Pues que el papel me vea no conviene.
ESCENA XIII.
DOÑA LEONOR. — DOÑA BEATRIZ, INÉS.
D.ª LEON.
Bien pudiera yo ahora
Decir con mayor causa (¿quién lo ignora?)
«¿Qué idioma fué misivo el que en lineado
Papel ocultas en tu manga ajado?»
D.ª BEAT.
Y yo tambien pudiera
Decir que en vano preguntarlo fuera:
Pues quien saber no quiere
Lo que quiero decir, saber no espere
Lo que callarle quiero.
_(Retírase, quedándose oculta detras de una puerta.)_
D.ª LEON.
Inés, ¿qué es esto?
INÉS.
Por hablarte muero.
D.ª LEON.
Díme presto, ¿qué ha sido
Este papel?
INÉS.
¡Qué poco te he debido!
¿No aguardaras siquiera
A que sin preguntar te lo dijera?
Que se me hace conciencia, te prometo,
La pregunta llevar por un secreto.
_(Entreabre la puerta Doña Beatriz.)_
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ Mal segura, escuchar desde aquí quiero
Qué hablan las dos.
INÉS.
Fuí á verle, y lo primero
Le dije que Beatriz me lo mandaba.
D.ª LEON.
Bien hiciste.
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ Y yo mal, pues me fiaba
De quien con Leonor en chismes anda.
INÉS.
Lo segundo, en su nombre dí la banda.
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ ¡Ay infeliz! ¡Qué he oido!
D.ª LEON.
En esa cuadra hay ruido.
INÉS.
Don Juan es el que ha entrado.
D.ª LEON.
Pues ¿cómo, si de aquí se fué enojado,
Diciendo que en su vida no me habia
De ver?
INÉS.
¿Que estés tan nueva todavía,
Que no sepas que cuando está un amante
Diciendo, más furioso y arrogante:
«No he de volver á verte, ingrata bella»,
Es cuando muere por volver á vella?
D.ª BEAT.
_(Ap.)_
Ya que á escuchar mis penas he empezado,
Acabe de escucharlas mi cuidado.
ESCENA XIV.
DON JUAN, DON ALONSO, MOSCATEL. — DOÑA LEONOR, INÉS; DOÑA BEATRIZ,
_oculta_.
D. JUAN.
Pensarás que me han traido
A verte, Leonor, y hablarte
Mis celos, porque los celos
(Perdona el civil lenguaje)
Son ordinarios de amor,
Que así llevan como traen.
Pues no, Leonor, no he venido
Para que me desengañes;
Porque el desaire de amor
Es hablar en el desaire.
Con otra ocasion he vuelto
A pisar estos umbrales,
Porque nunca les faltó
Ocasion á los pesares.
Don Alonso, á quien tú hiciste
De Beatriz fingido amante,
Sucediéndole en tu casa
Con desaire el primer lance;
Pero atento á que no piensen
De Beatriz las vanidades
Que el no volver aquí es
De escarmentado y cobarde,
Me ha pedido que le traiga
A verla. ¿Cómo negarle
Puedo yo lo mismo á él,
Que él no me negó á mí ántes?
D.ª LEON.
En notable obligacion
Le estais: forzoso es pagarle.
D. JUAN.
Él viene, Leonor, á esto;
Y porque en aquesta parte
Nunca piensen mis desdichas,
Nunca sospechen mis males,
Nunca imaginen mis penas
Que fué gana de buscarte,
En la calle me estaré
En tanto que á Beatriz hable,
Y deste escrúpulo leve,
Y desta materia fácil
Desempeñe su opinion,
Su crédito desengañe.—
Don Alonso, entrad; y pues
Ya el sol, helado cadáver,
Agonizando entre sombras,
De la noche en brazos yace,
Hablad á Beatriz, y ved
Que aquí Don Pedro no os halle.
D.ª LEON.
Aguarda, Don Juan, espera.
D. JUAN.
¿Qué quieres, Leonor, que aguarde?
D.ª LEON.
Disculpas.
D. JUAN.
Serán en vano.
D.ª LEON.
Desengaños.
D. JUAN.
Son en balde.
_(Vase.)_
D.ª LEON.
Tras él iré.—Don Alonso,
Luégo vuelvo. Perdonadme,
Que Don Juan está celoso,
Y es fuerza desengañarle.
