_Esta comedia se hizo 18 dias, en Sevilla.--Hay una rúbrica._
[Ilustración]
RELACION
DE LA FAMOSA COMEDIA
DEL PREMIO DE LA HERMOSURA
Y AMOR ENAMORADO,
_que el Príncipe, nuestro señor, la cristianísima Reina de
Francia y serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus
hermanos, y algunas de las señoras damas representaron en el
Parque de Lerma, lúnes 3 de Noviembre de 1614 años_.
Hallándose Su Majestad en Lerma muy entretenido, en compañía del
Príncipe nuestro señor, de la cristianísima reina de Francia, y
serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus muy caros y amados
hijos, y con gran cuidado el Duque de tener fiestas para ello, entre
algunas de toros, cañas y extraordinarias invenciones de regocijado
y vistosísimo fuego, en diferentes dias, noches y puestos, hubo
resolucion que se representase la famosa comedia de _El Premio de la
hermosura y Amor enamorado_, que teniéndola estudiada los cuatro
serenísimos hermanos y algunas señoras damas, estuvo determinada para
otras ocasiones, y por festejar en ésta á su padre, quiso el Príncipe
nuestro señor, acompañado de su ayo en el mismo deseo, reconociendo
el amor recíproco que deben, declararse por autor de esta gran
representacion ayudándole sus hermanos y damas, con mucho gusto.
Para ejecucion de este pensamiento, se escogieron por teatro el sitio
llano que hay entre la bajada del castillo y palacio, y el primer
brazo del rio Arlanza, que sangrado en algunos, fertiliza y hermosea
el amenísimo parque, teniéndole todo el año verde y en extremo
apacible.
Aquí se hizo un tablado, igual con el suelo, de ciento y cincuenta
piés en largo y ochenta en ancho, y atajándole por la parte del
Occidente, en un apartamiento de cincuenta, se hizo el vestuario, y
en él cuatro aposentos, que, colgados de tapicería, quedaron fuertes,
abrigados y capaces para que en cualquiera se vistiese una de las
cuatro personas reales; detras de ellos se armó una gran tienda, con
su contratela, todo de hermosa vista, en la cual hubo disposicion
para vestirse las damas y asistir á ello sus criadas, sin ocasion de
mezclarse ni inquietar la fiesta, que no fué lo ménos admirable de
ello.
En medio de los cuatro aposentos hubo otro para oficiales de los
tornos y otros ministerios de las apariencias, sin embarazarse ni
poder ver los personajes, ni llegar á sus estancias, y en esta forma
para los mismos efectos hubo dos altos de corredores, pasadizos y
aposentos.
Por el Oriente y Mediodía dividian el tablado dos vallas iguales y
consecutivas cubiertas de alfombras; delante de la primera, cerca
del mediodía de ella, estuvo la silla de Su Majestad, y á las
espaldas apartamientos para caballeros y personas graves; de aquí
se levantaba un tablado con gradas en que estuvieron criados de la
casa real y otras personas, y entre él y el rio se armó otra tienda
correspondiente á la del vestuario, que servia de entrada á todo el
teatro.
Delante de la valla del Mediodía tuvieron lugar las señoras duquesa
de Peñaranda, condesas de Castro y Barajas, dueñas y damas que no
representaron, y detras, en un tablado algo eminente, mujeres de
criados de Su Majestad y criadas de damas; y estos dos lados estaban
colgados de tapicería.
Por el del Norte tenía el brazo del rio, donde se hizo un muelle en
que pudieron caber los grandes, títulos, gentiles hombres de cámara,
mayordomos, caballerizos, meninos, pajes y caballeros que se hallaron
en Lerma, que fueron muchos.
La fachada del vestuario parecia en forma de media luna, y en la
parte del Norte, sobre el rio, se fabricó una montaña de siete
estados en alto, y en proporcion de la circunferencia, pintados en
ella riscos y aspereza, ceñida de algunos caminos y torcidas sendas
de aparente rusticidad; llamábase monte Iman. Parecia tan natural,
por esto y por el sitio en que estaba, que apénas se podia determinar
con la vista. Al pié de este monte se levantaba dentro del rio un
peñasco, donde con mucha propiedad se hizo apariencia de romperse
una nave; en lo bajo de la montaña, mirando al teatro, se mostraba
una cueva de oscura y pavorosa entrada, y pegado á ella estaba el
templo de Diana, á quien adoraban los bárbaros que la habitaban; era
catorce piés de ancho y veinte y cuatro en alto, y movíase todo con
tanta facilidad como si fuera una pequeña rueda, sustentándose en un
perno solo que tenía en la esquina de la parte del Norte, puesto con
tanto artificio que se extendia á la mitad del tablado, cuando habia
de manifestar su apariencia: estaba pintado con imitacion de edificio
brutesco.
