S. C. R. M.

1. D. Alvaro de Sande, digo, que yo vine á esta corte á besar las Reales

manos de V. M., y por su ausencia he estado aguardando aquí algunos

días, en los cuales he entendido que algunas personas, con particulares

respectos é invidias, han querido informar á V. M. de cosas que en la

jornada de Trípol y fuerte de los Gelves me quieren cargar injustamente

y en contrario de la verdad, é aunque estoy cierto que V. M. no habrá

dado crédito, ni dará á sus parlerías, todavía he querido dar á V. M.

relación por escrito de todo lo que en la dicha jornada pasó, desde el

principio hasta el fin, la cual es la siguiente, y suplico á V. M. sea

servido verla.

2. Habiendo vuelto de Nápoles de Lombardía el año de 1559 por el mes de

junio, de tomar la posesión de los cargos en que allí V. M. me mandó

servir, y hallándome en Pauín [así] con mi mujer y casa, determinado en

reposando algunos días venir en Spaña á besar á V. M. las manos y

pedille merced por mis servicios, llegó á Milán el Comendador Guimarán

con una su orden para el Duque de Sessa, para que de la infantería

spañola que allí había diese mil y quinientos hombres para que fuesen á

servir á la empresa de Trípol, que V. M. mandaba se hiciese, y á mí me

mandó servir y ordenó que tomase la dicha gente y que con ella y con

otros 2.000 españoles de los de Nápoles, del cargo de mi coronelía, que

mandaba al Duque de Alcalá me diese, fuese á servir en la dicha empresa,

y que en Génova, por su orden, se adrezarían naves en que pasase la

gente de Lombardía.

3. Succedió en este tiempo la muerte del Rey Enrique de Francia, y

aunque el Duque de Sessa estaba determinado dar los mil y quinientos

hombres que V. M. le mandaba, y andaba procurando el pagamento della

para expedirla, parescióle que de la muerte de Enrique podrían nascer

algunas novedades, é que no era bien hasta tener otra orden de V. M.

desguarnecer aquellas plazas y estado, y así el dicho Duque tomó esta

resolución conmigo.

4. Paresciéndome que en el medio que llegaría la nueva orden de V. M. yo

podría ir á Nápoles y Sicilia á entender de los Virreyes de aquellos

reinos, del de Nápoles, si era su voluntad dar la gente, y del de

Sicilia, para saber dél lo que mandaba, vista la dificultad que el Duque

de Sessa ponía en dar la suya, y así lo puse por obra y fuí á Nápoles,

adonde hallé á D. Sancho de Leyva y al Comendador Caldes, que había ido

de parte del Duque de Medina á solicitar la ida de la infantería y á

pedir cierta artillería, municiones é vituallas, y habiendo tratado

algunas cosas en este particular, él me respondió que daría la gente,

que no la diese el Duque de Sessa, y con una galera que me mandó de las

del dicho D. Sancho, pasé luego en Sicilia, y hallé que el Duque de

Medina Cely, Visorrey della, y á quien se había cometido la dicha

empresa, tenía ya hechos muchos aparatos para ella, así de vituallas,

artillerías y municiones, como fletado muchas naves para que sirviesen

en ella, y me había despachado un correo para que con la infantería

española que había de llevar de Lombardía llevase asimismo dos mil y

quinientos italianos y procurase recoger dos mil alemanes de los que

entonces se licenciaban y los llevase también, el cual despacho no me

halló en Milán ni topó en el camino, por haberle hecho yo por mar. Hallé

asimismo que el dicho Duque de Medina había mandado levantar gente en

Sicilia y Calabria, y paresciéndome quél estaba ya determinado hacerla y

que lo mucho que se había gastado y los preparamientos que estaban

hechos forzaban á que se prosiguiese en ella, y que para aceptarla y que

hubiese buen efecto convenía llevar más gente vieja y plática de la que

entonces veía, que era sola la de Lombardía y tres ó cuatro compañías de

la de Sicilia[42] y muy poca de la de Nápoles, aprobé la orden que el

dicho Duque me había enviado de levantar y traer con la infantería

española de Lombardía la alemana y italiana, y con esta determinación y

orden volví á embarcarme y fuí á Nápoles y Génova, y de allí pasé á

Milán, donde hallé que ya el Duque de Sessa le había llegado nueva orden

de V. M. para que diese los dos mil é quinientos infantes, y en el medio

que los pagaban, yo hice levantar tres mil italianos y setecientos

alemanes en tres banderas, y con ella y la española fuí á Génova, donde,

así porque no estaban adrezadas las naves en que habían de pasar los

alemanes é italianos, como por contrarios tiempos, me detuve diez y ocho

días.

[Nota 42: Al margen dice el Duque: «Las compañías del tercio de

Sicilia eran doce, y los soldados más de dos mil.»]

5. Ordenó el Duque de Sessa que la paga de la infantería española se

fuese á hacer en Génova, por evitar que no se quedasen algunos soldados

después de la paga; y como en aquélla se quisieron reformar las ventajas

y se trató de que hubiese algún perdón ó suelta de pagas, la gente se

alteró y amotinó, y lo mejor que pude lo pacigué y aquieté, y después de

haberla pagado la embarqué en las galeras de Sicilia, con las cuales

estaba allí D. Berenguel de Requesens para aquel efecto[43].

[Nota 43: Al margen dice el Duque: «Este motín fué uno de los

principales disturbios que hubo en esta jornada, porque se

detuvieron estos soldados sin embarcarse quince ó diez y seis días,

que cierto no era tiempo de hacer nuevos capítulos con ellos, pues

al fin de la jornada bastara que se hicieran, y fuera más seguro y

más á provecho de su Maj. por los muchos que suelen faltar en la

guerra, de más que con la ganancia que se esperaba, ó con no

habellos menester, se hiciera mejor lo que se pretendía dellos, así

de las pagas ordinarias como de las ventajas.»]

É porque en este medio había hecho partir las naves con los alemanes é

italianos, por no perder tiempo, por una borrasca é temporal que

tuvieron, volvió al puerto una en que iba parte de la infantería

italiana, algo mal tratada, é para repararla é hacerla partir con

brevedad, hice que el dicho Don Berenguel se partiese con la infantería

que tenía embarcada en sus galeras, dejándome á mí una de las suyas con

otra que allí estaba del Príncipe Doria, con las cuales, dejando ya

reparada la nave y á cargo del Príncipe Doria y el Embajador Figueroa

que la mandase partir con el primer tiempo, me partí dos días después

que el dicho D. Berenguel y llegué á Mecina algunos días antes quél, á

primero de xbre., y después llegaron todas las dichas naves á salvamento

sin haber disturbado á nada la dilación de su llegada.

6. Partió de Mecina el Duque con toda la armada á primero de noviembre,

y no pudiendo pasar de Zaragoza por los contrarios tiempos, estuvo allí

hasta primero de diciembre, que partió para Malta, donde llegaron todas

las galeras, y las naves volvieron á Zaragoza; por la extremidad de los

malos y contrarios vientos tardó muchos días en junctarse toda la armada

y hubo grandes dificultades en ello, y en el medio que se junctaba, el

gran Maestre y todos los pláticos de la costa de Berbería fueron de

parescer que el armada, con el tiempo que partiese de allí, fuese al

Seco del Palo, que es en la costa de África, en Trípol, y la isla de los

Gelves, 85 ó 90 millas distancia de lo uno y de lo otro, y que los

navíos que primero llegasen esperasen allí á los otros, y con esta

resolución, con el primer tiempo, que fué á los 10 de hebrero, se hizo

el armada á la vela y las naves siguieron su derrote al Seco, y las

galeras fueron á los Gelves para hacer allí agua; donde allegaron fueron

descubiertas dos naves turquescas surtas, la una adonde llaman la

Cántara, y la otra junto á la Roqueta, y para tomarlas, algunas galeras

se adelantaron, y entre ellas la Capitana de D. Sancho de Leyva, que

llegó primero que nadie, y la una dellas la tomó sin haber hallado en

ella persona ninguna, é aunque la nave se había entrado por una canal

donde con mucha dificultad podía entrar galera ninguna, entró D. Sancho,

porque llevaba consigo un Chuzamuza, cosario turco que él tenía preso, y

era muy plático en aquella costa. Arrimándose la armada á ella,

descubrimos dos bajeles de remos que estaban surtos en la Cántara, en

parte donde les era imposible huir. Estaba Juan Andrea muy malo, y

envióle el Duque á decir que ordenase á D. Sancho que fuese á tomar

aquellos bajeles, que á lo que se podía juzgar parescían galeotas. No sé

si le ordenó; pero sé que nadie fué á tomarlos, y que se supo que eran

una galeota y una galera sotil, é que estos navíos fueron á

Constantinopla, y en ellos Luchaly á pedir el socorro de Trípol y á dar

la nueva de la allegada de nuestra armada; y si se tomaran, como se

ordenó y fácilmente pudiera, no solamente el aviso le tuvieran tan

brevemente en Constantinopla, de que tanto daño resultó, pero se supiera

que estaba en la isla el Draguti y fuera posible, y aún no lo dudo que

se tomara, y de su prisión nascía con muy poca dificultad la pérdida de

Trípol y los Gelves, sin haber sucedido ninguno de los inconvenientes

pasados.

