18 de julio de 1818.

M. de Vignet, el amigo de mi hijo, ha estado aquí unos días, acaba de

ser llamado a París por el embajador de Cerdeña, marqués de Alfieri, a

quien Alfonso conoce muchísimo. Esto es buen augurio para el porvenir

diplomático de este joven, quien empezaba ya a descorazonarse. ¡Ah!

¡cómo quisiera yo ver a mi hijo entrar pronto en una carrera tan digna

de él! Observo que mi salud va languideciendo de algún tiempo a esta

parte; yo creo que la causa de ello son los sufrimientos del corazón y

del espíritu, ocasionados por los contratiempos que mis hijos están

sufriendo. Es preciso que sobre esto reflexione detenidamente. Pronto

cumpliré cincuenta y dos años, y como quiera que no he sido de

complexión fuerte, necesito de mayores cuidados que muchas otras; eso

debería aumentar mi piedad y hacer que me ocupase solamente de Dios. En

lugar de esto, parece que mi alma participa de las debilidades de mi

cuerpo, porque encuentro que me faltan o se debilitan en mí aquellos

sentimientos vivos que penetran el alma y la elevan al cielo,

haciéndonos felices en todas las situaciones de la vida; me siento fría,

e insensiblemente arrastrándome sobre la tierra. ¡Oh! no es esta la

vejez que se necesita para preparar el alma. Entretanto, ¡Dios mío! mi

voluntad se dirige todavía hacia Vos, sostenedme y haced que pueda daros

todo lo que me resta... ¡Ay! ¡qué pobres e indignas de Vos son mis

ofrendas!

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 161 / 235 题