_De la estocada á vuela pies._
Joaquin Rodriguez (vulgo) Costillares hizo inmortal su nombre entre los
toreros y aficionados no solo por su destreza poco comun, y su profundo
conocimiento, sino por la invencion de la estocada á vuela pies.
En efecto, esta nueva suerte, que vino á enriquecer la tauromaquia, es
digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la
maestría de su autor. Sin ella no tendriamos recursos para matar ciertos
toros que por su intencion ó por su estado particular no arrancan, ni se
prestan á suerte alguna, y que se quedarian vivos, ó moririan de un modo
poco agradable, mientras que por ella se matan del modo mas brillante y
satisfactorio.
Es susceptible de hacerse con toda clase de toros, siempre que se hallen
en el estado de aplomados, único oportuno para ejecutarla con toda
seguridad.
El modo de practicarla es muy sencillo, pues consiste en armarse el
diestro para la muerte sobre corto, por razon de que el toro no arranca,
lo cual es requisito preciso para la suerte, que por esto tambien la
llaman algunos _á toro parado_: estando pues armado asi, se espera el
momento en que el toro tenga la cabeza natural, y yéndose con prontitud
á él se le acercará la muleta al hocico bajándola hasta el suelo para
que humille bien y se descubra, hecho lo cual se mete la espada saliendo
del centro con todos los pies.
Por medio de esta suerte, no muy dificil, como se ve, se dan las mejores
estocadas, y en el dia puede afirmarse sin riesgo de errar que no hay
otra mas segura, siempre que se haga con todas las precauciones que el
grado de perfeccion á que el arte ha llegado hace considerar como
indispensables.
Cuando Joaquin Rodriguez inventó esta suerte no estaba la tauromaquia en
posesion de tantos descubrimientos útiles ni tantas exactas
observaciones como en el dia, por lo que dicha suerte no tenia la
seguridad y el lucimiento que ahora. Para convencernos de esta verdad
no es preciso sino atender al estado presente del arte, que enriquecido
con los preceptos que la práctica sobresaliente de tanto profesor hábil
le ha prodigado, está bajo un pie mucho mas sabio y mas exacto que en
los tiempos mismos en que florecieron estos genios de la tauromaquia,
que tanto la impulsaron hácia la cima de su perfeccion. Asi es que esta
suerte se resentia en cierto modo de la rudeza de aquel tiempo, y quizás
sea esta la causa de las cogidas que se han verificado en ella.
Efectivamente, en el dia ningun matador que tenga un mediano
conocimiento y una regular destreza sufrirá cogida en dicha suerte si la
hace con las condiciones que son precisas y necesarias para su buen
resultado. Estas condiciones son: la primera, el estado aplomado del
toro; la segunda, la igualdad de sus pies; y la tercera, la atencion á
su vista. Sin estas condiciones la suerte es peligrosa, aunque infinitas
veces haya dado un feliz resultado.
El estado aplomado del toro es absolutamente indispensable para
verificar con seguridad una suerte que se funda en su completa
inmovilidad. Son funestísimos los resultados que acarrearia el desprecio
de este precepto. Si por no estar verdaderamente aplomado arranca hácia
el diestro despues que éste salió hácia él, ¡cuán probable es la cogida!
A lo menos de tres veces que se dé este caso, en una se verificará, y
será de muy graves consecuencias, y las otras dos, ó no se hará la
suerte, ó será deslucida, y en vez de aplaudir los espectadores,
tacharán al diestro como poco hábil.
Ni se crea que es de menor utilidad el atender á la igualdad de las
piernas del toro. No debe intentarse jamas el vuela pies sin esta
precaucion con aquellos que aunque verdaderamente aplomados, conservan
cierto grado de vigor y fuerza, que es á lo que llaman los toreros
_estar el toro entero_. Y no solo en este caso, en todos debe atenderse
esta circunstancia, no por otra razon mas, si no porque con ella,
existiendo las demas, no hay el menor riesgo, mientras que por el
contrario, aunque concurran las otras, como esta falte el peligro no
está lejos, siendo muchas las veces en que basta ella sola para
asegurarnos en la suerte.
Por otras razones se manifiesta la eficacia de esta condicion para el
buen éxito de la suerte, y la particular atencion que merece. La primera
es, que el toro tiene dado un paso, que sería preciso lo diese en caso
de querer partir teniendo los pies iguales: la segunda, que tiene
firmeza para arrancar, y hecho el punto de apoyo para la carrera, que en
estas circunstancias está ya engendrada; y tercera, que esto indica
estar sobre sí, y de consiguiente que no está exactamente aplomado.
Estas razones bastan por sí para convencer á cualquiera de la utilidad
de esta nueva observacion, cuya exactitud confirma la esperiencia. No sé
á ciencia fija el tiempo en que se hizo: unos la atribuyen á Guillen, y
otros la hacen anterior á él; sea lo que quiera, ella es bastante
moderna y de mucha utilidad, por lo que ha llegado á ser un axioma entre
los toreros.
La atencion á la vista del toro ni es supérflua, como pretenden algunos,
ni es tampoco de primera necesidad, como quieren otros: hay casos en que
es absolutamente indiferente que la tenga fija en este ó en aquel
objeto, ó que ande reconociéndolo todo, mientras que por el contrario,
algunas veces se hace preciso que esté fija en alguna parte.