6. _Aquí escribe el Duque._--Y porque partiendo por el mes de noviembre

á jornada que se había de ir por mar, habrá muchos, y no sin fundamento,

que no les parezca buena determinación, es bien, para entender la verdad

del todo, que se sepa que me movieron á partir las cosas siguientes. La

primera, que la navegación era segura, porque de Mecina al puerto de

Augusta hay 70 millas, el cual es capacísimo para recibir muy mayor

armada. Del dicho puerto al de Zaragoza 30 millas, y desde Zaragoza á

Malta 100, y de Malta á la Lampadosa 90, y de allí al Seco de los Gelves

170, y del Seco de los Gelves al Seco del Palo 50, que todos son

puertos, y donde el armada se podía reparar, como se reparó, y

aguardando tiempo en cada una destas partes para ir á la otra, no

acaesce de ordinario en estas mares levantarse tan presto temporal que

estorbe en tan poca distancia que no se tome puerto, como se hizo.

También me movió á partir hallarme con casi 15.000 hombres de guerra en

el reino de Sicilia y sin dineros para pagallos, de que tocaba una buena

parte al Visorrey de Nápoles, pues si se despidieran sin pagas, se

habían de alojar á discreción y fuera darles en prenda el reino, y esto

es cosa tan nueva y recia para Sicilia, demás de la escabrosidad de la

gente, que, certísimo, sucedieran grandes desórdenes y alborotos, como

ya en tiempo de mis predecesores en este cargo acaesció diversas veces,

especialmente cuando el motín de randazo, pues siendo tanto menos gente,

fué desorden tan notable, que tal pudiera suceder de invernar tanta más

y de diversas naciones, sino que en lugar de conquistar se destruyera la

casa propia, como ya lo consideró D. Hugo de Moncada cuando tuvo

alojados 15.000 españoles en la Fariñana, isla despoblada, aunque no se

hizo de manera que Marsala no lo sienta hasta agora. Túvose atención á

partir de Zaragoza á lo susodicho, y á que en Malta habría menos

inconvenientes que en Sicilia se esperaban, porque la gente, no sólo

estuviera fuera de la fertilidad de Sicilia, mas en una isla muy

estéril, porque si cometieran alguna ruindad no podía dejar de salilles

mal y de entregarse de hambre, pues teniendo por contrarios al Maestre y

Caballeros, el Burgo y Castillos, juncto con las galeras y naves, y mi

persona y gente principal que á la jornada iba, no podían meterse los

soldados en parte en toda la isla que tuviesen de comer; y si

partiéndose de allí en invierno no se pudiera llegar á Trípol por no

haber puerto para nosotros, no sólo era de menos inconveniente invernar

en Berbería con el ejército yendo tan bien proveído de vituallas, pero

era mejor, por ser la región más sana y poderse hacer algo en los

Gelves, como lo escrebí á S. M. antes que partiese de Zaragoza, ó en

alguna otra parte, con que los soldados se entretuviesen y refrescasen,

de más que se llevaba esperanza fundada en mucha razón, que los moros

proveerían de vituallas frescas por dineros (como lo hicieron), á causa

de la enemistad que tenían con Dragut, de que había mucha noticia,

dejado aparte que es costumbre suya muy sabida, por su particular

ganancia. Halléme obligado á esto, porque como se fué junctando la gente

poco á poco y con muy gran esperanza de la que me habían de dar los

Duques de Sessa y de Alcalá, había de ser cierta y presta como su Maj.

mandaba, no hubo razón ni causa para que yo dejase de junctar la que á

mí me tocaba, y hacer tan gran gasto como se hizo en esto y en la

abundancia de vituallas y municiones que se llevaron, porque la

infantería española de Lombardía se detuvo á causa de la muerte del Rey

de Francia, como dice D. Alvaro de Sande, y del motín de Génova, y la de

Nápoles, esperándola de hora en hora, tardó, de manera que habiendo de

venir por orden de S. M. 2.500 hombres, no llegó el cumplimiento sobre

los 600, poco más ó menos, que trujo D. Sancho en las galeras, hasta los

últimos de diciembre que vinieron á Malta. Es así que se descubrieron

las naves que dice D. Alvaro, y que la que saqueó D. Sancho de Leyva

estaba metida por el canal una buena milla de donde dieron fondo las

galeras, por no saberlo y tener por proa los secanos, donde invistieron

algunas, y á D. Sancho le guió Chu Zamuza, arraez de una galeota que

había tomado días había en la costa del reino de Nápoles, hombre muy

plático de aquellos secanos, y así abordó la nave, que estaba sola,

dejada de los moros, al cual siguió el Capitán Suero Feyjó con una

galeota mía, y desde donde descubrieron dos galeras de turcos que se

iban metiendo el canal adelante, cuanto más podían, hacia la Cántara,

que quiere decir puente, por la cual se pasa de la isla á tierra firme;

siéndole dicho á D. Sancho por el dicho Capitán Feyjó que se fuese tras

aquellas galeras, no lo hizo, mas antes cortaron el cabo que tenía dado

la galeota á la nave, y vino el dicho Capitán á la Capitana de Juan

Andrea, donde yo estaba, y me dijo todo lo que había pasado. Estaba

entonces Juan Andrea en la cámara de popa malo y en la cama, y

hallándose en lo alto de la popa conmigo el patrón de la Capitana,

Gasparín Doria, que era de quien más caudal hacía en el gobierno de las

cosas de la mar, le dije y rogué, no una vez, sino muchas, que se

entrase por aquellas galeras, á lo cual me respondió que para qué quería

leñame, diciendo que la gente envestiría en tierra, y yo le dije que

cuando así fuese sería muy bien quemarlas, porque cuando nosotros

pasásemos á Trípol no podían dejar de salir á los navíos que venían

atrás y hacernos daño en ello y en las vituallas que nos viniesen,

cuanto más que podría ser tomarse alguna gente de la cual habríamos

lengua de lo que en Berbería pasaba. Respondióme por última resolución

que en ninguna manera convenía á la reputación de aquella armada que se

entrase por leñame especialmente, que podría suceder algún peligro á

alguna galera. Entonces le ofrescí que entrase mi galeota primero,

descubriendo lo que había, y el canal, y no bastando esto, vista su

pertinacia, envié á pedir á Juan Andrea con grandísima instancia, y con

las mismas razones, que tuviese por bien de que se entrase por aquellos

bajeles, y no le paresció; y como yo no llevaba mando ninguno sobre las

cosas de la mar, como me desengañó bien en Mecina delante de D. Juan de

Mendoza, y quizá por su consejo, hube de tener paciencia y por mejor lo

que quería, que no porfiando con él ser causa de que sucediese algún

disgusto y se volviese á Sicilia. Desde á poco vino D. Sancho de Leyva

de saquear la nave, y subiendo á la galera de Juan Andrea le dije que

cómo no había entrado tras las galeras, importando más tomar un bajel de

remo que 50 naves, á lo cual me respondió que no era cosa de hablar en

ello, porque era gran peligro, y que allí había estado el Príncipe Doria

sobre Dragut y se le había salido con las galeras rastrando del otro

cabo del puente ó Cántara, y le había dejado por escarnio en una torre

que está allí y que teníamos á la vista, colgado un priapo de hombre, á

lo cual yo le respondí que había muy gran diferencia de lo uno á lo

otro, por la ventaja que había de todas las galeras de Dragut á aquellas

dos sobre que habíamos amanescido con tal armada y á la imprevista y sin

que pudiese haber defensa que estorbase la entrada, especialmente

teniendo tan buen piloto como me había dicho que tenía en Chuza Muza,

que le había guiado yendo en la proa de la galera hasta donde llegó.

