24. _La Mata de Cóguiles_

(Referido por Carolina del Pino, natural de Conchalí, de 20 años).

Est’eran un viejo i una vieja qui eran mui pobreh[29] i se mantenian con

lo que leh daban loh vecinoh.

Un día jueron a peírle que leh diera algo a un campesíno, i er campesíno

se lamentó mucho de que no tuviera na que darleh, porque tamien era mui

pobre i ademah tenia mucha familia. Al pobre campesino le dió mucha pena

del ver aquelloh viejoh que no tenian quien loh ayudara, i leh puso

asiento mientrras iba a ver si tenia argo que darleh. Buscó por toah

parteh, pero no encontrró na. Cuando ya se venia, si acordó que tenia

una semillah, i lah trrajo pa árselah. Cuando gorvió leh ijo: «no hei

encontrrao naa mah qu’ esta’ semiliah; siémbreláh, porque son de coileh,

i una veh que crezcan le’ serviran pa venderleh el fruto». Loh viejoh

dieron de mala gana lah graciah, porque pa elloh hubiera sio mejor que

leh hubieran dao plata.

Llegaron a la casa, hicieron un hoyo i echaron la’ semiliah; luego leh

echaron harta tierra i much’ agua.

Siguieron pidiendo limosna i ni por cuando[30] si acordaron de la’

semillah.

La’ semillah echaron broteh i dia por dia s’ iban poniendo mah bonitah.

Un dia se li ocurrió ar viejo dentrrar a ver si si habian secao la’

semillah; cuándo ha visto la media mata[31], pueh, i si ha queido de

culito der susto que le dió.

Se jué corriendo avisarle a la vieja, le contó lo grande qu’ estaba la

mata i le ijo que ya pasaba la casa. La vieja no le creyó i se vino

corriendo a ver si era cierto; cuando vió qui era cierto se puso a

bailar der gusto. Entónceh, hijito e mi arma, l’ entrró tuitito er

cuidao con la mata; como seria di harto que la cuidaron que la mata

creció tanto que llegó hast’ ar cielo.

Como nu era tiempo e fruta, la mata estaba pelá.

La vieja se cansó e tanto cuidar la mata, i un dia llamó ar viejo i le

ijo: «mira, eh lesera que noh estemoh matando en cuidar esa mata cuando

no noh da na, asi eh qu’ eh mejor que la cortemoh i la vendamoh pa

leña». Er viejo se quió callao, porque vió qui era tontera hacerla

peazoh, porque cuando llegara er tiempo e fruta poirian sacar mah

provecho.

Tooh loh diah era una pelea que tenia que tener porque no cortaba la

mata.

Una mañana le dió tanta rabia al viejo porque la vieja lo llevaba

retando, que le ijo: «arreglám’ er capachito con el cocavin[32] p’al

camíno». La vieja li arregló er capacho, se lu ejó encima di una mesa i

se jué a su cuarto. Er viejo tomó er capacho i salió i en veh d’ irse a

peír limosna, como lu hacía siempre, se jué por detrráh e la cerca hast’

onde estaba la mata e coile. Una veh que llegó se sentó i se puso a

pensar qui haria con la mata, porque no queria cortarla p’ aprovecharl’

er fruto; pero si no la cortaba, pasaria peliando con la vieja, i como

la queria tanto, tampoco queria hacerla rabiar.

Por fin despueh de tanto pensar, se li ocurrió ir a ver a Dioh pa peírle

algun consejo; si amarró bien er capachito a la cintura i se puso a

subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en

gancho... de gancho en gancho.... (_se puede repetir las veces que uno

quiera_) hasta que llegó ar cielo i llamó. Salió San Peiro i le preduntó

qué queria, i er viejito le contó too lo que le pasaba. Entónceh San

Peiro se jué a hablar con Dioh i a icirle too lo que er viejito li

acavaba e contar. Dioh le ijo que le diera una varillit’ e virtú i que

no le pidiera a ella mah de lo que necesitaba, porqu’ entónceh se la

quitaba. Salió San Peiro con la varillita i le repitió ar viejito lo que

Dioh li habia dicho, er viejo prometió hacerlo, dio lah graciah i se

vino de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en

gancho... de gancho en gancho.... (_se repite muchas veces_).

