AL DISCRETO LECTOR.

Aquel tan afamado hijo de Driante, Licurgo, rey y legislador de los

lacedemonios, por el demasiado amor de vino y torpe embriaguez que

en muchos veia, se dice haber talado las viñas, pareciéndole ser

éste bastante remedio para apartarles de aquel vicio. Mas en esta

parte es reprendido de Plutarcho en el libro, _De la manera que se

ha de tener en leer y oir las ficciones poéticas_, y á mi parecer

no le falta razon, porque fuera muy mejor, si queria que los suyos

se templasen, enseñarles á usar moderadamente del vino mezclándolo

con agua, la cual, de tal manera quita en él lo que daña, que no

acaba de consumir lo que aprovecha, ca, como dice Platon la potestad

de un dios sobrio (que como él entiende es el agua) refrena la

insania y fortaleza del furibundo dios Bacho, y en ellos fuera muy

mayor virtud, de tal manera recibieran esta doctrina, que trayendo

entre manos la ocasion de caer, supieran tener el medio sin faltar

en el vicioso extremo. He traido esto, discreto y sabio lector, á

propósito de una cuestion que mucho tiempo há dura entre los sabios

así católicos como gentiles, en la leccion de las ficciones y

cuentos fabulosos y poéticos, en cuál de las dos maneras que agora

diré nos hayamos de haber. Unos son de opinion que á imitacion

de lo que cuenta Homero de los compañeros de Ulíses, en mentando

ficcion poética, tapemos las orejas con cera, y á gran furia pasemos

adelante, como aquéllos hacian, por no oir el canto de las serenas.

