ARTÍCULO PRIMERO.

_Del modo de correr los toros._

El _correr los toros_ aunque es muy facil, no es sin embargo tanto que

no tenga sus reglas para ejecutarlo con perfeccion y seguridad, pues de

otra suerte iremos espuestos, y el toro será el que nos corra, en vez de

nosotros correrlo á él.

El que vaya á _correr_ un toro debe advertir las piernas que tiene, si

está ó no en querencia, si está distraido, y la clase de toro que es.

Si el toro tiene muchas piernas, procurará tomarlo largo echándole el

capote bajo, y no parándose nada en el momento de citarlo, porque si

arranca con prontitud, como corre mucho, se lo encontrará encima y le

podrá dar una cogida. Para evitar esto se tendrá cuidado de no correrlo

en la misma direccion en que tiene el cuerpo y la cabeza, pues de este

modo cuando salga con el engaño tendrá que dar una vuelta tanto mayor

cuanto era mas opuesta la direccion en que estaba á la que deba tomar

para seguir el viaje que lleva el diestro: de este modo se evita el

primer arranque, que es espuesto por ser muy veloz, y se le lleva,

mediante la vuelta que tuvo que dar, una delantera suficiente para no

temerle á sus piernas. Si tiene pocas, entonces lo tomará corto y se

parará al citarlo, pues si hace lo contrario, el toro no sigue á un

objeto que ve no puede alcanzar. Por esta misma razon en el momento de

irlo corriendo irá deteniendo la carrera, para guardar una distancia

proporcionada; tampoco debe flameárseles el engaño, porque es

indiferente ir embrocado sobre largo con un toro que por sus pocas

piernas no ha de hacerse jamas dueño de uno, y que ademas se le acaban

de quitar estas y se queda parado en la mitad del camino sin poder

verificar la suerte.

Cuando se va á _correr_ un toro y está en querencia, es menester tomarlo

muy corto, pararse mucho al citarlo, y obligarlo demasiado para que

salga. El que no se sienta con muchas piernas no debe intentar el

_correr_ estos toros cuando ellos las tienen, pues estando sobre corto

cuando arrancan se encuentran al instante encima, y esto es tanto mas

espuesto como que el diestro no está armado para suerte alguna. En este

caso aconsejo que si no se puede echar el toro fuera con el capote, se

le haga un recorte ó se le tire al hocico escapando por pies, pues no

hay otro remedio. Estos mismos recursos se tendrán presentes para cuando

suceda que yendo á citar al toro para _correrlo_, y estando este

observando al diestro y su viaje, sale al encuentro cortándole el

terreno, de modo que vienen á unirse y formar un verdadero centro de

quiebros ó de recortes; esto no deja de ser frecuente, y las mas veces

es preciso dar el recorte. Si el toro que se va á _correr_ no está en

querencia, pero que la tiene conocida, es menester hacerlo con cuidado,

y mucho mas si se va á rematar donde está para dejársela libre, pues de

lo contrario como tenga piernas arrollará al diestro; y es la razon,

porque con el sentido en la querencia no hace caso ni del capote ni de

cosa alguna; y si aquel con su cuerpo la lleva tapada, va embrocado

sobre largo, y en el remate, que lo hace muy violento en estas

circunstancias, es muy posible que le dé una cogida. Todo lo cual se

evita dejándole al rematar la querencia libre, y entonces va con el

viaje á ella.

Cuando se va á _correr_ un toro, y se ve que no quiere salir sin tener

querencia, es porque está distraido con algun objeto que le llama la

atencion, que regularmente es algun torero que está cerca, y de quien él

recela; en este caso es inútil citarlo, mientras no se quiten los bultos

que le distraen.

Cuando los toros estan levantados salen cuanto se citan, y es menester

entonces hacerlo con todas las precauciones que quedan dichas para los

toros de piernas.

En el estado de parados es cuando tienen mas fuerza y mejor aplicacion

todas las reglas de la tauromaquia, y por consiguiente me remito á lo

dicho para ver el modo de _correr_ los toros en este estado.

Para cuando estan los toros aplomados baste decir que rara vez arrancan

si no es tomándolos muy cortos, y que sea siempre con todas las

precauciones imaginarias, pues si conservan piernas, y no se atiende

perfectamente todo lo espuesto arriba, darán una cogida con mucha

facilidad.

Los toros _boyantes_, _revoltosos_, _los que se ciñen y los que ganan

terreno_, son muy faciles de _correr_, atendiendo á todo lo dicho.

Los de sentido como tengan piernas son dificiles de _correr_: para

hacerlo con seguridad es necesario que el diestro tenga muchos pies, y

observe rigorosamente lo espuesto; en este caso el peligro es ninguno.

Los toros _abantos_ cuando salen son bien faciles de _correr_, y tienen

la ventaja de que rara vez rematan; sin embargo, aconsejo que siempre se

tomen cumplidamente las guaridas.

El que _corra_ los toros no debe tener cuidado si no es con los de

muchas piernas, pues de otro modo está segurísimo: el recurso que tiene

para estos, que es el capote, es muy grande, porque con él se sale de la

cabeza del toro, lo lleva por donde quiere, y lo pone en el parage

oportuno para hacer suerte.

Los toros _burri-ciegos_ de la primera clase, que son los que ven bien

de cerca y mal de lejos, son muy faciles de _correr_, atendiendo lo que

ya hemos dicho con respecto á las piernas, á su clase, querencias &c., y

tienen ademas la ventaja de que ven mejor el capote que el diestro.

Los de la segunda tambien se _corren_ con facilidad observando las

reglas que segun su diversa clase les correspondan; pero siempre se

tomarán largos, y se les llevará mucha delantera; y es la razon, porque

si se toman cortos no ven el capote por lo cerca que lo tienen tan

claro como el bulto; de aqui es que corren embrocándole, y si tienen

piernas pueden darles una cogida; todo lo cual se evita tomándolos

largos, pues entonces ven todo á un igual, y la delantera que lleva el

diestro le asegura de sus piernas.

Los de la tercera clase se _correrán_ segun sus piernas y segun las

demas circunstancias, arreglándose á lo espuesto.

Por último, es menester tener presente para _correr_ los toros tuertos,

que para citarlos se debe salir por el lado que ven, y en el momento que

arrancan mudar el capote á la mano del lado bueno, quedando el cuerpo

del lado del ojo tuerto; de este modo se _corren_ con mucha seguridad,

pues ven muy bien el capote y el cuerpo no; asi es que jamas puede ir el

diestro embrocado.

Los que _corren_ los toros deberán siempre irlos mirando para salirse de

la cabeza en los embroques sobre largo, flamearles el capote y cambiarlo

de mano á tiempo, para darles los remates fuera ó bien en las

querencias, y para no correr cuando el toro no los siga, lo cual indica

mucho miedo: á esto se llama _ver llegar los toros_, y es importantísimo

en toda clase de suertes, como iremos viendo segun vayamos tratando de

ellas.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 25 / 119 题