A too esto la vieja lloraba com’ una Maudalena porqui hacia doh diah qu’

er viejo no llegaba a la casa i estaba arrepentía di haber pelíao con

él. A veceh pensaba que lu habrian muerto i qu’ en la noche l’ iba

penar, i pensando que pudiera ser cierto, se lo pasaba rezando toa la

noche.

Er viejo, en cuanto bajó, le ijo a la varillita: «varillit’ e virtú, por

la virtú que Dioh ti ha dao dami un terno bien chatrre[33], un güen

sombrero i un rico par de zapatoh», i en un ratito s’ encontrró con que

tenia elante too lo qui habia pedío. Entónceh se vistió i se jué a su

casa, gorpió en la port’ e calle i salió la vieja. La vieja no lo

conoció ar verlo tan pijote[34] i toa cortá le preduntó: «¿a quién busca

er señor?» Er viejo se puso a réir de ver que no lo conocia, i le

contestó: «¿Ya no me conocíh? ¿no conocíh a tu viejo que tanto lo

retabai porque no cortaba la mat’ e coile?» La vieja casi se murió er

susto, porque créida qu’estaba soñando o que su marío la’ staba penando.

Er viejo ar verla tan asustá, le dió un abrazo i dentrró a contarle lo

que li habia pasao i le mostrró la varillita i le ijo too lo que li

habian mandao. A la vieja se le pasó er susto i le pidió perdon, i le

prometió no hacerlo rabiar mah.

Lijerito prencipiaron a peirle muchah cosah a la varillita, toah mui

necesariah: le pidieron ropa, muebleh, i por fin una mesa con los

mejoreh manjareh i vinoh; i too lo tuvieron.

Er viejo pa’star mejor con Dioh, agarró la costumbre d’ir tooh loh diah

a misa; i por mieo e que la vieja no juera a peír lo que no necesitaba,

se llevó la varilla i la pasó a ejar ondi una comaire qu’ehtaba cerca e

la parroquia. Despuéh que saluó a la comaire, le pidió que le guardara

la varillita i que no se la juera a perder. Cuando el viejo se jué, la

comaire se quió pensando qué cosa tenrría la varillita, cuando er viejo

se l’habia encargao tanto. Despuéh e mucho pensar se figuró que poiría

ser de virtú i quiso ver si era cierto: sacó la varillita di ond’estaba

guardá i le pidió que le diera un vestío; lijerito se le apareció er

vestío. Entónceh la comaire pensó quitársela, i se jué a l’arbolea a ver

si habia arguna igual pa cambiársela. Despuéh de mucho buscar encontrró

una, la trrajo i la pus’ond’ estaba l’otrra. Cuando gorbió, er viejo le

pidió la varillita, le dió lah graciah a la comaire i se jué armorzar.

Despuéh que llegó a la casa hizo poner la mesa, agarró la varillita i

prencipió a peirle, pero se cansó e tanto peír i ver que no si aparecia

na. Enojao mah qui un diablo, jué a cas’ e la comaire pa ver si se

l’habia cambiao. Cuando llegó a cas’ e la comaire le ijo: «vengu a ver

por qué me cambió mi varillita por esta tan feaza, comairita». La

comaire le ijo: «no, compairito ¿cómo cre que yo voi hacer una cosa

semejante con usté cuando yo a usté lo apreceo tanto?»

Er viejo, viendo que no sacaba na, gorbió a su casa i le ijo a la vieja

que le aprontara er capachito con el cocavin, porqu’ iba a peir otrra

virtú. La vieja le preparó er capachito i s’espidió der viejo desiándole

un güen viaje.

