7 noviembre de 1828.

Alfonso ha regresado a París, donde fue muy bien recibido por todos, y

particularmente por el rey Carlos X. Se le hubiera nombrado

inmediatamente primer secretario de Estado en España, si hubiese querido

aceptar; él prefiere esperar para ir a Londres, lo cual se le ha

prometido para dentro de un año; allí será solamente ministro

plenipotenciario. Me ha traído una magnífica araña para mi sala de

Mâcón, y bastante dinero, pues ha comprendido que andaba yo algo escasa

por mis muchos gastos y recelos de mortificar a mi pobre marido. Estoy

muy contenta por que mis hijos quieren pasar el invierno en Mâcón en

compañía nuestra; ahora se encuentran en Saint-Point. Alfonso me ha

mandado algunos versos que va componiendo, los cuales me han gustado

mucho; dice en ellos lo mismo que yo diría si tuviera su talento para

expresarlo; es el eco de mi voz, porque yo no dejo de sentir la belleza,

pero al pretender expresarla enmudezco. Esto me sucede también en mis

horas de recogimiento místico; en mis meditaciones siento como un fuego

dentro del corazón, cuya llama no puede salir del pecho; verdaderamente,

Dios no necesita de mis palabras para comprender mis intenciones, pero

yo desearía que el fuego que pugna por salir del pecho convertido en

palabras, se deslizara poco a poco por mi boca en cantos de alabanzas,

en acciones de gracias, en himnos y oraciones; y que después pudieran

escribirse, para que por siempre fuera su gloria ensalzada como yo lo

deseo en los misteriosos secretos de mi corazón. Doy gracias a Dios

porque ha concedido a mi hijo lo que yo deseo para mí: su voz será la

mía; sus sentimientos iguales que los míos son.

(Hay aquí párrafos que son un himno de reconocimiento para su hijo).

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 225 / 235 题