Del lado derecho de este monte salia un corredor de buena perspectiva
para músicos, ministriles y otros instrumentos, y por donde hombres
armados, banderas, tambores y otras insignias de guerra hicieron
diversas muestras en diferentes ocasiones.
Cerca del Mediodía del teatro se veia el palacio de la emperatriz
Aurora, hermoseado con várias pinturas, torreones, castillos,
chapiteles y rejas, y al pié un jardin compuesto de flores y hierbas
naturales, y en medio una fuente que levantaba el agua un estado.
En medio del frontispicio, junto á este palacio, estaba el templo de
Cupido, con dos puertas grandes cubiertas de ramas y cosas verdes, á
modo de ramada ó selva, con que se cubria gran parte de la fachada
del teatro, y cuando se abrian parecian detras las del templo,
pintadas de oro y azul.
En la esquina de mano derecha del mismo frontispicio, se levantaba un
castillo encantado de un sabio llamado Ardano, con pinturas á manera
de canterías troneras, torres y mucho almenaje; subíase á él por unas
gradas que se encubrian con un lienzo pintado de cosas rústicas, como
peñas y hierbas diferentes, y al correrse este paño se mostraba una
cueva que guardaban dos salvajes con sus mazas: rematábase la punta
del Mediodía en un peñasco que correspondia al monte Iman, y opuesto
á él, con muchos derrumbaderos y muy bien imitada, la aspereza, y
en la mitad de su altura la casa de la maga Circea, á modo de cueva
oscura y rústica.
Sobre el rio algo apartado del monte Iman, habia un torno que se
movia velocísimamente sobre las aguas, y encima una tabla en que
podia vivir una persona; y este lado estaba todo colgado de telas de
diferentes colores, que servian de cortina para encubrir y dar vista
al rio en algunos pasos de la comedia, en el cual detras del vestuario
habia una nave con todas sus jarcias y demas aparejos para navegar,
llevando treinta personas.
Á los dos lados del templo de Cupido, cuatro estados en alto, estaban
dos nubes, y en medio otra superior que las cubria y acompañaba
hasta el suelo, y dejándolas en él se volvia á lo alto, y tornaba á
acompañarlas cuando se habian de levantar á su lugar.
En lo alto del monte Iman estaba otra nube muy grande, y todas eran
de hechuras diferentes, y tan bien pintadas al natural, que lo
parecian mucho. Tenía el vestuario dos puertas para entrar al teatro,
una cerca del templo de Diana, otra debajo del castillo encantado, y
habia otras entradas por las cuevas, peñascos y montañas.
En esta forma se terminaba el teatro, cubierto todo de toldos y
coronado de luces, y habia muchas en las escaleras y torres de los
castillos, y diez y ocho blandones en el suelo; todos se encendieron
de dia, con que no pudo conocerse la noche cuando vino.
Aderezado todo en esta forma, parecia la más extraordinaria y
agradable vista que imaginarse puede, porque en ella no se hacian
imposibles los castillos encantados, los palacios grandiosos, los
espaciosísimos salones, y los tronos más encarecidos y alabados en
los imaginarios libros de caballerías, ántes parecia que cuanto
en ellos se ha fingido hicieron aquí la naturaleza y el arte tan
propiamente, que quedaron cortos los coronistas de aquellas hazañas
fabulosas, y que la verdad que aquí se miraba facilitaba la fe de
cuanto ellos dicen.
Todo estaba con tan gran arte, proporcion y seguridad, que parecia,
al verse, ordenado para eternizarse en aquel lugar en memoria de la
heroica y suntuosa fiesta que en él se representó.
Era la comedia de Lope de Vega; la eminencia de los versos, decencia
y decoro de ellos lo mostraban, que sólo su ingenio podia darlos
propios á tales recitantes.
