Con la entrada del invierno vuelven los nuestros á las Provincias
marítimas. Rebelanse los de Magnesia, poneles sitio Roger, pero llamado
de Andronico, le levanta, y llega á la boca del estrecho con todo el
ejercito.
Detuviéronse ocho dias en el lugar de la victoria, y fueron pocos para
recoger la presa. Prosiguieron su camino hasta un lugar que Montaner
llama Puerta del hiero; término, y raya de la Natolia y Armenia.
Detúvose tres dias Roger dudoso del camino que tomarian, pero al fin
viendo cerca el Otoño, y hallándose tan á dentro de las Provincias que
aún no estaban bien aseguradas á su devocion, se resolvió con el parecer
de sus Capitanes, de volver á la Ciudad de Ania, y pasar en ella el
invierno, hasta que fuese tiempo de salir en campaña; pues aquel año se
habia roto cuatro veces al enemigo, y recuperado tantas Provincias.
Nicephoro dice, que por faltar las espías y gente práctica en la tierra
dejaron de pasar adelante; porque sin ella fuera cosa muy peligrosa, y
Roger era tan diestro Capitan, que no se aventurára temerariamente.
Hacinase las jornadas muy cortas, porque no pareciese que la retirada
era por algun temor, caminando por los puestos que tenian ya reconocidos
á la ida. En esta retirada cargan los Historiadores Griegos á los
nuestros de insolentes y crueles, que hicieron más daño en las Ciudades
de Asia que los Turcos enemigos del nombre Cristiano; y aunque creo que
fueron algunos los daños, pero no tantos como ellos lo encarecen. Porque
el tiempo que los nuestros estuvieron en Asia, fué muy poco, y éste le
ocuparon siempre en vencer y alcanzar señaladas victorias de sus
enemigos, de donde les resultaba infinita ganancia de las presas que
hacian, que eran tantas, que algunas veces las dejaban, ó por no
poderlas llevar, ó por estimarlas en poco; pero yo doy por verdadero lo
que dicen los Griegos, más no por eso se les puede quitar la gloria de
sus victorias. ¿Qué ejército se ha visto que diese ejemplo de moderacion
y templaza, y más el que alcanza muy á tarde sus pagas? No hay duda que
un ejército amigo mal disciplinado, es tan dañoso en una Provincia como
el del enemigo; y así los Griegos la mayor parte de sus historias
entretienen en las quejas de estos daños, encareciéndolos más de lo que
debe un Historiador.
Veniáse el ejército retirando hácia Magnesia, donde Roger tenía la mayor
parte de sus riquezas y tesoro, cuando les llegó aviso de los de
Magnesia, como Ataliote su Capitan se habia rebelado; y degollado la
guarnicion de los Catalanes que Roger habia dejado, y alzádose con sus
tesoros que habia recogido dentro de la Ciudad. El caso pasó de esta
manera.
Magnesia era una Ciudad fuerte y grande, y por entre ambas cosas difícil
de ganar si los ánimos de los naturales estaban unidos. Sucedió que
Roger mal advertido les entró á pedir, que para cuando él volviese le
tuviesen á punto caballos y dinero para socorrer su gente. Ellos
valiéndose del aborrecimiento que los Alanos, que estaban dentro, tenian
á los Catalanes, y movidos de la codicia de hacerse dueños de los
tesoros que Roger habia recogido, se resolvieron de tomar las armas, y
rebelarse. Comunicado su consejo con Ataliote, y aprobado por él, les
pareció ponerle en ejecucion; porque como antes vivian á modo de Ciudad
libre, temian venir en sujecion. Los ciudadanos eran muchos y armados,
los Alanos tambien, y los graneros con abundancia de trigo, armas,
dineros y otros pertrechos militares; finalmente recibiendo fé y
juramento entre sí de valerse unos á otros, pasaron á cuchillo parte de
los Catalanes que estaban dentro, parte prendieron, y los pusieron en
cárceles muy seguras. Con esto se confirmaron en su rebelion; porque no
hay cosa que más la asegure un hecho semejante, cuando la atrocidad
quita la esperanza del perdon. Este hecho no le parece al Griego
Pachimerio que lo refiere digno de vituperio, antes lo aprueba y alaba;
con que claramente se debe tener por apología más que por historia la
suya.
