PRÓLOGO

El autor de este libro, D. Manuel Rigoberto Paredes, nos ha honrado con

el encargo de preceder a su obra por un corto juicio acerca de ella.

Tan delicada comisión la realizaremos con el mejor gusto, aun cuando

reconocemos nuestra insuficiencia y escasos merecimientos en una labor

de esta naturaleza, labor que habría podido llevarla a cabo con mayores

prendas de acierto quien poseyera, es claro, una vasta preparación en

el dominio de la sociología boliviana. Pero si voluntad nos sobra, en

cambio, lo que seguramente ha de faltarnos será la competencia especial

que exigiría el análisis del medio ambiente en que se desenvuelve la

psicología de toda una raza, muy difícil de caracterizarla en sus

polícromos matices, cual es la raza aymara-khechua, objeto de las

investigaciones del minucioso observador que ha querido dejar a los

futuros estudiosos de nuestro país, el _dossier_ o autos del proceso,

con el que se puede juzgar la psiquis nacional aborígene.

El libro que nos honramos en presentar hoy al público lector, no es

uno de aquellos que se escriben, como si dijéramos por pasatiempo;

precisamente no, es el fruto de largos años de exégesis atenta y

controlada en el teatro mismo de la acción, o sea de la convivencia

y contacto con el propio elemento étnico cuyo espíritu se trata de

escudriñar. El autor ha nacido, ha pasado su existencia casi toda, en

medio de las capas sociales cuyo _folk-lore_ ha querido desentrañar,

dándose cuenta exacta del psiquismo tan enrevesado de nuestro pueblo.

Los estudios que son el objeto de esta obra, ningún autor boliviano los

había emprendido antes que el doctor Paredes, porque dado el carácter

frívolo de nuestros compatriotas, cosa que tenemos que enrostrarnos,

duélanos cuanto sea, ¿quién hubiera sido el zamacuco (en concepto

filisteo se entiende) que se preocupe de las _abusiones_, (bolivianismo

puro), creencias y tonterías de los _indios_? Nadie que no esté tan

desocupado o pierda su tiempo en averiguar y describir asuntos insulsos

como esos. Mas, contemplando con criterio racional y no de calabaza,

el género de labores a que se entregara el autor, ¿puede suponerse

por un segundo siquiera, que él ha perdido lamentablemente su tiempo?

_Nequaquam domini!_; precisamente, no ha podido emplearse mejor un

talento alimentado y bien nutrido en el espíritu científico de nuestro

siglo, un talento observador y sagaz, patriota, diligente y concienzudo

a la vez; un talento, decimos, que posea esas bellas cualidades, no

pudo tener más plausible dedicación que el ser útil, utilísimo a la

ciencia sociológica en general y a la psicología del pueblo boliviano

en particular. Es por esto--y en términos de justicia absoluta--que

Paredes es acreedor al aplauso del mundo entero.

Hasta aquí solamente algunos hombres de ciencia europeos o

norteamericanos, habían esbozado algo de la psiquis de nuestros

aborígenes en el tópico a que nos referimos. El libro _Mitos,

supersticiones y supervivencias populares en Bolivia_, es, pues, el

primer trabajo serio en su género que ha salido de la pluma de un

escritor nacional. Y un trabajo muy curioso en verdad.

Recibámoslo, entonces, con simpático alborozo, leámoslo con placer y

sepamos darle el mérito que le corresponde.

El modo de ser íntimo de nuestras masas populares, de las que el indio

aymara-khechua es su representante más genuino, es, ciertamente, casi

idéntico que el que caracteriza al mestizo y aun al criollo, porque

sobre la mente del indígena mismo está moldeada la de los otros

componentes de nuestra población nativa. Oh sí, esas creencias y

supersticiones, harto primitivas o pueriles, forman también el fondo

de reserva de la economía mental boliviana, y dígase lo que se quiera

en contrario, la clase media o la parte más considerable, aquella que

forma el bloque de nuestro pueblo, participa de la religiosidad y

moralidad del habitante originario de esta nacionalidad americana.

A veces en las clases que se reputan cultas, vemos con frecuencia

subsistir esas mismas supersticiones, que no han podido aún

desarraigarse, ni con el trato de los europeos civilizados. Las

brujerías de un _callahuaya_ impresionan todavía fuertemente a la

dama más aristocrática y pesan bastante en el ánimo de la mayoría de

nuestros _uerajjochas_, que visten levita y calan guantes. ¡Cuánta más

fuerza sugestiva no deja de tener en el ignaro provinciano o en el poco

letrado _cholo_!

Al reflexionar sobre el grado de atraso intelectual en que se ha

quedado el infeliz indígena boliviano, cuyo patrimonio de ignorancia

se ha mantenido casi el mismo desde los remotos tiempos pre-incaicos,

¡no sabemos qué de amargo desencanto y qué de mortificante desazón

embarga nuestro sentimiento patrio! Hace sangrar el alma el percatarse

de la triste condición en que yace la mentalidad de nuestros pobres

compatriotas indios. Y, sin embargo, al examinar con cuidado las

aptitudes mentales de los aymara-khechuas, se advierte que ellos son

capaces de un alto desarrollo intelectual, conocedores como somos de

su plasticidad cerebral adaptativa y de la elasticidad de su espíritu.

En otra ocasión decíamos ya: «Nuestros indígenas, según lo comprueba

la experiencia, no son refractarios al estudio, al perfeccionamiento

moral, a la meditación y aun a exceder en condiciones iguales a las

razas europeas mejor dotadas...» así es efectivamente, pero si hemos

de conservar en su actual cristalización psíquica este infortunado

elemento étnico de Bolivia, si nada hacemos por disolver en las aguas

benéficas de la civilización esos valores brutos, que tornaríanse

inmediatamente en _solutos_ fértiles para esta tierra, digna de mejor

suerte, el indio seguirá el mismo paria, salvaje, supersticioso,

estúpido, feroz...

Indudablemente que la obra del doctor Paredes tiende también a hacer

conocer a los poderes públicos, el estado religioso-social de la

colectividad boliviana y a ese título es toda una revelación para

los dirigentes de la cosa pública. En ello estriba así, su utilidad

fundamental.

Como producción literaria acaso el último trabajo del autor, a quien

prologamos, no ofrezca ni las bellezas retóricas que más agradan al

gran público, ni los relumbrones de una afectada fraseología, pero

en su sencillez ruda, en el desnudo candoroso con que descubre el

sér moral de la masa gruesa de nuestro pueblo, no hace otra cosa que

presentarse sincero y leal; en tal caso es como el anatómico, que

diseca el cadáver de una virgen núbil y hermosa sin pararse en la

descripción de sus morbideces y atractivos sexuales, opera con la

indiferencia y frialdad del sabio.

El surco está abierto ya para otros. ¿Vendrán nuevos cultores que

prosigan la tarea? ¡Quién sabe!

La Paz, agosto de 1920.

_B. Díaz Romero._

[Ilustración]

[Ilustración]

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 2 / 69 题