Tomó el sujeto del libro de su Angélica, y como allí, introdujo
tantos reyes y reinas que vinieron á Sevilla á merecer y ocupar el
reino que su rey, cuando moria, mandó se diese al hombre ó mujer más
hermosa que se hallase, y allí daba el premio á Angélica, en esta
comedia á la emperatriz Aurora; y de juntarse los reyes y reinas
que introduce en ella á la competencia del premio de la hermosura
se enamoran variamente, encontrándose algunos en la eleccion, y
otros conformándose en la correspondencia, y cuando se acabó esta
junta se dividieron en diferentes partes, acompañando algunos á las
reinas en las jornadas y navegaciones á sus reinos, y variándose
los acaecimientos vino á ser de mucho enredo, y muy apacible, toda
con grandes alusiones á historias, fábulas poéticas y libros de
caballerías, aventajando por esto á todas cuantas ha hecho su autor.
El lúnes 3 de Noviembre fué el dedicado para este solemnísimo
regocijo, y estando todo dispuesto á las cuatro de la tarde, como se
apeaban de los coches, empezaron á entrar en diferentes cuadrillas
los personajes que habian de representar, y recogiéndose en el
vestuario criados y personas de este ejercicio, llevaban plumas y
otros aderezos como recogiéndolos para la farsa, que no faltó esta
accion para imitar los cómicos más ejercitados.
El dia fué pardo y apacible, y estando todos en un admirable y quieto
silencio (que la novedad de tantas maravillas suspendia mucho),
entrando Su Majestad, Dios le guarde, con sonoroso ruido de chirimías
y otros instrumentos, se hizo una demostrativa salva desta entrada.
Fué por la tienda del Oriente, y habiéndose entretenido con sus hijos
hasta que los vistieron, salió á su silla con otra regocijadísima
salva.
Representaron los papeles de la comedia:
_Cupido_, el Príncipe nuestro señor.
_Aurora_, la cristianísima reina de Francia.
_El Agradecimiento_, deidad, el serenísimo infante don Cárlos.
_La Correspondencia_, deidad, la serenísima infanta María.
_Liriodoro_, rey de Grecia, la señora doña Isabel de Aragon.
_Leuridemo_, rey de Numidia, la señora doña Catalina de Acuña.
_Rolando_, rey de Hungría, la señora doña Catalina de la Cerda.
_Alizarán_, rey de Catay, la señora doña Mariana de Córdoba.
_Cardiloro_, rey de Tánger y _Rosélida_, la señora doña Ana María de
Acuña.
_Lindabella_, reina de Tartaria, la señora doña Juana de Aragon.
_Mitilene_, reina de Argenes, la señora doña Estefanía de Mendoza.
_Tisbe_, reina de Epiro, la señora doña Luisa Osorio.
_Gonforrosto_, emperador salvaje, la señora doña Juana de Noroña.
_Solmarin_ y _Bramarante_, capitanes salvajes y dos jueces de
Oriente; doña María Jordan y doña Leonor de Quirós, de la cámara.
_Mandricardo_, vision y _Circea_, maga, doña María Marañon, de la
cámara.
_Ninfa Doris_, _Fabio_, jardinero, y un ciudadano, doña Vicenta de
Castro.
_Celio_, paje, doña Estefanía Gomiz de la Reguera.
_Figura de Diana_, en un altar, doña Francisca de Páramo, todas de la
cámara.
_Cintio_, capitan, Andres de Alcocer.
El traje en que se representaron los papeles de hombres, era de
baqueros cortos y basquiñas, aderezos de espadas, dagas, sombreros,
tocados á lo africano, algunos cuellos y puños blancos llanos.
El Príncipe, nuestro señor, salió á echar la loa con baquero,
calzones y ferreruelo frances de tabi de oro azul, guarnicion de
plata, cuello y puños blancos con puntas pequeñas, sombrero negro de
fieltro, falda larga, terciada, bordada, y la toquilla con muchas
plumas; botas blancas, tan galan y airoso, y recitóla tan bien, que,
cuando este dia no tuviera otra cosa que admirára, ésta pudiera sobre
cuantas ha tenido el mundo, porque no se juntaron jamas gentileza,
hermosura, desenfado, gala y propiedad en tan pocos años y tanta
majestad.