Finalmente, se resolvió en que no se entrase por las dichas galeras, las

cuales, demás que fueron las que trujeron el armada del turco, estaban

de manera que los turcos dellas no se acordaban de otra cosa sino de

salvar sus personas á nado, y hubo muchos que entregaron su dinero á los

cristianos que estaban á la cadena, como se ha sabido de hartos que han

escapado y rescatado después acá, de los cuales se tomaba lengua, y

tomada sitiábamos á Dragut en los Gelves y todas sus fuerzas, las cuales

no podían salir en ninguna manera, ya que su persona saliera de noche en

una barca, y se tomaban asimismo las dos galeras con más de 60 ó 70.000

escudos que tenía Dragut embarcados de la composición que había hecho en

los Gelves aquellos días; y si quisiéramos saltar en tierra era de tener

por muy cierta la victoria, por ser antes que nos faltase la mucha gente

que se nos murió en el Seco del Palo, y porque la isla estaba mal con

él, á lo menos la mitad della que se volviera en nuestro favor, y cuando

quisiéramos pasar con aquella bonanza, que duró siete ú ocho días, le

podíamos sitiar con tomalle la Cántara y las dos galeras y los más

bajeles que hubiera por la costa alrededor de la isla, en un día, y

dejar cuatro galeras de una parte y cuatro de otra, y irnos á Trípol y

tomarlo sin muerte de un hombre, porque lo había dejado Dragut con solos

400 turcos poco más ó menos, viejos, cojos y mancos.

7. _Sigue D. Álvaro de Sande._--Detuviéronse las galeras en saquear las

naves casi todo lo que quedaba del día, y acordóse que el siguiente se

fuese á hacer el agua de la Roqueta; y para asegurar á la gente que la

había de hacer, el Duque sacó toda la infantería que iba en las galeras,

y túvose la mayor parte del día una gruesa escaramuza con los moros de

aquella parte, que son aficionados á turcos, y con más de 500 turcos á

pie y á caballo que allí estaban con el Dragut, y á otro día sucedió por

mala orden la desgracia á las ocho galeras que se habían quedado atrás.

8. El día siguiente las galeras partieron de allí é fuimos al Seco del

Palo, donde hallamos algunas naves de las nuestras surtas, y fueron

llegando de día en día las que faltaban, y las ocho galeras que arriba

digo: así por la dilación de la llegada de las naves, como por ser los

tiempos muy pésimos y contrarios, al Duque le fuerza estar allí muchos

días, en los cuales, así porque la gente iba muy cansada y fatigada de

la larga navegación y trabajo de aquel invierno, como por la mutación de

los aires y ser las aguas muy suaves, se inficionó una enfermedad y

pestilencia tan grande, que se echaban cada día gran cantidad de cuerpos

á la mar; é visto esto, é que aún no habían llegado algunas naves en que

iba infantería española é alemana é vituallas, é que el tiempo era

contrario para ir á Trípol y las naves estaban con gran peligro de dar

al través como había dado la nave Capitana, acordó el Duque de tomar

parescer de todos los que éramos del Consejo, para que se viese lo que

se había de hacer é mas convenía al servicio de V. M. é al bien de la

empresa á que íbamos. Fué mi parecer é voto que dí que V. M. me había

ordenado que fuese á servir en aquella empresa, é que estaba presto y

aparejado para morir sirviendo en ella. Resolviéronse todos en que la

empresa se hiciese, é que porque del estar allí nascía tanto daño, por

la mortandad de la gente y la disminución de las vituallas, que con el

primer tiempo, sin esperar las naves que faltaban, se partiese el

armada; é que si el tiempo viniese contrario para poder ir á Trípol é

bueno para volver á los Gelves, que por salir de allí se fuese á ellos,

donde la gente podría desembarcar é refrescar é limpiar las naves,

creyendo é teniendo por cierto que los moros de la isla eran amigos,

porque en ella hay tres parcialidades: una amiga de turcos, y las dos

enemigas; é porque éstas habían enviado á Sicilia á pedir ayuda para

echarlos de la isla, y también porque sabíamos que el Dragut, después

que tuvimos con él la escaramuza y entendió que íbamos á Trípol, se fué

á meter en ella con todos sus turcos sin dejar ninguno en la isla, sino

muy pocos en la guarnición del castillo, y que con el primer buen tiempo

se embarcaría la gente é proseguiríamos nuestra jornada, y que asimismo

recogeríamos allí las naves que faltaban y las vituallas que venían de

Sicilia, y así con esta resolución y acuerdo pusieron todas las naves á

pique para partir á donde el primer tiempo nos encaminase.

8. _El Duque._--Si no hubiesen pasado por D. Álvaro de Sande tantos

trabajos, maravillarme hía de que se le olvidase que su parecer no fué

tan ambiguo, pues no obstante que lo que allí se resolvió fué lo más

acertado, conforme á los tiempos y á la poca salud que el ejército

tenía, y á la gente que nos había faltado, y de manera que yo me

resolviera en ello, aunque no tuviera el Consejo y parescer de las

personas que llevaba; pero no dudo de que cuando D. Álvaro vea estos

apunctamientos le volverá á la memoria que especificada y abiertamente

fué del parescer de todos, y que en público y en secreto lo trató

diversas veces conmigo, inclinándose á la ida de los Gelves luego que se

supo de las galeras que quedaron atrás que dejábamos á Dragut en los

Gelves, de la gente de las cuales supo de nosotros, porque de la

escaramuza no había tomado lengua, como asimesmo tampoco la tomamos

nosotros; y fué más de esta opinión cuando supo que era ido á Trípol, en

que yo me conformé por ver la falta que de la gente que sacamos de

Sicilia había, y la que de cada día iba faltando, porque lo de Trípol se

ponía en peligro y lo de los Gelves era cosa segura y hacía muy cierta

la empresa de Trípol, por ser el principal sustento de aquella plaza y

de los turcos que la guardan, como se podría discurrir largo y se ve por

el gran esfuerzo que Dragut hizo en cobrarlos y el peligro en que se

puso toda la armada del turco, quedando sin gente y sola, como quedó;

dejado aparte que el tiempo no estaba para ir allá, y el temporal que

nos trujo á los Gelves era viento por proa para Trípol, y de más de diez

millas por hora, y duró tanto que se pudiera ir bien tarde á Trípol si

se esperara en el Seco del Palo, y aun nunca á tierra de cristianos,

pasando adelante la mortandad de la gente que cada día iba cresciendo,

lo cual cesó en los Gelves, por ser la tierra muy sana y haber salido la

gente de la mar; así que lo sobredicho no lo digo porque lo hice por

parescer de D. Álvaro, pues yo lo hiciera y no se podía hacer otra cosa,

sino por decir lo que á él se le olvida, pues lo que se hizo con deseo

de servir al Rey nuestro señor y con toda la razón de guerra del mundo,

y no sin pelear y peligro, como es ordinario en tales jornadas no me

paresce que es razón, porque la fortuna haya querido ser contraria, y

que fuese adverso el fin, que quede por olvidado lo que fué bueno; y

para tornar mejor á la memoria su parescer á D. Álvaro, no dudo de que

se acordará que queriendo junctar otra vez el Consejo, como se hizo para

tratar de nuestra ida y desembarcación y conquista de aquella isla, le

dije que conociendo yo en D. Sancho de Leyva que todo lo que se

proponía, paresciéndole que salía de él, lo contradecía, que me parescía

que aquel día no se conformase conmigo, y que vería cómo tiraba á

D. Sancho á todo lo que al servicio de S. M. convenía, y entonces fué

cuando votó que él haría lo que yo le ordenase, cierto diferentemente de

lo que concertamos, pues en lugar de dar desvío para traer á D. Sancho á

lo que convenía y había tratado con él, se quiso poner en seguro de que

yo huelgo mucho que lo esté; y digo que sea así, que yo lo determiné sin

él, y que salió bien, y saliera mejor si las galeras no se perdieran al

fin de la jornada, con que se perdió todo.

