ARTÍCULO PRIMERO.

_Suerte de banderillas á cuarteo._

Esta, que es sumamente bonita y lucida con las reses boyantes, es

tambien por la misma razon la mas frecuente. Suponiendo que el toro que

ha de banderillearse es de la clase de los sencillos, se hará la suerte

del modo siguiente: puesto el diestro de cara á él, bien sea á larga ó

corta distancia, y ya esté parado ó venga levantado, lo cita, y luego

que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los

recortes, cuyo remate será el centro mismo del _cuarteo_, en donde

cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las

banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si

preciso fuere.

La suerte de que hablamos admite una variacion sumamente importante para

que dejemos de ocuparnos de ella, y consiste en el momento de meter los

brazos y clavar los rehiletes. Hemos dicho arriba que el diestro deberá

cuadrarse con el toro, y despues meter los brazos para clavar las

banderillas, y este modo de hacer la suerte, ademas de ser el mas

seguro, es tambien el mas lucido, porque como ya cuadrado está el

diestro fuera de embroque, y puede por consiguiente aguardar sin riesgo

el achazo, no necesita meterse con el toro para cogerlo en la

humillacion y pincharlo, sino que sitúa las banderillas á una distancia

proporcionada, para que cuando el toro tire la cabezada se las clave él

mismo, sin tener por su parte que hacer otra cosa mas que abrir las

manos, con lo cual quedan puestas, como si de ellas se le hubieran caido

al morrillo del toro. El otro modo de hacer la suerte consiste en poner

los rehiletes antes de cuadrarse, y de que el toro tire el achazo, esto

es, embrocado el diestro, para lo cual necesita meterse mucho con el

toro para alcanzarlo en la humillacion, clavar las _banderillas_, y

tomar su terreno, porque estando embrocado no puede esperar el achazo,

como lo hace en el caso anterior. Este modo tiene ademas el riesgo de

que en marrando al toro se echa el torero sobre su cabeza, por lo que es

necesario meter los brazos sin dejar caer el cuerpo, confiado en los

palos, para que si lo marra no se venga á tender en la cabeza.

Bien se conoce por lo dicho que el primer modo debe ser preferido,

generalmente hablando, por mas seguro y lucido; pero sin embargo, en

algunos casos que luego marcaremos es un recurso hacer la suerte del

último. Tanto en el uno como en el otro las _banderillas_ deben quedar

puestas lo mas junto posible la una de la otra, á lo largo de la línea

que corre desde el cerviguillo hasta los últimos rubios, y una en cada

lado de ella, para lo cual es preciso llevar las manos muy juntas, y los

codos bastante altos.

En toda suerte de _banderillas_ se debe ademas procurar que la salida

sea por el lado que se le haya conocido mas endeble al toro, por lo que

se hace indispensable parear igualmente por los dos.

Los toros revoltosos son tambien muy á propósito para esta suerte, la

que se les hará exactamente lo mismo que para los boyantes hemos dicho,

sin mas diferencia que la de salir con pies inmediatamente que se claven

las _banderillas_, porque ellos cuanto se reparan del destronque vuelven

sobre el bulto, y si el diestro no se ha separado lo bastante del centro

de la suerte, ó el toro tiene muchas piernas, podrá sufrir una cogida,

lo que de ningun modo sucederá teniendo presente lo que llevamos dicho.

Una de las grandes precauciones que para los toros revoltosos deben

tomarse es la de no hacer con ellos salidas falsas, pues si bien esto es

un defecto casi siempre del torero, y por consiguiente malo y espuesto

con todos los toros, tambien es verdad que con ningunos lo es tanto como

con estos, por el mucho celo que tienen por los objetos, y la rapidez

con que arrancan al diestro, que por haber salido mal no tiene mas

recurso que escapar por pies.

