--¡Dolón, dolán, dolén, dolán, dolón! ... que ya se oyen los cencerros
de la cabaña y hasta se ve el polvo que levanta. Ha llegado el día
anhelado, y el pueblo sale á recibirla hasta la portilla de la llosa, ó
de la pradera en que, por de pronto, ha de entrar para que se cumplan
las formalidades que van ustedes á conocer.
La gente viste de media gala, y se halla poseída de la más viva
satisfacción. La corporación municipal se guardará muy bien de faltar á
la solemnidad.
--¡Dolón, dolén, dolán, dolón, fiu, fiuuiií! ... que los cencerros se
oyen más cerca y se perciben con toda claridad los silbidos de los
pastores, y hasta se distinguen el color y la _armadura_ de las primeras
vacas.
Los espectadores suspenden hasta el aliento y clavan en ellas la vista
con una fijeza magnética. En seguida les entra la reacción y corren y se
atropellan, hasta que concluyen por formar enfrente de la portilla, en
dos hileras, entre las cuales pasa el ganado, que, no por haber pacido
durante cuatro meses la yerba de la libertad salvaje, ha perdido su
natural mansedumbre.
--¡Tío Roque!--grita un mozuelo con el pelo muy atusado,--¡la mi
_Gallarda_ trae el campano del lugar! ... y aquí viene la primera de
toas ... ¡y cómo le menea! ¡Anda, pa que uno se fíe de lo que no ve!...
¡Y corrían voces de que en el puerto se le habían puesto á la _Corva_
de tío Perico Mijotes!... ¡Cristo, qué hermosísima está!
--Miá tú, fantasioso--replica Mijotes, que no estaba muy distante del
jaque,--si se dijo que la mi _Corva_ le traía, por algo se dijo. Siempre
se le habrán cambiao en el camino pa que no te se parta á ti el corazón
de envidia al ver á la tu _Gallarda_ con el campano que han puesto á la
otra probe.... ¡Viva la josticia!; ¡á la novilla de la mi vecina, que no
puede con el rabo, le han puesto el segundo campano!
--¡Callarvos, lenguatones!--interrumpe un viejo que, de puro viejo, no
puede ya con las bragas:--¿que más vos da? Venga el ganao y venga ello
gordo, que lo demás importa dos bisanes.
--No, pus lo que es gordo, por decir gordo, ya viene gordo--añade otro
convecino que no tiene la mayor facilidad para expresar lo poquísimo que
se le alcanza.
--No digo yo otro tanto--le replica un espectador de enfrente;--ahí va
la mi _Leona_, que paez que la han chupao las brujas. Toma, ¡pus si
viene _gedal_; ¡y qué _bello_ que trae más hermosísimo!...; ¡me valga el
Señor; es la mesma estampa de su madre!... ¡Bien te han ordeñao, morena!
¡Permita Dios, condenaos de pastores, que se vos güelvan lobos en el
cuerpo los zurrones de hacer manteca!
--¡Ay, madre!--exclama una muchachuela con los ojos arrasados de
lágrimas, dirigiéndose á una pobre anciana que esta á su lado,--no veo á
la nuestra vaca: ¡debe ser verdá aquéllo que se corrió!
--Sí; hija mía--responde la madre:--las malas noticias siempre salen
verdaderas, y la soga nunca rompe por lo más gordo, ni el día amanece
alegre para todo el mundo...; ¡cómo ha de ser!
Y mientras se hacen éstos ó parecidos comentarios entre la gente, va
pasando la cabaña y entrando en el gran cercado, hasta que llegan,
cerrando la marcha, el toro, los terneritos, los perros y los pastores:
el toro con sus ojeras blancas sobre una cara negra y lustrosa como el
terciopelo, ondeando con cierta vanidad la piel, que casi le arrastra,
de su robusto cuello; los becerritos con su pelo rizoso y bermejo y su
carita expresiva, pisando con miedo, y rendidos de cansancio; los perros
con su piel blanca con manchas negras, andando al pie de los terneros y
mirando á todas partes con un gestecillo que parece decir: «al que los
toque en el pelo, nos le merendamos»; por último, los pastores con
abarcas de _tarugos_, garrote nudoso, y al hombro, además del morral y
la chaqueta, un ternero recién nacido, que nunca suele faltar.
Cuando esta retaguardia llega á la portilla, se precipita la gente
detrás de ella, desparramándose luego por el prado entre la cabaña,
buscando cada uno las reses que le pertenecen para examinarlas á su
placer.
Una hora más tarde, y sobre el mismo terreno y al aire libre y de pie,
el ayuntamiento se constituye en sesión, rodeado de todo el pueblo, que
toma parte en ella.
Lo que entonces sucede, van ustedes á saberlo en el capítulo siguiente,
escrito en presencia de los apuntes fidelísimos que yo tomé en uno de
esos Concejos á que asistí como curioso.