Cuando se va á intentar el vuela pies con un toro boyante,
verdaderamente aplomado, que humilla bien, que tiene los pies iguales, y
en fin, que no da el más mínimo motivo de recelo, se puede verificar
aunque tenga la vista fija en el diestro sin peligro alguno: vice-versa,
cuando el toro sea de sentido, ó no esté exactamente aplomado, ó conozca
al matador &c., entonces será muy oportuno írsele acercando paso á paso
hasta estar muy corto, y en viendo que vuelve la vista dejársele caer
encima y dar la estocada; de lo contrario se corre bastante riesgo. Este
precepto, de no menor utilidad que los antecedentes, no se despreciará
jamas en el caso bastante frecuente de aplomarse el toro por haberlo
pinchado el diestro, y se observa que le conoce, que se tapa á sus
cites, y que no lo pierde un momento de vista; en tales circunstancias
se hace necesario no irse á él cuando la tenga en el bulto, porque se
tapará, y con derrotes continuos lo desarmará, y lo pondrá en el lance
mas crítico que le pueda acontecer.
De todo lo dicho se deduce que la estocada á vuela pies es muy facil y
segura en el dia, y de mucha utilidad; sin ella, ¿cómo se mataria un
toro que teniendo querencia casual en las tablas, se pusiese de nalgas
en ellas, y no obedeciese á cite alguno? En efecto, esta suerte es el
único recurso seguro y brillante que posee el diestro para desempeñar
felizmente su proyecto en todos los casos en que el toro, sea por
querencia ó por otro cualquier accidente, no corresponde á su envite y
no hace por él.
El vuela pies, como dije antes, es susceptible de hacerse con todos los
toros, sea la que quiera su clase, lo cual no influye en el modo de
hacerla, que es igual en todos: la única diferencia se tomará de los
accidentes particulares de los toros y de las circunstancias en que se
ejecuta. Asi es, que me parece á propósito para cerrar este artículo dar
una noticia de los casos particulares en que con mas frecuencia se
tiene precision de hacer esta suerte.
Cuando un toro que tiene querencia casual con los tableros se va á pasar
de muleta, y no sale á los cites aunque conserve piernas, pero que se ve
humilla bien y que tiene los pies iguales, se le hará el vuela pies
cambiando los terrenos sin aprension alguna, pues en estas
circunstancias es segurísimo y muy lucido; pero no se hará jamas
faltando la querencia, porque en este caso la salida natural del toro es
por el mismo terreno que el diestro, y en este contraste puede peligrar.
Los toros de sentido se pueden matar á vuela pies con mas seguridad que
recibidos, siempre que se les quiten cuanto sea posible las piernas, y
teniendo cuidado de no irse á ellos sino con todas las precauciones que
hemos dicho son indispensables: tales toros usan con mucha frecuencia
del ardid de no humillar, lo que hará siempre muy peligrosa la suerte;
el remedio único y seguro que hay para este apuro es dejarle caer la
muleta en el hocico, lo que siempre produce el efecto deseado, y se
aprovecha este momento para asegurarlo de la estocada: de no hacerlo se
corre el riesgo no solamente de que no vuelva á ponerse en suerte, sino
que despues de puesto se tape, y que escarmentado del pinchazo, y
conociendo la estratagema, no humille tampoco al tirar la muleta, y deje
al diestro embrocado y desarmado. Por consiguiente será muy oportuno no
desperdiciar ningun momento con ellos, y en la primera suerte que hagan
asegurar su muerte, confiado el diestro de que será aplaudido por los
verdaderos aficionados inteligentes.
Cuando un toro está completamente aplomado y de nalgas contra las
tablas, será necesario que el matador se decida á darle la estocada á
favor del vuela pies; pero este jamas se intenta sino despues de estar
cerciorado de la imposibilidad de hacer arrancar al toro, que para este
vuela pies mas que para otro debe estar sin piernas algunas: seguro ya
el matador de que el toro tiene las condiciones que apetece, hará que
los chulos lo pongan en la misma direccion que las tablas en cuanto sea
posible, y dándoselas á él se pondrá en su rectitud, y cuando observe
que tiene todos los requisitos que se requieren para hacer la suerte con
éxito, dejarse caer para darle la estocada, saliendo con todos los pies.
Esta suerte es la mas espuesta, porque si el toro se revuelve se
encuentra el diestro encerrado entre él y las tablas; por eso se
intentará tan solo cuando se vea la imposibilidad de hacerlo mover del
sitio en que está, y cuando por sus pocas piernas no pueda dar que
temer.
Cuando conserve aun algunas, y esté en la disposicion que dijimos
anteriormente, se procurará enderezarlo con las tablas, esto es, hacer
que se ponga mirando á la plaza, en la cual disposicion se le dará el
pase regular, y en seguida el vuela pies, con la espalda á las tablas,
pues siendo esta su querencia, y teniéndolas muy á la vista en el remate
de la suerte, no corre el diestro ningun peligro.
Algunas veces, aunque raras, se ve aplomarse un toro en los medios de la
plaza, lo cual por lo general es efecto de haber sido lidiados ya, y es
tanto mas espuesto, cuanto que unen á su malicia estremada la entereza
de sus piernas, pues los toros de que hablamos, como no se prestan á
suerte de ninguna especie, llegan á la muerte con el mismo vigor ó poco
menos que cuando salen. El vuela pies en esta ocasion es
multiplicadamente mas dificil que en otra alguna, y aconsejo al que lo
intente que se lleve al lado un chulo bastante inteligente que tiente al
toro á ver si sale; seguro de que no, se armará á la muerte, aguardará á
que tenga los pies iguales, y hará que el chulo con algun movimiento
pequeño le distraiga, para que volviendo la vista proporcione al matador
el momento de hacerle la suerte, siendo ademas preciso que el chulo le
meta el capote al mismo tiempo que el matador va á salirse del centro,
para que distraido por este segundo objeto que lo cita y obliga, sentido
del castigo, y sorprendido por un bulto que casi no vió venir, se evite
el que se revuelva y se apodere del diestro, aunque tuviese dada la
estocada; por lo que recomiendo con particular empeño que siempre se
salga por pies.