Dejar de espantarme, Laura,
De mirarte...
LAURA.
¡Ay Dios! ¡qué veo!
D. FÉLIX.
Tan mudable...
LAURA.
¡Ay infelice!
D. FÉLIX.
Y tan falsa?
LAURA.
¡Ay Dios! ¿qué es esto?
D. FÉLIX.
Esto es, Laura, esto es
(Si es que yo á decirlo acierto)
El desengaño mayor
Que á un hombre han dado los celos.
Pero miento, que no son
Celos, sino agravios estos.
_(Paséase y ella tras él.)_
LAURA.
(_Ap._ ¡Yo estoy muerta!) Félix mio,
Mi bien, mi señor, mi dueño.
D. FÉLIX.
Mi mal, mi muerte, mi ofensa,
¿Qué me quieres?
LAURA.
Que te quiero;
Te quiero, no más.
D. FÉLIX.
Y yo,
Pues tú lo dices, lo creo;
Porque no habiendo tenido
Un hombre en este aposento;
No habiendo dicho que estaba
Cerrado el paso por esto;
No habiendo venido tú
A hablarme por él; no habiendo
Visto yo... ¿Qué he de haber visto?
Nada digo, nada entiendo.
¡Mal haya yo, porque estuve
Antes á tu honor atento,
Y no...! Adios, Laura; adios, Laura.
LAURA.
Detente, porque primero
Que te vayas, has de oirme.
D. FÉLIX.
¿Puede ser mentira esto?
LAURA.
Sí, bien puede ser mentira.
D. FÉLIX.
¿Mentira lo que estoy viendo?
LAURA.
¿Qué viste?
D. FÉLIX.
El bulto de un hombre
Que estaba en este aposento.
LAURA.
Algun criado sería.
ESCENA XI.
CELIA, _muy alborozada_. — DICHOS.
CELIA.
Señora, ya por lo ménos
Nada sucederá en casa,
Que ya en la calle los dejo.
_(Ve á Don Félix, y túrbase.)_
D. FÉLIX.
Mira, si era algun criado.
CELIA.
¿Pues esto agora tenemos?
¿Cómo aquí?... No puedo hablar.
LAURA.
¿Ves, Félix, con cuánto aprieto
Se eslabonan mis desdichas?
Pues culpa ninguna tengo.
D. FÉLIX.
Pues yo la culpa tendré.
LAURA.
Tanto te estimo y te quiero,
Que áun no quiero yo decirlo,
Porque te está mal saberlo.
D. FÉLIX.
¡Qué antiguo sagrado es ese
De un culpado, en no teniendo
Que responder! Esto en fin
Se acabó, Laura, esto es hecho.
Adios, adios.
LAURA.
Mira...
D. FÉLIX.
Suelta...
LAURA.
No has de irte así.
D. FÉLIX.
¡Vive el cielo,
Que dé voces que despierten
A tu padre, al mundo entero,
Diciendo quién eres!
LAURA.
¡Félix!
D. FÉLIX.
Harás que pierda el respeto
A tu hermosura, porque
Nadie le tuvo con celos.
_(Vase.)_
LAURA.
Tenle, Celia.
CELIA.
¿Yo tenerle?
LAURA.
Pues aunque vayas huyendo,
Yo te buscaré. ¡Ay, Marcela,
En qué de dudas me has puesto!
_(Vanse.)_
* * * * *
Cuarto de Lisardo en casa de D. Félix.
ESCENA XII.
LISARDO, CALABAZAS.
CALAB.
Señor, ¿qué es lo que tienes?
¿De dónde ó cómo á tales horas vienes?
LISARDO.
Ni sé de dónde vengo,
Calabazas, ni sé lo que me tengo.
CALAB.
Despues de haberte ido
Sin mí (cosa que nunca ha sucedido,
Ni héchose con lacayo
De bien), vuelves á casa como un rayo,
Casi al amanecer, descolorido,
Colérico, furioso, acontecido.
Airado...
LISARDO.
No me mates,
Ni empieces á decirme disparates,
Sino pon las maletas; porque luégo
Me tengo de ir, y en tanto que á esto llego,
A esotra cuadra pasa,
Mira si hablar á Félix puedo.
CALAB.
