¡Albricias! Creo poder casar muy cerca de aquí, convenientemente y casi
en familia, a mi bella Susana. M. de Montherot, uno de nuestros
parientes, hombre de treinta y seis años, persona distinguidísima y de
bella presencia, se ha enamorado de sus gracias durante una entrevista
que indirectamente él mismo se ha procurado. No dudo que este casamiento
nos hará dichosos a todos, tanto por las bellas cualidades del marido
como por ser vecino nuestro y ser probable que siempre estemos juntos;
sus propiedades están repartidas entre la Borgoña y el Lyonesado; es muy
posible que esto salga bien. Mi marido se muestra también muy favorable
a ello; Susana ignora aún ser el objeto de estas entrevistas y
cuchicheos, pero es tan sencilla, tan pura y obediente, que no dudo bajo
ningún concepto de su conformidad tan luego yo le hable del caso.