_(Vase.)_
D. ALON.
¿Mas que me voy sin hablar
A Beatriz?
MOSCAT.
No dirás ántes:
¿Mas que entramos en aprieto
Al pasado semejante?
D. ALON.
Inés, díme, ¿donde está,
Para que en tanto la hable,
Beatriz?
ESCENA XV.
DOÑA BEATRIZ. — DON ALONSO, MOSCATEL, INÉS.
D.ª BEAT.
Aquí está Beatriz,
Escuchando los ultrajes
De una vil hermana, de un
Falso amigo, de un infame
Criado, una criada aleve,
Y de un cauteloso amante.
¡Que entre Leonor y Don Juan,
Inés y Moscatel, no halle,
Si no consuelo á mis penas,
Disculpa á mis disparates!
Sólo en esta parte intento,
Sólo quiero en esta parte,
Como quejosa ofenderme,
Como ofendida quejarme
Del mayor de mis agravios,
Y no el menor de mis males.
¿Tan pocas las partes son
De mi hacienda y de mi sangre,
Tan pocas de mi persona
(Decirlo tengo) las partes
Que hay, que si un hombre hubiera
Que atrevido me mirase,
Fuese, con fingido amor,
Quererme á mí por burlarme?
¡A mí por...!
D. ALON.
Beatriz hermosa,
Si de tus pesares sales
Tan airosa como ahora,
Con pagar finezas tales,
Fácil es el desengaño.
D.ª BEAT.
¿Cómo el desengaño es fácil,
Cuando el quererme es por burla?
D. ALON.
Si atiendes, con escucharme.
Tal vez por burla se atreve
Uno al mar, sin que presuma
(Viéndole jardin de espuma,
Viéndole selva de nieve)
Que hay peligro en él; y en breve
Selva y jardin con horror
Le anegan; y así es amor:
Luego en placer y pesar,
Si no hay burlas con el mar,
_No hay burlas con el amor_.
Tal vez por burla ó ensayo
Polvorista artificial
Hace un rayo material,
Y forja contra sí el rayo,
Cuando con mortal desmayo
Muere á su violento ardor.
Rayo es amor en rigor
Contra su artífice: luego,
Si no hay burlas con el fuego,
_No hay burlas con el amor_.
Tal vez desnuda un amigo
La espada para esgrimir
Con otro, y le viene á herir
Como si fuera enemigo.
Su destreza es su castigo;
Y así, usar della es error.
Espada amor en rigor
Es: luego desenvainada,
Si no hay burlas con la espada,
_No hay burlas con el amor_.
Tal vez por burla, mirando
Doméstica y mansa ya
Una fiera, un hombre está
Con ella, Beatriz, jugando.
Cuando más la halaga blando,
Volver suele á su furor.
Fiera es amor en rigor:
Luego si, ya lisonjera,
No hay burlas con una fiera,
_No hay burlas con el amor_.
Por burla al mar me entregué,
Por burla el rayo encendí,
Con blanca espada esgrimí,
Con brava fiera jugué;
Y así, en el mar me anegué,
Del rayo sentí el ardor,
De acero y fiera el furor:
Luego si saben matar
Fiera, acero, rayo y mar,
_No hay burlas con el amor_.
D.ª BEAT.
A ese argumento...
ESCENA XVI.
DOÑA LEONOR, _alborotada_. — DOÑA BEATRIZ, INÉS, MOSCATEL.
D.ª LEON.
¡Ay de mí!
Huyendo salió á la calle
Don Juan: y miéntras le daba
Voces, ví entrar á mi padre.
Esconder importa ahora...
D.ª BEAT.
No, Leonor, porque ya es tarde...
D.ª LEON.
A Don Alonso...
D.ª BEAT.
Que hoy
Ha de saber cuanto pase,
Mi padre, aquí, y tus engaños
Se han de saber.
D.ª LEON.
Cuando trates
Tú decirlo, yo sabré
Culparte á tí y disculparme.
Y así, puesto que las dos
Corremos el riesgo iguales,
Iguales, Beatriz, busquemos
El remedio.
D.ª BEAT.
Por mostrarte
A proceder bien, lo haré;
Que es fuerza estar de tu parte.
MOSCAT.