En casa
Él no está; que aunque ya ha amanecido,
Creo que no ha venido
A acostarse hasta agora.
LISARDO.
¡Feliz él, que habrá estado (¿quién lo ignora?)
Celebrando las paces con su dama;
Que es la felicidad del que bien ama!
¡Y yo, infeliz, á quien han sucedido
Tantas cosas!...
CALAB.
¿Qué han sido?
LISARDO.
Oye, porque me dejes,
Con condicion que luégo no aconsejes.
Llamóme por un papel
Aquella dama tapada,
A que en su casa la viese.
A verla fuí, y la criada
Por un jardin me guió,
Hasta que llegué á una sala
De estrado, donde la misma
Que ví en las huertas, estaba
Tan bella como entendida:
Esto, que te diga, basta.
Muy á los primeros lances,
Me dió á entender enojada
No sé bien qué quejas, cuando
Su padre á la puerta llama.
Métenme en un aposento,
Donde, despues de pasadas
Algunas conversaciones,
De quien poco entendí ó nada
(Porque como retirado
Estaba á puerta cerrada,
Llegaban á mí confusas
Las voces sin las palabras),
La puerta un hombre entreabrió;
La capa tercié y la espada
Empuñé, y al mismo instante
Me volvieron á cerrarla
Por defuera, sin poder
Ver el talle ni la cara
Del hombre. De allí á otro rato,
Triste, confusa y turbada,
Otra moza me sacó
Hasta la calle, con várias
Prevenciones de que Félix
No supiera desto nada.
Yo pues, cercado de dudas
Y de sospechas contrarias,
Estoy sin saber qué hacerme
En confusion tan extraña;
Porque si á Félix le callo
El lance, ya acreditada
La sospecha de que ha sido
Dama suya, será ingrata
Correspondencia, que él tenga
A su enemigo en su casa;
Si se lo digo, y no es
Su dama, sino otra dama
Que de mí se fía, el decirlo
Es de mi nobleza infamia.
Y así entre hablar y callar,
La opinion más acertada
Es, pues dos daños me embisten,
Volver á los dos la espalda.
Así con esto á Don Félix
No ofende lo que se calla,
Ni lo que se dice, ofende
A la mujer. Luego trata
De poner toda la ropa,
Que ántes que amanezca el alba,
Con ocasion de que ya
Hecha mi consulta baja,
De Ocaña me tengo de ir,
Aunque me deje en Ocaña
En un ingenio la vida,
Y en una hermosura el alma.
CALAB.
¡Honrada resolucion!
LISARDO.
Porque apruebas y no cansas,
Toma aquel vestido que hice
De camino, Calabazas.
CALAB.
Tus manos, señor, te beso
De resultas de las plantas,
No tanto por el vestido,
Aunque es dádiva extremada,
Como por dármele hecho;
Y en tanto que se levanta
Quien la ropa me ha de dar,
Escúchame en dos palabras
Lo que hecho un vestido ahorra.
_(Mudando voces.)_
—Señor maestro, ¿cuántas varas
De paño son menester
Para mí?—Siete y tres cuartas.
—Con seis y media le hace
Quiñones.—Pues que le haga;
Mas si él saliere cumplido,
Yo me pelaré las barbas.
—¿Qué tafetan?—Ocho.—Siete
Han de ser.—No quite nada
De siete y media.—¿Ruan?
—Cuatro.—No—Si un dedo falta,
No puede salir.—¿De seda?
—Dos onzas, treinta de lana.
—¿Bocací á los bebederos?
—Media vara.—¿Angeo?—Otra tanta.
—¿Botones?—Treinta docenas.
—¿Treinta?—¿Habrá más de contarlas?
Cintas, faltriqueras, hilo:
Vamos con todo esto á casa.
Junte vuesarced los piés,
Ponga derecha la cara,
Tienda el brazo.—¿Seor maestro,
Son matachines?—¡Qué gracia
Hará el calzon!—Oye usted,
La ropilla ancha de espaldas,
Derribadica de hombros,
Y redondita de falda.
—Frisa para las faldillas
Haber sacado nos falta.
Póngala usted.—Que me place.
—¡Ah! sí; esto se me olvidaba:
Entretelas.—Deste viejo
Ferreruelo me las haga.
—Voy á cortarlo al momento.