Er viejo si amarró er capachito a la cintura i jué a la mat’ e coile i

se puso a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho

en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó arriba i contó lo

que li habia pasao. San Peiro le preduntó que qué cosa queria ahora, i

er viejo le contestó: «unoh mantelitoh que cuando se destiendan en una

mesa aparezcan cubiertoh de lah mejoreh comiah-San Peiro le trajo loh

mantelitoh i l’hizo lah mismah recomendacioneh qui ánteh. Er viejo le

dió lah graciah i se vino de gancho en gancho... de gancho en gancho...

de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó a la casa,

destendió loh mantelitoh i se pusieron a comer. Despuéh qui acabaron de

comer doblaron loh mantelitoh i se jueron a dormir.

Al otrro día, comu e costumbre, er viejo se jué a misa i se llevó loh

mantelitoh, loh pasó a ejar onde la comaire i l’encargó que no loh

destendiera porque s’iba enojar.

En cuanto se jué er viejo, la comaire sacó loh mantelitoh i loh puso

encim’ e la mesa. Lijerito se li apareció una mesa e banquete con loh

mejoreh licoreh i manjareh de loh mah esquisitoh. Mah que corriendo jué

la comaire a cambiar loh mantelitoh. Loh cambió i esperó que llegara er

viejo. Al ratito llegó er viejo, tomó loh mantelitoh i se jué, i comu

iba con much’hambre, en cuanto llegó a la casa destendió loh mantelitoh;

pero con mucho susto d’él vió que loh mantelitoh se quiaron destendíos i

no si aparecia la comia.

Entónceh llamó a la vieja i le contó lo que li habia pasao con la

comaire i le prometió castigar á la comaire. Hizo que li arreglara er

capachito i se jué a ver a San Peiro.

Anteh e salir le ijo a la vieja que se pusiera ebaju e la mata por si le

pasaba argo, porque ya habia subio doh veceh i no le quiaban juerzas i

no se juera a quer.

La vieja lu acompañó hasta la mata, i er viejo prencipió a subir de

gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de

gancho en gancho,... i comu iba mui cansao, no llegó mah qui hasta la

mitá i se puso a ormir. Cuando estaba urmiendo le bajaron ganah e miar i

se puso a miar. La vieja, qu’estaba abajo, recibió too lo qu’el viejo

miaba. La vieja icia: «miren loh anjelitoh como están botando la

mistela». Al poco rato ar viejo le vinieron ganah ’ensuciar i se puso

hacerlo. La vieja sintió qui algo quéida i dijo: «miren loh anjelitoh

como están tirando loh manjareh i confiteh, i mi viejo está allá

gozando, i yo ¿por qué no gozo?» I si apuraba en recojer too lo que

quéida.

En de que[35] amaneció, er viejo siguió subiendo de gancho en gancho...

de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho...

hasta que llegó ar cielo i le contó a San Peiro lo que li habia pasao.

San Peiro le mosrró muchah virtúeh i le ijo que descojiera por úrtima

veh, porque si esta úrtima la perdia ya no li aba ni una mah. Er viejo

descojió un rollo de varillas que alli estaba mui bien engüerto, le dió

lah graciah a San Peiro por úrtima veh i prencipió a bajarse de gancho

en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en

gancho... i en cuanto llegó ar suelo, le contó a la vieja lo que San

Peiro li habia icho.

Comió bastantazo i se jué a ormir.

Al otro dia se jué tempranito a misa, i pasó, como siempre, onde la

comaire. Cuando llegó allá l’entrregó el paquet’e varillah i le ijo:

«mire, comaire, aquí trreigo otrro encarguito, i no vaya a ser cosa que

se vaya perder como loh demáh; per una cosa le voi a icir: que no le iga

ar paquete: _sargan_, _palitoh_; porqu’entonceh no respondo yo.»

El viejo se jué a misa i la comaire se quió pensando si haria lo qu’er

viejo li habia icho. Por fin, despuéh e mucho pensar dijo: «sargan,

palitoh», i salieron del paquete, hijito e mi alma, una pila e palitoh

que se gorbian locoh pegándole a la comaire, que casi la mataron. ¡Güeno

en pegarle hartazo!

