_Otav._
Mala noche he pasado,
Conté las horas, no conté las penas.
_Tomé._
¿De un hora enamorado?
_Otav._
¿Qué importa si la sangre de las venas
Me abrasa aquel veneno?
_Tomé._
Nunca duermo mejor que cuando ceno;
Cenó Fénis muy poco,
Ó fuese por melindre ó por cuidado,
Pero yo, como un loco,
Dejé un capon muy tierno y bien asado
En pura notomía,
Que así lloraba aunque cantar queria.
Cerró la puerta luégo,
Y trató de acostarse.
_Otav._
¡Caso extraño
Y laberinto ciego,
Que Fénis sin temer humano engaño
En su casa amanezca,
Y entre dos extranjeros anochezca;
Y yo, que no pensaba
Verla en mi vida, esté como me veo!
_Tomé._
Cuando ya se acostaba,
Hácia la puerta me llevó el deseo,
Permitiendo la llave
Entrar la vista á su persona grave.
Iban los alfileres
Quitando los marfiles de las manos,
Que son en las mujeres
Fácil prision de sus adornos vanos,
Porque en los rostros bellos
No hay hermosura como estar sin ellos;
Quitó luégo las joyas,
Ropa y jubon, al fin quedó en manteo,
Que abrasára mil Troyas,
Á no enfrenar respetos el deseo;
Que luégo manifiesta
Honra y valor una mujer honesta.
Bajó de los chapines
Fénis al suelo dos pequeñas basas
De ramos de jazmines,
Áun con estar á solas tan escasas,
Que apénas pude verlas,
Mas vi la honestidad vertiendo perlas,
Porque con el manteo
Hizo una rueda al desatar las cintas,
Y un muro á mi deseo.
_Otav._
Agrádame el recato con que pintas
Esta hermosura honesta.
_Tomé._
En fin, no sé cuál de las dos se acuesta,
Ó Fénis en la Holanda,
Ó la Holanda en su nieve, pero apénas
Que se sosiegue manda
Aquella blanca imágen de azucenas,
El fugitivo sueño,
Cuando su pena se revela al dueño.
¡Ay, dijo, Fénis triste!
¿Adónde estás sin padres y sin honra?
¿Por dónde me trujiste,
Fortuna, á padecer tanta deshonra?
Quitárasme la vida
Con darme muerte adonde fuí nacida,
Que aqueste caballero,
En sabiendo mis padres este engaño,
Ha de ser lo primero
Matarle á él, y tengo de su daño
Más pena que del mio;
Aquí dos tiernas lágrimas le envio:
Que por la misma llave
Presumieron los ojos que saldrian,
Y que á su pecho grave
Entre las alas de un suspiro irian.
Calló, quizá pensando
Que la estabas entónces escuchando.
_Otav._
Ella se ha levantado.
¿Cerraste bien la puerta?
_Tomé._
No imagines
Descuido en mi cuidado.
_Otav._
Hácia esta cuadra suenan los chapines;
¡Por Dios que sale hermosa!
Tal suele el nácar descubrir la rosa.