—¿Cuándo vendrá esto?—Mañana
A las nueve.—La una es:
¡Oh cuánto este sastre tarda!
—Seor maestro, todo el dia
Me ha tenido usted en casa.
—No he podido más, que he estado
Acabando unas enaguas,
Que, como mil paños llevan,
No fué posible acabarlas.
—¡Ah! caballero, muy seca
Está esta obra.—Remojarla.
—Angosto vino el calzon.
—De paño es, no importa nada,
Que luego dará de sí.
—Esta ropilla está ancha.
—No importa nada, es de paño,
Que ella embeberá (así basta,
Que los paños dan y embeben
Como el sastre se lo manda.)
—El ferreruelo está corto.
—Más de media liga tapa,
Y ahora no se usan largos.
—¿Qué se debe?—Poco ó nada:
Veinte del calzon, y veinte
De la ropilla y sus mangas,
Diez del ferreruelo, treinta
De los ojales... y tantas
Impertinencias, que en fin,
Que me venga ó que me vaya,
Quien me da un vestido hecho,
Me da la mejor alhaja.
A componer voy las tuyas;
Aquí gloria y despues gracia.
_(Vase.)_
LISARDO.
¡Qué locuras! ¡Quién tuviera
Tu alegría, y no llegara
Hoy á sentir los extremos
De tantas penas, de tantas
Confusiones y sospechas!
¡Válgate Dios por tapada,
Toda misterios y toda
Prevenciones, sin que haya
Nunca visto la verdad!
_(Vuelve Calabazas.)_
CALAB.
Ya la dije á una criada
Que me sacase la ropa;
Porque hoy nos vamos á Irlanda.
LISARDO.
En efecto, me destierran,
Antes de tiempo de Ocaña,
Tramoyas de una mujer.
ESCENA XIII.
MARCELA, _con manto_, SILVIA, _sin él, y quedan á la puerta_. — DICHOS.
SILVIA.
Mira á qué te atreves.
MARCELA.
Nada
Me digas, porque no estoy
Para escucharte palabra.
¿Que hoy se va, no dices?
SILVIA.
Sí.
MARCELA.
¿Pues, Silvia, de qué le espantas
Que haga locuras mi amor?
Sin duda le dijo Laura
Quién soy, y de mí va huyendo.
SILVIA.
¿Pues si esto temes, qué tratas?
MARCELA.
Hablarle ya claramente;
Que puesto que á esta hora falta
Mi hermano, ya no vendrá,
Hasta que le lleven capa
Y valona, ó sea de noche.
Tú, Silvia, á esa puerta aguarda.
_(Vase Silvia.)_
LISARDO.
Mira si ha venido Félix.
CALAB.
Félix no, pero la dama
Tapada sí que ha venido.
LISARDO.
¿Qué dices?
CALAB.
_Ecce quam amas._
MARCELA.
Señor Lisardo, no sé
Que sea accion cortesana
El iros sin despediros
Hoy de una mujer que os ama.
LISARDO.
¿Tan presto tuvisteis nueva
De mi partida?
MARCELA.
Las malas
Vuelan mucho.
CALAB.
_(Ap.)_ ¡Vive Dios,
Que con los demonios habla!
¿Si es Catalina de Acosta,
Que anda buscando su estatua?
MARCELA.
En fin, ¿os vais?
LISARDO.
Sí, y huyendo
De vos, que vos sois la causa.
MARCELA.
De eso infiero que sabeis
Ya quién soy (¡estoy turbada!);
Y si el haberlo sabido
Anticipa la jornada,
Id con Dios; pero advirtiendo
Que fué en mí y en vos la causa
Imposible de decirla,
Y imposible de callarla.
LISARDO.
No os entiendo, pues no sé
De vos (esta es verdad clara)
Más de lo que sé de vos:
Y ántes la desconfianza
Que haceis de mí, es quien me mueve
A irme.
_(Mira Calabazas adentro.)_
CALAB.
Ce: por la sala
Entra Don Félix.
MARCELA.
¡Ay triste!
LISARDO.
¿Qué os turba? ¿Qué os embaraza?
Conmigo estais.
MARCELA.
Es verdad;
Mas puesto que mis desgracias
Unas con otras tropiezan,
Y tan en mi alcance andan,
Sabed, que yo soy... No puedo,
No puedo hablar más palabra,
Que entra ya. Mi vida está
En vuestras manos, guardadla;
Que yo aquí me escondo.
