JESÚS EN EL SEPULCRO

Con arreglo á nuestra manera de contar[1122], eran las tres de la tarde

poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica[1123] prohibia

que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos al patíbulo

más allá de la noche del dia en que se verificaba la ejecucion.

Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida en las

ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el siguiente

era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad, los judíos

expresaron á la autoridad romana[1124] su deseo de que no mancillase

aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la demanda, y se

dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la muerte de los

ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la cruz. Los soldados

ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones el _crurifragium_

ó rompimiento de piernas[1125], segundo suplicio mucho más expeditivo

que el de la cruz, y que de ordinario se imponia á los esclavos y á

los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como los soldados le

encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden, creyeron inútil

aplicar el _crurifragium_. No obstante, uno de ellos, á fin de evitar

toda incertidumbre respecto á la muerte del tercer crucificado, y de

acabarle, si algun resto de vida le quedaba, le dió una lanzada en el

costado. Vióse entónces salir de la herida sangre y agua, lo cual se

consideró como la señal de un completo fallecimiento.

Juan, que pretende haber presenciado la escena[1126], insiste mucho

sobre este pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una

duda respecto á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas

acostumbradas á presenciar crucificamientos, algunas horas de

suspension en la cruz no les parecian suficientes para producir tal

resultado. Citábanse muchos casos de crucificados que, desprendidos

á tiempo, habian vuelto á la vida merced á curas enérgicas[1127].

Orígenes creyó despues que un fin tan rápido debia considerarse como

un hecho milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo

sentimiento de admiracion[1128]. Sin embargo, nosotros creemos que la

mejor garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho

de esta naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No

parece probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que

hicieran pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural

era que cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que

haya sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo

lo que se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta

inspeccion de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran

de tomar algunas precauciones en el caso que nos ocupa[1129].

Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado

suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña[1130],

y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche

debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban los

ajusticiados[1131]. Éste habria sido el destino del cuerpo de Jesús, si

el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres galileos,

tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del poco éxito

que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse las simpatías

de algunas personas considerables que esperaban el reino de Dios y

que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran en extremo

adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José, natural de la

pequeña ciudad de Arimathea (_Ha-ramathaim_)[1132], el cual fué aquella

noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato[1133]. José era hombre

rico, muy notable en la ciudad y miembro del sanedrin. Además, en

aquella época la ley romana prescribia que se entregase el cadáver del

ajusticiado á la persona que lo reclamase[1134]. Pilato, que ignoraba

la circunstancia del _crurifragium_, se admiró de que Jesús hubiese

muerto tan pronto, é hizo venir al centurion que habia presidido la

ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el particular, y

despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel funcionario,

concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente habian

descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al solicitante,

para que dispusiera de él como mejor le pareciera.

Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo[1135], á quien ya hemos visto

más de una vez empleando su influencia en favor del maestro, apareció

tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo gran

provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José y

Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre judáica,

esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y áloe. Las

mujeres galileas se hallaban presentes[1136], y sin duda acompañaban la

escena con lágrimas y agudos sollozos.

Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de prisa.

Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse el

cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal

vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion

del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente

las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una

sepultura provisional[1137]. En un huerto, no léjos de aquel sitio,

habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no

habia servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado[1138]. Las

grutas funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un

pequeño compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared,

sostenido por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba

el cuerpo[1139]. Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de

rocas inclinadas, tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de

puerta una pesada losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el

cadáver de Jesús en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á

la abertura y convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura

definitiva. Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó

la operacion para el domingo[1140].

Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la

manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la

noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado

todo el mundo descansó[1141].

Apénas amaneció el domingo, las galileas se dirigieron al sepulcro; la

primera que llegó fué María de Magdala[1142]. Mas la losa habia sido

retirada de la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que

le habian dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo

entre la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con

la rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante

creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro

de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos

este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á la

resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye con su

último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia dejado en

el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas, que por

espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el consolador

de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro[1143], ó

fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el

conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la

fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta

absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en

aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala[1144]

desempeñó un papel de primer órden[1145]. ¡Poder divino del amor!

¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió al

mundo un Dios resucitado!

Vida de Jesús · 第 56 / 114 题