9 de enero de 1814.

Han llegado los enemigos hasta Besançon junto a Lyón; se espera en este

sitio una batalla: no sé si deba preocuparme o no por este esperado

acontecimiento: el peligro produce sangre fría y concentra en el

corazón todas sus fuerzas. Espero y creo en Dios.

Las gentes están agitadísimas, y cada cual se deja llevar por sus

opiniones. Hago esfuerzos para no decir nada en contra del espíritu de

paz y caridad que debe reinar entre los verdaderos cristianos, y a pesar

de mi excesiva moderación soy criticada. No importa, tengo fuerza de

voluntad para sufrirlo todo.

Mis ocupaciones y mis gastos son grandes; tengo poquísimo dinero, puesto

que mi viaje me arruinó, y mi marido no quiere reducir nuestros gastos.

* * * * *

Hasta el día 10 de marzo de 1814 el _diario_ no es más que un confuso

relato de maniobras de los ejércitos austriacos y franceses, que toman y

vuelven a tomar, cada uno a su vez, la ciudad de Mâcón y demás

poblaciones vecinas. La batalla del 10 de marzo entre los soldados de

Angereau y los del general austriaco Bianchi, a las puertas de la

población, se observa con todas sus peripecias en el hogar desgraciado

de la atribulada madre que tiembla por la vida de su familia.

* * * * *

El día 10 (jueves) han tenido otra batalla; los franceses, en número de

doce mil hombres, han atacado para rechazar a los austriacos. El combate

ha durado desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde con

igual ardor por ambas partes, pero al fin han sido rechazados los

franceses. Las pérdidas han sido casi iguales entre ambas partes; el

número de muertos y heridos dicen que asciende a cuatro mil hombres. No

hemos estado un momento sin oír cañonazos ni ver pasar heridos. ¡Qué

horrorosa jornada!

Después de la batalla, la noche que ha precedido al día siguiente, han

sido saqueadas casi todas las casas de los alrededores de Mâcón y muchas

de la misma ciudad, como la mayor parte de los arrabales de san Antonio

y la Barre. Se han cometido muchos excesos de todas clases: He aquí el

resultado de esta guerra cien veces maldita. ¡Qué inmensa

responsabilidad para los culpables de estas desgracias! Pobres madres

que ignoráis en este momento la muerte de vuestros hijos, ¡cuál será

vuestro desconsuelo al recibir la infausta noticia!

* * * * *

Muchas señoras, el señor cura y yo nos hemos presentado al general

Bianchi, rogándole cesara el saqueo. Este general nos ha recibido muy

cortésmente, pero nos ha dejado ver que no se juzgaba dueño de dominar

por completo el pillaje: me parece, sin embargo, que ha tomado alguna

medida en este sentido, porque durante la noche han recorrido el pueblo

patrullas de soldados a caballo.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 140 / 235 题