9. _Prosigue D. Álvaro de Sande._--Quiso Dios que el día siguiente, que

fué á 2 de marzo, no solamente se mejoró el tiempo para ir á nuestro

viaje; pero refrescó tanto al contrario, que partiendo con él para los

Gelves, conforme á la determinación que se había tomado, que en menos de

diez días fuimos surtos al cabo que llaman de Valguarnera, que es lo

último de la isla á la parte de poniente, y donde es la parcialidad más

enemiga de turcos, y era la obstinación de los tiempos malos tanta, que

estuvimos sin poder desembarcar cinco días; y contra la opinión que

llevábamos, no solamente á los moros les pesó de nuestra ida allí, pero

nos negaron las vituallas, y el día siguiente, que nos desembarcamos,

que fué á los 8 de marzo, por defendernos los pozos, dieron la batalla;

y acampándose juncto con nosotros, estuvieron cinco días, hasta que

visto que el Duque quería volver á pelear con ellos, se rindieron y

sometieron á la devoción de V. M., echando los turcos del castillo é

entregándole, é con las demás condiciones que V. M. habrá visto.

10. Y paresciendo que pues aquella isla se habia subjetado y atraído á

la devoción de V. M., era bien de procurar de conservarla, y convenía

hacerlo por lo mucho que importaba á la quietud de los reinos de Sicilia

y Nápoles y navegación de ellos, por ser aquella isla tan vecina á

ellos, donde se recogían muchos cosarios, así á vituallarse como á

repararse é hacer navíos y invernar en ella y vender las presas que en

los dichos reinos y costa de Italia hacían, que para esto era bien hacer

un fuerte competente donde se pudiese meter guarnición de gente y

artillería, porque habiéndole se quitaría la frecuentación de los

cosarios y disturbaría mucho la contratación y paso de los turcos que

pasan á Argel é poniente y se ponía la isla en perpetua subjeción, y

podría servir de escala y de casa de munición para las empresas que en

África se quisieran hacer, é para los navíos que quisiesen andar en

corso contra turcos, y que el mejor sitio y parte donde se podía hacer

era donde estaba el castillo, incorporándole en él, porque no se quería

comenzar obra que pudiese disturbar á que, con el primer tiempo y

llegado de Sicilia las vituallas y gente que se esperaba, no se pudiese

partir el armada á Trípol, sino dejase la obra imperfecta; y porque la

comodidad del castillo y haber en él lugar para poder meter vituallas y

municiones y dos cisternas, y cerca tierra, leinmo, fajina y arena para

poder edificar, hacían fácil é breve el edificarse el fuerte, é también

parescía más conveniente hacerle allí que en otra parte, por ser el

medio de la isla y donde los moros hacen sus mercados, contractaciones y

ferias, é porque de más desto, en cualquier otra parte que se quisiera

hacer era menester mucho tiempo, por no tener tan á mano los materiales,

é por ser necesario hacer, allende de la fortificación, magacenes para

las vituallas y municiones; y si se quisiera hacer en la Cántara, donde

algunos dicen que se había de hacer, por haber agua, había en ello la

dilación de tiempo que era contra lo que se tenia determinado, y quedaba

subjeta la plaza á ser batida por mar, por haber en aquella parte mucho

fondo, lo que aseguraba el castillo, que por ser secanos no se puede

acostar armada á tiro de cañón, aunque por una canal estrecha pueden

llegar fustas y galeotas é otros navíos mercantiles; ansí que, movidos

destas cosas, se determinó que se hiciese allí el fuerte, y D. Sancho de

Leyva tomó á su cargo el ir con Antonio Conde, ingeniero, y el Capitán

general de la artillería Bernaldo de Aldana á designiar el fuerte, y

ansí lo hizo, y por su disiño se comenzó á fortificar, tomando Juan

Andrea Doria á cargo fortificar él un bestión con la gente de Quiroco

Espínola, y de levantar otro se encargó el gran Comendador Jegieres con

la gente de la Religión, y el Duque con la infantería española de otro,

y el cuarto tomó á cargo Andrea Gonzaga con la infantería italiana de

Lombardía, é yo le tuve de solicitar é ayudar á los unos y á los otros;

y estando la fortificación en buen término, fué nueva que el turco

enviaba armada para socorrer á Trípol, por la instancia que Luchaly

había hecho, el cual le había ido á pedir, según dicen, en los dos

navíos que arriba digo que se dejaron en la Cántara; y como de muchas

partes se confirmase la venida de la dicha armada y el Duque,

desesperando el poder hacer la empresa de Trípol é por desembarazarse de

allí hizo dar gran prisa á la fortificación del fuerte, el cual fué en

defensa el día de San Marcos, y de aquel día en adelante no se ocupó en

trabajar más gente de la que allí había el Duque determinado que

quedase. Habíase encargado D. Sancho de Leyva de hinchir la cisterna del

fuerte, y dejóse de echar agua en ella estando llena no más que la

mitad, y la cisterna que estaba dentro del castillo, que era pequeña, se

hinchó con los forzados de dos galeras de Sicilia: había buen número de

botas y tinajas para hinchirlas de agua, y no se hizo.

10. _El Duque._--La isla quedó no sólo á devoción de S. M., pero por

suya, y el jeque por su vasallo, con pagarle lo que pagaban al turco, y

el aduana rentará poco menos que hiciera de costa la guarnición. Y como

comencé á fortificar, no esperé más poder ir á Trípol aquel verano.

Hubo otra calidad de importancia para fundar allí el fuerte, que fué que

por razón de los secaños no se podía poner armada sobre él, porque

habiendo de echar la gente en tierra seis millas de donde había de

quedar, era entregalla á la de S. M. si viniera á salvamento, como se

esperó, aunque por otro cabo parescía inconviniente para avituallarlo

con una nave, lo cual se remediaba proveyéndole con carabelas armadas ó

otros bajeles pequeños y de poco fondo.

D. Sancho pretendió que se hiciese en la Cántara el fuerte, y no

convenía porque no había agua ni cisternas, como en el castillo, y se

vió cuando Dragut estuvo allí encerrado de Andrea Doria, que enviaba á

veinte millas á hacerla, como el veedor Hierónimo Sedeño lo vió por

vista de ojos, habiéndole enviado entonces Andrea Doria á la isla y á su

casa á negociar con el jeque. Yo ví los cordeles para designiar el

fuerte en la mano á D. Sancho de Leyva. Verdad es que el designio estaba

hecho por quien lo entendía mejor, y se había estrechado casi dos tantos

de lo que D. Alvaro había platicado. D. Sancho nunca ayudó á poner una

piedra, ni con una espuerta de tierra ni un haz de fajina, teniendo

muchos buenos esclavos y forzados, aunque yo se lo pedí y hice pedir con

toda la instancia del mundo, y es cierto que hiciera más la chusma de

una galera que cuatro banderas de infantería, porque se tardó el doble

en partir. Antes ocupó la gente en cargar las galeras de lana y aceite

para llevar á Sicilia y á Nápoles, y de vacas á Pysciota, y esto es

verdad, y la causa porque perdió todas las de su cargo sin poder huir, y

así las tomaron sin pelear.

También Juan Andrea, habiendo tomado á su cargo un baluarte y hecha

maravillosa obra en él, pretendiendo ir con las galeras á Sicilia y

dejarnos á todos allí, no paresciéndole al Consejo, sin faltar ninguno

sino D. Alvaro, que no declaró su voto, sino dijo que lo que se había de

hacer que fuese luego, con que D. Juan de Cardona se conformó,

habiéndole contradicho siempre, alzó el dicho Juan Andrea la mano del

bestión, en que se perdió más de diez días de tiempo.

No sé si D. Sancho se encargó de hinchir las cisternas, porque á Juan

Andrea pedí que lo mandase á los de su cargo de la mar, y él lo mandó,

creo, á D. Sancho y D. Berenguel; pero sé que, como cosa que tanto

importaba, estuve muchas y diversas veces todas las horas del día á

verlas hinchir, y que venían muchos barriles con la mitad del agua, que

fué causa de dilatarse la estada allí, y la verdad es que se hincheron,

aunque de espacio, y que la de fuera del castillo se vació dos palmos y

cerca de tres, y con todo esto, si nuestra armada no se perdiera, que

quedaba demasiada agua para la gente que dejaba, hasta las primeras del

invierno, demás que no osara la armada desembarcar su gente, como dicho

es, y si lo hiciera se perdiera, lo cual lo confiesan los mismos turcos.