Alacena como iglesia
Pido.
D. ALON.
Eso no haré yo, que ántes...
INÉS.
Él entra ya.
D.ª BEAT.
Este aposento
Hoy de su vista te guarde.
MOSCAT.
Y á mí me guarde tambien.
D. ALON.
_(Ap.)_ ¡Qué pesados son los lances
De amor hijo de familias!
MOSCAT.
Inés, avisa en la calle
Que ya estamos escondidos:
Que haya quien nos descalabre.
_(Escóndense los dos.)_
ESCENA XVII.
DON PEDRO. — DOÑA BEATRIZ, DOÑA LEONOR, INÉS; DON ALONSO Y MOSCATEL,
_ocultos_.
D. PED.
¡Tan tarde, y no han encendido!
Haz tú que unas luces saquen.
INÉS.
Ya las tengo prevenidas.
D. PED.
_(Ap.)_ ¡En mi cara tal desaire!
¡A mis ojos tal afrenta!
Cielos piadosos, ó dadme
Paciencia, ó dadme la muerte.
D.ª BEAT.
Señor, ¿qué tienes?
D.ª LEON.
¿Qué traes?
D. PED.
Tengo honor, y traigo agravios...
Aunque miento en esta parte;
Que yo no soy quien los traigo:
Ellos vienen á buscarme
Dentro de mi casa misma.
D.ª LEON.
_(Ap.)_ ¡Ay de mí! todo se sabe.
D.ª BEAT.
Pues ¿no me dirás, señor,
De qué esos extremos nacen?
D. PED.
De tus locuras, Beatriz;
Que ya es fuerza declararme,
Viendo que por tí se atreve
Hoy un mozuelo arrogante
Al honor de aquesta casa.
D.ª LEON.
_(Ap.)_ Ya no hay cosa que no alcance.
D.ª BEAT.
¿Yo, señor?
MOSCAT.
_(Ap. al paño.)_ Malo va esto.
D. PED.
Sí, pues por tí Don Luis hace
Desprecios della y de mí.
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ Convaleciendo va el lance.
D.ª LEON.
_(Ap.)_ Eso sí, cobre mi aliento.
ESCENA XVIII.
DON JUAN. — DON PEDRO, DOÑA BEATRIZ, DOÑA LEONOR, INÉS; DON ALONSO Y
MOSCATEL, _ocultos_.
D. JUAN.
(_Ap._ Un caso bien puede errarse
De una vez; pero de dos
La una, no le yerra nadie.
No he de esperar á que cierren
Las puertas, y despues baje
Por el balcon Don Alonso:
Remediarlo pienso ántes.)
Señor Don Pedro, si en vos
Hoy la amistad de mis padres
Hereda la obligacion
De mi casa y de mi sangre...
D.ª LEON.
_(Ap.)_ ¿Qué es lo que intenta Don Juan?
D.ª BEAT.
_(Ap.)_ Muerta estoy hasta escucharle.
D. JUAN.
Os obliga en un aprieto
A valerme y ampararme.
De vuestra casa á las puertas
Me ha sucedido un desaire
Con tres hombres, y me importa
No volver solo á buscarles.
Muy bien sé que puedo á vos
Atreverme y declararme,
Porque sé que es vuestro pecho
El Etna, que dentro arde,
Aunque cubierto de nieve.
D. PED.
No paseis más adelante;
Que ya sé que es ley precisa
De mi honor y de mi sangre
En esta edad, no dejar
A hombre que de mí se vale.
Vamos.
D. JUAN.
En fin, sois quien sois.—
En llevando yo á tu padre,
Leonor, echa á Don Alonso. _(Ap. á ella.)_
D. ALON.
_(Ap. asomándose á la puerta del cuarto donde entró.)_
Estos son los que matarme
Quisieron. No me está bien
Ir con ellos ni quedarme.
D. PED.
Esperad, pues ya es de noche,
Que de aquesta sala saque
Un broquel, prenda olvidada
De mi mocedad.
D. JUAN.
Sacadle
Presto.
_(Don Pedro entra en el cuarto donde está Don Alonso.)_
D.ª BEAT.
Él se ha empeñado más,
Por donde pensó librarse.
D. PED.
_(Dentro.)_ ¿Quién está aquí dentro?