Empezó la comedia Cardiloro con baquero y basquiña azul y plata,
tocado moro, manto de velillo de plata encarnado, y queriendo
arrojarse con desesperacion en el rio por habérsele muerto su dama,
corriéndose una cortina, apareció sobre el agua una vision vestida
con saco de raso negro, cubierto el rostro con un velo leonado,
venía sobre la tabla ó invencion que se movia velocísimamente; era
Mandricardo, su padre, que le venía á defender la desesperacion, y
habiéndole reprendido el intento, desapareció con la mesma velocidad,
y cerrándose la vista al rio, quedó Cardiloro espantado de haber
visto á su padre. Salió el sabio Ardano á consolarle y ofrecerle su
castillo para que reposase, le llevó á él, y corriendo el lienzo que
le encubria, parecieron los salvajes y la entrada, recogiéndole allí;
y dejándole durmiendo, le encantó para que estuviese así hasta cierto
tiempo en que luciesen sus hazañas. Cerróse el castillo.
Salieron cuatro reyes por puertas diferentes fingiendo venir de
diversas partes á hallarse á la competencia del premio de la
hermosura.
Liriodoro con baquero y basquiña de tabi de plata encarnado, bordado
de cañutillos de vidrio negro, sombrero de falda grande, terciada,
bordada, y la toquilla con una rosa grande de diamantes.
Leuridemo, con baquero y basquiña de tabi de oro encarnado,
guarnicion de plata, sombrero de falda larga terciada, con rosa y
cintillo de diamantes.
Rolando, con baquero de tabi encarnado, bordado todo de lentejuelas
de plata, y la basquiña de la mesma tela, bordada de labores grandes
de relieve de cañutillo y hojuela de plata, sombrero de falda corta,
trencillo de diamantes y una puntilla de pluma blanca con sus rizos.
Alizarán, con baquero de terciopelo negro guarnecido de plata,
basquiña de tabi de oro encarnado y de la misma guarnicion, manto de
velillo de plata encarnado, tocado de muchas plumas y rizos, á lo
africano.
Hablando los cuatro en la competencia, salió un ciudadano á darles
cuenta de las Reinas que habian concurrido á ella y cómo venian los
jueces á sentenciar.
Entraron dos con garnachas de encarnado y plata, coronas y varas
doradas, y llamando las Reinas para hacer el juicio, entraron cuatro.
Lindabella, con baquero y basquiña de encarnado y oro, muchas plumas
en el tocado, manto de velillo de plata.
Tisbe, con baquero á lo romano y basquiña de tabi azul de oro, manto
de velillo de plata, tocado de plumas y rizos.
Rosélida, reina de Persia, baquero y basquiña de tabi encarnado,
guarnicion de plata, tocado de plumas y toca de colores y manto
blanco.
Informando cada uno de su justicia, los jueces se pusieron en
oracion delante del templo de Cupido para que les declarase la mayor
hermosura, abriéronse las puertas á este tiempo, y primero la selva
que estaba delante, causando admiracion el movimiento de tanta
máquina y la multitud de estrellas, espejos y adorno de florones de
oro que pareció despues de abierto; estaba sobre el altar la figura
de Cupido con todas sus insignias, y puestos todos en oracion con
mucha música, bajaron las dos nubes de los lados del templo, y la
superior que las acompañaba, y llegando al suelo, se abrió la de
mano derecha y en medio pareció sentado Cupido, y á sus lados el
Agradecimiento y Correspondencia.
Cupido, con arco, carcax y venda en la frente, plumas en ella, en
cuerpo, con el mismo vestido que echó la loa, el Agradecimiento con
montera y baquero de tabi verde, una banda encarnada, guarnicion de
plata y botas blancas.
La Correspondencia, con baquero y basquiña de tabi azul, guarnecido
de oro, tocado de plumas y rizos.
Para abrirse la nube tendió muchas alas y volantes, pareciendo
dentro muchas estrellas y córtes de velillos de colores, y los
tres bellísimos hermanos parecian, no las deidades fingidas que
representaban, sino verdaderos celestiales espíritus que bajaban para
la perfeccion y complemento de la fiesta.
