13 de enero de 1828.

¿Hasta cuándo continuaré escribiendo en este libro? Sólo Dios lo sabe.

Comprendo que, a pesar de mis años, tengo sobre la tierra deseos y

pasiones, y esto me aflige; mi corazón, sin embargo, es de Dios, a quien

diariamente suplico se apiade de mí.

El estado actual de Francia me horroriza: los periódicos avivan el voraz

incendio, que existe no solamente en la opinión sino en los corazones.

Hemos tenido aquí grandes luchas con motivo de las elecciones entre M.

Rambuteau y M. Doria; Dios no puede gustar de estos hechos en que se

calumnian los hombres mutuamente. M. de Villele ha sido arrojado del

ministerio; todo el mundo se encarniza contra la religión, que es mi

único cuidado político. No me agrada por ningún estilo esta continua

guerra de invectiva entre los periódicos de distintos partidos. ¿Cómo se

comprende esta libertad sin límites que la prensa disfruta y que se dice

es una necesidad del gobierno constitucional? Yo temo que este gobierno,

del cual esperábamos tanto, no produzca más que tempestades, hasta

dentro de las mismas familias; es muy frecuente que el espíritu de los

hombres, antes que el espíritu de Dios, sea el que sople en estos

desgraciados tiempos. Dentro de este sistema de gobierno no se observa

más que vanidad, egoísmo, y deseos de realizar actos que tengan mucha

resonancia, sean éstos del género que quiera.

M. de la Maisonfort, ministro del rey en Florencia, ha muerto en Lyón de

vuelta de Toscana. M. de Vitrolles ha sido nombrado en su lugar; se cree

que no irá hasta pasado mucho tiempo a ocupar su puesto; esto va a

detener indefinidamente a Alfonso en Italia. Sofía, mi consuelo, mi

sociedad única, mi hija querida, marcha este invierno a Mende. ¡Triste

de mí!... Mi pobre marido está cada día más delicado, puesto que su

dolorosa enfermedad va progresando; yo me consagro completamente a él,

procurando hacerle olvidar el tiempo, como quisiera olvidarlo yo

también, hasta que vuelva mi hijo de Italia. Se habla de nombrarle

ministro de Francia, no sé dónde; ¿qué me va a suceder si es su

alejamiento un destierro sin fin? ¡Qué triste es el ocaso de la vida,

después de una continuada existencia de temores! ¿Dónde me refugiaré yo,

si no es en la oración, que me calma siempre, como la conversación de

un buen amigo justo, poderoso y sabio? ¡Ah! ¡qué felices son aquellos

que creen en esta comunicación sensible de la criatura con el Creador

del Universo!

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 218 / 235 题