D. ALON.
_(Dentro.)_ Un hombre.
_(Salen del cuarto Don Pedro, Don Alonso y Moscatel.)_
MOSCAT.
Dice bien, porque no es nadie
El otro que está con él.
D. PED.
Don Juan, pues que yo á ayudarte
Iba contra tu enemigo,
Obligacion es más grande
El ayudarme tú á mí,
Cuando la causa es más grave.
Este hombre ofende mi honor,
Y á mí me importa matarle.
D. ALON.
Don Juan, en tan grande empeño
La obligacion tuya sabes.
Mi vida y la destas damas
Es preciso que yo ampare.
D.ª LEON.
¡Ay de mí!
D.ª BEAT.
¡Infelice soy!
D. JUAN.
_(Ap.)_ ¿Quién vió empeño semejante?
D. PED.
_(A Don Juan.)_ ¿Te suspendes?
D. ALON.
_(A Don Juan.)_ ¿Ahora dudas?
D. PED.
Mas soy bastante á vengarme
Sin tí.
_(Riñen, y Don Juan se pone en medio.)_
D. JUAN.
Tente, Don Alonso.—
Tente, señor.
D. PED.
Pues ¿tú paces
Pones?
D. ALON.
Pues ¿tú contra mí
Tan viles extremos haces?
ESCENA XIX.
DON LUIS, DON DIEGO. — DICHOS.
D. LUIS.
_(Dentro.)_ Cuchilladas hay en casa
De Don Pedro.
D. DIEGO.
_(Dentro.)_ Más no aguardes.
Entremos, Don Luis.
D. LUIS.
_(Dentro.)_ Tenéos.
D. PED.
Gente viene.
D. ALON.
¡Duro trance!
_(Salen Don Luis y Don Diego.)_
D. LUIS.
¿Qué es esto?
D. PED.
Esto es, Don Luis,
Satisfacer el ultraje
Que te oí; pues si no está
Bien á tu honor el casarte
Con Beatriz, al mio está bien
Satisfacer y vengarme.
D. LUIS.
Ahí verás que no sin causa
Traté yo de disculparme,
Quizá por haber tenido
Algun empeño en la calle.
D. ALON.
Sin duda, que tú me heriste.
D. LUIS.
Es verdad.
D. ALON.
Yo he de vengarme.
D. JUAN.
Pues quiere el cielo que así
Hoy mis celos desengañe,
Viva Leonor en mi pecho:
Ya es forzoso que la guarde
Contra tí.
D. PED.
Don Juan, Don Juan,
En aquesta casa nadie
Ha de defender mis hijas,
Sino quien con ellas case.
D. ALON.
Esa palabra te tomo.
D. JUAN.
Pues el remedio es tan fácil,
Yo soy de Leonor.
D. ALON.
Y yo
De Beatriz.
D. PED.
Fuerza es que calle;
Que ya sucedido el daño,
Nada puede remediarse.
MOSCAT.
En fin, el hombre más libre,
De las burlas de amor sale
Herido, cojo, y casado,
Que es el mayor de sus males.
INÉS.
En fin, la mujer más loca,
Más vana y más arrogante,
De las burlas del amor,
Contra gusto suyo sale
Enamorada, y rendida,
Que es lo peor.
MOSCAT.
Inés, dame
Esa mano: si ha de ser,
No lo pensemos, y acaben
Burlas de amor, que son véras.
D. ALON.
No se burle con él nadie,
Sino escarmentad en mí.
Todos del amor se guarden,
Y perdonad al poeta,
Que humilde á esas plantas yace.
MAÑANAS DE ABRIL Y MAYO.
PERSONAS.
DON JUAN.
DON PEDRO.
DON HIPÓLITO.
DON LUIS.
ARCEO, _gracioso_.
PERNÍA, _escudero vejete_.
DOÑA CLARA.
DOÑA ANA.
DOÑA LUCÍA, _dueña_.
INÉS, _criada_.
La escena pasa en Madrid.
JORNADA PRIMERA.
Sala en casa de Don Pedro.
ESCENA PRIMERA.
DON JUAN _embozado_; ARCEO, _con una luz en un candelero_.
ARCEO.
Ya he dicho que no está en casa
Mi señor, y es, caballero
O fantasma, ó lo que sois,
En vano esperarle, puesto
Que no sé á qué hora vendrá
A acostarse.
