(En la cubierta.) Al Ex.^mo S. mi S.^r El Condestable.
Bibl. Nac. de París, Fr., 3.652, fol. 97. Colección Morel Fatio, núm.
LI.
Aun á los vicios extendió la vanidad _el Peregrino_, aludiendo
frecuentemente á los favores que tenía recibidos ó recibía de las damas.
En las cartas con tanta fruición preparadas para la imprenta, no sentía
empacho repitiendo, como en la presente, que ha hecho vida licenciosa.
_Nunca me miró dama dos veces que no la siguiera y buscase_, dice á
M. Gondi (Colec. Ochoa, parte I, carta 102), y con el pie en la sepultura,
rayando en los setenta años, escribe todavía (idem, parte II, carta
122): «Doña Juana (su esposa) me ha enviado dos manguitos de ambar,
encaresciéndome ser de lo muy lindo, y adobados en su presencia.
Enviamelos con condicion que yo use del uno en estos frios de Francia, y
que el otro no le dé á dama del cuerpo, _temiéndose que aun me dura mi
mala costumbre_.»
«Una dama y un Rey me lastimaron y perdieron» explica á una señora
(idem, parte I, carta 69), hiriendo á la Princesa de Eboli no menos
claramente que en la declaración de vivir en París al lado del hotel de
Mendoza, _sin haber buscado tal posada por la vecindad del nombre_
(idem, parte I, carta 138), ó en la ya citada (parte II, 98), _no quiero
más pleitos por Princesas_.