_Rold._
Todo aquello que Angélica no sea,
Da muerte al pensamiento, al gusto enojos,
Que amor hace en mis ojos
Divino objeto y celestial idea;
En todo quiere el alma que la vea,
Y engañando el deseo,
En todo la imagino y no la veo.
Esta hermosa y bellísima alameda,
Arrogancia soberbia deste valle,
Que en alfombrada calle
Con los rayos del sol hojas enreda,
Treguas á mis sentidos le conceda.
_(Siéntese.)_
Si puede haber sosiego
Cuando es amor espíritu de fuego,
Que nadie te merezca, ingrata bella,
Está puesto en razon, y es justa cosa
Que á mujer tan hermosa
Hombre mortal no puede merecella;
Sólo yo puedo amalla, yo querella,
Y ella á mí amarme puede,
Sin que excedido amor en los dos quede,
¿Dónde está la verdad, plantas hermosas?
¿Dónde la ingratitud, dónde el agravio?
¿Qué hizo la madre eterna de las cosas?
Mas la selva en cadencias sonorosas,
Diciendo que la esconde,
En mis dudas parece que responde.
_Cantan dentro._
_Son aquellas blancas manos
Que quitaron tantas vidas,
Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas._
_Rold._
¡Válgame Dios! acordadas
Voces, y voces que digan:
Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas;
¿Qué puede ser? ¿qué será?
¿Angélica enternecida?
_Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas_;
¡En Angélica piedad!
Pero será fantasía
En voces imaginarias,
Si en todo amor la imagina.
Curando Angélica estaba,
Dice, con sus manos mismas
Las heridas de Medoro;
De Medoro, ¿hay tal desdicha?
Medoro, ¿quién es Medoro?
Del nombre tengo noticia;
Medoro, sí, ya me acuerdo,
Este es un moro que un dia
Pienso que en este lugar
La copia hermosa y divina
De Angélica profanaba,
Y á quien yo con bizarría
Maltraté y quité el alfanje,
Y es bajeza que se diga
Esto de un moro tan vil,
Ni que della se colija
Tal liviandad, si no es
Que amor soberbio castiga.
Mas, ¡Angélica piadosa,
Angélica agradecida!
¡Cielos! las canciones mienten,
Mienten las voces malditas;
Mas pastores son los que bajan
En lisonjera capilla
Del monte, dellos sabré
Si ésta es del amor envidia.
_Decienden_ PASTORES _por dos partes, cantando los unos y los otros_.
_Peyr._
En un pastoral albergue,
Que la guerra entre unos robles
Le dejó por escondido,
Ó lo perdonó por pobre,
Do la paz viste pellico,
Y conducen tres pastores
Ovejas del monte al llano
Y cabras del llano al monte,
Mal herido y bien curado
Se alberga un hermoso jóven,
Que sin tirarle amor flechas
Le coronó de favores.
Las venas con poca sangre,
Los ojos con mucha noche,
Le halló en el campo aquella
Vida y muerte de los hombres.
Del palafren se derriba,
No porque al moro conoce,
Sino por ver que á la hierba
Tanta sangre pasa en flores.
Hierbas aplica á las llagas,
Que si no sanan entónces,
En virtud de tales manos
Lisonjean los colores.
_(Vanse.)_