Febvrier 1603.
Bibl. Nac. de París, Fr., 3.652, fol. 94. Abusaba Antonio Pérez del
símil del perro, que sin duda le había caído en gracia. Tan repetida
como en estas cartas íntimas se ve la _hieroglífica_ de la fidelidad en
las impresas de la Colec. Ochoa, suscribiéndose _perro desollado_ de my
lady Rich (parte I, carta 22); _perro y servidor_ de Mad Knolles (parte
I, carta 24); _perro y peregrino, pero perro peregrino en la fidelidad_
de M. de Villeroy (parte I, carta 54), y así de otros, no dejando de
saber que el perro fiel lame la mano del amo que le castiga.
Consecuente en la alusión á lo canino, no habla menos en las cartas de
dentelladas. «Los dientes, escribía al Duque de Espernón (parte II,
carta 107), son para morder de venganza y para morder de amor.» En otra
(parte II, carta 116) expresa que «un escribiente copiaba sus cartas
para darlas a una dama aficionada a la lengua española. Cosa singular
que dama se aficione a la lengua, siendo la parte del hombre que mas
aborrescen ellas, así por ser el secreto, que ellas tanto aman, enemigo
de la lengua, como porque obras buscan ellas y no palabras; quizá
porque, segun dicen, _li fatti sonno maschi, le parole femine_; quizá de
allí viene que la vez que cojen una lengua entre dientes, la muerden,
como víbora rabiosa.»