_(Escóndese.)_
LISARDO.
¡Cielos,
Sacadme de dudas tantas!
Ella es su dama sin duda.
Pues que tanto dél se guarda.
ESCENA XIV.
DON FÉLIX. — LISARDO; MARCELA, _escondida_.
D. FÉLIX.
Lisardo.
LISARDO.
¿Qué hay, qué traeis,
Don Félix?
D. FÉLIX.
Traigo un pesar,
Y véngole á consolar
Con vos, que me aconsejeis.
LISARDO.
Cuando por haber faltado
De casa... Véte de aquí.
_(A Calabazas. Vase.)_
Toda la noche, creí
Que habíades celebrado
Las paces con vuestra dama,
¿Al amanecer venís
Con el pesar que decís?
D. FÉLIX.
Sí, que un mal á otro mal llama.
¡Ay Lisardo! bien dijisteis,
Cuando hablasteis de los celos,
Que sus mortales desvelos,
Y que sus efectos tristes,
Eran tan otros tenidos
Que dados, cuanto se ofrece
Entre quien hace y padece;
Pues padecen mis sentidos
El daño que ántes hicieron.
¡Oh quién un siglo los diera,
Y un punto no los tuviera!
LISARDO.
Pues ¿cómo ó de qué nacieron?
(_Ap._ ¡Vive Dios! que él ha seguido
Esta dama, y que sus celos
Son de mí y della.)
MARCELA.
_(Ap.)_ Los cielos
Den mis penas á partido.
D. FÉLIX.
Muy rendido ayer llegué,
Donde (¡ay de mí!) satisfice
Con los extremos que hice,
Las lágrimas que lloré,
Las mal fundadas sospechas
Que de mí (¡ay cielos!) tenía
La hermosa enemiga mia;
Y cuando ya satisfechas
Estaban, y yo esperaba
De los sembrados rigores
Coger el fruto en favores,
De la calle en que aguardaba
Entré á verla muy contento;
Y porque fué fuerza así
Un aposento entreabrí
(Mal haya mi sufrimiento),
Y en él (¡qué torpes desvelos!)
El bulto de un hombre ví.
LISARDO.
_(Ap.)_ ¡Esto es lo que anoche á mí
Me pasó, viven los cielos!
D. FÉLIX.
¡Oh mal haya yo, porque,
Aunque su padre viniera,
Y aunque su honor se perdiera,
A darle muerte no entré!
Quedarme pude escondido,
Con ánimo de volver
A buscar el hombre, y ver
Quién era.
LISARDO.
¿Habeislo sabido?
D. FÉLIX.
No, porque ya una criada
Le habia sacado de allí.
Tras él al punto salí;
Pero no pude hallar nada.
Así hasta el mediodía
Toda la mañana he estado
(¡Mirad qué necio cuidado!)
Pensando que volveria.
Ved si habrá en el mundo quien
Tenga el dolor que yo tengo,
Pues hoy aquí á tener vengo
Celos, sin saber de quién.
LISARDO.
_(Ap.)_ En este punto creí
Todo cuanto imaginé;
La dama esta dama fué,
Y yo el encerrado fuí.
Las señas son; mas supuesto
Que él no sabe que fuí yo,
Ni que ella aquí se ocultó,
Ponga fin á todo esto
Mi ausencia, puesto que así
Todo el silencio lo sella;
Pues no sabrá agravios della.
Ni tendrá quejas de mí.
D. FÉLIX.
¿Agora suspenso estais?
¿Cómo no me respondeis?
LISARDO.
Como admirado me habeis,
Aun más de lo que pensais.
D. FÉLIX.
¿Qué puedo hacer?
LISARDO.
Olvidar.
D. FÉLIX.
¡Ay, Lisardo, quién pudiera!
CALAB.
_(A la puerta.)_ Señor, una dama ahí fuera
Dice que te quiere hablar.
D. FÉLIX.
Ella es, que habrá venido
A verme. Yo no he de vella.
LISARDO.
Mirad primero si es ella.
ESCENA XV.
LAURA, _tapada_. — DICHOS.
D. FÉLIX.
¿No he de haberla conocido?