En otra nube venía la emperatriz Aurora, con baquero y basquiña de
tabi encarnado de oro y guarnicion de plata, puntas de lo mesmo
en los faldones del baquero, tocado de plumas de colores y tocas
blancas y manto de velillo blanco con muchos diamantes. Tendió la
nube diversas ruedas y volantes cuando se abrió, mostrándose muy rica
por lo interior; pareció la Reina tan hermosa y resplandeciente, que
turbó la vista á cuantos la miraban, y no sólo parecia aurora, mas el
mesmo sol acompañado de todas las estrellas.
Salieron todos los hermanos de las nubes, y dió Cupido la corona á
Aurora, diciendo que sólo á su hermosura era debida, de que quedaron
todos muy contentos y le dieron gracias, y diciendo él que la habia
traido del cielo para ello, se metió en su nube y con mucha música se
empezaron á levantar todas tres hasta su lugar, quedando Aurora que
llevó en su compañía á Lindabella, para estar juntas en su palacio.
El Agradecimiento y Correspondencia, los dos serenísimos Infantes, se
fueron á sentar junto á su padre, habiendo representado sus papeles
tan bien, que no se puede encarecer su gracia: Dios los guarde.
Las demas reinas se fueron á sus provincias, por la mar, acompañando
á Tisbe y á Rosélida, Liriodoro y Alizarán enamorados de sus
hermosuras, y en el reino de Aurora se quedaron Leuridemo y Rolando
enamorados de Lindabella, y Mitilene de Leuridemo, con que se acabó
la primera jornada.
Por intermedio salió á danzar el Príncipe, nuestro señor, con la
señora doña Sofía, vestida basquiña y baquero verde, guarnecido de
plata, abanino y verdugado; danzaron Galería de amor y Canario,
su Alteza con extremado aire y gracia, y la señora doña Sofía tan
diestramente, que el ver tanta perfeccion en tan pequeños cuerpos,
sobre la novedad y grandeza de cuanto se miraba, metió á muchos en
sospecha que todo era encantado.
En la segunda jornada, despues de haber representado diferentes
personas, estando en el tablado Gonforrosto, vestido un sayo largo
de tabi blanco bordado todo de florones verdes y encarnados, los
cabellos sueltos y con baston de general y guirnaldas en la cabeza,
y con él dos capitanes, Solmarino y Bramarante, vestidos sayos de
raso verde y oro, cabellos sueltos y mazas; hablando los tres, de
la parte del rio se oyeron grandes voces y ruido como de navegantes
que se perdian, acudieron los salvajes á las peñas para reconocer lo
que era, y corriéndose las cortinas que encubrian el rio, pareció
en él una nave que muy furiosa iba á embestir con la roca, venian
en ella Tisbe, Rosélida, Alizarán, Liriodoro y marineros con muchas
luces; con ellas las personas que traian las joyas, vestidos y
plumas. Fué la más agradable y nueva apariencia que puede imaginarse,
causando igualmente alegría y lástima, porque representaban con tanta
propiedad su perdicion, que parecia cierto el peligro de que se
lamentaban.
Sonando la nave como rompida, cerró la vista al rio, y saliendo al
teatro por diferentes partes algunos, como escapados de la tormenta,
fué el primero Liriodoro, á quien los capitanes salvajes captivaron,
y tambien á Rosélida, llevándolos á su Emperador, que á él le mandó
sacrificar á Diana y de ella se enamoró.
Tisbe se escondió en una cueva, y Alizarán por lo alto del monte,
lamentándose todos de no saber unos de otros.
Mitilene, hija de la sábia Circea, andaba enamorada de Leuridemo, el
cual, por estarlo de Lindabella, no la admitia; fué Mitilene á pedir
favor á su madre, que salió vestida de raso negro y plata, manto de
velillo de plata negro, y entendido el caso, ofreciendo ayudarla, se
fueron á su cueva, con que se acabó la segunda jornada.
En el intermedio salió á bailar la Reina, la Condesa de Medellin,
las señoras doña Mariana de Córdoba, doña Estefanía de Mendoza, doña
Luisa Osorio, doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, con
los mesmos vestidos de la farsa; bailaron la Españoleta, y la Reina
tan airosamente y con tanta destreza, que guiando á todas, hizo que
se pusiese en olvido lo que habia pasado: pareció coro de ninfas de
los que celebran los poetas festejando á su Diana.