11. _D. Álvaro de Sande._--Estaba en este tiempo muy malo Juan Andrea

Doria, y envió algunas veces con Plinio de Bolonia á decir al Duque que

mandase que se embarcase la gente y las otras cosas que habían de ir en

cristiandad, y si también que el Duque mandó dar 200 escudos de su casa

á Agustín Febo, alguacil real del armada, porque solicitase la

embarcación de la manera que Juan Andrea pedía que le embarcasen y el

Duque que lo embarcasen: las causas que hubo para lo que quería el uno y

el otro no se hiciese, se pueden bien saber y á mí no toca decirlas.

11. _El Duque._--Las causas que yo me puedo acordar que hubo para

dilatarse la embarcación fueron: la primera, mucho embarazo que nos

dieron los soldados que habían de quedar en el fuerte, con esconderse y

irse á los navíos y con las quejas de sus capitanes. La otra por la

flojedad que hubo en enviar esquifes para embarcar la gente, ocupándolos

en llevar mercadurías á las galeras, especialmente á las de D. Sancho de

Leyva, porque esto yo lo ví. Tanto que los camellos que iban y venían á

la marina llevándolos á embarcar, me acuerdo que nos desasosegaban

vellos pasar por muy cerca del altar donde oíamos misa en el campo. Y

hubo persona de crédito que me ha dicho que llegando esquifes de

D. Sancho de Leyva á la marina y pidiendo á los hombres que venían en

ellos que tomasen soldados para llevar á las galeras, no lo quisieron

hacer, diciendo que habían de llevar primero un caballo. También nos

embarazó que paresciéndole al Maestre de campo Barahona que el foso del

castillo en la parte de Levante no quedaba tan bien como él quisiera, lo

desbarató un día para dejallo más ancho, de manera que lo puso llano, y

se hubo de andar tratando con los tudescos que lo aderezasen; y demás de

todo esto, lo más principal fué el ruido que se tuvo en el zoco de los

moros entre ellos y los cristianos sobre un albarcoque que tomó un

cristiano á un moro sin pagárselo, de que hubo hartos muertos y presos

de los moros y de algunos cristianos, á cuya causa, y por dejar el

castillo en paz con la isla y que quedase por subjecta como lo era, se

hubo de dilatar la embarcación dos ó tres días; y es verdad que

D. Alvaro de Sande me dijo que nos embarcásemos luego, y poco después de

sucedido este ruido, y yo le dije que parescería que nos embarcábamos de

miedo de los moros, de que no ganaría nada el castillo ó fuerte

embarcarnos de aquella manera sin asosegar la isla primero y capitular

con el jeque, demás de la reputación, y no tener por tan cierta la

venida tan presta del armada, antes estar en opinión de hombre de

experiencia y marinero, que no vernía por todo mayo, el cual había muy

poco que llegó de Sicilia.

12. _D. Álvaro de Sande._--Había el Duque acordado de dejar al Maestre

de campo Miguel de Barahona por gobernador del fuerte hasta que V. M.

proveyese otra cosa, y que por aquel verano quedase en él 2.000

hombres, incluyéndose en este número los soldados y la demás gente

necesaria, así para el servicio de la artillería y municiones, como para

el de todas las cosas necesarias, y hobiese embarcado á los 10 de mayo

toda la gente que había de venir en cristiandad, excepto alguna parte de

los alemanes y muy italianos, que entre todos no habían 400 hombres, que

con facilidad con dos barcadas con los esquifes de galera se embarcaron

todos.

13. Llegó este propio día, tres ó cuatro horas antes que anocheciese,

una fragata con dos despachos del Gran Maestre, el uno para el Duque y

el otro para Juan Andrea, en que les avisaba que el armada turquesca

había hecho agua en el Gozo. Fué el Duque á verse con Juan Andrea y

halló que estaba en Consejo con los capitanes de la mar tratando de lo

que se debía hacer, é yo quedé en el fuerte, y no sé lo que pasó en el

Consejo; mas de decirme el Duque que había determinado y se habían

resuelto de no pelear, sino salvarse, y que dos ó tres habían sido de

parescer que peleasen, junctándose con las naves, é que aquella noche

saldrían de los Secos, y que como fuesen fuera, eran seguros, y que

dejarían la galera _Condesa_ en aquél, é los que con él estábamos nos

pudiésemos ir, y que enviarían á tierra los esquifes de las galeras,

porque no viniendo el armada ni paresciendo á la mañana, embarcarían la

gente que faltaba de embarcar, é que con esta determinación salieron del

Consejo.

13. _El Duque._--La fragata vino, como dice D. Alvaro, antes una hora

más tarde que más temprano, la cual vimos él y yo llegar á tierra y en

ella el Comendador Guimarán y otro gentil-hombre que en el vestir y la

manera me paresció que venía de fuera, y luego lo dije á D. Alvaro, y

que me parescía que debía de haber alguna nueva, y en esto caminé hacia

los dos, y Guimarán se adelantó á mí y me dijo suso: «Vamos de aquí, que

el armada es con nosotros;» y yo le dije: «¡Cómo!» Respondióme: «Este

caballero que viene conmigo, que se llama Copones, es de mi tierra:

viene con la nueva de parte del gran Maestre y avisa cómo el armada tocó

en el Gozo y fué vista de todos, y se pasó un renegado español y dijo

cómo venía á Trípol derecha, y que á la cuenta de la navegación que ella

había hecho, llegaría aquella noche y otra podría venir á los Gelves.»

Yo le respondí que cómo nos habíamos de ir; él me respondió que nos

embarcásemos en aquella fragata D. Alvaro y él y yo, y que nos fuésemos

á las galeras con Juan Andrea y los demás, los cuales estaban

determinados de irse luego. Yo le dije que cómo era posible que pudiese

hacer aquello dejándome en tierra los alemanes y otros soldados y

gentes, que era casi en número de otra tanta como la que quedaba en el

fuerte, y que para el agua que había era grandísimo inconveniente. En

esto dije á D. Alvaro y á Guimarán y á Copones que fuésemos á mi tienda,

y que no se dijese nada por no alterar el campo, y así se hizo,

mostrando Don Alvaro que tenía gran esfuerzo y que no vendría allí el

armada en dos ó tres días, diciendo que se repararían en Trípol y

tratarían con Dragut, y otras cosas, y quiso que nos sentásemos á cenar;