D. JUAN.
Yo no puedo
Irme de aquí sin hablarle.
ARCEO.
Pues en el portal, sospecho
Que estareis mucho mejor.
D. JUAN.
Mejor estaré aquí dentro.
ARCEO.
Muerto de capa y espada,
Que tan pesado y tan necio
Has dado en andar tras mí
Rebozado y encubierto,
Agradécele al Señor
Que te tengo mucho miedo;
Que si no, yo te pusiera
A cuchilladas muy presto
En la calle.
D. JUAN.
No lo dudo;
Mas no os turbeis: de paz vengo.
De Don Pedro soy amigo,
Sosegaos...
ARCEO.
¡Lindo sosiego!
D. JUAN.
Y sentaos aquí.
ARCEO.
Yo estoy
En mi casa, y si yo quiero
Me sentaré.
D. JUAN.
Pues estad
Como quisiéredes.
ARCEO.
Cierto
Que sois fantasma apacible
Y que teneis mil respetos
Del Convidado de piedra.
D. JUAN.
Decidme, ¿qué hace Don Pedro
Fuera de casa á estas horas?
¿Diviértele amor ó juego?
ARCEO.
Juego ó amor le divierte.
D. JUAN.
Todo es uno, á lo que pienso,
Pues amor y juego, en fin,
Son de la fortuna imperios.
¿Anda de ganancia ahora?
ARCEO.
Yo de pérdida me veo.
D. JUAN.
¿Está desfavorecido?
ARCEO.
No lo sé.
D. JUAN.
¿Pues sus secretos
No fía de vos?
ARCEO.
No fía,
Sino presta algunos dellos.
(_Ap._ ¿No bastaba entremetido
Sino pregunton?)
ESCENA II.
DON PEDRO. — DON JUAN, ARCEO.
D. PED.
¿Qué es esto?
ARCEO.
_(A D. Juan.)_ Esperad en hora mala
En la calle ó el infierno,
Si no quereis...
D. PED.
Díme, loco,
¿Qué ha sido?
ARCEO.
Vienes á tiempo;
Que si un poco más tardaras,
A ese embozado, sospecho
Que le echo por la ventana
Tan alto, que deste vuelo,
Ya que no siete-durmiente,
Uno-volante, primero
Que volviera, se mudaran
Los trajes y los dineros,
Y se hablaran otras lenguas.
D. PED.
¿Quién es?
ARCEO.
No lo sé; mas pienso
Que es algun hombre casado
Que viene á verte encubierto,
Pues no se ha dejado ver
La cara.
D. PED.
Pues, caballero,
¿A quién buscais así?
D. JUAN.
A vos.
D. PED.
Decid, ¿qué quereis?
D. JUAN.
Dirélo
En quedando solos.
ARCEO.
¿Ves,
Si digo bien?
D. PED.
Majadero,
Salte allá fuera.
ARCEO.
En buen hora.
(_Ap._ Porque aunque ir á parlar tengo
Con Doña Lucía, la dueña
De mi vecina, más quiero
Ser hoy criado que amante,
Y he de estarme aquí, por serlo,
Escuchando cuanto digan.)
_(Vase.)_
ESCENA III.
DON JUAN, DON PEDRO.
D. PED.
Ya estoy solo, y sólo espero
Que me digais, qué quereis.
D. JUAN.
Cerrad la puerta.
D. PED.
Suspenso
Me teneis. Ya está cerrada.
D. JUAN.
_(Desembózase.)_
Pues ahora, á esos piés puesto,
Me dad, Don Pedro, los brazos.
D. PED.
¡Don Juan, amigo! ¿Qué es esto?
¿Cómo os atreveis á entrar
Así en Madrid, sin que el riesgo
De vuestra vida mireis?
D. JUAN.
Como la muerte no temo:
Así no guardo la vida;
Que ya, de tratarlas, tengo
Con la compañía perdido
A mis desdichas el miedo.
Ya sabeis (como quien fué
Por la vecindad, tercero
De mi desdichado amor)
Aquel venturoso tiempo
Que amé á Doña Ana de Lara,
Cuyo divino sujeto
Se coronó de hermosura,
Se laureó de entendimiento.
