_Ric._
Tengo de conocerle gran deseo,
Aunque él me tiene á mí por enemigo.
_Ful._
No tiene el mundo un hombre á lo que veo
Más digno de llamarse honrado amigo.
_Ric._
Así lo dicen cuantos suyos veo.
_Ful._
Ninguno más de esa verdad testigo,
Y me pesa que vos vivais tan fuera
De su amistad.
_Ric._
Por Dios, que la tuviera,
Mas ya sabeis, Fulgencio, que he tratado
Esa mujer que Feliciano adora,
Celos y enojos muchas veces dado,
Que es lo que apartan la amistad agora.
El hombre que ama, al hombre que fué amado
Siempre aborrece, y receloso ignora
Si ha de volver aquél á verse un dia
En el estado mismo que solia.
Fuera de eso, Fulgencio, hay otro enredo
Que impide el amistad.
_Ful._
¿De qué manera?
_Ric._
Habrá tres meses (que deciros puedo
Á vos este secreto, aunque lo fuera)
Que vine aquí llamado de Tancredo,
Y pluguiera á Dios que no viniera,
Á cenar con la Circe, la Medea,
Que llaman la discreta Dorotea.
Era sin duda á costa, ó mal entiendo,
De Feliciano el gasto, y en entrando
Echáronle de casa, previniendo
La cena á que me estaban esperando;
Feliciano, por dicha, conociendo
Su engaño, vuelve al puesto, y derribando
Las puertas, á que salga con la espada
Me obliga, casa y cena alborotada.
Salgo y hallo no más de un hombre, quiero
Reñir con él, y que es mujer me dice;
Dejo la casa, cena y el acero
Envaino, á que ninguno contradice.
Acompañarla voy, aunque primero
De que no era traicion me satisfice,
Llego á su casa y háblola en la puerta,
Llena de amores y de celos muerta:
No es ménos de que adora en Feliciano,
Que está perdido aquí por Dorotea,
Yo, viendo el traje, ú de tocar su mano,
Ó por mi estrella, ó lo que fuere sea,
Así me pierdo, así me rindo, hermano,
Que no hay sol para mí, no hay luz que vea
Miéntras estoy ausente de su vista.
_Ful._
¡Suceso extraño! ¿Y qué hay de la conquista?
_Ric._
Que me aborrece al paso que la adoro.
_Ful._
¿Y cómo lo ha llevado Dorotea?
_Ric._
Queriendo bien ese mancebo de oro,
En quien agora su codicia emplea.
_Ful._
Pues no lo dudes que le da un tesoro,
Y la adora de suerte que desea
Dorar cuanto ella toque, como Mídas
Oro comen y de oro van vestidas,
En oro duermen, y oro, finalmente,
Pienso que son sus gustos y favores.
_Ric._
¡Pobre mancebo, rico y inocente
Pájaro simple entre esos dos azores!
_Ful._
Es recien heredado, no lo siente.
_Ric._
¡Oh Fulgencio! no hay género de amores
Más peligroso que una cortesana,
Lo que ella corta eternamente sana.
¡Qué enredos tienen! ¡qué palabras blandas!
¡Qué afeites de traiciones! todo es cebo.
¡Qué baños odoríferos! ¡qué holandas,
Mortaja vil de un moscatel mancebo!
Pues vellas como imágines en andas
En el estrado rico, limpio y nuevo,
Parecen las señoras más honestas;
Allí toman papeles, dan respuestas,
Llega el escritorillo, la esclavilla,
El tintero de plata la criada
Tiene en la mano, hincada la rodilla;
El paje está elevado, y todo es nada.
¡Pues ver en la almohada la almohadilla,
Y no hacer más labor que en la almohada,
Para fingir ocupacion!... es cosa
Insufrible en el mundo y vergonzosa.
¿Qué dirás si se juntan á consejo
Sobre pelar un hombre mentecato?
Celos si es mozo, tierno amor si es viejo;
Pedir la seda, el faldellin, el plato.
¡Si las vieses tocar al limpio espejo
Y quedar el bosquejo del retrato!
Mal año para mí si tú las vieses,
Que tantos ascos de[13] hicieses;
No saca algun pintor tantas colores,
Ni más ungüentos saca un cirujano.
Mira, por Dios, qué calidad de amores,
Y lo que aquí desprecia Feliciano,
No hay ramillete de diversas flores
Del alba pura en la divina mano,
Como el cuerpo y el rostro de Leonarda,
Discreta, hermosa, principal, gallarda.
_Ful._
Es mozo, y va siguiendo su apetito,
Que á cada cual le rige su deseo,
Su amigo soy, su gusto solo imito.
_Ric._
¿En qué entiende en faltando de este empleo?
_Ful._
De la suerte que en número infinito
Al panal de la miel acudir veo
Las importunas moscas el verano,
Así mozos agora á Feliciano.
Todos andan con él, todos le siguen,
Acompáñanle todos noche y dia,
Juégase en casa, y tantos le persiguen,
Que en verlos te dará melancolía;
Gusta que á dar, ó que á prestar le obliguen
Con liberalidad y cortesía,
Porque es de suerte liberal y franco,
Que, al paso, presto ha de quedarse en blanco.
_Ric._
¡Qué es tan gran gastador!
_Ful._
Pródiga cosa,
Y amigo de hacer gasto por el cabo;
Esta es su casa, entrad.
_Ric._
¡Qué sala hermosa!
_Ful._
La casa es buena y la pintura alabo.
_Ric._
Esta Lucrecia es singular.
_Ful._
Famosa.
_Ric._
Bueno, tras la cortina está el esclavo.
_Ful._
De Urbino es la invencion.
_Ric._
¡Está excelente!
Bueno es aquel Adonis que está enfrente;
Lindas telas son éstas.
_Ful._
¡Extremadas!
_Ric._
¡Qué buenos escritorios y bufetes!
¿Hay camas ricas?
_Ful._
Camas hay bordadas.
_Ric._
Espantosas grandezas me prometes.
_Ful._
¡Qué es ver aquestas salas ocupadas
De músicos, de damas, de alcahuetes,
De jugadores, bravos y de ociosos,
Y áun de pobres que llaman vergonzosos!
_Ric._
Acuden al dinero.
_Ful._
¡Oh gran dinero!
_Ric._
No dudes que el dinero es todo en todo;
Es príncipe, es hidalgo, es caballero,
Es alta sangre, es descendiente godo.
_Ful._
Él sale, no te vayas.
_Ric._
Aquí espero
Por sólo ver de este mancebo el modo.
_Ful._
Haz cuenta que otro pródigo estás viendo.
_Ric._
¡Cantan!
_Ful._
¿No miras que se está vistiendo?
FELICIANO _vistiéndose á un espejo que traerá un paje, y otro la
espada y la capa_. GALINDO _con una escobilla limpiando el sombrero.
Dos músicos cantando, miéntras se compone el cuello._