IX

El desterrado vagaba entre esas grandezas, solo, pobre, desconocido,

como un alma en pena; pero el orgullo nacional sobreponíase á estas

mezquindades, y llenaba de gozo su alma.

Antes de entrar en la morada de los vivos, Mauricio quiso hacer una

visita á los muertos y dirijió sus pasos al cementerio.

En los alrededores de éste, habíanse tambien efectuado suntuosas

trasformaciones. Grutas, lagos, jardines, estátuas, habríanle hecho

creer que se había extraviado, si más allá no se alzara ante él, la

lúgubre fachada.

Mauricio penetró en el triste recinto.

Un sepulturero lo llevó al mausoleo de su familia.

Mauricio despidió al cicerone y quedóse solo.

Delante de él, colocado en un lecho de hierro, estaba el ataud que

guardaba los restos de su padre; y ¡oh! ¡amarga ironía de la casualidad

ó de la providencia! el despojo de aquella que lo dominara en vida,

encerrado ahora en una caja de ébano, pesaba, todavía, como una

obsesion sobre sus heladas cenizas.

En el extremo opuesto, Mauricio divisó aislado y solitario, el sepulcro

de su madre--muerta á la edad de veinte años--decía el epitafio.

A ella dirijió su plegaria y la efusion filial de su alma.....

Dió una severa mirada á las otras dos tumbas, y se alejó murmurando un

_requiescant in pace_ de perdon.

X

El dia siguiente á su llegada, Mauricio dejó el hotel, caro para la

exigüidad de sus recursos, y tomó alojamiento en una casa de huéspedes,

indicada por el que fué su tutor.

Una vez instalado, buscó trabajo en uno de los diarios más acreditados

de Buenos Aires.

Su director, que es un distinguido literato y, además, un hombre

de corazon, hizo al jóven una acojida tan amable como alentadora.

Ofrecióle su amistad, y desde ese dia, dióle trabajos importantes en la

seccion editorial del diario....

No había pasado una semana de la instalacion de Mauricio en la casa de

huéspedes, cuando por una de esas evoluciones de barrio, tan frecuentes

en esta época de transformacion material, aquel edificio fué expropiado

é intimada órden de desalojo.

Los huéspedes se dispersaron; y Mauricio, habiendo de buscar nuevo

domicilio, recordó que en la guia había visto la existencia de un

pensionado que una señora francesa, madame Bazan, tenía en la calle mas

cercana á las oficinas de su diario.

Contento de esta circunstancia y anhelando volver á vivir en un

interior francés, fué á pedir hospedaje en aquella casa.

Madame Bazan, una amable vieja, entre cincuenta y sesenta, recibió con

agrado á Mauricio.

--Con gran pesar mio--le dijo--me es imposible recibir á usted. Mi

pensionado es rigurosamente femenino y de familias en las que no hay

varones.

Capricho ó razon, por acuerdo general, los hombres están excluidos de

este gineceo, verdadera sucursal del antiguo Port Royal de célebre

memoria.

--¡Ah! lo deploro... Pero--insistió Mauricio--mi querida madame,

paréceme que siendo yo por mi contínua ausencia de la casa, un huésped

invisible, bien pudiera relajarse en mi favor, algo de ese terrible

rigorismo.

--Es verdad. Yo lo desearía, por lo menos. Pero ¿qué hacer? Así lo

quieren estas señoras. Son veinte, entre ancianas y jóvenes; ocupan

toda la casa: tienen, por lo tanto, derecho á vivir segun su gusto.

No obstante.... quizá pueda yo arreglarlo de algun modo.

Desde luego, y con sentimiento le digo que no puede ser V. mi

pensionista.

--Me contentaré con que usted me admita como inquilino invisible.

--Contando, desde ahora, con fuertes resistencias, voy sin embargo,

á proponerlo á mis huéspedas; por supuesto, alegando en gracia del

solicitante, las razones por él expuestas.

Oasis en la vida · 第 20 / 43 题