He recibido carta de Alfonso: me escribe desde Roma y me dice que es
completamente dichoso. El ser éste un lenguaje al que no me tenía
acostumbrada por su parte, me hace creer que ello es verdad. Me manda
al propio tiempo una cantidad para su pobre amigo el abate Dumont, cura
de Bussieres, a quien ha querido él siempre mucho, y que está
continuamente enfermo y pobre. Esta prueba de amistad, venida de tan
lejos, y tratándose de un amigo que hubiera podido olvidar fácilmente
desde las alturas de su actual bienestar y de sus distracciones, me ha
causado una profunda alegría.