El sombrío Prudhon, imbuído, sin duda, en las ideas de los Santos
Padres de la Iglesia que predicaban el desden por los bienes
terrenales, decía que la pobreza es una ley de nuestra naturaleza,
ley bajo la cual hemos sido constituídos, de donde se deduce que el
pauperismo es mal que no tiene remedio ni cura.
Muy desconsolados debieron quedar los menesterosos con tan ingrata
noticia, pero la actividad humana, que no siempre se lleva de teorías,
ha venido á confortar á los aflijidos trayéndoles más plausibles nuevas
y muy eficaces promesas. La industria, con sus innúmeras palancas de
impulsion; las ciencias, con sus multiplicados alfileres de exámen; el
cálculo, con su prevision y su aritmética; todos estos agentes de la
vitalidad social, han venido á operar el milagro de la multiplicacion
del pan y el aumento del vino, sustentando anchamente á los hambrientos
y engordando, hasta más no poder, á los hartos.
La manera de realizar el prodigio lo ha dado á conocer esa venerable
matrona, que los entendidos en materias graves creo que denominan
_Economía política_. Esta tutriz moralizadora de la sociedad,
evidenciando la fecundidad del trabajo y los beneficios del ahorro, se
ha propuesto dignificar al hombre otorgándole los medios de sacudir el
vasallaje servil de la indigencia.
El ahorro, tomando forma colectiva, ha dado orígen á la más preciosa de
las combinaciones especulativas: á la que tiene por objeto asegurar el
bienestar individual en vida y garantir el porvenir de los que quedan,
despues de concluida la jornada.
Este tema, abstracto de suyo, y que parece ageno al dominio del arte,
acaba de ser desenvuelto por la ilustre escritora cuyo nombre ocupa tan
elevado rango en la gerarquía del movimiento intelectual americano.
Es atributo de las inteligencias creadoras trasformar y embellecer
las ideas que pasan por su espíritu; parece que poseyeran ese don
vivificador de la lujuriosa primavera que todo lo hermosea, lo cubre de
flores y lo esmalta de celajes.
Por si existe incrédulo que ponga en duda el aserto, invoco por
testigo, en mi abono, el presente libro.
Su autora comprueba, bajo la forma atrayente de la novela, los
beneficios que reportan el trabajo, la perseverancia y el ahorro; nunca
un tema económico ha sido tratado con más galanura, con más gracia
picarezca, ni con más natural é ingénua intriga.
Despues de recorrer este trozo de historia social, cuya trama la forman
las peripecias de dos caractéres nobles y fuertes, se encuentra no sé
qué de consolatorio, de purificador, en medio de la arenosa senda por
donde nos conduce diariamente la mano de la tristeza.
Si la mision de los cultores privilegiados del arte es la de alentar,
la de consolar, la de dilatar el horizonte de la esperanza, la
prestigiosa autora de estas páginas ha sabido encerrar en ellas,
suficientes rayos de luz para satisfacer la ansiedad de las almas
soñadoras, y bastantes rosas para coronar, aunque ellos no lo quieran,
la adusta efigie de los más hipocondriacos economistas.