Sabida la rebelion de los de Magnesia por Roger, quiso castigarla luego;
y así con parte de los Alanos que le seguían, de los Romeos, y con todos
los Catalanes fué á poner sitio á la ciudad para castigarla, como
merecia tan fea maldad. Hizo venir con notable diligencia máquinas y
artificios para batirla, y á pocos dias dió un asalto general, en que
fueron rebatidos los nuestros con grande mofa y escarnio de los
cercados, y á Roger con palabras injuriosas le afrentaban. Quiso Roger
romperles los conductos, pero ellos advertidos hicieron una salida con
que impidieron el efecto. El cerco se continuaba, y en ese mismo tiempo
les vino un despacho de Andronico en que les mandaba, que dajado el
sitio de Magnesia, viniese á juntarse con Miguel su hijo, para socorrer
al Príncipe de Bulgaria cuñado de Roger, porque un tio suyo se le habia
levantado con parte del estado, y estaba en punto de perderse si no se
le acudia presto con socorro. Tengo por muy cierto, que este
levantamiento fué fingido por Andronico, por dar alguna razon aparente
para sacar los nuestros de Asia, de quien temió siempre, que acreditados
con tantas victorias se alzarian con ella, negándole la obediencia, y
para obligar más á Roger, le puso delante el peligro de su cuñado. A
estos daños vive sujeto el Capitan que sirve á Príncipes tiranos ó
pequeños, en quien siempre la sospecha y recelos tienen el primer lugar
en sus consejos. Dichoso el que obedece y sirve á grande y poderoso
Monarca, en cuya grandeza no puede caber ofensa nacida del aumento de su
vasallo. Para tener por ciertos estos movimientos, me hace gran
dificultad el ver que no trata Nicephoro de ellos, antes bien dá
diferente causa porque los nuestros no pasaron adelante con sus
victorias, que fué el miedo grande de Andronico, y sin duda este fué el
que detuvo la buena dicha de los nuestros, y el que impidió que no se
restaurasen todas las Ciudades y Provincias del antiguo Imperio de los
Romanos. Estas son las mismas palabras de Nicephoro: «Roger, después de
haberse juntado en consejo, resolvió de replicar al Emperador, y en
tanto ver si podia ganar á Magnesia, pero la resistencia de los de
dentro fué de manera, que Roger se hubo de retirar con pérdida de
reputacion y gente, y aunque llegó á tratar de concierto con ellos, con
solo que le volviesen el dinero, no lo pudo alcanzar. Por esto y porque
los Alanos se despidieron, trató Roger de levantarse del sitio, dando
por disculpa que el Emperador se lo mandaba; pero muchos no dejaron de
tener un oculto sentimiento de salir de aquellas Provincias sin castigar
los Magneositas, y dejar lo que habian ganado á la furia y rigor de los
Bárbaros, que luego las habian de ocupar viéndolas sin defensa. No
faltaban entre los soldados ordinarios algunos, que con secretas
pláticas alteraban los ánimos para nuevos movimientos, diciendo: ¿Qué
nos importaba haber vencido tantas veces, si se nos quita el premio de
las manos? ¿Para esto salimos de nuestra tierra, y del regalo de la
patria; para tener por recompensa del peligro de la vida tantas veces
aventurada una pequeña paga? ¿Después de ganada una Provincia sacarnos
de ella, y darnos por galardon de tantos servicios una nueva y peligrosa
guerra? Los Capitanes y la demás gente de lustre aunque disimulaban, y
en lo exterior se dejaban engañar, sentian mal de esta partida, y
creyeron que más habia nacido de los recelos de Andronico, que de los
movimientos de Bulgaria. Llegaron los nuestros á la ciudad de Ania, y de
allí tomaron el camino hasta la boca del estrecho por todas aquellas
Provincias marítimas, navegando siempre la armada al paso que ellos
marchaban por tierra. Con esta órden llegaron al Cabo que está en el
estrecho, en frente de Galípoli, que Montaner llama Boca de Aner.
Avisaron de allí al Emperador como estaban á punto para embarcarse,
aguardando nueva órden para partirse. Quedó contentísimo Andronico de
que los Catalanes le hubiesen obedecido, y alabándoles por cartas su
puntualidad en cumplir sus órdenes, les hizo saber como los movimientos
de Bulgaria con solo la fama de que venia el ejército de los Catalanes
se sosegaron.» Esto es lo que dice Montaner; Pero Pachimerio parece que
refiere con más verdad la ocasion que tuvo Andronico en este segundo
despacho de decir que ya estaba todo sosegado; porque Miguel Paeologo su
hijo á persuasion de los Griegos ofendidos, y de los soldados de otras
naciones que tenia en su servicio, que como inferiores en número y valor
temian á los Catalanes, escribió á su padre Andronico que no queria que
Roger se juntase con su ejército, porque temia guerras civiles, y que la
insolencia de los Catalanes no la pudiera sufrir, si con la misma
libertad que en Asia habian de proceder y vivir, y que Gregorio cabeza
de los Alanos estaba con él ofendido por la muerte de su hijo, y que
viendo á Roger y á los suyos, sería ocasion de algun gran rompimiento.
Con esto Andronico le pareció que sería conveniente buscar algun medio
para que esto se compusiese; y así mando á su hermana Irene, y á su
sobrina María, que se fuesen luego á Galípoli, y tratasen con Roger, que
dajando la mayor parte de su ejército en Asia, con solos mil hombres
escogidos pasase á juntarse con Miguel. Consultó el caso Roger con los
más principales Capitanes, y á todos les pareció cosa peligrosa el
dividir sus fuerzas, y sospecharon luego que esto no fuese principio de
alguna muy grande traicion; y así Roger respondió á su suegra, que él no
se hallaba con ánimo bastante de persuadir á los Catalanes que se
dividiesen, pasando mil de ellos á Grecia, y que los demás quedasen en
Asia. La suegra volvió al Emperador, y le dió razon de lo que habia
pasado con su yerno. Con esto se acabó la guerra de Asia en poco más de
dos años; corto espacio de tiempo para tan señalados hechos, bastantes á
ilustrar un siglo entero.