EN QUE DIRIGE É INTITULA SU OBRA AL MUY MAGNÍFICO Y ILUSTRE
SEÑOR DON DIEGO DE ACEVEDO Y FONSECA.
Necia querella es, Illustre Señor, los que componen escripturas
de cualquier calidad que sean, intitularlas á señores y príncipes
de sus tiempos, para darles auctoridad y favor con el nombre de
aquellos á quien van dirigidas, conforme á lo que dice Píndaro, que
en todas las cosas el principio ha de ser esmerado. Y como yo los
años pasados tuviese vacacion de graves y penosos estudios, en que
he gastado los tiempos de mi mocedad, buscando alguna recreacion de
los trabajos pasados, compuse esta obrecilla que trata de amores,
propia materia de mancebos. Cuando digo de amores no digo cosa
torpe ni vergonzosa, sino la más excelente y divina que hay en la
naturaleza, dejo los loores que del amor dice Platon en su Simposío,
dejo lo que en la Theogonía escribe Hesiodo, que el amor es el más
antiguo Dios entre todos los Dioses, dejo lo de Ovidio, que el
amor tiene dominio universal, y reina sobre los Dioses y sobre los
hombres, y dejo otras infinitas auctoridades que hablan en esta
materia, porque sería nunca acabar. Sólo quiero decir que si á
alguno pareciere no ser la obra digna de mi profesion y estudios,
se acuerde que casi no hubo illustre escriptor que no comenzase por
obras bajas, y de burlas y chufas, tomadas de enmedio de la hez
popular. Y por dejar otras que podria aquí decir, Homero, el más
esclarecido poeta entre los griegos, las primeras obras que escribió
para ejercitarse y ensayarse para las mayores fueron dos: la una
_La Pelea de los ratones contra las ranas_, y la otra de un hombre
llamado Margites, inhábil para todos los oficios de la vida, de las
cuales, la primera dura hasta nuestros tiempos, de la otra, en el
sexto de las _Eticas_ Aristóteles, y Plutarco en los _Morales_, y
otros auctores hacen mencion. Virgilio, asimesmo, el más excelente
poeta entre los latinos, ¿quién no sabe, ántes que compusiese
aquellas tres principales y divinas obras, haberse primero probado
en la mocedad en aquella obrecilla que se llama _Pulga_, y en las
_Priapeyas_, obra deshonesta y de torpes y ilícitos amores, y en
otras niñerías que todos leen en los que se dicen parvos? Lo mesmo
se lee de Lucano, esclarecido poeta, y de otros muchos auctores,
así griegos como latinos, como de nuestra nacion, que dejo por no
ser prolijo. Y así es que la órden en todas las cosas es comenzar
por lo poco, y proceder, como dice Prician, á lo que es más. Y
dice sabiamente Séneca que si se consideran bien todas las cosas
naturales, hallaremos tener muy pequeños principios, despues el
tiempo las engrandece y perficiona. De lo sobredicho parece que no
se me debe á mí atribuir á culpa, si determinado de escrebir he
comenzado por materias bajas y de pasatiempo, pues que, como en el
primero de sus Oratorias Instituciones escribe Quintiliano, digno es
de perdón el que yerra, si sigue grandes capitanes. Buscando, como
dije, favor á esta obrecilla, acordé intitularla á vuestra merced,
porque, lo que por sí no puede, alcance por la sublimidad y méritos
de vuestra merced, persona de tan esclarecidos antepasados que
libertaron y redimieron esta nuestra patria de graves exacciones y
pechos, de condicion tan suave, apacible y angélica, que siendo casi
el príncipe de su ciudad, es tan amoroso y humanísimo, hasta con los
más bajos, que más parece igual de todos, que no señor de todos, como
lo es, y así todos le aman como á igual, y por otra parte le acatan y
reverencian como á señor. Dejo el conocimiento de la lengua latina,
la dignidad, disposicion y gracia de su persona, la liberalidad y
otras preeminencias que en vuestra merced relucen, que, por ser á
todos notorias, es á mí excusado de decirlas por menudo. Suplico
humildemente á vuestra merced no mire el dón, sino la voluntad del
dador; á nadie, como dice Plinio, fué atribuido á vicio sacrificar
con lo poco que tuviese; yo al presente no me hallo con más precioso
dón. Placerá á Nuestro Señor que adelante pueda servir á vuestra
merced con escripturas de materia subida y digna de persona tan
clara y valerosa como vuestra merced, cuya illustre persona y estado
conserve Nuestro Señor, y aumente por muy largos años á su servicio.