Ufano con mi esperanza,
Y con su favor soberbio,
Viví. En esto no me alabo,
Antes me desluzco en esto;
Que en materias de favores
Es tan desdichado el premio.
Que es el que los goza más,
El que los merece ménos.
Ya sabeis que viento en popa
Este amor, este deseo,
En el mar de la fortuna
Tuvo de su parte al cielo,
Hasta que, alterado el mar,
El bajel del pensamiento
En piélagos de desdichas
Corrió tormenta de celos.
Una noche... Ciegamente
Lo que vos sabeis os cuento;
Pero dejad que lo diga,
Ya que es el pesar tan necio,
Que repetirle el dolor
Es repetirle el consuelo.
Una noche pues salí
De su casa yo, creyendo
Que para mí solo estaba
El falso postigo abierto
De un jardin, cuando, llegando
A abrirle (¡ay Dios!) por de dentro,
Hácia la parte de afuera
Torcer otra llave siento.
Suspendo la accion, y á un lado
Me retiro, por si puedo
Mis celos averiguar,
Si es que han menester los celos,
Para estar averiguados,
Más diligencia que serlo.
Entreabrieron el postigo,
Y á la poca luz que dieron
Las estrellas en la calle,
Entrar solo un hombre veo
Que sin luz y sin razon,
Andaba dos veces ciego.
Bien le pudiera matar
A mi salvo entónces; pero
Quise apurar la malicia
A mis desdichas, y quedo
Me estuve un rato. ¡Mal haya
Tan curioso sufrimiento!
Él, tentando las paredes
(Que no estaba, no, tan diestro
Como yo en ellas, que habia
Estudiádolas más tiempo),
Llegó á tropezar en mí;
Y desalumbrado, viendo
Que habia gente en el portal,
Dijo atrevido y resuelto:
«No puede haber aquí nadie,
Que matarlo ó conocerlo
No me importe: otro no tenga
Las dichas que yo no tengo».
No sé qué le respondí,
Y los dos con un esfuerzo
Hasta la calle salimos,
Donde los dos cuerpo á cuerpo
Reñimos, hasta que igual
Partió la fortuna el duelo
Entre los dos (¡ay de mí!);
Pues á quien me dió primero
Celos, le dí yo la muerte,
Como quien dice: «Hoy intento
Que sea paz de nuestra lid,
O morir, ó tener celos;»
Y dándome lo peor,
Quedé celoso, y él muerto.
Al ruido de las espadas
Llegó la justicia luégo,
Y yo, apelando á los piés
De la ejecucion que hicieron
Las manos, me puse en salvo;
Mas no tanto, que cogiendo
Un criado, que esperaba
Con un rocin en el puesto,
No dijese á la justicia
Quién era. Sólo por esto
Son señores los señores,
Que al fin se sirven de buenos.
Con esta declaracion
Me ausenté; mas no pudiendo
Vivir ausente y celoso,
Desta manera me he vuelto
A Madrid, y confiado
En vuestra amistad, me atrevo
A venirme á vuestra casa;
Y escarmentado en efecto
De la lengua de un criado,
Me he recatado del vuestro.
Aquí estaré algunos dias,
Sólo hasta saber si puedo
Ver á Doña Ana, por quien
Tantas desdichas padezco;
Que aunque es verdad que ofendido
Estoy, la estimo y la quiero
Tanto, que sólo á quejarme
Hoy á la corte me vuelvo,
Por ver si acaso (¡ay de mí!)
Se disculpa; que si llego
(Hablándola alguna noche,
Siendo vos sólo el tercero)
A oir satisfaccion (que ántes
Que ella la diga, la creo),
Me iré á Flándes, consolado
De que sus disculpas llevo,
Que haciendo amistades, sean
Camaradas de mis celos.
Porque así estaré seguro,
Que ni el pesar ni el contento
Me maten: bien como aquel
Que está herido de un veneno,
Y otro veneno le cura;
Que este es el último extremo
De un hombre celoso, pues
No puede, ni yo lo creo,
Hacer de su parte más
Que decir: «Quejoso vengo
A creer cuanto digais;
Y pues que vivir no puedo,
Hacer que muera del gozo,
Si he de morir del tormento.»