y yo, porque mi diligencia no paresciese menos ánimo que el suyo, hice

lo que quiso y enviamos á Guimarán á que procurase con Juan Andrea que

me enviase los esquifes, pues parescía que no convenía que yo me

embarcase y dejase la gente que había de ir, especialmente siendo tanto

daño quedando el agua limitada, y á la verdad, como no me puse á cenar

con gana ni con sosiego, no lo pude sufrir y dije á D. Alvaro: «Dejemos

esto, señor; entendamos en lo que hemos de hacer; no es tiempo de cenar

con reposo;» y así, hice llamar á mi secretario, entre tanto que

Guimarán volvía, y firmé y despaché algunas cosas necesarias, y hice

embarcar en los pocos barcos que había á mi hijo y á la mayor parte de

mi casa, y ordené á la gente que había de embarcarse que estuviese á

puncto á la marina, esperando los esquifes, pudiendo venir todos como

vino él en uno, siendo tan necesario desembarazar aquella plaza de la

gente sobrada por razón del agua, y dijo cómo Juan Andrea y los otros

caballeros y capitanes de galeras se habían juntado en Consejo, y

resuéltose que las naves se levasen y se fuesen, y partirse ellos

aquella noche, porque cuando el armada viniese el día siguiente de

Trípol, donde presumían que estaría, no les hallase allí; y que no había

para qué enviar los esquifes, sino que yo y Don Alvaro nos metiésemos en

el que él venía y que nos fuésemos, porque no esperaban otra cosa que á

mi ida, y que D. Sancho de Leyva decía que no era razón que yo por

dejarme de embarcar pusiese en peligro que se perdiese aquella armada de

S. M.; y acordándome yo que había dado mi palabra como caballero de no

dejar en Berbería á los tudescos, y de ponerlos en tierra firme y de

cristianos, envié á llamar al Coronel y á los otros oficiales y díjeles

lo que me enviaban á decir de la mar y el término en que estaban las

cosas, y que viesen lo que de mí querían, que el armada se podía ir muy

bien sin mí, y no yo sin cumplir mi palabra. Ellos se resolvieron que

querían los esquifes. Visto esto, me trujeron á puncto todos los que

allí estaban, y pienso que D. Alvaro, que permitirían que yo fuese á

pedir los esquifes á Juan Andrea con que yo diese mi palabra de volver

con sí ó con no. Yo fuí, y así fué Guimarán conmigo, solos, y hallamos á

Juan Andrea y á Plinio en la cámara de popa de su galera, que á mi

parecer sería á hora y media ó dos de noche, y entrando que entramos en

la cámara dijo Juan Andrea suso: «Leva, vamos.» Yo le dije: «Óigame

V. S. primero, porque no vengo para poderme ir desta manera; y contéle

lo que había pasado con los alemanes y lo que con ellos había tratado, y

pedíle los esquifes. Respondióme muchas cortesías, diciendo que por mi

persona aventuraría las galeras, y que no se iría sin mí. Yo le respondí

otras semejantes, diciendo que así aventuraría yo y pondría por él todo

lo que tenía, y que si lo decía por sus galeras, que yo aceptaría el

ofrecimiento como entre amigos; pero que si lo decía por el armada de

S. M. que tenía á su cargo, que en ninguna manera la aventurase por mí,

sino que hiciese aquello que le paresciese mejor para su salvación, y

que yo volvería á cumplir mi palabra con los tudescos, y que todavía me

podían dar los esquifes con que traer los que estaban en la marina, que

sería cumplir con todo. Ordenó que se diesen, y dijo que viniesen los

tudescos presto porque le hallasen allí, y que él pensaba hacerse á la

mar aquella noche; y si descubría á la mañana á la armada hacer su

camino de Sicilia, y si no que volvería por los tudescos y la otra gente

á recogerlos, si no hubiesen llegado antes que partiese, y que dejaría

allí la galera _Condesa_, que era la mejor que él tenía, para que

esperase todo lo posible para recogerme si quisiese irme; y con esto

volví al fuerte y dí orden que se embarcase toda la gente que se pudiese

en los esquifes, especialmente los alemanes, y fuímonos á la marina á

embarcar D. Alvaro y Guimarán y D. Pedro Velázquez y yo, donde por ser

bajamar y no poder llegar á la orilla una fragata en que habíamos de ir

todos á las galeras, pasamos á ella D. Alvaro y yo en un barco muy chico

con orden que volviese por el Conservador y por Guimarán, á los cuales,

ó por no haberlos hallado allí, ó no haber vuelto á ella el barco, no

vinieron á nosotros, y paresciéndonos gran vergüenza irnos sin ellos,

los esperamos hartas horas; y en comenzando á crescer el agua, ya cerca

del día, nos allegamos á tierra, y preguntando por ellos nos dijeron que

había gran rato que eran idos, con lo cual nos fuimos, entendiendo que

habían pasado de largo por no habernos hallado en la posta que

estábamos, y así nos amanesció en el camino y reconoscimos que toda el

armada era levada, y la víamos que iba lejos, y mucho más adelante otras

velas que juzgamos ser nuestras naves, y parte eran algunas dellas y la

mayor el armada del turco. Vimos en la posta de las galeras á la que nos

había dejado Juan Andrea, y llegando casi cerca della nos salieron al

encuentro Guimarán y el Conservador en un barquillo, y nos dijeron que

las velas que juzgábamos ser nuestras naves era el armada enemiga, la

cual revolvía sobre la nuestra, que iba bien descuidada, á lo que yo

puedo juzgar de toparse con ella, pues si esto se pensara, se hubiera

abrazado con las naves ó pasado por el Canal de los Querquenes, como

dice un piloto maltés de la religión de San Juan, que se llama Tomé, que

lo aconsejó; de manera que no reprobando ni loando el consejo que en la

mar tuvieron, porque si se fundó en la relación del renegado, el suceso

fué vario, con el cual el pueblo siempre tiene cuenta. Como quiera que

sea, digo, que por suerte ó por cualquiera otra cosa que fuese, yo no me

hallé en él, ni pasó más ni menos de lo que he dicho. Y tornó á decir

que si por D. Alvaro no hubiesen pasado los trabajos que han pasado, que

me maravillaría mucho de que no se le acordase cómo pasó este negocio,

pues lo supo de muchos y de mí, y solía tener buena memoria. Es bien que

se entienda que ni por partirse á la hora que vino Copones, ni mucho

antes ni después, nuestras galeras dejaban de topar los enemigos, porque

las llevaban por proa; y si habían de pasar sin ser vistas por aquel

camino que determinaron y no por el Canal de los Querquenes, había de

ser de noche, como partieron, y según paresce, por un griego levante que

se levantó algo furioso, me paresce que dieron fondo aquella noche y

estuvieron surtas dos ó tres horas entre el armada turquesca y tierra,

de manera que no se excusaba la destinada pérdida, y fuera mayor, porque

al amanescer se hallara más cerca de los enemigos, para no poderse

escapar las que vinieron á Sicilia, y más lejos del fuerte, para

salvarse por entonces las que vinieron á él. Por donde yo juzgo que no

fué sin misterio las causas que hubo á no embarcarme, por lo que á mi

persona toca, y querer nuestro Señor, por cumplir mi obligación, no sólo

que no me perdiese, pero que no me mojase el pie, pues no se pudo juzgar

entonces cuál fuese más segura, la mar ó la tierra; pues si lo era la

tierra, no embarcara mi hijo, y si la mar, el quedarme en tierra fué por

hacer lo que debía. Así que reconoscido muy bien la vuelta que habían

tomado nuestras galeras y la caza que les daban los turcos, y que

algunas venían á dar en tierra, recogimos los esquifes que tras mí iban

con los tudescos y otras gentes á embarcarse, nos volvimos al fuerte.

14. _D. Álvaro de Sande._--El Duque vino en tierra y despachó todo lo

que tenía que tratar con el rey de Caruán, que era poco. Ordenó al

gobernador del fuerte lo que con el jeque había de hacer, é todas las

otras cosas convinientes á la guarda y conservación de la isla, y dos

horas antes del día se embarcó en una fragata é yo con él, para ir en la

galera que se había ordenado que quedase allí para tomarle, que estaba á

cargo del Comendador Guimarán, el cual estuvo esperando casi hasta el

día, y él había pasado á su galera sin haber visto al Duque por la

escuridad de la noche. Con la claridad del día el Duque mandó que la

fragata fuese la vuelta de la galera, é bien fuera de pensar que las

demás estuviesen donde las halló, porque lo habían acordado, que como

digo era salir de los Secos; y como el día fué claro, descubrimos el

armada turquesca é volvimos al fuerte.

15. Visto que nuestra armada era rota y desbaratada y que toda la gente

de las galeras que habían encallado, y las que habían venido á la vuelta

del castillo, se echaban á la mar é venían nadando, quién con barril,

quién con pavés y quién á fuerza de brazos, y que cada uno se daba

priesa á tomar tierra á lo menos cerca, creyendo que los moros que

parescían en la marina, que no eran pocos, eran amigos; pero como vieron

el armada turquesca victoriosa, y que para disculparse de lo que habían

jurado pocos días había, que era vasallaje y fedelidad á V. M., era bien

poner las manos en los cristianos, lo comenzaron á hacer de manera que

fué menester que el Duque me mandase que fuese con gente á socorrer á

los que venían á salvarse á tierra. Fué gran número de gente la que se

recogió y de diversas naciones y estados. Visto por el Duque una cosa

tan impensada, como era ver perdida nuestra armada, envió á decir al

jeque de la isla y al rey de Caruán el ruín suceso y á esforzarlos á

estar de buen ánimo; pero como vieron ellos el armada desbaratada y

conoscieron los ánimos de los moros, pusiéronse en salvo, é lo mismo

hizo el tío del rey de Túnez, con quien el Duque les había enviado á

hablar.

16. Juan Andrea, habiendo dado en los Secos con su galera, se recogió al

fuerte y dijo al Duque que él se quería ir en una fragata á Sicilia á

recoger las galeras que se habían salvado y á dar orden como se armasen

otras tres que en Sicilia y Malta habían quedado, y asimismo dijo al

Duque que él hiciese lo propio, porque pudiese poner recaudo en las

plazas y fuerzas de Sicilia que quedaban tan sin gente y desproveídas.