Ella es, que en conclusion,
Querrá agora que yo crea
Que todo mentira sea.
LISARDO.
_(Ap.)_ Ya es otra mi confusion:
Si esta es la que Félix ama,
Y dentro en su casa vió
Un hombre, y éste fuí yo,
¿Quién es, quién, estotra dama?
LAURA.
Lisardo, por caballero
Os ruego que os ausenteis,
Y con Félix me dejeis,
Porque hablar con Félix quiero.
D. FÉLIX.
¿Quién te ha dicho que querrá
El Félix hablarte á tí?
LAURA.
Dejadnos solos.
LISARDO.
Por mí
Obedecida estais ya.
(_Ap._ Fuerza es dejar encerrada
La otra dama hasta despues,
Y estar á la vista. Nada
Tengo ya que temer, pues
No es su dama mi tapada.)
_(Vanse Calabazas y Lisardo.)_
ESCENA XVI.
LAURA Y DON FÉLIX; MARCELA, _escondida_.
LAURA.
Ya que estamos los dos solos,
Don Félix, y que podré
Decir á lo que he venido,
Escúchame.
D. FÉLIX.
¿Para qué?
Ya sé que quieres decirme
Que ilusion, que engaño fué
Cuanto allí ví y cuanto oí;
Y si esto en fin ha de ser,
Ni tú tienes qué decir,
Ni yo tengo qué saber.
LAURA.
¿Y si nada de eso fuese,
Sino todo eso al revés?
D. FÉLIX.
¿Cómo?
LAURA.
Escucha, oiráslo.
D. FÉLIX.
¿Iráste
Si te escucho?
LAURA.
Sí.
D. FÉLIX.
Dí pues.
_(Asoma Marcela.)_
LAURA.
Negarte que estaba un hombre
En mi aposento...
D. FÉLIX.
Deten.
¿Y es estilo de obligar,
Modo de satisfacer,
Decirme, cuando esperaba
Un rendimiento cortés,
Una disculpa amorosa,
Confesar la ofensa? ¿Ves
Cómo otra vez la repites,
Porque la sienta otra vez?
LAURA.
Si no me oyes hasta el fin...
MARCELA.
_(Ap.)_ ¡Quién vió lance más cruel!
D. FÉLIX.
¿Qué he de escuchar?
LAURA.
Mucho.
D. FÉLIX.
¿Iráste
Si te escucho?
LAURA.
Sí.
D. FÉLIX.
Dí pues.
LAURA.
Negarte que estaba un hombre
En mi aposento, y tambien
Que Celia le abrió la puerta,
No fuera justo; porque
Negarle á un hombre en su cara
Lo mismo que escucha y ve,
Es darle á un desesperado,
Para consuelo un cordel;
Mas pensar tú que fué agravio
De tu amor y de mi fe,
Es pensar que cupo mancha
En el puro rosicler
Del sol, porque con mi honor
Aun es sombra todo él.
D. FÉLIX.
¿Pues quién aquél hombre era?
LAURA.
No puedo decirte quién.
MARCELA.
_(Ap.)_ ¡Quién vió confusion igual!
D. FÉLIX.
¿Por qué?
LAURA.
Porque no lo sé.
D. FÉLIX.
¿Qué hacía escondido allí?
LAURA.
No lo sé tampoco.
D. FÉLIX.
¿Pues
Dónde la satisfaccion
Está?
LAURA.
En no saberlo.
D. FÉLIX.
¡Bien!
No saberlo es la disculpa,
La culpa el saberlo es:
¿Pues cómo quieres que venza
Lo que sé á lo que no sé?
Laura, Laura, no hay disculpa.
LAURA.
Félix, Félix, déjame;
Que, aunque lo puedo decir,
Tú no lo puedes saber.
D. FÉLIX.
Otra vez me has dicho ya
(Baldon ó despecho fué)
Eso mismo, y ¡vive Dios!
De no escucharlo otra vez;
Porque aquí me has de decir
La verdad desto...
MARCELA.
_(Ap.)_ ¿Qué haré?
¡Que, por disculparse á sí,
Me ha de echar á mí á perder!
D. FÉLIX.
Que nada me está peor
Que el pensarlo.
LAURA.
Sí diré.
MARCELA.