Otros aconsejan que de tal manera paremos en los fabulosos cuentos,

que sepamos aprovecharnos de lo bueno á que ellos van enderezados, y

desechar lo malo que muchas veces adrede los que las tales ficciones

compusieron, mezclan con la doctrina filosófica que en ellas enseñan

por conformarse con la calidad de las personas que introducen, como

si introdujesen un mancebo vicioso que habla cosas en favor del

deleite, ó un tirano en favor de la crueldad, ó un avaro en favor

de la avaricia, no por esto hemos de entender que la intencion de

aquel autor fué alabar aquellos vicios, sino que los quiso pintar

con sus colores para que el de sano entendimiento se supiese guardar

de ellos. Podria decir alguno, esa doctrina yo me la tomaré de los

filósofos que hicieron libros de filosofía moral, y allá os avenid

vos con vuestras ficciones de poetas. A esto está la respuesta muy

fácil; primeramente, que los poetas no son sino filósofos, ni fué su

intento tratar de otra cosa sino de filosofía y otras sciencias, mas

porque vieron que la doctrina de la verdad no es muy suave de oir

para muchos, quisiéronla envolver en fábulas, porque de mejor gana

los lectores se aficionasen á percibir aquella doctrina amarga con

el dulzor de la ficcion fabulosa. Ésta es la causa mesma y descuento

que da Lucrecio en el cuarto de su Poética Philosophía. Quise (dice

Lucrecio) tratar de cosas grandes y oscuras, envolviéndolas en verso

heroico y en el donaire y gracia de las Musas para hacellas más

fáciles á aquellos que se entristecen en tratar cosas de véras por el

poco uso que tienen de ellas, á imitacion de los médicos, que para

hacer que los niños con ménos dificultad tomen el amargo zumo de los

axenxos, les untan los labios con miel para que á vueltas de aquel

dulzor beban la amargura de aquello que les ha de ser medicina. Ansí

que á esta manera de enseñar se podrá aplicar y entender fácilmente

lo que decia Philopono, poeta, de las carnes, aquéllas ser más

sabrosas que no son carnes, y de los pescados aquéllos más dulces

que no son pescados. Es, pues, dificultosa y amarga la doctrina

de la verdad y virtud, la cual, junta con el dulzor de la fábula,

es hecha más fácil, y ámanla más oir y conocer aquellos que, como

decia Caton, tienen el sentido del paladar más vivo y agudo que no

el del entendimiento. Estos tales es cosa de maravilla cuán atentos

y obedientes discípulos son á oir fábulas así como las de Esopo, y

otras tales que son sacadas del tuétano de la philosophía moral,

y que sin dubda viviria bienaventurado el que obrase lo que por

ellas se concluye. Bien conocia esto Sócrates, del cual se lee que

para persuadir lo que queria, era grande artífice de ficciones, y

que tanto le parecieron bien las fábulas de Esopo, que las volvió

en verso, y de esta manera se hallan usurpadas en poetas griegos y

latinos. De una de dos maneras persuaden los philósophos y retóricos

alguna doctrina, amonestando á buenas cosas, como escribe Aristóteles

en el segundo libro de su Retórica: ó por argumentos y razones

vivas, ó por exemplos. Dexados aparte los argumentos, los exemplos

son en dos maneras, ó fingidos ó verdaderos; fingidos como los que

ahora diré, porque el mesmo Aristóteles usa de ellos. Queriendo

Esopo, frigio, persuadir á los de Samo, que no es bien desear nuevo

señor puesto que sea tirano y usurpador de las haciendas de los

pobres, porque al cabo éste en algun tiempo se hartará y dexarles ha

algo con que pasen la miserable vida, mas el que de nuevo viniese

acabarlos hia de asolar como viene de refresco, y á ellos los tomó

sobre cansados, usa, pues, de semejante fábula: En tiempos de grandes

calores, cayó la raposa en un tremedal, y sin poderse rebullir,

en poco tiempo fué llena de moscas caninas; pasando por ahí el

erizo, habiendo compasion, preguntóle si queria que se las quitase,

respondió ella que no, diciendo que aquéllas, como ya estaban hartas

de chupar su sangre, ya era muy poca la que le sacaban, y que si

aquéllas le echaba vendrian otras muertas de hambre que le acabarian

de beber toda la sangre que le quedaba. Así el señor que ya está

enriquescido no daña tanto, mas si éste se alanza, sucede otro pobre

en su lugar, que acaba de agotar lo que queda, y toda la república se

destruye. Es, pues, grande la fuerza de la ficcion para persuadir,

así como hace mucho más el color que sola la raya para que una imágen

humana parezca más clara. La semejanza de la verdad mezclada con

ficciones hace atónitos en alguna manera y engaña aquellos que la

oyen. Dicen que la mandragora tiene tal virtud, que si nasce cerca

de las vides hace que se ablande la fuerza que el vino habia de tener

para embriagar, así la poesía toma de la philosophía la doctrina, y

juntándola con la mandragora del cuento fabuloso, hácela más blanda

y fácil para ser percibida. Es, pues, la ficcion un buen engaño

fabricado para traer con él á lo bueno no á hombres que tienen baxo

entendimiento y grosero, porque estos tales no se dexan así engañar

como cuenta Plutarcho, que preguntado Simónides, poeta, por qué con

su poesía no engañaba á los de Thesalia, respondió, que eran más

necios de lo que convenia para poder ser engañados de él. Gorgias,

preguntado qué cosa era tragedia, respondió ser un engaño, el cual

hace mejores á los que le usurpan que á los que huyen dél, y más

sabios á los engañados que á los que no se dexan engañar dél. Pues si

venimos á las fábulas de que están llenos los poetas antiguos, que ni

llevan piés ni cabeza, hallarémoslas llenas de alegorías y notables

singulares y fundadas sobre algun principio de verdad. Quien á mí no

me creyere lea á Palefato, autor antiguo y de mucha autoridad; el

cual, viendo que la más de la gente no tomaba más de la corteza de

la fábula creyendo cosas del todo imposibles con gran diligencia y

cuidado, peregrinando por el mundo, informándose de hombres ancianos,

averiguó muchas verdades que estaban paliadas con fábula. De muchas

que él pone, contentarme he con una, remitiendo á él al deligente

lector: no hay quien no sepa la fábula de Acteon, como le comieron

sus mesmos canes, siendo convertido en ciervo de la diosa Diana, que

contra él estaba airada por el atrevimiento que habia tenido de verla

desnuda; ¿quién no sabe de Xenophon y Plinio y todos, cuán grande sea

el amor que naturalmente los perros tienen á sus señores, y sobre

todo los de caza? acordaron los poetas de fingir semejante cosa,

porque oyendo tal exemplo los otros hombres se refrenasen de ofender

á Dios, que tiene poder para castigar los malos y galardonar los

buenos. La verdad de esta fábula fué que hubo en Arcadia un hombre

llamado Acteon, muy amigo de la caza, lo cual en aquel tiempo era

causa de mayor escándalo que agora, porque no sabian los hombres

ocuparse en otro exercicio más de en la agricultura. Pues Acteon,

olvidado de ésta, dióse á sola la caza, y menospreciado el cuidado

de su casa, faltóle la hacienda y con ella la vida; de allí vino á

andar por las lenguas de los hombres: ¡ay cuitado de tí, Acteon, que

de tus propios canes fueste comido! Cuantos Acteones hay en nuestros

tiempos, no solamente comidos de perros, mas aún de malas mujeres.

Y porque no sea todo traer exemplos de gentiles, remítome á lo que

el bienaventurado Sant Basilio dice de la leccion de las ficciones

de poesía en un sermon que hizo á los mancebos, de la manera que

han de tener para aprovecharse y tomar doctrina de los poetas y

fabulosas ficciones. El glorioso Sant Hierónimo, como todo el mundo

sabe, fué muy reprendido de los eclesiásticos de su tiempo, porque se

daba tanto á la elocuencia de Ciceron y á la leccion de los poetas;

dexadas otras muchas respuestas, que da por todas sus epístolas

dignas de tan alto y divino varon pondré una. Dice, pues, la poesía

estar figurada en el Deuteronomio por una costumbre que los judíos

tenian, que cuando cautivaban algunas mujeres extranjeras no podian

casar con ellas sin primero cortarles las uñas y los cabellos. Mas

porque esta figura, á este propósito tomada de Sant Hierónimo, en

estilo heroico la declara y aplica á la poesía aquel real poeta Juan

de Mena, parescióme cosa no ajena de mi propósito poner aquí sus

palabras:

¶ Usemos de los poemas

Tomando dellos lo bueno,

Mas huyan de nuestro seno

Las sus fabulosas temas;

Sus ficciones y problemas

Desechemos como espinas,

Por haber las cosas dinas

Rompamos todas sus nemas.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 10 / 33 题