Mandónos el Duque á D. Pedro de Urríes y al Comendador Guimarán y á

otros que nos juntásemos á tratar de lo que nos parescía que se debía

hacer. El mío fué que el Duque había de hacer lo que Juan Andrea le

aconsejaba, porque su persona no era tan necesaria en aquel fuerte

cuanto en Sicilia. Dijo el Duque que no se le diese consejo teniendo

respecto á su salud, sino á su honra y á lo que convenía al servicio de

V. M.; y como todos fueron del propio parescer, se decidió á hacerlo,

diciéndome á mí que me pusiese á puncto para irme con él, pues quedaba

allí el Maestre de campo Barahona, que era soldado que daría en todo

buen recaudo, y que quedaban otros que le ayudarían.

Respondí que no obstante que en Barahona había las partes que S. E.

decía, y en mí no más obligación de quedar allí de la que tenían los

que iban con él, que porque veía que para gobernar la gente que allí

quedaba, por respecto de la mucha que se había salvado de las galeras, y

ser de diferentes naciones y calidades, era menester persona de mayor

cargo que el dicho Barahona, y que para ello yo ofrecía la mía é quería

quedar en aquel fuerte, para que en los reinos de Sicilia y Nápoles se

pudiesen proveer é reparar del peligro en que estaban, ansí por estar

desproveídos de gente, como por lo que podía el armada hacer yendo tan

victoriosa é poderosa, é que me parescía que ninguno podría hacer esto

mejor que yo, é que así para ello hacía elección de mí propio y

suplicaba á S. E. lo tuviese por bien, y también porque el agua y las

demás vituallas eran pocas y era menester desde luego mandarlas dar con

gran orden, especialmente el agua, que como digo era muy poca, y

acabada, se acababa la empresa á los turcos, é que entendía bien cuán á

peligro de perderme quedaba, é que para no serlo hallaba uno de tres

remedios, y eran: ó que los turcos por abreviar su empresa diesen una

gruesa batería y asalto, ó que nuestro Señor nos socorriese con unos

turbiones de agua que en verano suele haber en Berbería, ó que V. M. nos

mandase socorrer, que, cierto, sola la fama de que se juntaban galeras

en Sicilia ó Malta bastara á hacer que los turcos se alargaran de la

empresa, ó la abreviaran procurando tomarnos por fuerza y no por asedio,

porque por tener la gente en tierra tenían las galeras desarmadas, y la

parte donde ellos tenían su armada, eran secanos, y tan lejos de

tierra, que con mucha dificultad un esquife de galera podía hacer más de

dos viajes en un día; y si tuvieran nueva que se junctaban algunas

galeras, les era fuerza, por guardar las suyas, embarcar la gente y

tenerla en el armada, por la dificultad que, como digo, había de poderla

embarcar brevemente y dejarnos á los del fuerte desembarazados, y para

esto bastaban 30 ó 40 galeras, porque no embarcados, les podían tomar y

quemar su armada, é queriéndola guardar nos dejaban en la isla libres, y

siempre tuve esperanza que se haría, por no ser muy difícil, y que no

embargante que entendía que me podían faltar cualquiera destas cosas, ó

todas, yo quedaba allí por entretener aquel cuerpo muerto, que por tal

se podía juzgar habiendo asedio, y que en esto quería hacer servicio á

V. M., no poniéndoseme adelante ni mirando otro particular que éste, y

también que no quisiese Dios que yo me salvase viendo quedar perdidos

los que me habían sido compañeros en aquella jornada, y algunos dellos

en otras muchas, y que S. E. fuese cierto que si los enemigos me

quisiesen tomar por asedio, no podía dejar de perderme; pero que le

prometía que cuando á estos términos llegase, y el agua me faltase,

saldría á perderme dando la batalla, y que hasta esta extremidad yo

procuraría entretener el fuerte é los turcos en aquella empresa, como

después hice lo uno y lo otro. El Duque, oídas las razones que para

quedar allí le había dado, túvolo por bien, y con la comodidad que

tuvo, que fué harto peligrosa, se fué en Sicilia, donde nuestro Señor

fué servido que llegase á salvamento.

16. _El Duque._--D. Alvaro quiso quedar en el fuerte, como dice; pero no

quedó tan desesperado de defenderse, y las vituallas y municiones fueron

en demasiado número, y no siendo socorrido, de necesidad se había de

perder por falta de agua, teniéndose dentro la gente que salió de las

galeras, á lo menos la inútil; y esto se ve claro, pues nunca se perdió

por fuerza, sino por desfallescer las fuerzas á la gente que estaba

dentro, que, como demasiada, se bebió el agua antes de tiempo, y no

tanto antes que no se tuviesen tres meses.

Sobre lo que después sucedió hasta la pérdida del fuerte, porque no sé

cosa sino de oídas, no me paresce apunctar ni tractar aquí dello.