(_Ap._ No dirás; porque primero,
Tus voces estorbaré
Con esta resolucion.
Amor ventura me dé,
Como me da atrevimiento.)
_(Pasa por delante tapada, como jurándosela á Don Félix; él quiere
seguirla, y Laura le detiene.)_
Sólo esto he querido ver.
D. FÉLIX.
¿Qué mujer es esta?
LAURA.
Hazte
De nuevas.
D. FÉLIX.
Déjame que
La siga y la reconozca.
LAURA.
¡Eso querias tú, porque
Pudieras desenojarla,
Diciéndola á ella despues
Que me dejaste por ir
Tras ella! Pues no ha de ser.
D. FÉLIX.
Laura mia, mi señora,
El cielo me falte, amén,
Si sé qué mujer es ésta.
LAURA.
Yo sí; yo te lo diré:
Nise era, que al pasar
Yo la conocí muy bien.
D. FÉLIX.
Ni era Nise, ni sé yo
Cómo estaba aquí.
LAURA.
Muy bien;
¡La disculpa es no saberlo,
La culpa el saberlo es!
¿Pues cómo quieres que venza
Lo que sé á lo que no sé?
Adios, Félix.
D. FÉLIX.
Si no basta
El desengaño que ves,
¿Cómo quieres que yo crea
Lo que tú, Laura, no crês?
LAURA.
Porque yo digo verdad,
Y soy quién soy.
D. FÉLIX.
Yo tambien,
Y ví en tu aposento un hombre.
LAURA.
Yo en el tuyo una mujer.
D. FÉLIX.
No sé quien fué.
LAURA.
Yo tampoco.
D. FÉLIX.
Sí supiste, Laura; pues
Ya me lo ibas á decir.
LAURA.
Ya, sin decirlo me iré,
Por no dar satisfacciones
A un hombre tan descortés.
D. FÉLIX.
Mira, Laura...
LAURA.
Suelta, Félix.
D. FÉLIX.
Véte, que es cosa cruel,
Haber de rogar quejoso.
LAURA.
Quédate; que es rabia haber
De llevar traiciones, cuando
Finezas vine á traer.
D. FÉLIX.
Yo bien disculpado estoy.
LAURA.
Si á eso vamos, yo tambien.
D. FÉLIX.
Pues ví en tu aposento un hombre.
LAURA.
Yo en el tuyo una mujer.
D. FÉLIX.
Si esto, cielos, es amar...
LAURA.
Si esto, fortuna, es querer...
LOS DOS.
¡Fuego de Dios en el querer bien!
Amén. Amén.
JORNADA TERCERA.
Cuarto de Marcela.
ESCENA PRIMERA.
MARCELA, SILVIA.
SILVIA.
Grande atrevimiento fué.
MARCELA.
Como perdida me ví,
Cuando ya á Laura escuché,
Que iba á descubrir allí
Cuanto en su casa pasé,
Estorbar la relacion
Quise con tan loca accion;
Que, ya preciso un pesar,
Algo se ha de aventurar.
SILVIA.
Así es verdad.
MARCELA.
La razon
Que me animó más, fué ver
A Lisardo, que esperaba
Más afuera, al parecer,
En qué el suceso paraba
De su encerrada mujer;
Y como yo lo sabía,
No temí la empresa mia:
Pues, á no suceder bien,
Ya en Lisardo al ménos quien
Me defendiese tenía:
Y en fin, ello sucedió
Mejor que esperaba yo;
Pues yo á mi cuarto pasé,
Y en los celos que dejé
El lance se barajó
De suerte, que ni Lisardo
Se empeñó por mí gallardo,
Ni Laura el caso contó,
Ni Félix me conoció.
Ni yo mayor susto aguardo.
SILVIA.
Digo que fué extraño cuento,
Y si escarmiento ha dejado.
Será de más fundamento.
MARCELA.
¿Pues cuándo dejó escarmiento,
Silvia, un peligro pasado?
Antes el haber salido
Deste tan bien me ha movido
A pensar cómo pudiera
Ser que Lisardo volviera
A verme.
SILVIA.
Oye, que hacen ruido.
ESCENA II.
DON FÉLIX, _por la puerta escondida_. — DICHAS.
D. FÉLIX.
Marcela.
MARCELA.
