_Rein._
En tanto que los caballos,
Desperdiciando colores,
Beben viento y pacen flores
De que podemos pensallos,
En esta ribera verde,
En quien soberbia é ingrata
Se despeña tanta plata,
Y tanto cristal se pierde,
Doñalda, engañar podemos
El sol.
_Doñ._
Del calor terrible
Nos salva el sitio apacible,
Diciendo que descansemos
En sus verdes laberintos,
Cuyos álamos traviesos,
Con grillos, tiene abril presos,
De esmeraldas y jacintos.
_Rein._
Voy á hacer que los criados
Se recojan, que hoy perdidos
Buscan, del sol ofendidos,
Los arroyos despeñados,
Que á dar tributo á este rio
Descienden con tanta prisa,
Mostrando en su eterna risa
Su inocente desvarío.
_Doñ._
Yo, don Reinaldos, en tanto,
Entretenida en mis penas,
Mares haré estas arenas,
Mezclando la risa al llanto.
_Roldan dentro._
Acabe el agua mi fuego.
_Doñ._
Voces en el rio suenan.
_Rold._
Hoy al agua te condenan
Mis celos, Medoro fiero.
_Doñ._
Luchando en el rio están
Dos hombres, ¿hay tal locura?
_Rold._
Aquí tendrás sepultura,
Y mis celos la tendrán.
_Doñ._
El uno al fondo se fué,
Y el otro nadando sale.
ROLDAN _sale mojado_.
_Rold._
Sin Angélica ¿qué vale
La vida? pero mi fe,
Sin ella tiene el valor
Que no tendrá semejante
Jamas en mortal amante,
Porqu’es inmortal mi amor.
_Doñ._
Espiró, sin duda, y quiero
Verle el rostro.
_Rold._
Ingrata bella.
_Doñ._
No está muerto.
_Rold._
¿Sois aquella
Por quien vivo y por quien muero?
_Doñ._
El Conde es.
_Rold._
¿Sois vos la ingrata?
_Doñ._
¿Hay tal suerte, hay tal ventura?
_Rold._
¿Sois vos la fiera hermosura
Que me da vida y me mata?
¿Sois vos la que en el infierno
Padeciendo me teneis?
¿Y sois la que padeceis
Conmigo un tormento eterno?
¿Sois quien me teneis aquí?
¿Sois Angélica?
_Doñ._
Sí soy.
_Rold._
Con vos condenado estoy,
Con vos precito, y así
En el infierno los dos
Gloria habemos de tener;
Vos en verme padecer,
Y yo en saber que es por vos.
_Doñ._
Conde de mis ojos,
Dueño de mi vida,
Á quien huí halagos
Y negué caricias,
Juventud con quien
Amor se eterniza,
Pues tal vencimiento
Su imperio acredita,
Ya cesó el rigor
Coronado de iras,
Armado de celos,
Calzado de envidias;
Ya murió Medoro,
Que amor facilita,
Imposibles tales
Con fuerzas divinas.
Ya salió del pecho
Para que en él vivas,
Espirando el cuerpo
Como el alma misma,
Ya amor quiere al fin
Que á tus piés se rinda
La que fué del orbe
Mayor tiranía.
Vén á mis imperios,
Donde te aperciban
Vasallos sus Javas,
Tesoros sus minas;
Lograrémos dulces
Horas mal perdidas,
Ya en sabrosas paces,
Ya en honestas riñas;
Que en paces y en guerras
Tierno amor se cria,
Pues de los halagos
Los disgustos libran.
Así al fin serémos,
Dos almas unidas,
Palomas constantes,
Castas tortolillas;
Vén, porque mis moros,
Conde, te reciban
Por alma que pone
Leyes en la mia.
_Rold._
Circe del Oriente,
Belleza que imita
Al sol en los rayos,
Y al cielo en la vista,
Dame ese alabastro,
Donde el alma imprima
Clavos de rubíes
Que mi nombre digan;
Dulce esclavitud,
Donde desestiman
Libertad las almas
Por vivir cautivas,
Luégo me desposen,
De moro me vistan,
Que si es mora el alma,
El traje lo diga.
Tráiganme una aljuba
De púrpura tiria,
Y de finas hojas,
Un monte me ciñan;
Dadme un corvo alfanje,
Y aunque su cuchilla
De damasco sea,
De coral se finja.
Ya es Orlando moro,
Lloren su ruina
Cruzados pendones,
Cristianas provincias.