D. PED.
En dos empeños me pone
La merced que me habeis hecho
De valeros desta casa
Y de mí, y es el primero
El ampararos en ella;
Y así cortésmente ofrezco
Casa, hacienda, honor y vida,
Don Juan, al servicio vuestro.
El segundo es ayudaros
En vuestro amor. Para esto
Y para todo, es forzoso
(Supuesto que él ha de veros)
Fiaros dese criado;
Que aunque ha poco que le tengo,
Tengo dél satisfaccion.
No hablo ahora en vuestro pleito;
Que ya sabeis que un Don Luis
De Medrano, que era deudo
Del muerto, es quien se ha mostrado
Parte.
D. JUAN.
Ya nos conocemos
Los dos.
D. PED.
Pues esto dejado
(Porque en efecto no quiero
Hablaros en penas hoy),
De Doña Ana lo que puedo
Deciros es que ni el rostro
La he visto desde el suceso
Desa noche, ni en ventana,
Ni en iglesia, ni en paseo
De Prado y calle Mayor;
Que es mucho para mí, siendo,
Como soy, vecino suyo.
D. JUAN.
Fineza es, Don Pedro. Pero
¿Quién puede á mí asegurarme
Que es por mí, y no por el muerto
Ese luto que ha vestido
Su hermosura?
D. PED.
Mas ¡qué presto
A lo que le está peor
Discurre el entendimiento!
D. JUAN.
¿Qué quereis? Es más honrado
El mal que el bien.
D. PED.
No lo entiendo.
D. JUAN.
Yo sí, pues dudo del bien
Cuanto dice, y del mal creo
Cuanto imagina; y mirad
Cuál es más honrado, puesto
Que uno siempre está tratando
Verdad, y otro está mintiendo.
Pero lo que de la noche
Restaba al nocturno velo
Se ha desvanecido ya,
De la hermosa luz huyendo
Del sol. Recogeos, y haced
Del dia noche.
D. PED.
No puedo,
Porque tengo á aquestas horas
Que hacer, y ántes agradezco
Haberme hallado vestido.
D. JUAN.
Desvelado galanteo
Teneis, pues os recogeis
Tan tarde y volveis tan presto.
D. PED.
Ando por averiguar,
Don Juan amigo, unos celos,
Por dejar desengañada
Una pretension que tengo;
Y he de ir al Parque, porque
Su apacible sitio ameno
De las flores y las damas
Es el cortesano imperio
Estas _mañanas de Abril_
_Y Mayo_, y he de ir siguiendo
Esta dama. Vos podeis
Descansar en tanto.—Arceo.
ESCENA IV.
ARCEO. — DON JUAN, DON PEDRO.
ARCEO.
Señor.
D. PED.
Haz que luego al punto
Se haga en aqueste aposento
Una cama, y esto sea
Con recato y con silencio;
Que importa que nadie sepa
Que al señor Don Juan tenemos
En casa: y de tí lo fío
Solamente.—Adios.
_(Vase.)_
ARCEO.
Tú has hecho
Conmigo lo que se suele
Con los galeotes; y es cierto,
Pues dellos nada hay seguro
Sino lo que se fía dellos.
D. JUAN.
Yo me recaté de vos,
Arceo, hasta conoceros.
_(Vanse.)_
* * * * *
Calle.
ESCENA V.
DOÑA CLARA É INÉS, _con mantos y sombreros_.
INÉS.
¿En fin, has dado en que has de ir
Al Parque?
D.ª CLAR.
¿Quieres saber
Si puede dejar de ser,
Inés? Pues has de advertir
Que me ha dicho que no vaya
A él Don Hipólito; y creo
Que fué alentar mi deseo
Para que más presto le haya;
Pues si ayer, cuando me habló,
Que viniera me dijera,
Presumo que no viniera;
Y sólo porque llegó
A persuadirse que habia
De obedecerle, me ha dado
Tal gana, que he madrugado
Dos horas ántes del dia.
INÉS.
No es en nosotras hoy nueva
Esa culpa, ese pecado;
Que pecar en lo vedado
Es el patrimonio de Eva.
Pero no sé lo que diga
Deste amor, deste deseo
De los dos, porque no creo
Lo que á los dos os obliga.
Don Hipólito es un hombre,
Por loco y por maldiciente
Conocido de la gente
Más que por su propio nombre;
Tú (perdona que lo diga),
Mujer, en justo ó injusto
Muy amiga de tu gusto,
De tu libertad amiga.