En la tercera jornada, tratando Circea con Rolando que ella haria una
nave muy rica y la pondria en el puerto, y él publicaria que se la
enviaban de su reino para que se fuese él en ella, y que sería tal
su riqueza y fábrica, que obligaria á Aurora y á Lindabella á que
entrasen á verla, pidiendo él que por maravillosa le hiciesen ese
favor, y que teniéndolas en la nave, haria que con mucha ligereza
navegase, llevándolas á Hungría donde se casaria él con Lindabella,
y que sabiéndolo Leuridemo, recibiria por mujer á Mitilene; y
habiéndolas embarcado con este engaño, se hizo relacion de todo y
de la huida de la nave, contándoselo á Leuridemo, que estaba en
el jardin de Aurora con Fabio su jardinero, Belisa, dama, que muy
lastimada vino á darle cuenta, y diciendo que ya parecia en el mar,
se corrieron todas las cortinas desocupando la vista al rio, quedando
descubierto gran parte de él.
Echando Leuridemo maldiciones á la sábia y á la nave, pasó á vista
de todos con velocidad, pero de suerte que duró el poder verla
por medio cuarto de hora; llevaba á Aurora, Lindabella, Mitilene,
Circea, Rolando, su paje Celio y gentes de mar, con muchas luces,
gallardetes, flámulas, estandartes y banderolas de diferentes
colores, velas tendidas, que con la variedad de joyas, plumas, tocas
y galas de los que en ella iban, fué la más bella y alegre vista que
en las aguas pudo esperarse, y parecia que las fabulosas córtes de
Neptuno eran verdaderas y que el mismo Júpiter y las demas fingidas
diosas se habian juntado en el globo de la nave, queriendo mostrar á
porfía el poder de su hermosura y deidad. Cerróse la vista al rio, y
Leuridemo prosiguió en sus execraciones con tan viva voz y lastimado
sentimiento, que si la nave llevára hombres-fieras ó mármoles, los
enterneciera y obligára con sus quejas á detenerse y á escucharlas,
sin reparar en que eran lágrimas de comedia; entróse Leuridemo y
cerróse la vista al rio.
Gonforrosto mandó á sus capitanes sacrificasen á Liriodoro, y
habiéndolo hecho, salió Tisbe preguntándoles por él y se le
enseñaron, abriendo el templo movido sobre el perno en que estaba
fabricado, para que se pudiese gozar de su vista, pareció lleno de
luces, velillos y chapas de plata, y sobre el ara la figura de Diana,
vestida de raso blanco, guarnicion de plata, cabello suelto y un
venablo en la mano. Viendo Tisbe muerto á Liriodoro sobre la última
grada del altar, tomando un puñal á Gonforrosto, se mató dejándose
caer sobre el cuerpo; cerróse el templo, y fuéronse los salvajes
admirados retirándose á su lugar.
Salió Leuridemo con Cintio, capitan, que le representó Andres de
Alcocer, señor de Tovilla, á quien por sus gracias singulares quiso
su alteza repartir papel en esta comedia, porque no le faltase
entremes; traia Leuridemo gente de guerra y armada de mar en
seguimiento de la nave, y él y los que en ella iban y los que andaban
por la montaña, se hallaron juntos al pié de ella, por tormentas y
otros sucesos; y dándose cuenta de ellos unos á otros, salió Doris,
ninfa de Diana, con jubon y basquiña de raso blanco y guarnicion
de oro, baquero de velo de plata y muchas plumas y tocas, con dos
guirnaldas de flores en un cestillo, que de parte de la diosa traia
para los dos amantes muertos, y contando á todos el caso, se abrió el
templo y parecieron los dos tendidos en las gradas; coronólos Doris,
todos les dijeron singulares elogios, y pidieron á Leuridemo les
cantase una elegía, y tomando la guitarra, la señora doña Catalina
de Acuña se la cantó con tanta suavidad y propiedad de fúnebres
y lastimosos acentos y quiebros enamorados, que resucitáran los
muertos, si lo fueran, para oirlas.