Los toros que se ciñen son tambien muy buenos para esta suerte, que por

su naturaleza debe ser muy ceñida para que salga con brillantez, y no es

necesario con ellos mas que prevenir el diestro alguna tierra mas que

para los anteriores para no encontrarse, si el toro es muy vivo, con la

salida tapada. Pocas veces hay necesidad con ellos de salir con pies,

principalmente si la suerte ha sido bien ejecutada; pero alguna que otra

suele ser preciso por haber el toro ido á rematar, como si ganara

terreno, sobre el mismo del diestro, lo cual supone, como hemos dicho,

que la suerte no estuvo bien ejecutada.

Los toros que ganan terreno no son ya tan á propósito para esta suerte;

pero sin embargo se les puede hacer, y efectivamente se les hace, con

toda seguridad. El inconveniente grande que tienen para la suerte es,

que luego que el diestro sale haciendo el _cuarteo_, y ellos hacen por

él, le van cortando tanta mas tierra cuanta se haya prevenido mas para

sí, de modo que cuando se unen en el centro, aun cuando la salida no

esté tapada, como sucede frecuentemente, el toro no sufre destronque,

porque viene á rematar sobre el mismo terreno que el torero; el que

ponga ó no las _banderillas_ deberá salir con todos los pies. Para

verificar, pues, la suerte con ellos, se deberá evitar hacerles el

cuarteo como á los anteriores, á no ser que esten parados, porque en

este caso no tienen lugar de cortar terreno, y sale bien la suerte; pero

si traen viaje, entonces se les deberá salir derechos á la cabeza, y

observando el terreno sobre que el toro se inclina á pisar: con esto, y

luego que se llegue muy cerca de él hacer muy rápido el medio círculo

del cuarteo, y buscar la salida por el lado contrario al que el toro se

inclinaba, se consigue que no pueda cortar terreno por no tener conocido

el viaje del diestro; y como cuando decididamente se lo marca le queda

poca tierra que cortar, podrá cuando mas ser la suerte ceñida, pero se

concluye bien, y con seguridad.

Este modo de hacerles la suerte debe ser preferido, por ser muy seguro y

muy lucido. Siempre que viniendo el toro levantado se salga haciendo el

_cuarteo_ á larga distancia, se verá el diestro con la salida tapada,

porque conoce el viaje, y tiene mucho tiempo para cortar todo el terreno

que el diestro haya prevenido para sí; y si alguna vez logra pasar no

estará seguro, porque el terreno que el toro traía cortado le hará que

remate sobre el mismo que debe él pisar al hacer la suerte (que no se

podrá verificar muchas veces), y como no sufre destronque alguno,

seguirá tras el bulto, y se hará dueño de él como no sea inferior en

pies; por lo que será muy oportuno quitárselos antes de banderillearlos,

y tambien porque tanto menos terreno podrán cortar en las suertes,

cuanto mas quebradas tengan las piernas.

A los boyantes, á los revoltosos, y aun á los que se ciñen, se les podrá

dejar con ellas siempre que el diestro tambien las tenga: de todos modos

nunca se les deben quitar á los primeros, porque con ellos no hay clase

alguna de peligro, y son las suertes mas lucidas.

Los toros de sentido deben banderillearse con mucho cuidado, porque

ademas del que necesita el diestro para frustrarle su natural remate en

el bulto, en el acto de la suerte tienen el inconveniente de taparse muy

á menudo, ó bien cuando arrancan se quedan detenidos en el centro de las

distancias observando el viaje, de manera que aun cuando no den una

cogida porque no hagan por el bulto, imposibilitan el que se haga la

suerte.

El modo mas seguro de verificarla es el que hemos dicho debe preferirse

para los toros que ganan terreno, teniendo cuidado de meter los brazos

fuera, en la humillacion, no deteniéndose un instante en apartarse del

centro y salir con todos los pies, pónganse ó no las _banderillas_.