¿Qué novedad
Es entrar tú en mi aposento?
D. FÉLIX.
Es venir mi voluntad
Por luz á tu entendimiento,
Por consuelo á tu piedad.
Anoche, cuando saliste
De ver á Laura, yo entré
En su casa (¡Ay de mí triste!)
Y ví en su casa, y hallé...
MARCELA.
Dí, ¿qué hallaste? dí, ¿qué viste?
D. FÉLIX.
Un hombre.
MARCELA.
¿Tal pudo ser?
D. FÉLIX.
Vínome á satisfacer;
Una mujer, que salió
De mi alcoba, lo estorbó...
MARCELA.
¡Miren la mala mujer!
D. FÉLIX.
Que con Lisardo debia
De estar. Él, cuerdo y discreto,
Presumiendo que ofendia
De mi casa así el respeto,
Dice que tal no sabía.
En fin, sea lo que fuere
(Que no hay nadie que lo diga),
Celosa Laura, no quiere
Que desengaños consiga,
Ni que disculpas espere.
Yo, por no dar á torcer
Tampoco mi sentimiento,
No la quiero hablar ni ver;
Pero quisiera saber
Hasta el menor pensamiento
Suyo. Para esto ha pensado
Una industria mi cuidado.
MARCELA.
¿Y es, si me la has de decir?
D. FÉLIX.
Que tú, hermana, has de fingir
Que un gran disgusto, un enfado
Conmigo has tenido, y que
En tanto que esto se pasa,
Te quieres ir á su casa:
Y así una espía tendré
Para el fuego que me abrasa;
Pues tú á la mira estarás,
Y á pocos lances verás,
Quién este embozado es,
Y con secreto despues
De todo me avisarás.
MARCELA.
Aunque hay bien que replicar,
Hoy me iré á su casa.
D. FÉLIX.
No
Puede hoy ser; que por mostrar
Cuán poco mi mal sintió,
O por darme este pesar,
Hoy de su casa ha salido,
Y al mar de Antígola ha ido.
MARCELA.
Pues digo que iré mañana.
D. FÉLIX.
La vida me das, hermana;
Tuya desde hoy habrá sido.
_(Vase.)_
MARCELA.
¿Hay cosa, como llegar
Rogándome lo que yo
Puedo, Silvia, desear?
Pero mira quién se entró
En el cuarto sin llamar.
SILVIA.
Laura y Celia son, señora.
ESCENA III.
LAURA, CELIA. — MARCELA, SILVIA.
MARCELA.
Laura mia, ¡á aquesta hora!
LAURA.
No te espantes desto, amiga;
Que á tanto una pena obliga.
MARCELA.
¿Quién lo duda? ¿Quién lo ignora?
LAURA.
De la suerte que de mí
Te fuiste ayer á valer,
Vengo á valerme de tí.
CELIA.
Aprended, damas, de aquí,
Lo que va desde hoy á ayer.
LAURA.
Aquel hombre que dejaste
Cerrado, Marcela mia,
En mi casa, vió Don Félix.
MARCELA.
¡Jesus!
LAURA.
No importa que diga
El cómo ó el cuándo, puesto
Que bastaba ser desdicha,
Para que ella se estuviese
Desde luego sucedida.
Quísele satisfacer,
Y vine á tu casa, amiga,
Sin mirar á los respetos
A que el ser quien soy me obliga.
Entré en su aposento, y cuando
A representarle iba
Disculpas, que no tocasen
En tu opinion ni en la mia,
Una mujer, que detras
De su aposento tenía,
Y que era sin duda Nise...
MARCELA.
¿Quién duda que ella sería?
LAURA.
Salió á dar celos por celos.
MARCELA.
¡Hay tan gran bellaquería!
¿Y qué hizo Félix á eso?
LAURA.
Él, aunque quiso seguirla,
Yo no lo dejé. En efecto,
Las dos quejas repetidas,
Ni las suyas quise oir,
Ni él saber quiso las mias.
Por mostrar que estaba (¡ay cielos!)
Gustosa y entretenida,
(¡Oh cuán á costa del alma,
Marcela, un triste se anima!)