Él á todos quiso bien,
Tú á todos quisiste mal:
Díme, ¿amor tan desigual,
Cómo ha de parar en bien?
D.ª CLAR.
Pensarás que me he enojado,
Inés, por haberme dicho
Su capricho y mi capricho,
Y ántes gran gusto me has dado;
Porque no hay para mí cosa
Como hombres de extraños modos;
Y que al fin me tengan todos
Por vana y por caprichosa.
¡Qué! ¿quisieras que estuviera
Muy firme yo y muy constante,
Sujeta sólo á un amante,
Que mil desaires me hiciera
Porque se viera querido?
Eso no: el que he de querer,
Con sobresalto ha de ser,
Miéntras que no es mi marido.
Y así por dársele hoy
A Don Hipólito, quiero
Ir al Parque, donde espero,
Porque disfrazada voy,
Pasear, hablar, reir,
Preguntar y responder,
Ser vista en efecto y ver;
Porque no se ha de admitir
Al amante más fïel
Por el gusto que ha de dar...
INÉS.
Pues ¿por qué?
D.ª CLAR.
Por el pesar
Que yo le he de dar á él.
INÉS.
Y tienes mucha razon;
Con lo cual hemos llegado
A la calle, que fué prado,
En virtud del azadon.
D.ª CLAR.
Pues bajemos por aquí
A la de Álamos, que es
Arrendajo del Pajés.
INÉS.
Parece que cantan.
D.ª CLAR.
Sí.
_(Cantan dentro.)_
_Mañanicas floridas_
_De Abril y Mayo,_
_Despertad á mi niña,_
_No duerma tanto._
* * * * *
Parque del palacio de Madrid.
ESCENA VI.
DON LUIS, DON HIPÓLITO.
D. LUIS.
Sólo haceros compañía,
Don Hipólito, pudiera
Vencer de mi pena fiera
La grave melancolía.
D. HIPÓL.
Por divertiros yo á vos
De vuestro primo en la muerte,
Os traigo de aquesta suerte
Al Parque, donde los dos
Divirtamos la mañana.
D. LUIS.
Más hermoso el sol parece,
Porque embozado amanece
Entre nubes de oro y grana.
D. HIPÓL.
Desde aquí podemos ver
La gente que va bajando.
¡Qué tierno va enamorando
Don Sancho allí á la mujer
De aquel letrado, su amigo!
D. LUIS.
Que es amistad, no se ignore,
Porque otro no la enamore.
D. HIPÓL.
A un pleito está aquí, y yo digo
Que parecer tomará
De los dos, pues le conviene
Verla á ella por el que tiene,
Como á él por el que dará.
D. LUIS.
Maldiciente estais. ¿Que no
Os reduzca yo?
D. HIPÓL.
Advertid
Que no hay hombre hoy en Madrid
De mejor lengua que yo.
Aquella ¿no es Flora?
D. LUIS.
Sí.
D. HIPÓL.
Harto es que á fiesta de á pié
Haya venido.
D. LUIS.
¿Por qué?
D. HIPÓL.
Porque en mi vida la ví
Sino en coche. Por aquesta
Fué por quien se ha presumido
Que le dijo á su marido:
«Con lo que la casa cuesta
De alquiler, echemos coche.»
Y volviéndola á decir:
«¿Pues dónde hemos de vivir
Y estar el dia y la noche?»
Dijo: «Si el coche tuviera,
Sin casa vivir podia,
En el coche todo el dia,
Y de noche en la cochera.»
D. LUIS.
Eso es como lo que pasa
A Doña Clara de Ovalle;
Pues viviendo hácia la calle,
La sobra toda la casa.
D. HIPÓL.
Es verdad; y cierto dia,
Cumpliendo el plazo, el casero
Vino á pedirle el dinero
De la casa en que vivia.
Y ella dijo: «¿Hay tal traicion?
¿Esta desvergüenza pasa?
Aunque yo alquilo la casa,
No vivo sino el balcon.»
D. LUIS.
¡Qué diera porque os oyera!
D. HIPÓL.
Por eso no lo oirá, no;
Que anoche la dije yo
Que de casa no saliera.
ESCENA VII.