_De lo que sucedió á Candido con los Búlgaros._
Arrojado Candido del paraiso terrenal fué andando mucho tiempo sin
saber adonde se encaminaba, lloroso, alzando los ojos al cielo, y
volviéndolos una y mil veces á la quinta que la mas linda de las
baronesitas encerraba; al fin se acostó sin cenar, en mitad del campo
entre dos surcos. Caía la nieve á chaparrones, y al otro dia Candido
arrecido llegó arrastrando como pudo al pueblo inmediato llamado
Valdberghof-trabenk-dik-dorf, sin un ochavo en la faltriquera, y
muerto de hambre y fatiga. Paróse lleno de pesar á la puerta de una
taberna, y repararon en el dos hombres con vestidos azules. Cantarada,
dixo uno, aquí tenemos un gallardo mozo, que tiene la estatura que
piden las ordenanzas. Acercáronse al punto á Candido, y le convidáron
á comer con mucha cortesía. Caballeros, les dixo Candido con la mas
sincera modestia, mucho favor me hacen vms., pero no tengo para pagar
mi parte. Caballero, le dixo uno de los azules, los sugetos de su
facha y su mérito nunca pagan. ¿No tiene vm. dos varas y seis dedos?
Sí, señores, esa es mi estatura, dixo haciéndoles una cortesía. Vamos,
caballero, siéntese vm. á la mesa, que no solo pagarémos, sino que no
consentirémos que un hombre como vm. ande sin dinero; que entre gente
honrada nos hemos de socorrer unos á otros. Razón tienen vms., dixo
Candido; así me lo ha dicho mil veces el señor Panglós, y ya veo que
todo está perfectísimo. Le ruegan que admita unos escudos; los toma, y
quiere dar un vale; pero no se le quieren, y se sientan á la mesa.--¿No
quiere vm. tiernamente?... Sí, Señores, respondió Candido, con la
mayor ternura quiero á la baronesita Cunegunda. No preguntamos eso, le
dixo uno de aquellos dos señores, sino si quiere vm. tiernamente al
rey de los Bulgaros. No por cierto, dixo, porque no le he visto en mi
ida.--Vaya, pues es el mas amable de los reyes, ¿Quiere vm. que
brindemos á su salud?--Con mucho gusto, señores; y brinda. Basta con
eso, le dixéron, ya es vm. el apoyo, el defensor, el adalid y el héroe
de los Bulgaros; tiene segura su fortuna, y afianzada su gloria.
Echáronle al punto un grillete al pié, y se le lleváron al regimiento,
donde le hiciéron volverse á derecha y á izquierda, meter la baqueta,
sacar la baqueta, apuntar, hacer fuego, acelerar el paso, y le diéron
treinta palos: al otro dia hizo el exercicio algo ménos jual, y no le
diéron mas de veinte; al tercero, llevó solamente diez, y le tuviéron
sus camaradas por un portento.
Atónito Candido aun no podia entender bien de qué modo era un héroe.
Púsosele en la cabeza un dia de primavera irse á paseo, y siguió su
camino derecho, presumiendo que era prerogativa de la especie humana,
lo mismo que de la especie animal, el servirse de sus piernas á su
antojo. Mas apénas había andado dos leguas, quando héteme otros quatro
héroes de dos varas y tercia, que me lo agarran, me le atan, y me le
llevan á un calabozo, Preguntáronle luego jurídicamente si queria mas
pasar treinta y seis veces por baquetas de todo el regimiento, ó
recibir una vez sola doce balazos en la mollera. Inútilmente alegó que
las voluntades eran libres, y que no queria ni una cosa ni otra, fué
forzoso que escogiese; y en virtud de la dádiva de Dios que llaman
libertad, se resolvió á pasar treinta y seis veces baquetas, y sufrió
dos tandas. Componíase el regimiento de dos mil hombres, lo qual hizo
justamente quatro mil baquetazos que de la nuca al trasero le
descubriéron músculos y nervios. Iban á proceder á la tercera tanda,
quando Candido no pudiendo aguantar mas pidió por favor que se le
hicieran de levantarle la tapa de los sesos; y habiendo conseguido tan
señalada merced, le estaban vendando los ojos, y le hacían hincarse de
rodillas, quando acertó á pasar el rey de los Bulgaros, que
informándose del delito del paciente, como era este rey sugeto de
mucho ingenio, por todo quanto de Candido le dixéron, echó de ver que
era un aprendiz de metafísica muy bisoño en las cosas de este mundo, y
le otorgó el perdon con una clemencia que fué muy loada en todas las
gacetas, y lo será en todos los siglos. Un diestro cirujano curó á
Candido con los emolientes que enseña Dioscórides. Un poco de cútis
tenia ya, y empezaba á poder andar, quando dió una batalla el rey de
los Bulgaros al de los Abaros.