Al mar de Antígola hoy
Salí con unas amigas,
Donde, aunque debió alegrarme
Su hermosa apacible vista,
No pudo, que para mí
Ya se murió la alegría;
Tanto, que ni el ver la Reina,
Que infinitos siglos viva,
Para que flores de Francia
Nos den el fruto en Castilla
Cómo en su verde carroza,
Que caballos del sol tiran,
Varado bajel de tierra
Llegó á abordar á la orilla:
Ni el ver tan ufano entónces
Ese breve mar, que imita
Del Océano las ondas
Encrespadas y movidas
De los céfiros süaves,
Cuando al mirar quien las pisa
Como plata las entorcha,
Y como vidrio las riza:
Ni el ver que ya el bergantin,
Coche del mar, pues le guian,
Como caballos, los remos,
A quien el freno registra
De un timon, abrió el estribo
De su hermosa barandilla,
Para que su popa ocupe,
Para que su esfera admita
Un sol, á quien hizo guarda
No ménos que el alba misma:
Ni el ver las hermosas damas,
Que como flores seguian
La rosa, bien así como
Tejido coro de ninfas,
En las selvas de Diana
Profanas fábulas pintan:
Ni el ver, en fin, que tan bello
Ya el bajel bogando iba
El piélago de cristal,
Que al acercarse á la isla
Del cenador, que con tantas
Flores el estanque habita,
No pudo determinar
Desde aparte, no, la vista,
Cuál el bergantin, ó cuál
Era el cenador; pues via
Flores en cualquiera tantas,
Que unas á otras competidas,
Naval batalla de flores
Se dieron muertas y vivas,
Me pudo aliviar; pues toda
Esta pompa hermosa y rica,
En los cristales bullicio,
En las flores alegría,
En los vientos suavidad,
En las hojas armonía,
En las damas hermosura
Y en todos los campos risa,
Llanto fué, llanto en mis ojos
Celosa de Félix. Mira,
Si á quien esto no divierte,
Bastantemente peligra.
Yo no he de hablarle; porque
Es triste cosa, es indigna
Accion darle yo á torcer
Mis celos; y así querria
De una industria aquí valerme,
Si es que mi amistad codicias;
Y es, que para que yo vea
Si Nise en su cuarto habita,
Le he de acechar esta noche
Por aquella puerta, amiga,
Que dijiste, y que á su cuarto
Cae y él tiene escondida.
¿Cómo faltar de mi casa
Podré? es fuerza que aquí digas;
Y responderéte yo
Que hoy mi padre fué á una villa,
Adonde su hacienda tiene,
Y no vendrá en cuatro dias.
Así que estas noches puedo
Ser tu huéspeda, si obliga
Mi amistad á esta fineza,
Pues es fineza de amiga
Tan principal, tan discreta,
Tan noble y tan entendida.
MARCELA.
¿Cómo te podré negar,
Laura, lo que solicitas,
Si con mi razon me arguyes,
Si con mi dolor me obligas?
Sólo hay un inconveniente;
Mas si tú lo facilitas,
Ven desde luego á mi casa;
Mal dije, á la tuya misma.
LAURA.
¿Cuál es el inconveniente?
MARCELA.
Tanto mi hermano te imita
En el dolor y en la causa
(No importa que te lo diga;
Primero somos nosotras),
Que hoy me ha pedido que finja
Con él un enojo, y vaya
A ser por algunos dias
Tu huéspeda; porque yo
Allá de adalid le sirva.
Pues si no voy á tu casa
Yo, porque estás tú en la mia,
Dirá...
LAURA.
Escucha; ántes mejor
Es que desde luégo finjas
Tú el enojo, y que te vayas;
Pues con aquesto le obligas
A que él esté más seguro
De que yo en su casa asista.
MARCELA.
Dices bien, que con mi ausencia
Se sanea esta malicia.
LAURA.
¿Cómo se ha de hacer?
MARCELA.
Así:
Dame el manto, y dirás Silvia,
Que fuí en casa de Laura;
Que para hacer más creida
La causa, quise ir de noche.
_(Pónese el manto.)_
Y despues (aparte mira)
Busca á Lisardo, y dirásle
Como mi afecto le avisa
Que á verme vaya esta noche;
Y quédate donde sirvas
A Laura. Tú, Celia, ven
Conmigo; pues nos obliga
Esto á trocar con las causas
Las criadas.
LAURA.
¿Tan aprisa?
MARCELA.