Bajo la nube que estaba sobre el monte Iman, y en medio de la
bajada se abrió, con admirable vista de la hermosura de su fábrica
y majestad interior, mostrando muchas alas doradas de lucidísimo
adorno, y extendiendo muchos círculos, que se extendian unos en otros
á modo de esfera; venía dentro Cupido á casarse con Aurora, y en
llegando al suelo salió á darla la mano, y llevándola á la derecha,
se sentaron en la nube, y cerrándose se levantó á su lugar. Los demas
se casaron con quien cada uno queria, que la facultad general de
dispensar en esto sólo la tienen los poetas.
Así tuvo fin esta gran comedia, gobernando el Príncipe nuestro señor
cuanto en ella se representó, y salidas y entradas de todos, con gran
puntualidad y cuidado, advirtiendo lo que habian de hacer, sin que en
alguna hubiese falta.
La admiracion que puede causar lo que se ha dicho de su Alteza, y la
verdad de lo que pasó, que fué mucho mayor, pondérenlo sus reinos y
los del mundo, para esperar los efectos que pueden prometer de estas
muestras de su gran caudal en tan tiernos años: muchos guarde Dios á
su Alteza. Acabada la farsa, tomó ferreruelo y sombrero, y se fué
á sentar junto á su padre para ver la máscara en que se remató la
fiesta.
Acabada la comedia, quitaron los oficiales el templo de Cupido tan
sordamente, que no pudo percibirlo el auditorio, quedando solas las
puertas que hacian la superficie á la fachada del vestuario.
Despues de haber tañido los violones, lo que bastó para dar lugar
á que se vistiesen las de máscaras, abriéndose la selva, se
presentaron parejas á la vista, cuatro damas con máscaras negras
rajadas, baqueros y basquiñas de raso encarnado, guarnecido de
oro, verdugados, mantos de velillo de plata, abaninos y tocados
de argentería, hachas en las manos. Eran la serenísima Reina, las
señoras doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, doña
Estefanía de Mendoza: salieron al teatro iguales, y habiendo danzado
un rato airosísimamente, en la mesma igualdad, vueltos los rostros
al vestuario, pareció la segunda cuadrilla, baqueros y basquiñas de
raso blanco, guarnicion de plata, mantos de velillo blanco y negros,
y plumas de los mismos colores y conformes en lo demas con la primera
cuadrilla; eran las señoras doña Juana de Castro, doña Catalina de la
Cerda, doña Mariana de Córdoba, doña Catalina de Acuña, y habiéndose
recibido, y juntas danzado con algunas vueltas y mudanzas mirando
al vestuario, una cuadrilla delante otra, hallándose cerca de Su
Majestad, se mostró la tercera, vestida de raso azul, guarnicion de
oro, mantos de velillo de plata encarnado, tocas de plata y conformes
en lo demas; eran las señoras doña Juana Portocarrero, doña Luisa
Osorio, doña Juana de Noroña, doña Isabel de Aragon. Habiéndose
recibido iguales, danzaron media hora con muchas vueltas y lazos,
que con dificultad se percibian, mas anduvieron con tanta destreza
en todo, que cuanto más confusa se hallaba la vista de cuantos lo
miraban, salian más concertadas en sus puestos. Guió la máscara la
Reina diestrísimamente y con tal cuidado, que cuando le faltára á
quien la seguia, no pudiera perderse; mas todas anduvieron con tanta
cuenta y arte, que pudieron acompañar tan gran Reina, en presencia de
tan alta majestad.
Para hablar de la representacion, aire, gala y bizarría de
la cristianísima Reina, no hay palabras, y así se quede á la
contemplacion de los que conocen su divina hermosura y participan la
comunicacion de su soberano entendimiento, y para los que se hallaron
presentes este dia, que por lo ménos venerarán con silencio y éxtasis
la parte que pudieron comprender.
Decir en particular la perfeccion con que cada una hizo lo que le
tocaba, y declarar las galas, joyas y costosísimos aderezos que
sacaron, no es posible, porque ningunas relaciones bastan ni pudo
percibirse cuanto se vió, ni empezándose á tratar de ellos puede
poner fin á lo que se dijese, porque es ofenderlo todo y temeridad
hablar en ello, ni yo me atreviera á hacer este borron si no me lo
mandáran; ocasion tienen los célebres ingenios de estos tiempos para
eternizarse con tan gran sujeto de sus historias y poesías.