CAPITULO V.

_Suerte de picar al toro en su rectitud._

Esta suerte no se empieza á hacer hasta que los toros comienzan á

pararse, y necesita ya mucha atencion. Sus proporciones son casi las

mismas que las de la anterior, pero es mucho mas dificil rematarla bien,

porque los toros tienen mucha mas codicia cuando se les hace que cuando

estaban levantados.

Vamos á dar su esplicacion, tomando por tipo de ella el modo como se

hace á los boyantes.

La situacion del toro puede ser ó bien mirando directamente á las

tablas, y con las nalgas hácia el mismo centro de la plaza, ó bien un

poco oblicuo, pero siempre desviado de las barreras el espacio que

cuando menos sea necesario para revolver el caballo. El picador deberá

ponérsele delante, y enteramente en su rectitud, pero con el cuidado de

conservar siempre la distancia con arreglo á las piernas que le observe.

Situado asi, debe el picador citarlo, y dejarlo venir hasta que llegue á

la vara, y asi que haya hecho la humillacion y la haya tomado se

cargará sobre el palo para que no llegue el toro á besar al caballo en

el encontronazo, y le mostrará su salida al mismo tiempo que sacará el

caballo por la izquierda, para hacerle dar la especie de vuelta que se

necesita para tomar el terreno que le corresponde.

Si el toro conserva piernas, aunque sea de los que se duelen poco del

castigo, tomará su terreno en cuanto el picador se lo enseñe, por lo que

se podrá quedar quieto, en atencion á que los toros boyantes jamas

recargan si se les ha hecho bien la suerte.

La de que hablamos necesita hacerse con mucho cuidado y precaucion,

aunque sea el toro sencillo, cuando se halle aplomado. Como una de las

cosas propias de este estado es carecer de piernas, ó al menos hacer de

ellas poco uso, de aqui resulta que se quedan en el centro de la suerte,

no porque hayan sufrido transformacion y se hayan hecho pegajosos, sino

porque les falta el poder para salir: de modo que para hacer un buen

remate se necesita darles mas palo para que el centro de la suerte sea

menos ceñido y la salida mas patente, como asimismo en el acto del

encontronazo vaciar el caballo un poco, con todo lo cual el toro se

encuentra castigado y metido en su terreno. La salida deberá hacerse con

pies, pues aunque el toro, como ya dijimos antes, no recargará, suele

salir con mucha parsimonia, y á veces quedarse quieto en su terreno, y

si el picador tambien lo hace le falta una gran parte de lucimiento á la

suerte.

Hemos ya visto que los toros boyantes se pican sin cuidado del modo que

se ha indicado, pero los pegajosos requieren mas precauciones.

Situado el picador como dijimos para los boyantes, y á larga ó corta

distancia con mucho ó poco palo adelante, segun las piernas que advierta

al toro, lo citará, y conforme arranque irá abriendo y vaciando un poco

el caballo, para que cuando llegue á jurisdiccion se encuentre con su

terreno enteramente franco; si el picador conoce que no es muy seco

metiendo, y que puede echarlo fuera en el encontronazo sin que llegue á

besar, deberá hacerlo, y será una suerte muy lucida; pero si ve que no

es posible esto, entonces seguirá volviendo el caballo hasta tomar su

terreno propio, y le meterá las piernas para salir corriendo.

Los pocos pies que tienen ya los toros en el estado de parados aseguran

al picador, y mucho mas con los que como estos no recargan.

Hemos visto ya el modo de picar las dos primeras clases de toros de las

cuatro en que los hemos dividido, y siendo enteramente igual el modo de

hacer la suerte que nos ocupa á los de la tercera, no nos detendremos en

su prolija esplicacion, sino que pasaremos á ver cómo debe ser el

remate, que es donde hay variaciones notables.

Por tanto, despues de haber hecho todo conforme á las reglas

establecidas para los boyantes, si el toro se aparta del centro con

intencion de recargar, y se aleja lo suficiente para salirse sin tener

recelo de ser alcanzado, se debe hacer, pero suele suceder que sigue con

todos los pies tras el diestro, y si el caballo no tiene muchos darle

alcance: en este caso se sigue corriendo, y se vuelve el cuerpo lo

suficiente para ponerle la puya, con lo que regularmente ó se huye ó

detiene algo el viaje, y á poco que el diestro apresure el suyo se

concluye con felicidad.

Es casi inevitable la cogida con estos toros cuando el caballo es muy

tardo en salir, pues entonces en el recargo primero lo alcanzan y se

cuelan sueltos; lo que debe hacer el picador que lleva debajo una bestia

de esta naturaleza es no intentar jamas salirse de la suerte, sino

cuando el toro se retira para recargar enmendarse lo que baste para

recibirlo segunda ó tercera vez, pues como generalmente no son duros en

el encontronazo, no llegan á besar; y por último, se salen de la suerte

dejando al diestro con mucho lucimiento.

Los toros abantos rara vez hacen esta suerte, porque se salen de ella

cuanto el picador los empeña: si alguna vez llegan á efectuarla

hágaseles por las reglas dadas ya, pues no hay variacion notable que

hacer.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 66 / 119 题