CAPITULO XVIII.

Con la entrada del invierno vuelven los nuestros á las Provincias

marítimas. Rebelanse los de Magnesia, poneles sitio Roger, pero llamado

de Andronico, le levanta, y llega á la boca del estrecho con todo el

ejercito.

Detuviéronse ocho dias en el lugar de la victoria, y fueron pocos para

recoger la presa. Prosiguieron su camino hasta un lugar que Montaner

llama Puerta del hiero; término, y raya de la Natolia y Armenia.

Detúvose tres dias Roger dudoso del camino que tomarian, pero al fin

viendo cerca el Otoño, y hallándose tan á dentro de las Provincias que

aún no estaban bien aseguradas á su devocion, se resolvió con el parecer

de sus Capitanes, de volver á la Ciudad de Ania, y pasar en ella el

invierno, hasta que fuese tiempo de salir en campaña; pues aquel año se

habia roto cuatro veces al enemigo, y recuperado tantas Provincias.

Nicephoro dice, que por faltar las espías y gente práctica en la tierra

dejaron de pasar adelante; porque sin ella fuera cosa muy peligrosa, y

Roger era tan diestro Capitan, que no se aventurára temerariamente.

Hacinase las jornadas muy cortas, porque no pareciese que la retirada

era por algun temor, caminando por los puestos que tenian ya reconocidos

á la ida. En esta retirada cargan los Historiadores Griegos á los

nuestros de insolentes y crueles, que hicieron más daño en las Ciudades

de Asia que los Turcos enemigos del nombre Cristiano; y aunque creo que

fueron algunos los daños, pero no tantos como ellos lo encarecen. Porque

el tiempo que los nuestros estuvieron en Asia, fué muy poco, y éste le

ocuparon siempre en vencer y alcanzar señaladas victorias de sus

enemigos, de donde les resultaba infinita ganancia de las presas que

hacian, que eran tantas, que algunas veces las dejaban, ó por no

poderlas llevar, ó por estimarlas en poco; pero yo doy por verdadero lo

que dicen los Griegos, más no por eso se les puede quitar la gloria de

sus victorias. ¿Qué ejército se ha visto que diese ejemplo de moderacion

y templaza, y más el que alcanza muy á tarde sus pagas? No hay duda que

un ejército amigo mal disciplinado, es tan dañoso en una Provincia como

el del enemigo; y así los Griegos la mayor parte de sus historias

entretienen en las quejas de estos daños, encareciéndolos más de lo que

debe un Historiador.

Veniáse el ejército retirando hácia Magnesia, donde Roger tenía la mayor

parte de sus riquezas y tesoro, cuando les llegó aviso de los de

Magnesia, como Ataliote su Capitan se habia rebelado; y degollado la

guarnicion de los Catalanes que Roger habia dejado, y alzádose con sus

tesoros que habia recogido dentro de la Ciudad. El caso pasó de esta

manera.

Magnesia era una Ciudad fuerte y grande, y por entre ambas cosas difícil

de ganar si los ánimos de los naturales estaban unidos. Sucedió que

Roger mal advertido les entró á pedir, que para cuando él volviese le

tuviesen á punto caballos y dinero para socorrer su gente. Ellos

valiéndose del aborrecimiento que los Alanos, que estaban dentro, tenian

á los Catalanes, y movidos de la codicia de hacerse dueños de los

tesoros que Roger habia recogido, se resolvieron de tomar las armas, y

rebelarse. Comunicado su consejo con Ataliote, y aprobado por él, les

pareció ponerle en ejecucion; porque como antes vivian á modo de Ciudad

libre, temian venir en sujecion. Los ciudadanos eran muchos y armados,

los Alanos tambien, y los graneros con abundancia de trigo, armas,

dineros y otros pertrechos militares; finalmente recibiendo fé y

juramento entre sí de valerse unos á otros, pasaron á cuchillo parte de

los Catalanes que estaban dentro, parte prendieron, y los pusieron en

cárceles muy seguras. Con esto se confirmaron en su rebelion; porque no

hay cosa que más la asegure un hecho semejante, cuando la atrocidad

quita la esperanza del perdon. Este hecho no le parece al Griego

Pachimerio que lo refiere digno de vituperio, antes lo aprueba y alaba;

con que claramente se debe tener por apología más que por historia la

suya.

Sabida la rebelion de los de Magnesia por Roger, quiso castigarla luego;