Alguna vez podrá el diestro verse embrocado casi por el toro en el

momento de irse á poner fuera y cuadrarse: este embroque será siempre

por el costado que se le va dando, y nunca muy peligroso en teniendo

agilidad para hacer un quiebro, y sin cuadrarse ni detener la carrera

clavarle si es posible (aun estando dentro) la _banderilla_ del lado del

embroque, con lo que el toro se huirá un poco, y entonces estando ya

fuera se podrá sin peligro clavar el otro palo; pero nunca se intentará

hacerlo sin ver que el toro se ha huido algo, pues de lo contrario la

cogida es casi inevitable.

Esta suerte aunque no es muy lucida en otras circunstancias, lo es en

estas, y tiene mucho mérito, porque este se funda en buscar seguridad

donde no aparecen mas que peligros. Para completar, pues, esta

seguridad, encargo muy de veras se le quiten siempre las piernas á estos

toros antes de banderillearlos, con lo cual, y observando lo arriba

dicho, desaparecerá el peligro, pues se les quita el recurso de ofender:

no es posible el quitarles el de defenderse, porque está en su índole

particular; asi es que se taparán alguna vez, y otras se quedarán como

ya hemos visto en los centros, siendo imposible hacerles la suerte, en

cuyo caso el diestro se podrá valer oportunamente y con seguridad de sus

pies, ó bien del siguiente recurso. Cuando se haya visto que el toro no

quiere humillar, sino que por el contrario siempre se tapa, y que aun

en el caso de llegar al centro de la suerte, en vez de hacerla empieza á

tirar cornadas y derrotes sobre alto, y que repite esto siempre (lo cual

es rarísimo, pues si no es una, otra vez humilla), entonces lo que se

hará, y siempre con buen éxito, será llevar en la mano del lado del

toro, ademas de la _banderilla_, el capote liado, y en el momento de

llegar á la jurisdiccion del toro y embrocar, se le echará al hocico,

con lo que siempre humillará, y dará una suerte muy segura y bastante

brillante: debo advertir que podrá el diestro si quiere quedarse con la

punta del capote en la mano, aunque clave las _banderillas_, pues no

estorba para nada, y puede ser útil.

Las _banderillas á cuarteo_ se ponen con mucha facilidad á los toros

abantos, siempre que ellos no se salgan de la suerte, como suele

suceder: se deberán dejar llegar mucho, y no hay miedo de poner los

palos cuando se está embrocado, pues apenas sienten el castigo se echan

fuera: tampoco se les debe quitar las piernas, pues estas solo dañan con

los toros fieros, y no con los demas.

Los toros _burri-ciegos_ si por su clase particular presentan las

inclinaciones de alguna de las espresadas como ella se torearán,

dejándoles sin piernas; y haciendo todo lo demas con respecto á lo

espuesto. Por lo que respecta á su vista solo tengo que advertir, que

los mejores para esta suerte son los de la primera, en haciéndosela

siempre cuando vengan levantados, por la razon misma que dí para el

recorte: tienen, como ya he dicho, la ventaja de que rara vez salen tras

el diestro cuando se ha rematado la suerte. Los de la segunda y tercer

clase se tapan con bastante frecuencia, por lo cual no estará de mas

quitarles algo las piernas, principalmente á los de la segunda, en razon

á que suelen arrancar cuando el diestro se sale de la suerte.

Los toros tuertos son muy á propósito para las banderillas de _cuarteo_,

en yéndose como para los recortes, y observando en lo demas las reglas

que para los boyantes.

Cuando se vaya á hacer esta suerte á un toro que viniendo levantado

lleve el viaje á la querencia, se tendrá cuidado de tomarle bastante

delantera, aunque sea boyante, pues sino será imposible pasar. Si es de

sentido, ó que gana terreno, nunca dejará pasar, por mucha delantera que

se tome, para hacer el cuarteo; pero el modo de hacérsela seguro y

lucido es esperarlo en la querencia, y cuando esté cerca salirle al

encuentro, formándole el cuarteo de modo que la vea perfectamente libre

en el remate, y lo dará tan regular como los boyantes.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 34 / 119 题