya

autoridad y beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer

sus instintos de dominacion y violencia.

Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena

política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de

rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas,

hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba

de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona

superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á

fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39

de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes

Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en

contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera

existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en

España. Herodías le acompañó en su mala fortuna[1151]. Ántes que el

nombre de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar

sobre sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan

Bautista, debian trascurrir todavía cien años.

En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles

leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su

perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y

en efecto, al sur del monte Sion habia un sitio llamado _Hacéldama_

(campo de sangre)[1152], que supusieron ser la propiedad adquirida por

el traidor[1153] con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion,

Júdas se dió la muerte[1154]. Otros afirman que dió una terrible caida

en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas esparcidas por

tierra[1155]. Otros suponen, por último, que murió de una especie de

hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes que se consideraron

como un castigo del cielo[1156]. Quizás dió lugar á todas esas leyendas

el deseo de manifestar que se habian cumplido en Júdas las amenazas

que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido[1157]. Posible es

que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura, miéntras

que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el rumor de

su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento que se

atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado contra

su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la divina

justicia.

Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las grandes

venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver con la

gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La sinagoga

no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se exponen

aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto al

imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su

futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió

su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban

los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por

Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion

de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio

de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á

participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio

de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia,

independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo poder,

el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado muchas veces

de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han sido príncipes

y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas, cambiándose

con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para mantenerse al

tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la separacion de

lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el dominio de las

cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar el nombre de

«libertad». El cristianismo germinó en la conciencia de un hombre del

pueblo, creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que

en un principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso

á su carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo

de la revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento

de los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el

pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades

aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar

las futuras generaciones.

El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que no

hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar suyo),

debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad. Al

presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo una

herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al mundo

una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en que las

autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la que el

acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una falange

coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado, la historia

de la Pasion, propagándose por millares de imágenes populares, presentó

las águilas romanas sancionando el más inícuo de los suplicios, á un

gobernador expidiendo la órden para ejecutarle, y á los soldados del

imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué terrible golpe recibieron

entónces los poderes establecidos! Nunca han podido reponerse de

él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible respecto á los

subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el enorme error de

Gethsemaní?[1158].

Vida de Jesús · 第 58 / 114 题