y así con parte de los Alanos que le seguían, de los Romeos, y con todos

los Catalanes fué á poner sitio á la ciudad para castigarla, como

merecia tan fea maldad. Hizo venir con notable diligencia máquinas y

artificios para batirla, y á pocos dias dió un asalto general, en que

fueron rebatidos los nuestros con grande mofa y escarnio de los

cercados, y á Roger con palabras injuriosas le afrentaban. Quiso Roger

romperles los conductos, pero ellos advertidos hicieron una salida con

que impidieron el efecto. El cerco se continuaba, y en ese mismo tiempo

les vino un despacho de Andronico en que les mandaba, que dajado el

sitio de Magnesia, viniese á juntarse con Miguel su hijo, para socorrer

al Príncipe de Bulgaria cuñado de Roger, porque un tio suyo se le habia

levantado con parte del estado, y estaba en punto de perderse si no se

le acudia presto con socorro. Tengo por muy cierto, que este

levantamiento fué fingido por Andronico, por dar alguna razon aparente

para sacar los nuestros de Asia, de quien temió siempre, que acreditados

con tantas victorias se alzarian con ella, negándole la obediencia, y

para obligar más á Roger, le puso delante el peligro de su cuñado. A

estos daños vive sujeto el Capitan que sirve á Príncipes tiranos ó

pequeños, en quien siempre la sospecha y recelos tienen el primer lugar

en sus consejos. Dichoso el que obedece y sirve á grande y poderoso

Monarca, en cuya grandeza no puede caber ofensa nacida del aumento de su

vasallo. Para tener por ciertos estos movimientos, me hace gran

dificultad el ver que no trata Nicephoro de ellos, antes bien dá

diferente causa porque los nuestros no pasaron adelante con sus

victorias, que fué el miedo grande de Andronico, y sin duda este fué el

que detuvo la buena dicha de los nuestros, y el que impidió que no se

restaurasen todas las Ciudades y Provincias del antiguo Imperio de los

Romanos. Estas son las mismas palabras de Nicephoro: «Roger, después de

haberse juntado en consejo, resolvió de replicar al Emperador, y en

tanto ver si podia ganar á Magnesia, pero la resistencia de los de

dentro fué de manera, que Roger se hubo de retirar con pérdida de

reputacion y gente, y aunque llegó á tratar de concierto con ellos, con

solo que le volviesen el dinero, no lo pudo alcanzar. Por esto y porque

los Alanos se despidieron, trató Roger de levantarse del sitio, dando

por disculpa que el Emperador se lo mandaba; pero muchos no dejaron de

tener un oculto sentimiento de salir de aquellas Provincias sin castigar

los Magneositas, y dejar lo que habian ganado á la furia y rigor de los

Bárbaros, que luego las habian de ocupar viéndolas sin defensa. No

faltaban entre los soldados ordinarios algunos, que con secretas

pláticas alteraban los ánimos para nuevos movimientos, diciendo: ¿Qué

nos importaba haber vencido tantas veces, si se nos quita el premio de

las manos? ¿Para esto salimos de nuestra tierra, y del regalo de la

patria; para tener por recompensa del peligro de la vida tantas veces

aventurada una pequeña paga? ¿Después de ganada una Provincia sacarnos

de ella, y darnos por galardon de tantos servicios una nueva y peligrosa

guerra? Los Capitanes y la demás gente de lustre aunque disimulaban, y

en lo exterior se dejaban engañar, sentian mal de esta partida, y

creyeron que más habia nacido de los recelos de Andronico, que de los

movimientos de Bulgaria. Llegaron los nuestros á la ciudad de Ania, y de

allí tomaron el camino hasta la boca del estrecho por todas aquellas

Provincias marítimas, navegando siempre la armada al paso que ellos

marchaban por tierra. Con esta órden llegaron al Cabo que está en el

estrecho, en frente de Galípoli, que Montaner llama Boca de Aner.

Avisaron de allí al Emperador como estaban á punto para embarcarse,

aguardando nueva órden para partirse. Quedó contentísimo Andronico de

que los Catalanes le hubiesen obedecido, y alabándoles por cartas su

puntualidad en cumplir sus órdenes, les hizo saber como los movimientos

de Bulgaria con solo la fama de que venia el ejército de los Catalanes

se sosegaron.» Esto es lo que dice Montaner; Pero Pachimerio parece que

refiere con más verdad la ocasion que tuvo Andronico en este segundo

despacho de decir que ya estaba todo sosegado; porque Miguel Paeologo su

hijo á persuasion de los Griegos ofendidos, y de los soldados de otras

naciones que tenia en su servicio, que como inferiores en número y valor

temian á los Catalanes, escribió á su padre Andronico que no queria que

Roger se juntase con su ejército, porque temia guerras civiles, y que la

insolencia de los Catalanes no la pudiera sufrir, si con la misma

libertad que en Asia habian de proceder y vivir, y que Gregorio cabeza

de los Alanos estaba con él ofendido por la muerte de su hijo, y que

viendo á Roger y á los suyos, sería ocasion de algun gran rompimiento.

Con esto Andronico le pareció que sería conveniente buscar algun medio

para que esto se compusiese; y así mando á su hermana Irene, y á su

sobrina María, que se fuesen luego á Galípoli, y tratasen con Roger, que

dajando la mayor parte de su ejército en Asia, con solos mil hombres

escogidos pasase á juntarse con Miguel. Consultó el caso Roger con los

más principales Capitanes, y á todos les pareció cosa peligrosa el

dividir sus fuerzas, y sospecharon luego que esto no fuese principio de

alguna muy grande traicion; y así Roger respondió á su suegra, que él no

se hallaba con ánimo bastante de persuadir á los Catalanes que se

dividiesen, pasando mil de ellos á Grecia, y que los demás quedasen en

Asia. La suegra volvió al Emperador, y le dió razon de lo que habia

pasado con su yerno. Con esto se acabó la guerra de Asia en poco más de

dos años; corto espacio de tiempo para tan señalados hechos, bastantes á

ilustrar un siglo entero.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 46 / 112 题