17. _D. Álvaro de Sande._--Dicen algunos que la salida que hice la

última noche fuera mejor hacerla cuando los turcos desembarcaron, que

éramos más, y más enteros y fuertes podíamos pelear con ellos con 2 ó

3.000 hombres ó más: éstos hablan como mal pláticos ó mal informados, ó

demasiadamente apasionados, porque allende de que mi intento principal

fuese entretener allí el armada, y sólo este particular me había hecho

quedar allí, por las causas dichas, no había de salir temerariamente á

perder aquella gente y hacer á los enemigos breve su empresa, sin

poderles hacer daño; porque ellos se desembarcaron y alojaron en el

propio alojamiento é fuerte que nuestro campo tuvo después de ganada la

batalla cuando en aquella isla saltamos con el ejército, que ultra de

estar cuatro ó cinco millas del fuerte, estaban ellos no menos fuertes

en él que nosotros en el nuestro, y no sé cómo paresciera ó con qué

razón se podía hacer ir con 2 ó 3.000 hombres que entre buenos y malos

podía sacar, dejando el fuerte desamparado, no solamente á combatir con

12.000 turcos que estaban tan lejos de donde me podía retirar, y en un

alojamiento muy fuerte y atrincheado, con 20 piezas de artillería, pero

con todos los moros, que siendo nosotros 7 ó 8.000 hombres cuando

saltamos en aquella isla, sin ayuda ninguna de turcos nos acometieron á

dar batalla é pelearon de manera que tuvimos la victoria dudosa, y se

habían puesto y alojado á nuestra mano izquierda, y por las espaldas

teníamos los árabes que habían entrado en la isla por orden del Dragut,

que serían 1.500 caballos; é ultra de todas estas dificultades, había

otra que no era menor, y era, para haber yo de acometer á los turcos en

su alojamiento, me era fuerza ir de marina á marina, donde ellos con sus

galeotas, fustas é bergantines me batían por costado; así que de salir á

buscar los enemigos é irlos á combatir á su alojamiento, no podía

suceder sino la pérdida de todos los que saliéramos y de los que

quedaran en el fuerte. Dicen también que después que los turcos se me

llegaron, salí menos veces de las que debiera, y éstos, si se hallaron

allí, se acuerdan mal, ó si no lo estuvieron, están mal informados,

porque ultra de lo que creo yo que ninguna tierra que haya asediada y

combatida ha echado tantas veces gente fuera ni con mejor orden, no se

deben acordar que siempre que la eché volvieron huyendo con pérdida, é

de que una vez que entre las otras, estando los turcos combatiéndonos

las galeras, por disturbarlas y parescerme que se les podía hacer algún

daño en aquella conjunctura, mandé á dos capitanes que con 300 soldados

españoles é italianos saliesen asaltar las trincheas de los enemigos por

la parte del Poniente, é que no solamente lo hicieran, pero que después

de salidos, sin pasar del foso ni hacer ningún efecto, se volvieron al

fuerte huyendo, y de que muchos que la quise echar, teniéndola á puncto

é para salir, se iban las propias centinelas á dar aviso á los turcos; y

también se les debe de haber olvidado que se me fueron á los turcos más

de 1.000 hombres, de su propia voluntad, así por la mucha sed como por

flaqueza de ánimo, é que no había hora ninguna de las del día ó noche

que los enemigos no supiesen ni fuesen avisados de los nuestros propios

de lo que dentro del fuerte se hacía, sin haber bastado remedio ninguno

á que pudiese dejar de ser, buscando los que fueron posibles, porque

para este particular tuve guardia, y porque de la mesma que mandaba

poner se me iban, hice echar un bando que cualquier soldado que matase ó

prendiese al fugitivo se le darían seis escudos al que le trujese vivo y

cuatro al que le matase, y esto se observó y cumplió; y mandé hacer

justicia de muchos que se huían, sin haber perdonado á ninguno. Las

necesidades que allí se pasaron fueron con extremo grandes, las cuales

no quiero tractar aquí todas, porque sé que V. M. está informado

dellas; pero diré algunas del agua salada dulce. Comiéronse los caballos

y otros animales, repartiéndolos por raciones, y hubo algunos, y no es

manera de decir, que comieron hígados de turcos; y se vió vender una

gallina en 14 ducados, y muchas cabezas de cebollas, que llevó una

fragata que fué con unos despachos de Sicilia, á ducado cada una, y cada

cabeza de ajos un real, y á este respecto, y otras cosas que llevó. El

pan se amasaba con agua salada; y como la munición era queso y tocino y

otras cosas saladas que apetecían á beber y la ración de agua era

limitadísima, se entretuvo la gente por temor de la sal muchos días con

garbanzos y algún bizcocho que se les daba y dió, y muchos murieron de

sola sed, y eran los caniculares y en Berbería: trabajaba la gente toda

la noche y peleaba el día sin tener ningún reposo. En ninguna parte se

peleó donde no me hallase: defendí por mi persona y con pocos amigos el

bestión de Gonzaga, abandonado de los que lo guardaban, dándole el

asalto por un fuego que tomó un barril de pólvora: fuí allí herido en

una mano é matáronme delante de los ojos al Capitán D. Hierónimo de

Sande, mi sobrino, é otros amigos é muchas personas.

18. Había ochenta y un días que el armada estaba allí, y viendo que ya

me faltaba el agua y no la había para poder dar más ración que dos ó

tres días, determiné de salir á dar la batalla, como lo había propuesto

desde el principio, y ansí, dejando la parte por donde más fácilmente y

sin peligro de ser sentido podría salirme, paresció mandar abrir una

puerta que estaba tapiada á la parte de la marina y sacar por allí la

gente, porque bajando la mar había harta plaza para ponerla junta, y en

aquella parte no hacían centinela los turcos, y por todas las otras

partes las tenían pegadas con el fuerte y era imposible salir un hombre

sin que fuese sentido, y dí orden que seis capitanes de todas naciones

tomasen la vanguardia con 300 soldados, é que yo con la demás gente é

capitanes é hombres particulares, que serían otros tantos, los seguiría,

dejando algunos capitanes á la retaguardia con orden que hiciesen

caminar adelante la gente y degollasen á todos los que se retirasen, y á

mí el primero si lo hiciese, porque aquella salida no era para volver al

fuerte sin victoria, y esto, poniéndome yo á una parte de la puerta y á

la otra Maroto, Sargento mayor de la infantería española de Nápoles, lo

estuvimos diciendo á toda la gente que salía. Ordené que la vanguardia

acometiese y caminase derecho á las tiendas donde decían que alojaba el

Bajá y Dragut, é que yo iría á una tienda grande que estaba más á la

marina, donde los turcos hacían guardia á la artillería, é que rota

aquélla me iría á junctar con la vanguardia, é todos en un cuerpo

iríamos ejecutando la victoria degollando toda la gente que hallásemos

hasta el caballero de San Juan, é que tenía por cierto que si

acertábamos á degollar alguna de las cabezas, el campo se retiraría, é

que si no, no se podía dejar de hacer tanto daño en los turcos que no

fuesen forzados á recogerse más de lo que estaban, é darnos lugar para

salir á tomar agua.

19. Estando sacando la gente dos horas antes que amanesciese, é que

estaría del fuerte fuera más que la mitad, fuimos sentidos de los turcos

y tocaron á arma, é por no dar lugar á que se recogiesen, ordené que la

vanguardia partiese, é yo con obra de 60 hombres seguí el camino que

había determinado, dejando atrás los capitanes que arriba digo, así para

que hiciesen á la gente que iba saliendo que me siguiese, como para que

hiciesen lo que tengo dicho, después de salida toda la vanguardia de á

camino por donde le había yo ordenado, é rota la guardia de algunas

trincheas, llegaron á las tiendas donde iban, é yo con la poca gente que

me seguía rompí la guardia de la artillería, y pasando algunas trincheas

para irme á junctar con la vanguardia, estando ya muy adelante, me dió

voces Perucho de Morán Ricardo que dónde iba, que no me seguía nadie, é

que la avanguardia se le iba dando la carga los turcos, y hallándonos

solos el dicho Perucho y el Sargento mayor Maroto, que fueron los que no

me desampararon, y estando irresolutos de lo que podíamos hacer, por ser

imposible tomar el fuerte, por estar ya entre él y nosotros muchos

turcos, el Perucho me dijo que le siguiera, que él me llevaría por parte

que me pudiese salvar en nuestras galeras, é ayudándonos la escuridad de

la noche lo hizo é me llevó á ellas, siguiéndonos algunos turcos, é

peleando con ellos fué herido y preso el dicho Sargento mayor Maroto, y

dél supo el Bajá Piali que yo estaba en las galeras, donde después,

hasta que fuí preso, me dió una recia batería. Matáronme aquella noche

al Capitán Alonso Golfín, que era mi primo hermano, yendo conmigo, y á

otros caballeros muy deudos míos.

20. Como llegué á las galeras, envié un soldado que fuese á nado al

fuerte para que diese aviso que yo estaba allí, y escribí al Contador

Juan del Arcón que hablase á los capitanes y de mi parte les dijese que

yo estaba en las galeras y que les rogaba se entretuviesen sin rendirse

hasta que yo fuese, que lo haría en cresciendo la mar; y aunque es bien

verdad que era imposible tenerse el fuerte y dejarse de perder aquel día

ó el otro á más tardar, tengo con mucha razón queja de algunos capitanes

que, no observando mi orden y sin darme parte, ni á algunos de los

capitanes que estaban en el fuerte, no solamente eligieron y nombraron

por Gobernador para que rindiese el fuerte al Capitán Rodrigo Zapata,

que al presente está en esta corte, y él lo aceptó, pero aun por su

orden, como paresce por unos carteles que el Capitán Juan de Zayas le ha

puesto. Le salieron á rendir el Capitán Juan de Funes y otros, sin

querer esperar lo que yo les quisiese dar, ni hacerme saber ninguna

cosa, estando tan cerca dellos, y por ello el Bajá les dió libertad

gratis, y después vinieron á esta corte y V. M. les hizo merced.

21. Después que fué rendido el fuerte, los turcos fueron á combatir las

galeras en que yo estaba, é como del fuerte no me ayudasen, la gente

dellas desmayó de manera que, echándose casi todos á la mar, no

queriendo pelear, fuí preso sin poder hacer mucha resistencia. Habrá

V. M. entendido sumariamente por esta relación las cosas de la jornada de

Trípol que tocan á mi particular, de los cuales he querido informar á

V. M. por las causas que al principio della digo; é para que entienda que

en ello no hice cosa por la cual merezca reprensión, antes por el haber

quedado en aquel fuerte sin tocarme, con sólo celo de servir á V. M. é

por entretener todo el verano aquella armada que tanto daño pudiera

haber hecho, como lo hizo, me paresce que todos los servicios que hice

al Emperador nuestro señor y he hecho á V. M. no merescen la recompensa

que sólo éste. É así yo venía muy confiado de que V. M. me haría mucha

merced, considerando todo esto, y lo estoy de que informando y

desengañándose de que en las cosas que se me han puesto hay más pasión

que razón, me la hará, y estoy cierto que ningún asedio de tierra ha

habido de muchos años á esta parte donde tanto se haya peleado, y que

con tanta extremidad de necesidad y trabajos se haya entretenido tanto

el enemigo, y así lo hallarán todos los que sin pasión lo quieran mirar

y considerar.

Por tanto, á V. M. humildemente suplico mande hacer información de cómo

es verdad todo lo contenido en ésta mi relación, y nombrar persona para

ello que sea de confianza, para que por ella conste á V. M. ser verdad

todo lo que en ella digo, y lo que algunas personas con dañada intención

y malíbula voluntad de mí han dicho, queriendo inturnar los señalados

servicios que á V. M. he hecho, así en esto como en otras cosas,

maculando mi honra é reputación, ser falsedad muy notoria, en lo cual

recibiré muy particular merced de V. M., é ofrezco á dar la dicha

información ante V. M. ó ante la persona que V. M. nombrare.

Estudios históricos del reinado de Felipe II · 第 18 / 140 题