Cuandu er viejo gorbió e misa, encontrró que loh palitoh tuavia

l’estaban dando duro a la comaire i ya la tenian media muerta; i

entónceh er viejo le ijo que si no l’entrregaba lah demáh virtúeh que li

habia robao, qui haria que loh palitoh la matasen. La comaire l’

entrregó lah virtúeh, i er viejo, en castigo e toah lah mardáeh que la

comaire li habia hecho, mandó a loh palitoh que le siguieran pegando,

hasta que la mataron.

I loh viejoh se jueron a gozar de lah virtúeh, i vivieron muchoh añoh

mui feliceh i siguieron cuidando mucho la mat’ e coile.

* * * * *

Compárese este cuento con el siguiente, pehuenche, que transcribo de los

_Estudios Araucanos_ del Dr. RODOLFO LENZ, VIII, 3, pájinas 293-296:

_Plata, hongos i talero._

_Cuento de un viejo que subió al cielo_

«Entónces hubo un viejo indio. Subió al cielo; entró en el cielo;

alcanzó Dios a verlo.»

--¿Cómo es que andas por acá? se le dijo a ese viejo.

--Soi pobre, pues, padre Dios; por eso vine, vengo a pedir (algo) de tí,

padre Dios! pasó a decir en el cielo ese viejo.

--Está bien, pues, le contestaron; (i) le dieron un paño.

«Cualquiera cosa le pedirás a este paño,» se dijo a ese viejo.

Entónces volvió (i) llegó, a esta tierra trayendo su paño.

Lo dejó encargado a una mujer.

--«¡Que se llene el paño!» no me lo digas a mi paño, dijo ese viejo.

--¿Por qué será, «¡que se llene el paño! no me lo digas a mi paño,» me

dijo ese hombre, dijo esa mujer.

Entónces _estendió_ ese paño.

«¡Que se llene el paño!» dijo esa mujer. Así se llenó, dicen, de plata.

Despues de alojar llegó ese viejo. Entónces pasó a preguntar, por su

paño.

--Se perdió tu paño, se dijo a ese viejo.

Entónces volvió. Otra vez se encaminó al cielo; llegó.

--¿Qué quieres otra vez? le dijeron.

--Otra vez vengo a pedir (algo) a Dios, dijo.

Entónces le dieron un hongo; fué dejado atado en un trapito.

--Cuando se acaben tus hongos «¡que se llene!» le dices no mas, dijeron

a ese viejo.

Entónces llegó a esta tierra.

Entónces lo dejó encargado otra vez a esa mujer.

--«¡Que se llene el trapito!» no se me lo digas a mi trapo, dijo ese

viejo.

--¿Por qué «que no se llene el trapo» no se me lo digas a mi trapo, me

dijo ese viejo? dijo esa mujer.

«¡Qué se llene el trapo!» dijo esa mujer.

Así se llenó de hongos ese trapo.

Entónces el otro día, se encaminó, para ir a buscar su trapo, ese viejo.

Llegó.

--Vengo a buscar mi trapo, pasó a decir ese viejo.

Entónces:--Se perdió tu trapo, se le dijo a ese viejo.

Volvió ese viejo. «Otra vez iré al cielo» dijo.

Otra vez se encaminó al cielo.

Llegó al cielo.

--¿Qué quieres? le dijeron.

Otra vez vengo a pedir, pues, dijo el viejo.

--I ¿lo que llevaste? qué lo hiciste? le dijeron.

--Lo dejaba encargado a una mujer: «¡se perdió!» me dijeron, pues, dijo

ese viejo.

Entónces le dieron un talero[36].

--«¡Levántate, talero!» no le dirás, le dijeron a ese viejo.

Entónces volvió. Llegó a esta tierra; fué a encargarlo a esa mujer su

talero.

--«¡Levántate talero!» no me lo digas a mi talero, dijo ese viejo.

--¿Por qué me dijo eso? dijo esa mujer.

«¡Levántate, talero!» dijo esa mujer.

Entónces así se levantó ese talero, la azotó mucho. Fué azotada, esa

mujer. Gritó esa mujer, casi (la) mató.»

* * * * *

Cuentos chilenos de nunca acabar · 第 41 / 44 题